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Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 19, 2016 9:11 pm

La arquera abrió los ojos de golpe y se llevó las manos al rostro cuando vio la flecha en el brazo de su compañera. Se había concentrado tanto en la batalla que en ningún momento se percató de las heridas ajenas. -¡Oh no! Lo lamento Katsup, no lo había notado.- Dijo casi gritando mientras intentaba buscar una forma de aliviar su dolor. Lamentablemente la rubia no sabía nada acerca de primeros auxilios y cada reacción parecía sacada de alguna mujer presa del pánico. Luego se dirigió al Laguz con la misma expresión, autoflagelándose internamente al verse inútil ante las injurias recaídas en sus compañeros.

En ese momento escuchó la petición de Trombe y, haciendo un saludo militar, se encaramó como toda una salvaje hasta la copa del árbol más cercano. Al llegar arriba comenzó a mirar hacia todos lados y hubo algo que capturó su atención completamente. -¡Los veo!- Anunció tanto con alegría como con miedo. -Son muchos. Quizás miles. Tienen estandartes de...- Y guardó silencio. Bajó rápidamente el árbol sin siquiera pestañear y agachó la mirada. -Vi banderas de Begnion... No sólo eso. Es como si hubiesen reunido soldados emergidos de todo Tellius para venir hacia acá. ¿Qué debemos hacer?- Preguntó luego del informe. La arquera estaba tan decidida al momento de subir el árbol y de divisar al enemigo que no había alcanzado a ver cuando su compañera regañó al Laguz. Aunque si lo hubiese visto, no hubiese cambiado nada. La rubia simplemente se habría guardado sus palabras para continuar.

El caballero que apareció en la cima del monte capturó su atención por unos segundos, mientras intentaba dilucidar si se trataba de un enemigo o un amigo. Al notar que se trataba de un enemigo no dudó en ningún momento antes de tomar su arco y dispararle un par de flechas. ¿La primera? Falló. La arquera sólo la había ocupado para probar el viento y la distancia, pero la segunda dio directamente en el cuello del enemigo; acabando con su vida y haciéndolo caer del caballo aparatosamente. Luego de eso el ejército contrario pareció acelerar el paso. Entonces Gabrielle se dio cuenta de lo que había hecho; los había provocado.

Cuando el enemigo avanzó hasta el punto donde podía ser visto, la muchacha apuntó su arco como acto reflejo hacia ellos antes de oír las órdenes de retirada de la otra mujer. Cuando lo hizo, ni siquiera pensó cuál podría ser la ruta más segura; simplemente comenzó a correr como nunca en la vida. -¿A dónde iremos? ¿A la base? Probablemente el resto de los equipos esté ahí pero... No creo que seamos suficientes como para detenerlos, ni siquiera con todo el ejército de Lycia de nuestro lado.- Sentenció finalmente mientras corría con su arco sujeto a la espalda. Era imposible que los llegasen a alcanzar a pie, pero que la caballería saliera tras de ellos era casi un hecho. Mientras corrían comenzó a pensar en un plan para cada situación que pudiera presentarse. Además de que si salían vivos de esta pensaba cobrar más de lo hablado.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Miér Mar 23, 2016 12:21 am

Es verdad que estuvo preparado; anegado en el testimonio de su equivocación, ajeno al orgullo, suspendido en la sumisión que como subalterno había entendido que debía exhibir, pero el hecho de que decidiera inmolarse con una reprimenda no lo preparó para la extrañeza que sentía prendarse en su mejilla. Una cola estrecha y peluda se contrajo con sorpresa entre sus piernas, mientras toda las emociones se frisaban de repente en su rostro. Tensó las riendas, el animal interior que había durado tanto tiempo dormido ahora parecía espumar por el hocico, pero todo eso eran turbulentos sentimientos que dentro de su cuerpo burbujeaban antes de que sofrenara cualquier reacción. Sus ojos se iluminaron con ese resplandor que solo un niño ignorante al dolor podía reflejar, y en una tensión nerviosa su mutismo se rompió en el murmullo que le ciñó la boca entreabierta: —Lo lamento—

Su cuerpo infrahumano, que luchaba contra la corriente teñida de grises del tiempo, insinuaba una juventud perpetua cuando en verdad Trombe rayaba con la vejez que los humanos podían atribuirle a un sexagenario, pero ciertamente ese golpe lo había sacado de los puntos cardinales que atribuía conocer con su experiencia, y lo ahogaron en la marea de niebla que había empezado a nublar su entendimiento. Sus pulmones succionaron una dulce ración de aire, y entonces se abrazó deliberadamente a la idea que surgió con ella, y nuevamente hizo una reverencia, y aunque no familiarizado con el dolor, pero si con la firmeza de la voz de ella, volvió a repetir: —Disculpe mi impetuosidad. No volverá a ocurrir—

Ciertamente no era la primera vez que su cuerpo se supeditara a las atrevidas heroicidades que inflaman su corazón de valentía. En el tiempo relativo a su más temprana edad había sido uno de los miembros más fieros de su jauría, y cuando fue creciendo pensó que era suficiente dejar de ser impulsivo por razones equivocadas. Pensó que sus reacciones serían efectivas cuando se tratara de proteger a alguien, de ayudar a alguien; mas sin embargo esa noción infantil los había encharcado en aún más peligro. Aún con su intelecto de tantas décadas encontraba incongruencias tan garrafales en sus acciones. Al parecer en todo este tiempo no había cambiado tanto como lo había supuesto.

Para cuando esas reflexiones terminaran de correr por su mente, la instancia se recogía con lentitud, y solo las vibraciones de las palabras de Gabrielle, que había descendido del árbol con igual presteza, enturbiaban el aire para sacarlo del hechizo glacial que había congelado el tiempo. Los calificativos de la impresión de la arquera rápidamente horadaron sus oídos llevándolo al tenebroso entendimiento. Para el ejército que había visto en el campamento, unas centenas serían ya una pugna con su buena racha de tropiezos, pero cuando los números rondaban en los miles, la posibilidad de una contienda se hacía lamentablemente imposible. Consiguientemente, el descubrimiento de uno de los lobos anudado a la visión de Katsuie edificaba la fría realidad que les venía al paso. Con la luz de la luna detrás de él, el efecto del claroscuro difuminaba los detalles del cuerpo asomado en la cima de aquél monte, pero su silueta era suficiente como para servir de objetivo para la puntería de esas flechas que no tardaron en arrancarle un quejido de muerte. 

Satisfecho por las siguientes órdenes que había recibido, Trombe giró por sobre su hombro y en la maniobra sus ojos cayeron sobre los lobos, un pensamiento despertando sus instintos. Corrió para cargar con manos cuidadosas el cuerpo con la herida de sangre. Dejarlo tan vulnerable era volverse un ser indiferente a su muerte, y había cierta humanidad dentro de su cuerpo que, irónicamente, se lo impedía. —Vamos!— Había empezado a correr segundos después de que Gabrielle rompiera al desbocado trote, pero con facilidad pudo igualar el paso y mantenerlo sin muchas dificultades. Los demás lobos corrían detrás de ellos con algunas diferencias en velocidad. La voz Gabrielle llegó a sus oídos y con la síntesis necesaria Trombe, cuando había hecho suficiente distancia, se desvió del camino y colocó el cuerpo del lobo detrás de unos árboles. Cuando el otro par allegó, simplemente se volvió hacia ellos y les dijo: —Manténganse ocultos— Sabía que para ellos no sería ningún problema, por lo que no debía preocuparse más con ellos.

No le tomó mucho tiempo acompasar el paso nuevamente con sus compañeras y sentenciar. —Si volvemos al campamento tardarán demasiado en replegar las tropas que ya enviaron al campo. Ustedes concéntrense en huir lo más rápido de aquí, yo les avisaré a las tropas— Y antes de recibir las posibles impresiones de ellas, el brazo del Laguz rápidamente se transformó en la pata de una bestia. Aparentemente inadecuado para el resto de su cuerpo, su nariz aguileña rápidamente empezó a afilarse, una de sus piernas se torció y en cuestión de segundos todo su cuerpo empezó a transmutar. Finalmente, erguido en sus cuatro patas, Trombe dirigió esos dos ojillos ambarinos hacia ellas. —No podemos contar con una derrota en este anochecer. Después de todo, para eso fuimos contratados— Y tras decir aquello, enfiló su nariz hacia los puntos bien escogidos de su orientación, y surcó el aire pateando la tierra detrás de cada avance hasta perderse en la distancia.

Conjuntamente con su apreciación de los alrededores en el mapa del campamento, había alcanzado a ver un diagrama que indicaba cuál sería la distribución de las tropas. Echó a andar en la oscuridad, en la oscuridad sin resquicios de luz, solo con la luna y las estrellas, y cuando divisó la otra luz, esta contenida en las antorchas que llevaban, aulló con todas sus fuerzas atrayendo toda la atención de la escuadra. —Innumerables emergidos hacia el suroeste. El ejército no tendrá oportunidad de defenderse. Tienen que replegarse y correr el mensaje— Su voz, oscurecida por la autoridad, se despidió incesante hasta que su cuerpo se perdiera nuevamente la distancia. Ya llevaba un grupo. O bueno, dos, al menos si contaba al par que había alertado primero. 

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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Dom Mar 27, 2016 11:12 pm

Luego de haber dado la orden de retirada, el grupo comenzó a moverse rápidamente en dirección al campamento. Ellos eran los únicos que lograron ver a los emergidos y si no lograban avisarle al comandante del pequeño ejército que se encontraba en el campamento, estos podrían ser tomados por sorpresa, eliminados rápidamente sin siquiera lograr enviar a un mensajero a los Marqueses de Lycia para informar de los numerosos enemigos del territorio.

―Volvemos al campamento, debemos avisar al comandante y para que se preparen para el ataque.― Anunció Shibata en respuesta a la pregunta de la arquera. Aunque ella sabía que en el campamente no había tantos hombre para enfrentar a esa cantidad de enemigos. Aun con los pocos que había, se trataba de un ejército organizado, podrían defenderse para detener el avance de los emergidos mientras enviaban un mensajero a encargarse de informar la alianza de Altea-Lycia que debían encontrarse solo a unas pocas horas a caballo.

Mientras se mantenían corriendo, el hombre lobo quien se había quedado atrás para ocultar a los animales ya estaba alcanzando nuevamente a ambas mujeres. Al alcanzarlas este aclaro que se adelantaría para informar al campamento, seguido de esto comenzó a cambiar su forma transformándose por completo en un lobo quien se alejó velozmente dejando a ambos mujeres atrás.

Pasada ya casi una hora desde que ambas fueron dejadas atrás por el único miembro masculino del grupo, la soldado se detuvo sin previo aviso. Ya estaba corriendo por bastante tiempo y la armadura que llevaba no la ayudaba, se encontraba cansado y por esa razón estuvo obligada a tomar un descanso para recuperar el aliento. ―Disculpa Gab, necesito un descanso.― Menciono la mujer de cola de caballo mientras se agachaba colocando sus manos en la rodillas. ―No es tan simple correr durante tanto tiempo con la armadura.―

En el momento que ambas estaban a punto de retomar su recorrido, lograba observarse un pequeño grupo de jinetes a la distancia. Estos podrían llegar a ser más enemigos, o talvez un grupo patrullando dar aviso cuando los emergidos estén cerca. Eso no lo sabrán hasta poder acercarse más a ellos y ver que reacción toman al ver a ambas mujeres.

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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Dom Abr 10, 2016 9:05 pm

La luna de sangre y los espasmos de medianoche mantienen el rostro de Trombe impasible; sus patas desgarran el trayecto recto que une todas las extensiones de tierra que necesita transitar. Sus ojos sacan de la oscuridad la urgencia feroz de su encomienda, y su corazón pugna los pálpitos que alimentan cuidadosamente el engranaje de su maquinaria motriz. Algunas sombras son indiferentes a su andar, y su cuerpo atraviesa los pliegues de esa lúgubre opacidad sin detenerse siquiera a desconfiar de eso que no puede observar. Contra la perplejidad a medio desvestir de su andar, piensa en los grupos despanzurrados en el peligro que en esa noche se cierne como una enredadera mortal, pero sus reflexionas no aminoran el paso que no se puede permitir aligerar.

Reafirma la necesidad con cada grupo que recibe su advertencia, ya que él como nadie, inmóvil en la sola presencia de un ejército tan exuberante, puede obrar sin demora agitado como un viento que no sabe a dónde sopla. El camino a sus pies no puede perdurar, y pasando cerca de un sonido imprevisto del terreno se atreve, como observador sagaz, a protestar. Los sonidos bajaban, subían, lo rodeaban; su aguda mirada los rastreaba, pero no tan bien conoce la oscuridad que se traga su mirada, así que avanza a tientas, con un cuidado que recuerda solo de sus tiempos cazando a la humanidad. —Desde allí arriba en la colina, hasta aquí abajo en los llanos, ¿qué tanto territorio han transitado?— Se pregunta imaginándose la dirección que estaría tomando la campaña.

¿Cuánto tiempo transcurre sin consumir la espera de su retorno? Es heroico su imprevisto silencio, tanto que no se decide a romperlo, no sin antes orientarse en los largos filamentos que refugian lo recóndito del bosque y los cordones que embrollan la forma que en el mismo se tiene que avanzar. No en vano es un lobo, y sus sentidos ya han incorporado la cabeza gacha en su reptar. Avanza doblegado en el sigilo persiguiendo las señales, una porción de detalles con los que no se puede engañar. El crepitar de una rama, el polvo en el aire, esos pasos que estrujan la hierba y hacen instrumentos de las suelas de los zapatos y del metal de las pezuñas. El lobo inhaló todo, escucho todo, y siguió acercándose hasta que la visión se estabilizó. 

A una distancia prudente se mantiene el lobo. Los jinetes andantes parecen discutir algo contribuido a echar maldiciones al aire. Con la luz de las antorchas que algunos de ellos llevaban, se pueden certificar los cascos y los signos heráldicos de los soldados de Pherae, como también se iluminan las espadas y los escudos de otros mercenarios. —¿Vas a desertar?— Uno de ellos lo inquirió indignado. —Este trabajo es plan de un loco. Puedes quedarte a ejecutarlo— La voz del otro guardia resonó con violencia, mientras que dos cerca de él temblaban empavorecidos. —¿Vas a abandonar tu puesto cobarde? Somos soldados de Pherae, no simples mercenarios, y tenemos un trabajo y es el de servir de vigías para ir avisando al ejército del avance de los emergidos— Sentenció el otro, que parecía el líder de la brigada de vigilancia. 

Trombe se incorporó inmediatamente en su forma humana, y salió frente a ellos. Al principio no sabían si tildarlo como una amenaza, pero Trombe rápidamente desmintió las dudas levantando sus manos mientras se acercaba lentamente. —Sus órdenes caducaron. Yo y mi grupo estuvimos hace un rato patrullando las fronteras, y se avecina una oleada de emergidos. Juzgo que en media hora ya estarán mostrándose en el horizonte. Deben replegarse— Trató de hablar con intervalos de sensatez, mas el jinete no parecía convencido. —¿Dónde está tu grupo? No te reconozco, ni tampoco reconozco tu información. ¿Quién nos asegura que no estás dándonos falsa información para franquear el camino de los emergidos?— Trombe sintió un nudo en la garganta y miró a los otros mientras buscaba a alguien que pudiera ratificar lo que decía.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Mar Abr 19, 2016 12:58 am

Aquellos jinetes que se encontraban en el horizonte, en el camino entre las mujeres y el campamento, permanecían a la espera de algún movimiento sospechoso. Claramente no se acercarían a quienes podrían ser los posibles enemigos. Pero ellos no eran los únicos jinetes que se encontraban en el lugar, desde la posición de los emergidos comenzó a acercarse rápidamente otro grupo galopando velozmente, posiblemente estos fueron enviados para eliminar a aquellos mensajeros que podrían informar sobre su avance, ambas mueres eran su objetivo.

Mientras las dos continuaban su camino, el grupo de emergidos también se acercaba, a la vez los jinetes que se interponían en el camino al campamento también comenzaron a acercar y posiblemente estos llegarían antes a la posición actual de las mujeres. Gabrielle: ―¿Ahora qué hacemos Katsup? ¡Nos rodearan!― Anunció la arquera algo exaltada por la situación, como ya paso anteriormente, esta estaba esperando órdenes ya que no tenía confianza en sus propias resoluciones. ―¡Tranquila! Primero relájate, son más que nosotras y no podremos evitar el enfrentamiento.― Voceo la soldado para intentar calmar a su nerviosa compañera. ―Escóndete en aquellos árboles, mientras me protejo de los ataque, abre fuego contra ellos.― Ordenó la mujer y rápidamente la rubia acató lo mencionado subiéndose a uno de los árboles cercanos, y preparándose así para atacar con su arco. El plan era arriesgado, pero en esa situación era lo único que podría hacer, sólo ganar tiempo esperando a que el lobo pudiera dar el aviso al comandante.

Pocos minutos pasaron y los jinetes ya se encontraban a una distancia bastante cercana de sus respectivas ubicaciones. ―¡Esos no son emergidos!― Exclamó la arquera cuando pudo observar bien a los jinetes que venían en dirección del campamento. Al escucharla, la soldado soltó un suspiro de alivio, estos no eran otra cosa que aliados; por lo que se veía eran tres caballeros montados y dos acompañantes montados junto a estos. Pero aun así, del lado de los emergidos, se estaba acercando aquel grupo que posiblemente habían sido enviados para eliminar a los mensajeros.

Jinete:―¡Identifíquense! ¿Quiénes son y qué hacen aquí?― Exigió el hombre montado, en busca de saber las identidades de las susodichas mujeres. ―Pronto puede desatarse una batalla por estas zonas, será mejor que se vayan rápidamente.― Advirtió el jinete que no cargaba acompañante en su caballo, al parecer los otros dos estaban transportando a un par de heridos consigo. ―Shibata, Katsuie Shibata, soldado del ejército de Pherae, quien se encuentra en aquel árbol es Gabrielle, una mercenaria contratada.― Respondió rápidamente ambas identificaciones simultáneamente. ―Pertenecemos al grupo de reconocimiento del área. Uno de los nuestros fue a dar aviso al comandante sobre los emergidos avistados.― Concluyó la soldado seriamente. Este, al escuchar las palabras de la mujer, les miró por unos segundos para luego dirigir su mirada a la soldado. ―Comprendo, suba a mi caballo, tenemos órdenes de buscar a las patrullas cercanas para reagruparnos en el campamento.― Sentenció súbitamente. Por las palabras que lograba escuchar, era posible que Trombe hubiera logrado dar el aviso de alerta, aunque fuera demasiado rápido, tal vez ellos no habían sido los únicos que encontraron a los emergidos. Sólo eran tres caballos y dos de ellos ya cargaban heridos.  ―Sólo hay lugar para uno más.― Cuestionó en voz tenue la mujer de Pherae. ―La prioridad es reagrupar a los soldados, suba, que la mercenaria gane tiempo.― Finalizó inmediatamente el caballero. Ella no estaba de acuerdo, pero órdenes eran órdenes. En silencio se montó detrás del hombre para luego mirar a su compañera. ―Lo lamente Gab, pero son órdenes.― Dijo como disculpa a la arquera, aunque realmente preferiría decirle que huyera, pero esperaba que ella lo entendiera y se fuera del lugar; ya que si Katsuie se lo recomendaba, entonces la dejarían a ella también como traidora y ninguna se salvaría.

Una vez que los caballos estaban a punto de comenzar a correr, la arquera miró a su compañera y a los demás soldados con una sonrisa en su rostro. ―No se preocupen, conseguiré el tiempo que necesiten. El grupo que se acerca es pequeño, puedo manejarlo.― Los caballos habían comenzado a movilizarse y las palabras de la arquera, poco a poco se escuchaban cada vez más lejanas. Estaba claro que sola no podría hacer nada contra tanto, sólo habría querido quedar bien durante esa despedida. Katsuie sólo esperaba que la rubia huyera del lugar, de esa forma podrían encontrarse en el futuro y así se disculparía por haberla abandonado.

Una vez que la soldado habría emprendido la retirada estratégica para la reagrupación, únicamente faltaría llegar al campamento, donde debería cumplir su rol como soldado en la batalla que se avecinaba. Había una posibilidad de que se encontrase con el hombre lobo y tendría que explicar que había ocurrido con Gabrielle. Ahora únicamente debía concentrarse en el inevitable combate que daría inicio en muy poco tiempo.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Miér Abr 20, 2016 3:05 am

Trombe aterrizó en la conspiración que se había resuelto en detrimento para su credibilidad. Al parecer el guardia no atendería por boca suya al aviso bien intencionado que sobrevenía con las expectativas del vital encuentro con el enemigo, así que si las circunstancias no daban para otra cosa, tendría que utilizar su forma lupina para apremiar a los caballos en la dirección contraria. Ya sus ojos habían empezado a disimular una aparente rendición cuando recordó el collar que traía, mismo que lo identificaba como soldado integrado provisionalmente a la campaña en el campo de batalla. Llevó su mano a su cuello, y descruzando la flaqueza de la cadena, la sostuvo por la leontina, colgándola frente a los ojos del jinete que parecía reconocer el diseño en la luz de la luna. Efectivamente, su simbología corroboraba lo que el lobo había en un principio argumentado, así que sin ningún seguimiento insistente para confirmar todas las trenzas de su cabellera, el sujeto firmó su creencia y con refinamiento orientó la correa del caballo y se afirmó en los estribos. —Partiremos inmediatamente!— Vociferó para que todos pudieran oírle, y sin dedicarle una mirada a Trombe, la vanguardia retrocedió hasta el horizonte donde se encontraban sus estandartes.

En el transcurso de una hora había avisado a los distintos grupos de reconocimiento, y ahora su objetivo era reunirse con Katsuie y con Gabrielle para determinar la disposición de sus próximas órdenes. También se preguntaba cómo estarían Fran y los demás donde los había dejado. Ciertamente los había abandonado de una forma muy súbita a la hora del reclutamiento, pero tenía que admitir que la euforia de combatir nuevamente le había recordado de la oculta naturaleza capacitada para esa ración de belicosidades. Aún no había tenido chance de deponer de un enemigo, y en términos generales parecía servir más de emisario que de guerrero.

El pastor suspiró y volvió a ponerse el collar con prisa para inmediatamente transmutar en su forma lupina y empezar a acortar las distancias en la persecución de su objetivo invisible. El campamento no yacía mucho más adelante de la oscuridad revestida de luces que iluminaban gran parte de las secciones cercanas. El aviso, como había previsto con las sílabas de sus informes, ya había llegado a oídos de las autoridades, y en cuestión de segundos estaría erguido en su forma humana, caminando por el mismo sendero que había utilizado para llegar. El movimiento incesante, cuan hola de sangre, se esparció sobre los cuerpos de los soldados, cada uno preparándose para los capítulos más importantes de sus vidas. 

Orbitó la mirada alrededor del punto de referencia que podía recordar, y en poco tiempo su mirada destacó el cuerpo de la soldado de entre la enervante multitud. —Katsuie!— Llamó mientras se acercaba. Le habían dado un casco, una espada y un escudo; pero la verdad era que ninguno de esos materiales le servía más que de utilería amenazadora. Se rascó la oreja inclinándose hacia un lado el casco, y luego de una pequeña reverencia continuó: —Me alegro de que estés bien. ¿Qué pasó con Gabrielle?— Para una personalidad tan peculiar como ella, el hecho de su ausencia era de por si un extremo que el castaño no podía evitar reconocer junto a las sensaciones imprecisas de sus malos presentimientos. 
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 30, 2016 12:22 am

Los cascos de los caballos y el choque de las armaduras era lo único que se lograba escuchar en el camino hacia el campamento. La soldado prefirió no mirar atrás donde su compañera habría quedado y rápidamente aceptó el hecho de que posiblemente no volvería a verla, aunque le gustaría pensar lo contrario. El tiempo pasó bastante rápido de camino al campamento, los demás soldados estaban preparando una pequeña barricada con grandes maderos maderos, dándoles punta a los largos troncos para impedir el avance de los caballos enemigos. Hasta un simple campesino podría darse cuenta que el campamento solo se estaba preparando para defenderse. Era lo correcto, ya que realizar un ataque con la gran diferencia de números, llevaría al ejército a una derrota segura. Lo mejor que podían hacer en esa situación, era tratar de mantenerse vivos ante la llegada de los refuerzos de las tropas aliadas.

Al detenerse los caballos ya una vez dentro del campamento, los cinco hombres, al igual que Katsuie, se bajaron de estos cargando a los heridos hacia el interior de las tiendas para que los atendieran inmediatamente. La mujer en ese momento sólo se fue a donde un grupo de soldados para ayudar con los preparativos de la batalla que se avecinaba. No obstante, justamente en ese momento alguien le llamó, era Trombe, el lobo hocicudo del cual se habría separado tiempo atrás. ―¡Trombe!― Replicó ante su llamado. ―También es buen verte― Añadió posteriormente a su entendido alivio. ―Veras…― Voceó intentando encontrar las palabras que deseaba pronunciar. ―Gabrielle…― Continuó parlando sin saber exactamente como decir lo que quería decir. Era difícil explicar que se había quedado atrás por órdenes recibidas, y posiblemente hubiera muerto. ―Ella…― Alegó una vez más dando vueltas al asunto, esperando lograr poder decirlo claramente de una vez.


Comandante: ―¡Atención!― Exclamó el comandante a todas las tropas del lugar, impidiendo que de este modo la soldado pudiera revelar lo que posiblemente le había ocurrido a quien había sido su compañera ese mismo día. Sin más que decir, y al escuchar el grito del hombre de alto cargo, se volteó hacía él para escuchar lo que tuviera que decir; ya tendría tiempo de decirle a Trombe la verdad, por más dura que fuera. ―Los hemos reunido aquí, porque el enemigo está cerca, y nos sobrepasan en número― Enunció el hombre caminando de un lado a otro delante de la improvisada alineación que los soldados habrían hecho ante su llamado. ―¡Sin embargo!― Exclamó fuertemente quedándose firme en una posición. ―Los refuerzos del ejército aliado están en camino. ¡Hay que ser fuertes y resistir!― Prosiguió el hombre desenvainando su espada y alzándola a lo alto concluyó. ―¡Luchemos por nuestro señor! ¡Vivamos por nuestro país! ¡Nunca se rindan!―

Un unísono sonido eufórico resonó en el campamento. ―¡Sí!― Afirmó junto a los alborotados y moralizados hombres que estaban dispuestos a dar su vida por tratar de mantenerse vivos; pues tenían que combatir para intentar vivir, algo difícil de entender, pero posible. En aquel momento, en aquel discurso, la soldado ya se había olvidado que segundos antes se estaba dirigiendo a su compañero intentando revelarle una cruda verdad, pero ahora su mente estaba pensando que debía vivir, y que él también debía de vivir como ella.

Soldado: ―¡Los soldados que estén libres, ayuden a levantar las defensas!― Clamó un soldado en la retaguardia; habían troncos que cargar, atar y acomodar para la llegada del enemigo que no iba a demorar en llegar. Katsuie inmediatamente actuó ante el llamado dejando al lobo atrás. ¡Él debía de tener cosas que hacer! ¡Ella no se iba a quedar de brazos cruzados!
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Lun Mayo 02, 2016 1:26 pm

Trombe podía escuchar las resonancias de los rumores en el campamento, el incesante movimiento de los soldados que iban y venían en andar precipitado e ininterrumpido, y la atmósfera enrarecida de su palpitante corazón. Estaba consciente de los hombres que se desmontaban de los cabellos, conciliando su vitalidad atándolos a la empalizada, y también de los personajes que están quietos en sus rincones imaginándose la sarta de barbaridades que les quemarían la sangre desde que se vieran forzados a mantener su lugar. Algunos mercenarios parecían indecisos, sintiendo lástima por el trabajo, y viendo en el horizonte la ilusión de vida que se formaba lejos de estos terrones belicosos. Muchos parecían auténticos perros apaleados, pero Trombe, ahora que retenía la respiración mientras Katsuie jugaba con las palabras de una conversación retardada por la verdad agazapada, se siente como el verdadero perro al que le daban un puntapié en el hocico. 

Se quedó viendo a Katsuie, la espera palpable en sus ojos, viendo cómo ella trataba de desatragantar las palabras agarrotadas en su lengua y apresadas en su quijada. Él veía cómo ella tenía los ojos opacos, como mirando para adentro, tratando de buscar palabras para explicarle a un niño un tema desagradable. Trombe notó ese desasosiego, y sintió entonces un fuego doméstico en su corazón, incontenible chisporroteo de emociones inflamando una amargura que le llenaba el pecho, pero pudo controlarse, y tratando de que el sentimiento no se reflejara en su rostro, se serenó gradualmente con el silencio que indicaba su comprensión, removiendo el tema de conversación que suficientemente habían aplazado. Claro, igualmente no se podrían decir nada más ya que un portentoso llamado tomó las riendas de la atención de todos los presentes, arengando con grandes aspavientos, infundiendo coraje y asimismo llenándolos de una ineludible disposición. Todos se vieron desleídos en el cumplimiento automático de su deber.

—Si!— El vítor sonó profundo, reverberante, y en escucharlo Trombe reconoció que no sabía hacia dónde Katsuie se había metido. Cierto era que ambos tenían compromisos, ya no eran parte de una unidad de rastreo, solo eran compañeros en un mismo ejército. Un sujeto lo empujó tratando de cruzar, gritándole que dejase de espaciar, y Trombe, escuchando el zumbar del aire, se colocó detrás de un grupo que construía trincheras con viejas barricas y tablones y trató de servir de utilidad. Los enemigos aún no se apersonaban por el horizonte, pero según el cálculo que el lupino había arriesgado, no tardarían más de media hora en mostrarse en el con suficientes rudimentos como para desaforar esta guerra tres veces y ganarlas el mismo número. 

Con los preparativos finalizados habían edificado una rígida defensa que utilizarían como posición estratégica para parapetarse de los ataques de las tropas enemigas entre sitiados y sitiadores. Se quedaron viendo el horizonte esperando que el síntoma belicoso allegase a esa línea delgada. En tiempo que carecía de medida cronológica, Trombe empezó a escuchar el repetido martillar de los caballos, y justo entonces empezaron a divisarse debajo de la luz lunar que arropaba a todo y todos. Compartieron en un instante el simulacro de la desesperación, pero el general volvió a asegurarles que los refuerzos no tardarían en llegar. Así, una gran fila de arqueros se colocaron detrás de los parapetos, y prepararon sus arcos, sacando flechas de los carcajes para tensar las cuerdas de sus arcos. Trombe, por su parte, se quedó viendo firmemente el horizonte, apretando con fuerza la espada, aunque sabía que cuando iniciase el conflicto, no estaría utilizándola. 
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 23, 2016 6:52 pm

Candentes palabras que alzaban la moral de todos los hombres allí presentes podían ser tan quebradizas como un delgado cristal. Una verdad desconocida sería la causante de un estrago tal, que haría que todo se fuera abajo. No había duda que aquel hombre al mando había avivado la esperanza de aquellos que para su fortuna, ponían su vida en juego por tratar de mantener su posición hasta la llegada de los refuerzos; mas algo que aun se desconocía, era lo que ocurriría si tal hazaña era realizada. Muy lentamente, y como pequeñas hormigas, podían verse los enemigos acercándose al campamento. Allí cada uno podría llegar a ver la confrontación que se avecinaría, y de la cual seguramente no saldrían. La formación enemiga se había comenzado a movilizar en tropas agrupadas de modo horizontal y paralelo, lo que no permitía a ciencia cierta calcular cuantos enemigos formarían parte de las agrupaciones posteriores. Un truco visual que les podría dar tiempo suficiente para dispersarse antes de llegar, rodeando a quienes planearan atacar hasta erradicarlos completamente uno a uno.

No obstante, una única figura destacaba a la distancia. Era un único caballo cabalgando a tanta velocidad que fatigaba sus propias patas en contra de su voluntad. sobre este se podía alcanzar a ver a un jinete que a duras penas lograba mantener sus manos sobre las riendas, mientras que, con la velocidad y los saltos del caballos sobre los desniveles del terreno, parecía llegar a caerse en cualquier momento. Las unidades permanecieron a la espera, pudendo llegar a notar que se trataba ni más ni menos que de un explorador de su propio bando. ¿Acaso los estaba guiando directamente sobre el campamento? ¿Qué excusa podría poner al realizar tal vil acto de traición? Las tropas lista para mantenerse en la defensa permitieron el paso de la última persona que parecía unirseles a su causa. Mas al detenerse su caballo, este en ningún momento logró desmontar con normalidad. En su espalda cargaba la causa de su debilidad, razón que pudo llamar la atención de cualquiera que le hubiera visto pasar; entre ellos el comandante a cargo del campamento. Comandante: ―¡Soldado!― Exclamó sobresaltado, le era difícil asimilar lo que sus ojos presenciaban.

Explorador―¿S-señor?..― Dijo el hombre con la cabeza baja y sus piernas temblorosas. ―Mi pe-lo....tón fue...― Agregaba muy pausadamente entre jadeos que intentaban conseguir algo de aire para poder continuar, dejando caer gotas de sangre por su boca y nariz. Fueron esas primeras palabras que hicieron notar al comandante el estado de gravedad del soldado que había salido a explorar, eran sus últimas palabras. Comandante: ―¡¿Qué sucedió?!― Interrogó algo alterado por recobrar algo de información al respecto de lo sucedido y desconocido. Explorador―S-on... much-os... n..os ... sup-sup..eran... nue...ve a.. un..o...― Concluyó su mensaje desplomándose lentamente sobre el suelo, dejando a la vista las numerosas flechas que sobresalían por todo su espalda; flechas que parecía haber recibido en un último intento por llegar al campamento para advertir con más exactitud a lo que realmente se iban a enfrentar si todo continuaba.

El comandante tomó un respiro en el silencio que se había generado posteriormente a aquellas palabras de moral que ahora se habían quebrado en su totalidad. Comandante:―Descansa soldado, lo has hecho muy bien― Dijo cerrando los parpados del soldado caído a sus pies antes de ponerse de pie nuevamente para afrontar la cruda realidad. ―¡Preparen un mensajero urgente que alerte a las tropas aliadas que se aborta la misión hasta nuevo aviso!― Exigió seria y firmemente a los presentes. ―Pero señor..― Fue lo que dijo la soldado al atreverse a reprochar por haber estado dispuesta a luchar hasta la muerte en aquel lugar. ―¡Es una orden! ¡Retirada! ¡Repito RETIRADA!― Concluyó, llegando de desquebrajando las pocas esperanzas que habían sido sembradas; pero si la orden era retirarse, era todo lo que podían hacer, acatarla. Si su campamento era superado nueve a uno, significaría que no podrían soportar más de diez minutos en pie. Y aun sumando las tropas aliadas podrían verse superados en un tres a uno, eso si aún alguno seguía en pie para cuando estas lograran llegar; jamás había visto una agrupación de emergidos tan numerosa, y no estaba dispuesto a sacrificar a sus hombres en una batalla que no le diera la oportunidad de ganar la guerra. Soldado que vive, aún puede combatir.

―¡Ya oyeron, muévanse!― Gritó sin aviso previo rompiendo el silencio que abrumaba al campamento. Los enemigos no paraban a descansar, segundo a segundo se acercaban, y si ellos no se retiraban, sus vidas se podrían acabar en ese mismo día. Todo lo que podrían hacer era retirarse para reagruparse estratégicamente con los aliados; y si el ejército enemigo se lograba dividir, atacarlo en diversas emboscadas cuando la situación les fuera mayormente favorable; pero las posibilidades de que eso ocurriera, eran sumamente bajas.


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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Lun Mayo 23, 2016 11:29 pm

Los ojos de Trombe tramaron el avance del jinete en su mísera montura, acercándose con un semblante demacrado, apenas moviéndose por la encabritada energía de su caballo. Todos los soldados trataron de acercarse a ver qué mensaje podría tener tan desharrapado soldado, y no fue hasta que el mismo bisbisara algo ininteligible para los demás que no estaban cerca, que se desplomó en el suelo con una decena de flechas insertadas en su espalda como las plumas de un ave que despliega sus alas para tomar vuelo. Todos quedaron tendidos en un silencio misterioso, y fue la portentosa voz del general, aunque era menester aclarar que parecía ciertamente afectada por lo que había contemplado, que pudieron ponerle nombre a ese sentimiento que burbujeaba en la caldera de sus interiores. La expiración del suspiro contenido de forma colectiva desinfló todo el temple de los soldados, y pronto algunos dieron inconscientes pasos hacia atrás. Trombe hizo como todos al escuchar la voz de Katsuie, se dio media vuelta y se enfiló en la retirada. Aún así todo el transcurso de fue apiñando los puños con una furia que parecía reventar. Lo sabía, sin duda alguna, entendía que la desaparición de Gabrielle solo podría significar dos cosas: Que estaba muerta o que había escapado. Se inclinaba por la segunda opción, pero dado el caso de que sea la primera, el lobo estaba perdiendo la oportunidad de vengarla. Fue deliberando para sus adentros hasta que dejaron a varias leguas el campamento y se vieron en planicies peladas. No aceptó que la verdad era es que tenía miedo de pelear en esa guerra.

Empalmada seguían las prácticas de algunos soldados, que comentaban que esto solo era un aplazamiento de algo inevitable. El humor no estaba en altas después de recibir un incentivo solo para tener que contagiarse del miedo que era necesario para preservar sus vidas. Los soldados montaron una nueva tienda de campaña para las deliberaciones del general, y pronto todos estaban vivaqueando hasta el amanecer. Ya que nadie quería a un laguz cerca, tuvo que mantenerse algo alejado de los demás. Por el otro lado, Katsuie parecía muy entretenida en sus propias conversaciones con el general, y no pudo encontrar el momento para hablar con ella y continuar la conversación que habían tenido hacía unas horas. Desestimó sus preocupaciones, ya había entendido el mensaje, así que la conversación solo sería una mortificación para ambos. Trombe cambió a su forma lupina y durmió contra algún árbol, sus ojos incomunicados de los colores hasta que despertó para ver el naranja amontonarse en el horizonte. No tardó en sonreír, pensando en el pueblo donde había estado antes, desde donde lo habían reclutado. No tardó en pensar en Fran y su carreta, seguramente aún esperaban por él. El pensamiento lo tranquilizó. Había algo que todavía podía proteger. 
Afiliación :
- SACAE -

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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Eliwood el Jue Jun 09, 2016 11:10 pm

Tema cerrado. 110G a cada participante.

Katsuie ha gastado un uso de su hacha de bronce.

Ambos obtienen un incremento de +2 EXP.
Afiliación :
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Marqués de Pherae

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Lyndis
Nils

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