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Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

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Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Vie Feb 26, 2016 12:52 am

El repiqueteo de las campanas sopló como trompeta, llenando el aire de murmullos; de chirridos acompañados de las pezuñas que andaban por la tierra. El rebaño de ovejas atendió al ritmo de las superficies metálicas y en respuesta, se agruparon obedientemente en el claro, un tanto desviadas de la tierra apisonada que partía en dos el camino al llegar al barranco. Estaban agrupadas muy cerca unas de otras, pero en cuidadosa inspección se podían precisar dos docenas. Y allí donde habían ovejas, siempre había un pastor, y la silueta del mismo pudo distinguirse en la noche, sus ojos posados sobre la oscuridad que se tragaba el ruido de las campanas. Llevaba una holgada capa marrón decorada de hojas rojas, tenía un cuerno anudado a la cintura, y un bastón largo con varias y pequeñas campanas oscilando de forma interminable mientras caminaba. 

Buscó un lugar alto para observar el derredor, encontrando una pequeña colina; y de ahí rastreó todos los detalles que podría recopilar. Miró al cielo y se guió por la tibia luminiscencia de un grupo de estrellas alineadas por el este. —¿Qué piensas?— La voz de un hombre que venía detrás de él le llamó la atención. Volviendo sus ojos de líquida avellana hacia él, el pastor respondió: —Pherae queda hacia allá, después del largo que atraviesa el barranco.— el hombre, que subía la colina con cierto esfuerzo por su abultamiento en el vientre volvió a formular su pregunta. —Me refiero a los lobos Trombe— Las orejas puntiagudas del pastor empujaron casi imperceptiblemente la capucha que tenía para ocultarlas hacia arriba, su cola moviéndose , acariciando ligeramente la tela. 

Además de las ovejas, Trombe, y un grupo de mercaderes y comerciantes en sus carretas, no había ningún ser visible en las cercanías, y por eso mismo el hombre se preocupaba. Los lobos no se dejaban ver o escuchar hasta que estaban sobre su presa. —No te preocupes por los lobos, para eso estoy aquí. Si no puedo espantarlos les lanzaremos encina, no pelearán si no deben hacerlo. Dile a los demás que acamparemos. Mañana los llevaré sanos a Pherae— Explicó. Una ligera brisa acarició su nariz. La verdad era que había un olor a animales salvajes, aunque tal vez era su propio olor el que filtraba por su nariz. Volviéndose sobre su hombro se desmontó el cuerno y lo sonó dos veces para luego agitar de forma sugerente su largo bastón. Las ovejas, agazapadas por el sonido y el siseo de la brisa, obedecieron la orden y flexionaron sus patas para echarse en la tierra.

Luego de encender un fuego y lanzar unas cuantas ramas para alimentar su rabia amarilla, los hombres levantaron vivaques alrededor y en poco tiempo estaban durmiendo. Eran gente de pocas palabras, y fuera de la retórica del negocio y el comercio, eran de escasísima sociabilidad. A Trombe le gustaba tratar con ellos, y era afortunado por tener una credibilidad laboral que le proveyese de ambulante empleo. De no ser por ellos, estaría en algún campo de trigo retozando entre las pencas doradas, limpiando su cola y mirando el cielo. Lanzó otra rama al fuego y luego de hacer una última inspección de sus ovejas se recostó con su manta y en poco tiempo durmió sabiendo que cualquier ruido alertaría los nervios timoratos que afilaban sus orejas.

Al despertar habían extinguido el fuego con unas cuantas patadas y reanudado el camino. Las primeras zonas limítrofes de Pherae tenían planicies desbordadas de yerbas y algunos árboles de altura notable, por lo que tenía una visión amplia del camino y se orientaba con facilidad, aún sin haber visitado el lugar con anterioridad. En el mismo borde de su campo de visión pudo ver un monasterio que había sido construido unos años antes, con la llegada de los emergidos. Una de las referencias cartográficas que había escuchado en Sacae eran cabales para su orientación. Mientras se fueron acercando, una figura en la distancia se fue aclarando. Por sus movimientos parecía estar ondeando sus brazos para llamar la atención de la caravana. Él levantó la mano y la agitó tres veces en la forma en que se había aprendido del ritual en aquellas tierras. Cuando llegó a una distancia que admitía conversación se detuvo.

—Hemos venido a este camino por la gracia de nuestra diosa y nos dirigimos a Pherae, y si este monasterio es bueno y verdadero, recibiremos de él bendiciones benévolas para nuestro viaje.— Los ojos grises del joven monje lo analizaron con sorpresa. —Por las bendiciones de la diosa en el cielo y los espíritus que habitan en la tierra, nuestro monasterio es uno bueno y verdadero, pero así como las palabras divinas se acuestan en el viento, las noticias de un peligro desconocido por vosotros viajeros me tienen parado para advertiros de la situación de Pherae que ignoran.— Trombe escuchó con mucha atención las palabras del hombre. Como era sabido Lycia se encontraba en conjunta campaña militar con Altea para repudiar los ataques de los emergidos, una especie de soldados fantasmales que habían aparecido por todo el mundo hacía unos años. Trombe no era ajeno a la noticia, en más, por el movimiento de sus orejas y cola podía entenderse que conocía en cierta proporción las circunstancias. Luego de preguntarle al monje si podrían tener asilo en el templo y recibir una respuesta afirmativa, se volvió hacia el grupo de hombres que le acompañaban. 

—Al parecer sucedió algo que no habíamos previsto, y para evitar involucrarnos en algo tan peligroso, debemos estancar nuestro viaje en estas latitudes— El comerciante no parecía muy decepcionado de las noticias. Como mercader ambulante había visto de la destrucción que esos seres eran peligrosos, y comentó encogiendo los hombros: —Si algo es peor que los emergidos es tener que consentir con las donaciones que los monjes requerirán para el templo.— Trombe soltó una carcajada y se devolvió a acomodar sus ovejas en una zona apartada del monasterio. No tardó mucho tiempo antes de que un guardia con armadura gris llegase en busca de provisiones para el combate. Trombe le ofreció la leche de oveja que traía en el lodre. 

Su pelo rubio parecía recién cortado, y su cuerpo no se veía como si hubiera estado en muchas batallas; por lo que muy probablemente era un nuevo caballero. Sus manos temblaron al sostener la bebida y derramó un poco del líquido antes de devolvérselo. —¿Y qué ocasiona esta visita señor caballero?— El sujeto le explicó la situación actual de la batalla y Trombe asintió unas cuantas veces construyendo la imagen en su mente. —Necesitamos unos cuantos hombres para que investiguen una nueva brecha de emergidos desde el plano astral para indicarle a las tropas de Pherae de su trayectoria. Pensé que en el pueblo anterior podría encontrar gente dispuesta pero no hubo nadie que respondiera a mi llamado.— Las intenciones eran palpables para el pastor, que lejos del portón donde estaban seguras sus ovejas, asentía ofreciéndose como el observador que ellos necesitaban. Se despidió propiamente de sus acompañantes, y dejando sus ovejas bajo cuidado del templo, siguió al caballero hasta otro pueblo en la cercanía.  

Tiempo después, para cuando se encontraban en un punto indeciso entre la tarde y la noche, aún vestía su capa marrón. A pesar de que el soldado había insistido en entregarle una espada y un escudo para protegerse, Trombe se había negado tajante. Luego de retirarse la capucha enseñándole dos orejas puntiagudas al chico, este lo observó embelesado hasta que Trombe le explicó que no necesitaba de armas. El chico asintió ensayando una coartada de firmeza, a pesar de que estaba claramente asustado, y luego de darle tres vulnerary para cualquier emergencia, le dirigió hacia el punto de partida donde se encontraría con sus acompañantes para esta encomienda. Se había puesto nuevamente la capucha para cubrir sus orejas, y simplemente esperó. No era por un sueldo que se metía al conflicto, era simplemente porque el mundo es muy raro, y las ocurrencias como estas son las únicas que le dan sentido.


Última edición por Trombe el Sáb Feb 27, 2016 3:46 am, editado 1 vez
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 26, 2016 2:04 pm

Katsuie al unirse al ejército de Pherae, tan solo como una simple soldado, aunque mal vista por la mayoría ya que a diferencia de ellos que solo eran campesinos armados y protegidos con lo básico que les otorgaban al unirse al ejército, ella quien venía de una buena familia poseía una buena armadura para proteger su cuerpo y su gran hacha que utilizaba para la batalla. Al pasar el tiempo logro tener buena relación con los demás soldados, aunque aún estaban aquellos que hablaban mal sobre ella por ser mujer y unirse al ejército, afortunadamente llego la oportunidad de demostrarle su habilidad a aquellos que la menospreciaban, una noticia de parte de Lord Eliwood, el señor del territorio, al parecer los Marqueses de Lycia junto a Altea comenzaría una campaña para liberar sus territorios de los emergidos.

Tiempo después de la noticia, las tropas ya estaban preparadas y listas para partir, Katsuie fue enviada a la cercanía de un pueblo, en territorio de Pherae, en el cual se habrían visto por la zona a los emergidos. Tras levantar el campamento y mantenerse a la espera de órdenes junto con los demás soldados, mientras charlaban unos de los hombre noto la llegada del caballero al cual habrían mandado a buscar reclutas en los pueblos cercanos, o alguien que esté dispuesto a participar de este evento, fácilmente todos vieron que no le fue muy bien ya que solo trajo a una única persona la cual se encontraba con una capa marrón y con la cabeza cubierta con su capucha.  

Tras haber dejado solo al encapuchado, el caballero se dirigió hacia para tienda de campaña en la que se encontraba el comandante del ejército. A los pocos minutos un soldado apareció al lado de la General. -¡Soldado! El comandante solicita su presencia inmediatamente.- Al escuchar que fue llamada, la joven se pone de pie y toma su arma. -Entendido.- Dirigiéndose a donde estaba el comandante podía observarse su gran tienda en la que habían dos guardias en la entrada para impedir que entrara cualquiera que no tenga el permiso necesario. Al pasar a los guardias y entrar en la tienda podía verse al comandante y al caballero que había llegado hace minutos. -Shibata Katsuie presentándose comandante.- La general anuncia su presencia hacia el líder del ejército quien la había convocado, y manteniendo una expresión seria en su rosto este parecía haber ignorado a la joven hasta que por fin termino de hablar con el caballero. -Shibata, tengo una tarea para usted. Al fin se presentó un voluntario para ir a observar el desplazamiento de los soldados emergidos, pero no podemos enviarlo solo, por lo tanto tú lo acompañaras. Eso es todo, ve y reúnete con él.- Después de haber recibido sus órdenes Katsuie salió de la tienda y fue directamente a encontrarse con su nuevo compañero quien se encontraba esperando en el punto acordado.


OFF:
Disculpen si es corto o algo difícil de entender, hace tiempo no roleo así que debo acostumbrarme nuevamente xD

cualquier cosa mandenme MP y corrio.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 26, 2016 3:25 pm

(Extremo Sur de Begnion - Día XX del Mes XX - 4:45 PM)

"El sol aún brillaba con su ya conocido esplendor sobre las cabezas de los presentes, de los cuales se podía identificar a una joven encapuchada y a dos ancianos que parecían ser pareja. Estos dos últimos parecían estar increíblemente agradecidos con la joven que aún con su "disfraz" evidenciaba una sonrisa. La anciana fue la primera en interrumpir el reposo y se adentró en la pequeña cabaña de madera que era su hogar, para luego salir con un paquete ni muy grande ni muy pequeño. -De verdad que has sido de mucha ayuda jovencita. Por favor, acepta este obsequio como nuestra paga ya que no tenemos dinero más que para vivir los pocos días de vida que nos quedan.- La joven tomó el paquete y trató de ver qué era sin abrirlo. -Es comida, mi esposo ya me dijo que tienes planeado viajar.- La anciana sonrió cálidamente como si hubiese estado hablando con su nieta. -Pero señora, yo no puedo aceptar esto. Ya es suficiente paga con que su esposo haya aceptado llevarme en su embarcación.- Respondió la joven de la manera más educada que pudo, pero el anciano, que había estado silente todo este tiempo, decidió interrumpir. -Pequeña, ¿Estás consciente de que nos salvaste la vida hace un par de días?- A estas alturas la joven ya no sabía bien con qué responder, por lo que decidió aceptar el regalo y bajar la cabeza. -Muchas Gracias...-"

No quería ser una molestia. Sí, era cierto que les había ayudado cuando espanté a aquellos ladrones disparando cuidadosamente en lugares... "amedrentables", pero no había sido mucho en realidad. Sólo quería explicarles que era mi trabajo y que no siempre era un problema no recibir paga. El anciano me señaló con su mano la entrada al pequeño barco pesquero; no era demasiado grande como para haber llevado a un grupo de soldados, pero si sólo íbamos los dos parecía razonable. Aunque tenía que aceptarlo: Por fuera no se veía como la gran cosa, pero por dentro era mejor de lo que merecía. Por lo menos había una habitación con camas separadas.

-Señor, déjeme agradecerle nuevamente por este favor.- Dije algo apenada, mas el anciano respondió con un ademán de su mano derecha mientras elevaba la pequeña vela. -Basta de cursilerías.- Dijo, seguido de una leve risotada. Es un trato justo.-

((Cercanías de Pherae - Día XX del Mes XX 8:30 AM)

-¡Jovencita, estamos llegando!- La voz del anciano repercutió en mis oídos como música; me levanté lo más rápido que pude de la cama y corrí hacia la cubierta. La ciudad se veía claramente a pesar de que aún no estábamos junto a ella. No pude evitar sonreír al respecto. -Fue mucho más rápido de lo que creí.- Y el anciano me miró. -La verdad es que en un barco mucho mejor equipado hubiésemos llegado antes, pero sí, estoy orgulloso de este pequeño.- Dijo finalmente soltando otra risotada.

(Pherae - Día XX del Mes XX 9:10 AM)

Me despedí del anciano con algo de nostalgia, como si lo hubiese conocido tanto a él como a su esposa desde hace años. Hubiese querido compartir más con ellos, pero ahora debía hacer lo que había venido a hacer. Había escuchado en Begnion rumores de una campaña siendo armada en distintos lugares del mundo y, aunque suene extraño, Pherae era uno de los lugares más cercanos donde podía unirme. Estuve dando vueltas por la ciudad durante mucho tiempo, preguntando de vez en cuando por indicaciones hasta que logré dar con el lugar que parecía ser el correcto; al menos se veían otros soldados y parecían estar preparándose. Me limité a quedarme parada observando lo que ocurría, aún no sabía bien si debía acercarme a hablar con alguien y en caso de que tuviera que hacerlo no sabía con quién. Cualquier persona que pasase vería a una chica rubia con un arco entre sus brazos y con aspecto desorientado.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Sáb Feb 27, 2016 1:08 am

La temperatura había descendido drásticamente con la puesta del sol, como si anunciara la venida de una inconcreción fantasmal inspirada por la tenue luminiscencia de las estrellas. No sentía la necesidad de hacerlo, pero sintiendo que el viento frío podía volar su capa y descubrir las partes más interesantes de su personalidad, se arrebujó más el cuerpo, estrechando la capa marrón alrededor de sus hombros como si tuviera frío. Por lo que entendía estaba parado en el corazón de Pherae, en la intersección de las calles principales de norte a sur y de este a oeste. Respiró hondamente y pensó en un punto crítico: ¿Qué camino tomarían? Los cuatro puntos del mundo lo rodeaban. Sus lánguidos ojos danzaron en el aire al compás del viento, procreando líneas y direcciones. Por unos segundos sintió que era el cazador, pero partiendo de su atención marginada, notó una gran gama de miradas precipitarse sobre su figura. No, él era la presa.

No era difícil adivinar a quién miraban, o más precisamente, qué trataban de mirar. Sus orejas se achicaron debajo de la capucha, y consciente de las miradas, sus ojos lentamente se proyectaron al suelo, sin habla por un momento, con la apertura y cierre de las bocas murmurando, haciendo ecos lejanos que lo alcanzaban a él en el camino. Por unos segundos ineludibles se limitó a mirar al suelo y oír el desencadenamiento de comentarios. Con el tiempo se dio cuenta de que su indecisión en sí misma estaba dejando que los soldados sacasen sus propias conclusiones, que seguramente eran peores que ser el atroz espectáculo de unos cuantos de ellos. Era menester aclarar que no quería engañarlos bajo ninguna medida, y aunque enseñarle la naturaleza de su ser a aquél muchacho era una medida que había tomado para evitar aquello, al parecer no sería suficiente a menos que soltara las dos riendas a tolerar que esta fuera eventualmente arrebatada de sus manos. 

Sin decir palabra alguna, se levantó la capucha y las orejas respingaron hacia arriba. Sus pensamientos visitaron esa primera noche que vivió como pastor. Los sonidos de la noche misteriosa, el balido de las ovejas imprudentes, la sospecha de los comerciantes que le habían contratado. Entonces todo lo que le importaba era la conducción de su rebaño, la búsqueda de comida y agua para ellos, y proteger a sus acompañantes. ¿Cómo responderían sus amigos si supieran que le confiaban sus vidas a uno de los lobos que tanto detestaban? Vio algunas miradas cariacontecidas, escuchó algunas voces que correspondían a esa sorpresa, pero no pudo retener una imagen clara de las conversaciones porque sus sentidos se concentraron en la personalidad que se dirigía hacia él.

Al principio solo podía diferir que la figura estaba cubierta de ropa gris, pero mientras aminoraba la distancia, su mirada fue dilucidando, y las características en aquél cuerpo dibujando. Tenía el pelo largo y castaño, y la piel blanca. Ella era alta para ser mujer, y a pesar de las placas de su armadura, tenía un marco mucho más delgado que el de un hombre. Su belleza no era el tipo que estaba destinado a atraer el sexo opuesto a ella, aunque notase que varios soldados se volvieron a mirarla cuando se fue acercando, pero para Trombe su belleza era algo como la flor ofrecida a un soldado moribundo que intenta llevarse una última cosa de esta tierra. 

El enfoque deliberado de su mirada probablemente significaba que ella venía precisamente a hablar con él. Trombe asimismo incurrió en el error de creer que los comentarios aminorarían con la presencia de la mujer, que parecía tener cierto rango, ya que al contrario, habían aumentado. Escuchó cosas entre las líneas de: “Este no es lugar para mujeres” Sus ojos se arquearon en sorpresa, tanto que cuando volvió su mirada frente a ella fue compelido a preguntarse para sus adentros si ella no querría recuperar un insulto. Hizo una pequeña reverencia cuando estuvo a una distancia prudente. —Mi nombre es Trombe, fui recientemente instaurado como miembro provisional de este ejército— Dijo con firmeza enseñándole la rubrica que le habían entregado para reconocerse como aliado. 

De pronto, olvidando que sus orejas estaban al descubierto, las sintió erguirse, agitarse con el sonido de una conversación cercana. Viró hacia un lado y logró ver a una distancia de algunos metros, a una chica rubia sosteniendo un arco, y junto a ella, un hombre subido en un caballo, hablándole irónicamente sonriente. —¿Estás perdida niña?— Anticipándose a lo que estaba ocurriendo, el pastor de ovejas le disparó una mirada hostil al caballo, activando su instinto animal que resultó en tumbar al sujeto de la monta, y soltarse a correr en dirección contraria. Su cola se movió alegremente debajo de su capa al ver el gesto anodino del soldado con su cara contra el lodo. Inmediatamente después consideró la posibilidad de que estuviera la arquera involucrada con la presente encomienda, mas esperó a ver la reacción de la joven frente a él antes de sacar conclusiones. 
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 28, 2016 5:59 pm

Mientras la joven se dirigía al ya indicado lugar para reunirse con su compañero, podía notarse por todo el campamento como los soldados encendías antorchas y fogatas para soportar el frío y oscuridad de la noche. A su vez mientras caminaba lograba escuchar, como era costumbre, los malos comentarios de algunos soldados, aunque al no ser importantes simplemente los ignoro para continuar su camino hasta llegar al punto indicado donde el encapuchado giro hacías ella presentándose como Trombe. -Trombe, un gusto conocerte, supongo que tú eres quien acepto la tarea de observar los movimientos del enemigo. Mi nombre es Katsuie Shitaba, soldado de Pherae. Se me otorgo la tarea de acompañarte durante tu trabajo, espero que nos llevemos bien.- Le respondió al joven mientras extendía su mano en señal de saludo.

Inmediatamente cuando Katsuie estrechó su mano para un amistoso saludo, podría verse su expresión de asombro al notar las orejas de su compañero. La mujer de gran armadura quedo completamente anonadada, ya que esta sería la primera vez en conocer a un Laguz. La sorpresa no duro mucho tras notar cierta mirada hostil en los ojos de su compañero, la cual apuntaba hacia donde se encontraba una joven sosteniendo un arco, y junto a ella, un hombre que cayó de su caballo. -¡Señor!, ¡se encuentra bien?- Menciona Shibata a todo pulmón tras notar que el hombre cayó de espalda al suelo, al llegar donde este se encontraba y ofrecerla ayuda para levantarse, toma su mano y sin darse cuenta le pisa el pie derecho antes de levantarlo. -¡Ten cuidado mujer, me estas pisando!- Respondió el malagradecido hombre tras haber sido ayudado. -Soy un mercenario, me encontraba buscado el lugar donde enlistarme al ejército.- Mientras calmaba a su caballo el mercenario explico su situación y luego se giró hacia joven arquera. -Esta jovencita parecía estar en mi misma condición por lo que iba ofrecerle que me acompañe.- Luego de esto el hombre observa detalladamente a Katsuie. -Tú pareces ser parte del ejército, si lo sabes ¿podrías indicarme el lugar? Hay demasiadas tiendas como para encontrar la de reclutamiento.- Al escuchar la rápida explicación del mercenario la soldado los mira a ambos para luego indicarles su camino. -Esta en lo correcto, soy Katsuie, miembro del ejército, el reclutamiento lo está llevando a cabo el comandante. Solo vallan entre medio de las tiendas de campaña y en la cuarta giren a la derecha, allí diríjanse a la que tenga dos guardias en la entrada.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 28, 2016 9:45 pm

-¿Estás perdida, niña?- Preguntó de pronto un hombre montado en el lomo de un gran caballo. Lo miré algo confundida y luego con una sonrisa apenada le respondí: -La verdad es que hace bastante que llevo buscando dónde registrarme como voluntaria para los trabajos de liberación, pero me gustaría seguir buscando yo misma o en un caso extremo quedarme aquí parada hasta que la solución llegue por si sola.- El hombre entrecerró los ojos, había entendido el sarcasmo de mis palabras y pareció que intentaba retirarse cuando su caballo reaccionó violentamente provocando que el primero cayera con fuerzas. Por un momento me asusté, creí que el hombre se había herido gravemente, pero cuando se levantó de manera tan agresiva hacia la mujer que lo había intentado ayudar lamenté que estuviese ileso. Por otra parte, mi mirada se concentró en el joven que acompañaba a la muchacha, mayormente en sus largas y puntiagudas  orejas.

-¿Por qué lo hiciste?- Pregunté como si lo conociera desde el momento en que nací. -En mi tierra natal existen varios como tú y sé de lo que son capaces. Ahora dime, ¿Qué te motivo a asustar su caballo? ¡Pudiste haberlo dejado inválido de por vida, o incluso matarlo!- No sabía por qué, pero mi voz cada vez se elevaba más. Lamentablemente siempre había sido así; odiaba ver a otras personas en peligro o siendo heridas. Si bien el mercenario no había sido nada cordial con la otra mujer, no contaba como excusa para humillarlo de esa manera. Aunque...

Sólo unos pocos segundos bastaron para que aclarara mi mente nuevamente, dirigí una mirada apenada al joven y apegué mi mano derecha a mi brazo izquierdo con fuerza. -L-lo siento, no debí gritarte de la nada... Ni siquiera te conozco...- Bajé la mirada un poco más hasta llegar al piso; odiaba ser así de maleducada alguna veces. -M-mi nombre es Gabrielle ¿Cuál es el tuyo?- Pregunté intentando dibujar una leve sonrisa, la cual luego dedicaría también a la mujer que parecía acompañarlo. -¿Y usted?- Mientras me presentaba de la manera más formal posible, mi mirada se distrajo con la imagen del mercenario derribado yendo hacia la tienda del General. Entonces recordé lo que había venido a hacer a este lugar. -¡Ah, cierto! Debo apresurarme para inscribirme antes de que sea demasiado tarde. Siento la descortesía, pero tengo que hacerlo inmediatamente.- Fue lo último que dije antes de tomar mi arco con fuerza y correr detrás del otro hombre, como si lo estuviese siguiendo.

Spoiler:
Lamento si es muy corto, no se me ocurrió nada más ;~;
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Lun Feb 29, 2016 12:33 am

Aunque fuese bueno controlando sus expresiones faciales, era un poco torpe cuando se trataba de poder controlar sus movimientos corporales, aún más cuando se trataban de reacciones instintivas y la sorpresa que las acompañaba era genuinamente desconcertante. Sus orejas, flexibles y elásticas en su engranaje, se vieron afiladas con atención, y con el mismo ritmo vertiginoso, su cola ondeó una sola vez como un fantasma debajo de un trozo de tela; con un estrépito, con un pánico. Sus ojos se habían encontrado con los orbes verdes que perforaban incólumes la distancia. Había entonces notado que la chica rubia que intentara defender sin resultado luego de creerla amenazada por el hombre del caballo, le observaba, tomó por excusa que ella lo miraba a causa de sus peculiares orejas, desestimando entonces que la causa fuera más complicada que ese primer término apreciativo, ya que entender que la mirada en tan tiernos ojos no era una de curiosidad sino de reproche, le llevaría unos segundos más de frío entendimiento. Y como puede entenderse, la tregua entre esas dos miradas no duró mucho, porque apenas la boca de ella empezase a moldear de forma definitiva las frases, el joven perdería la ilusión de su hipnotismo en el instante en que entendiera que a él se dirigían las palabras. 

En la pausa se sintió perdido. Sus ojos estaban desorbitados y borrosos por el desbordamiento de las palabras; los de ella brillantes pero duros como guijarros. En medio del tumulto de información, que se resignó a escuchar en silencio, la mente del castaño maquinaba, pero su lengua estaba trabada en el fondo de su alma. Trombe se alió a la persistencia de su mutismo. No quiso decir nada, apoyando la cabeza en un ángulo ladeado hacia abajo, como si tratara de esconderse detrás de sus pestañas. Sus ojos alternaron velozmente entre la rubia y Katsuie, como esperando que su nueva compañera interviniese en la diatriba elocuente que ahora se extendía en silencio. Sabía que en estas circunstancias debía disculparse. —..yo pensé que te estaba molestando, no quise atacarlo tanto como quise ser prudente haciéndolo.— empezó bordando el aire con su voz, con la incompleta reconstrucción de sus frases.  

Abrió la boca nuevamente, como si quisiera expandir su explicación, pero justo entonces hubo un cambio perfectamente asequible y analizable en el rostro de la chica. Si se mezclaba sorpresa y vergüenza, se añadía un poco de agua, y se amasaba hasta que estuviera suave, el producto sería algo parecido a la expresión de ella en ese momento. El gesto suave y humilde le recordaba a Trombe de las ovejas que tendía en su rebaño. Las palabras que siguieron solo confirmaron sus sospechas. La chica era de mecha muy corta para ser tan tímida y adorable. 

Trombe parpadeó con sorpresa y alzó sus manos, sonriendo la misma sonrisa que portara ella. Finalizó desmereciendo sus orejas que se despuntaron hacia abajo, aunque luego con nuevos, bríos repusiera su tonalidad. —Para nada, se habla con más libertad entre extraños después de todo— Vibró su voz en el desgaste de una pequeña sonrisa. Tragando saliva caminó hacia delante, cruzando junto a ella, deteniéndose frente al hombre. Por reciprocidad y decencia se inclinó haciendo una reverencia para expresar sus disculpas. —Lo lamento señor, fue un malentendido por mi parte.— Admitía sentirse un poco apenado por el hecho, mas sin embargo lo más probable era que no se hubiera disculpado si la rubia no lo hubiera confrontado. 

Katsuie entonces repartió directrices para el bisoño aspirante que, algo irritado por el curso de eventos, se fue cabalgando lentamente, aunque esta vez sus manos estaban rígidas en las riendas, como si tuviera miedo de ser tirado de nuevo al suelo. A expensa de su pensamiento, Trombe no pudo evitar torcer una ligera sonrisa al notarlo, después de todo al menos podía justificar su acción, si no para defender a Gabrielle, para escarmentarlo por su actitud hacia Katsuie; y parte de su cola, desguarnecida de la capa, enseñaba la punta blanca de la misma moviéndose de un lado a otro. Acto seguido se volvió hacia Gabrielle con todas las atenciones precautorias para distender su mente de los pasados malentendidos. —Soy Trombe, me registré hace unos momentos.— En ese instante escucharon al vocero del ejército hacer un último llamado a los reclutas. Trombe la observó como diciéndole: Deberías ir.

A su alrededor los diferentes grupos empezaban a disgregarse por las calles, enfilándose en distintas direcciones. Después de que la chica partiera al lugar de anotaciones el chico, inconscientemente, llevaría sus manos hasta sus orejas. Fue entonces que entendió por qué al principio le había causado tanta impresión. —Se que hice mal, pero, ¿usted cómo soporta la insolencia de esos hombres? — le preguntó a Katsuie de repente, ya que para un pastor cualquier persona que atentase contra su rebaño era un enemigo. Aunque tal vez estas eran secuelas de vivir tanto tiempo solo en planicies peladas. 
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 01, 2016 5:56 pm

Al terminar la pequeña charla con los mercenarios, mientras ellos se dirigían a enlistarse, podía observase como los demás grupos de reconocimiento partían hacia los posibles lugares donde podrían encontrarse los emergidos.

Trombe se dirigió a Katsuie mencionando la supuesta insolencia del mercenario, aunque ella no lo vio de ese modo. -Eso realmente fue culpa mía ya que lo pise accidentalmente cuando quise ayudarlo- Contesto rascándose la cabeza mientras admitía su error, normalmente ella no dejaría que la traten de esa manera si no tienen algún motivo por el cual hacerlo.

Durante la charla y al haber visto a los demás grupos ya en movimiento recordó que no podían quedarse quietos, ellos también debían comenzar a movilizarse. -Bueno ya basta de distracciones, a caminar, tenemos que realizar nuestra tarea.- Un tono serio apareció en su rustro y forma de hablar, cuando se tratara de trabajo aunque sea de observación un soldado siempre tiene que cumplir lo que le ordenen, o al menos así fue educada dentro de su familia, siempre cumplir con su deber. Luego de decir lo que debía, Katsuie comenzó a caminar, alejándose cada vez más del campamento donde el ejército se mantendría a la espera del informe de alguno de los grupos de observación para comenzar su avance e interceptar al enemigo.

Durante el pequeño avance que abrían logrado por el momento, Katsuie se la pasaba mirando cada cierto a su compañero. -Dime Trombe, ¿cómo fue que decidiste unirte al ejercito?- Realmente tenia cierto interés en el motivo por el cual su acompañante decidió unirse ya que, por lo que ella sabía, los Laguz no eran muy bien recibidos para la mayoría de grupos humanos, aunque a ella realmente no le importaba la diferencia de razas mientras cumplan con su trabajo.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 01, 2016 8:59 pm

El mercenario que se dirigía al mismo lugar que yo llegó mucho más rápido gracias a su montura. A pesar de que corrí lo más rápido que pude era imposible igualar la velocidad de su caballo. Ahora, usted debe preguntarse "¿Por qué intentabas competir con un caballo?" Y es una pregunta bastante lógica para ser honestos, ahora la respuesta era: ... Pues... Bueno, yo tampoco sabría decirlo, es sólo que de vez en cuando llego a ser muy competitiva sin darme cuenta y la mayoría de las veces termino perdiendo. En fin, necesitaba decir todo esto para ganar tiempo mientras el otro mercenario se inscribía y recibía sus instrucciones. Por el rostro que tenía, lleno de confianza y espíritu de pelea, supuse que lo habían enviado a la vanguardia. En ese momento me pregunté si me enviarían a combatir directamente. Los arqueros no necesitan hacer eso, ¿Verdad? Lo más probable es que fuese enviada a la retaguardia o quizás a alguna misión de reconocimiento, ignoraba cuál de ellas podía ser.

Mis pensamientos eventualmente fueron interrumpidos por uno de los guardias, el cual me indicó amablemente que podía entrar a hablar con el General o desaparecer de su vista; hice caso a la primera opción y entré con un poco de miedo. Extrañamente fue mucho más cordial de lo que esperaba. -Muy bien, muchacha. Ya eres parte del ejército provisional voluntario. Tu grupo asignado será el de Katsuie Shibata; la reconocerás por su imponente armadura y pues... Que es una de las pocas mujeres presentes.- Entonó el hombre con solemnidad. Yo por mi parte le dediqué una gran sonrisa al oír que había sido aceptada y volví a correr rápidamente hacia las afueras de la ciudad, principalmente porque ya se estaban retirando todos los equipos. -Katsuie... Debo encontrarla... ¡Ah!- Ahí fue cuando recordé que de las dos personas que había conocido anteriormente, una era chica. ¡Debía ser ella! ¿Cierto? Bueno, por lo menos si no lo era serviría como referencia para encontrar a la correcta.

Seguía corriendo mientras pensaba todas esas cosas cuando los encontré; el joven Laguz: Trombe, y la mujer que lo acompañaba, cuyo nombre aún desconocía. Me detuve a un lado de ellos jadeando levemente por la pequeña "carrera". -¡Disculpen, necesito preguntarles algo!- Y luego miré a la mujer. -¿Es usted Katsuie? Fui asignada a su grupo y debo encontrarla.- Dije finalmente, ya un poco más repuesta y despierta; me encontraba completamente lista para lo que fuese.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Miér Mar 02, 2016 12:06 am

Si un general tuviera que optar por uno de dos atributos para sus tropas, resquebrajada su disyuntiva entre la valentía y la disciplina, sin pensarlo escogería la disciplina, ya que una dentadura entrenada para morder solo lo que se le ordenaba era más útil que una dentadura filosa y portentosa que mordía todo lo que su frenética mente lograba entablar entre su vallar de dientes. La analogía se le antojó más relevante al pastor de ovejas ya que compaginaba con el tiempo en que perteneció a una jauría de lobos, ataviado por la semipenumbra de los bosques, y la responsabilidad de una empresa colectiva cuyo único remedio para la rebeldía era la muerte. 

Con las sutilezas de su pensamiento Trombe asintió entendiendo que Katsuie había aprendido con la experiencia a ser prudente y reconocer sus errores. Él, sin embargo, tenía un problema regulando sus sentimientos, y la cicatriz que atravesaba oblicuamente su pómulo izquierdo era solo una de muchas evidencias para ese espíritu rebelde que trataba de contener dentro de las dimensiones de la obediencia. Le pareció que el sendero silvestre por donde se desplazaban estaba más desierto de lo normal hasta que escuchó a la voz junto a él presentarle con una idea con la que podía entretener las lagunas de su mente ociosa. 

Le devolvió la mirada a la chica hallando en sus ojos la curiosidad que abrigaba las pupilas expectantes, y luego volvió la mirada hacia delante, sintiendo que sus orejas se frenaron en lo alto de su cavilar, afiladas como si tratara de escuchar el recuerdo que su mente inundaba con el viento de ese extenuado anochecer. —Recuerdo un decir: Quien sabe cómo hacer algo se vuelve siervo de quien sabe por qué ese algo debe de hacerse. Creo que busco ese por qué— Explicó de la misma forma que lo hiciera uno de los hombres de su caravana, sin cundir en confusiones, hablando como si fuera una cabal verdad desprovista de cualquier sentido soterrado. Luego simplemente sonrió dejando que el recuerdo de sus voces se hundiera en el silencio, mientras que los ojos y los oídos perspicaces del pastor atravesaban la vía pulida y cortante del aire, recordando que había algo extraño en la soledad del camino. 

Fue entonces, como por respuesta al silencio que zambullía sus cuerpos en misterio, un sonido lejano, como el de un caballo cabalgando desde la lejanía, llegó a la abertura de sus oídos deteniendo su avance. Alertando a Katsuie de lo que escuchaba, volvió su rostro con la mirada tanteando la distancia, y vio de la oscuridad descubrirse una racha de cabello limalimón ondear en el aire como si fuera una mensajera bajada de una de las estrellas del firmamento. Cuando se fue acercando asoció el recuerdo con su pasado encontronazo dislálico y sintió en sus orejas un escalofrío repentino que se le colgaba del resto del cuerpo. Cuando la distancia entre ellos aminoró lo suficiente, Trombe escuchó las palabras de Gabrielle, y percibió que el pulso en sus orejas pareció palpitar con una señalización extraña. Imaginó que Katsuie entendería las insinuaciones de lo que la explicaba como el nuevo aditamento a su unidad, y con una sonrisa imitable por cualquier viajero que soltara apenas unas cuantas frases de adorno, Trombe le dio la bienvenida.

Ahora una estampa de tres, la unidad de reconocimiento avanzó por el sendero redactado en la tierra que une las soledad de todos los confines. Por tercera y definitiva vez, Trombe inhaló el aire frío que inflamaba el ambiente, y como si le hubieran lanzado un balde de agua fría encima, su cola se endureció, resaltando de detrás de su capa, y estornudó. Lo que aparentaba ser un resfriado tenía un misterio subyacente en el hocico mojado. —Hay algo raro en el aire..como si fuera un campo de batalla.— Si, él sabía cuál era esa fragancia. —Muerte.— Murmuró convergiendo sus ojos en ambas. Sus ojos flecharon en la oscuridad que los rodeaba. No percibía el olor de ningún animal fuera de ellos tres, y esa ausencia nunca era una buena señal 
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 05, 2016 2:14 am

Durante la tranquila y oscura noche, la cual solo se encontraba iluminada únicamente por la luna y un mar de estrellas, no podía oírse ningún sonido a excepción de las voces del dúo que estaría en movimiento para llevar a cabo su misión.

En la charla que tendría con el Laguz, este mencionó una frase que a la mujer soldado dejó anonadada. No entendió absolutamente ninguna de las palabras que había mencionado, esto la obligo a permanecer en silencio durante unos pocos segundos mientras pensaba. -Bueno… no entendí a qué te refieres con eso. De todas maneras no tiene importancia mientras cumplas con tu parte del trabajo.- Sus pensamientos no rindieron frutos, ya que no logro comprender lo que quiso decir su compañeros.

Minutos más tarde, ambos lograrían escuchar cierto sonido que parecía dirigirse hacia ellos, Trompe se percató antes sobre esto y le advirtió a Shibata quien se posiciono de manera en que le fuera fácil comenzar a atacar con su hacha en caso de que se tratara de algún enemigo. Afortunadamente no había ninguna amenaza ya que la persona que se les acerco era nada más ni nada menos que la arquera mercenaria que conocieron anteriormente en el campamento. -No se preocupe, no tiene por qué disculparse, y si yo soy Shibata Katsuie, creí haberme presentado cuando nos encontramos anteriormente. Bueno no importa, me alegro de que se nos una.- Finalizado el encuentro, el grupo ahora formado por el Laguz, la arquera y la soldado continuaron su camino.

El trayecto por la oscura noche tomo su tiempo, aunque aún podrían faltar horas para el amanecer el grupo no podía darse el lujo de detenerse con la excepción de algún pequeño descanso por tanta caminata. Actualmente se encontraban en un camino en medio de la nada, rodeados solo de llanuras donde únicamente podría encontrarse animales salvajes. El semi-humano parecía haberse percatado de algo, aunque solo las palabras podrían no ser tan creíbles, era preferible escuchar a su compañero, mejor prevenir que lamentar, pero ¿un campo de batalla?, ¿muerte?, ¿cómo era posible que se dé cuenta de eso solo por el aire? La soldado siempre prefirió confiar en las palabras de un compañero y esta no sería excepción. -No siento nada raro, ¿estás seguro de lo que dices Trombe?- Mientras hablaba la mujer tomo su arma con ambas manos para estar preparada para lo que podría llegar a pasar, si es que realmente había algo.

OFF:
Disculpen la tardanza.
Estos días estuve ocupado en casa y no me eh sentado mucho en la PC.
Ahora estaré libre unos días así que no tardare en contestar, espero :v
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 05, 2016 5:56 pm

El hecho de haber encontrado a la persona correcta la animó bastante. También recordó que efectivamente Katsuie se había presentado en el momento en que habló con el mercenario; lamentándose al ver que nuevamente su falta de atención le jugaba en contra. -Lo lamento. Olvidé por completo que ya se habían presentado los dos.- Mencionó con una risita algo infantil. Todo parecía indicar que la noche sería mucho más fría que las anteriores y eso a la larga era un problema; si no planeaban levantar un pequeño refugio para pasar la noche entonces tendrían que pelear para superar el frío.

Su atención, la poca que tenía, fue destinada a las palabras de Trombe. A pesar de que la arquera tenía bastante experiencia al haber vivido estos últimos años en un bosque, decidió dejarse guiar por el sentido agudizado de su compañero Laguz. -Muerte... ¿Creen que ya haya comenzado? Digo, se supone que somos un grupo de reconocimiento pero... ¿Y si es que atacaron a otro grupo?- Comentó con algo de temor. Ella sabía cómo eran los emergidos y nunca les había tenido miedo, pero el hecho de encontrarse en una gran desventaja numérica era algo que cualquier soldado podría llegar a temer. -Me mantendré alerta, permítanme.- Dijo antes de asegurar el arco a su espalda y comenzar a trepar el árbol más cercano. En sus movimientos se podía ver la precisión y la experiencia que poseía la joven al momento de relacionarse con la naturaleza. Al llegar a lo más alto que pudo comenzó a observar en todas las direcciones. Ciertamente era una persona despistada e infantil, pero tenía un rango visual impresionantemente grande.

Estuvo sobre el árbol al rededor de dos a tres minutos, pasado ese tiempo asomó su cabeza entre algunas ramas y dirigió la mirada a sus acompañantes

-No logro ver nada extraño por el oeste, pero me pareció ver movimiento por la misma dirección en la que vamos hace un rato. Es posible que si seguimos caminando hacia allá logremos dar con lo que sea que haya sido eso en unos 5 o 10 minutos. Se podría decir que estamos cerca.- Sugirió calmadamente antes de bajar de un salto. No estaba acostumbrada a actuar en grupo, por lo que no sabía si seguir la pista o tratar de evitarla sería lo mejor. -Dejaré en sus manos la decisión, Katsup.- Fue lo último que le dijo a Katsuie antes de volver a tomar su arco. Así es, el "apodo" no había sido a propósito; normalmente solía confundir los nombres de las personas y llamarlas por error de otra forma. Era un rasgo algo extraño, pero por lo menos Gabrielle ya estaba acostumbrada.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Sáb Mar 05, 2016 10:33 pm

El cielo era un canal de oscuridad, erizando pequeñas estrellas que salpicaban de luz, como botones de oro en un chaleco, la extensión tersa de su llanura infinita. Había varias arrugas que podían confundirse con árboles en la distancia, y el resto eclosionaba de las trincheras del negro azabachado, para ir tomando forma mientras los ojos acicateaban el espacio que embosca la mirada. A partir de cierto punto la visión a través del campo se iba espaciando en los terrenos vacíos y setos enmarañados, enfatizados por la fría impresión que extrajera Trombe de su nariz, dando una pequeña reflexión disociada de ningún consiguiente análisis exhaustivo. 

Por la forma en que ellas habían reaccionado a su afirmación, no era apresurado suponer que ellas no tenían idea de lo que estaba hablando, o al menos no entendían el razonamiento que había tomado para llegar a tal conclusión. Él no sabría explicarlo con lujo de detalles, ya que al igual que un color transmite un sentimiento atado a la superficie inanimada que lo prenda, un olor podía inspirar a la misma caligrafía plasmada en la voz del lupino, ya que cuando se veía la evidencia de tanta muerte, sentir el ligero vértigo y la incómoda sensación de frío como un aliento siniestro soplado en el rostro, haciendo cosquillas en las orejas, era inconfundible con el relieve de esa palabra. 

Katsuie, sus ojos claramente inclinándose por la incertidumbre, inquirió más profundamente en la opinión de Trombe. El reflejo de un casi imperceptible deje de atención en sus ojos, y un enderezamiento de su espalda mientras sostenía su hacha con más tino, le indicó rápidamente al pastor que ella confiaba en sus agudizados sentidos para tintarla de sincera preocupación por lo que decía. A sinceridad se sintió feliz de verla atender con tanta disposición a su mención. Era solo cierto que estaban en algo que podría volverse un campo de batalla y no podían permitirse dudas.

—Dicen que un olor vale más que mil palabras, y tendría yo que ser sordo para con mis sentidos no percibirlo.— Explicó él con una sonrisa sin sobresaltos; una sonrisa que se apoyaba en el solo hecho de que aquello le era natural e inherente a su conocimiento. Gabrielle, aunque dotando más confianza primeriza en sus palabras, inquirió desde otro ángulo que tenía una igual importancia. Trombe respondió habiendo ponderado las palabras. —Con la muerte no me refiero al olor de la sangre sino a la descomposición. No se cómo explicarlo, es algo ominoso, de mal hado. Un olor que cubre las tierras, que decrece las flores, que aleja a los animales y solo acerca a las asquerosas aves que buscan alguna descompuesta carne que picotear. Es una maldición de olor, si me permiten ser tosco, que antecede a quien pueda traer esa verdadera muerte. Como notaste anteriormente de mi hostilidad con el caballo, el truco de expandir un “aura” es inherente de todos los animales, y hay cosas que llegan a anunciarse por un sentido particular. Podría decirse que algo o alguien está “exhalando” el pútrido olor en el aire.— Explicó, sus ojos oscilando entre el presente y el pasado. 

Tal vez estaba algo parcializado por sus pasadas experiencias, pero nunca había hecho costumbre de ignorar sus sentidos así que no podía evitarlo. La arquera entonces planteó una alternativa que friccionaba menos con su razonamiento, y le indicó a la líder del escuadrón que se subiría a un árbol a confirmar las sospechas de Trombe. Mientras esta escalaba el árbol con una facilidad que otorgaba la experiencia, Trombe ponderó en el aire, y cuando la escuchó descender con un ligero salto, volvió su mirada hacia ella. Las indicaciones de ella inmediatamente le hicieron orientar los ojos hasta esa dirección que unía el sendero que ellos tomaban, con el horizonte negro que lo cercaba. También, como una prueba de excesiva confianza que al lupino se le antojó sonora en los labios, ella se dirigió a Katsuie con estudiada facilidad tildándole un apodo que inmediatamente se asentó sobre la mujer como si fuera el nombre mismísimo nombre que le habían puesto sus respectivos padres. El chico no pudo evitar sonreír.

Tras unos segundos en los que Trombe se mantuvo vigilando las formas que podían distinguirse en los senderos y las precarias veredas, un resbaladizo sonido que surcara como un creciente arroyo inundó el aire, aunque aún sonaba distante. El aullido penetró el aire y sopló a través de su cuerpo afirmando con recatada discreción sus orejas y su cola en una atención desprovista de distracciones. Eludió la necesidad de mirar al cielo y aullar en respuesta, y en más comenzó a pensar en la razón. Un aullido era la canción de un lobo cuando quería llamar a sus compañeros para acorralar a una presa, pero también era una última forma de infundir terror en los corazones de otros animales. No sabía cuál era el territorio de esos lobos, pero si algo estaba invadiéndolos a mitad de la noche, lo más probable era que no serían viajeros o campesinos.

Luego de analizar la situación por unos segundos Trombe avanzó una pulgada en la superficie, centrando sus ojos hacia delante. —Deberíamos investigar, un lobo no le aúlla solo a la luna.— Comentó de pronto quitándose la capa, quedando con el pecho descubierto y sacando a relucir su cola marrón anillada de blanco, para luego plegarla y amarrársela como otra prenda en la cintura. —Recuerdo ver en el mapa del campamento que este camino sigue hasta un bosque. No sería prudente adentrarnos mucho, pero  si logramos dar con un punto de referencia para los emergidos, vale la pena acercarse.— Aunque trató de ocultarlo, sintió que ese aullido era más un clamor, un clamor de ayuda. 
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Lun Mar 07, 2016 5:14 pm

Las explicaciones de sus compañeros dieron a entender que no había ninguna amenaza, o al menos no cerca, el grupo debería seguir avanzando si querían acercare a lo que la arquera había visto. Existía la probabilidad de que solo sean unos animales carroñeros como explico Trombre pero lo mejor sería asegurarse de que así sea. -Sigamos avanzando para ver qué fue lo que diviso Gab- La soldado dio un pequeño sobrenombre a la arquera ya que ella parecía haberle dado uno también, pero ella no pensó si le quedaría bien, solo acorto su nombre para que le sea más fácil pronunciarlo.

Mientras Katsuie dio las órdenes para el grupo Trombe quien se veía algo distraído menciono algo del aullido de un lobo, al perecer logro escuchar algo a lo lejos gracias a sus orejas ya que a diferencia de él los humanos no poseían un oído tan bueno. Tras eso hablo de un bosque que encontraríamos en el camino y tenía razón con lo de no adentrarse en él, con la oscuridad de la noche no era bueno estar dentro de un bosque. -Yo no logro escuchar nada.  Es buena idea acercarnos al bosque, iremos luego de asegurarnos de lo que vio Gab.- Al terminar de hablar, los tres comenzaron a caminar nuevamente.

Ya sin estar en guardia y con el hacha nuevamente sosteniéndola solo con una mano, la soldado quedo mirando los cadáveres que el grupo encontró en el camino. Por lo que se veía  eran cuatro cuerpos destrozados y el movimiento que la arquera había visto a lo lejos se trataba de aves carroñeras devorando los cuerpos. -Si no me equivoco este es uno de los grupos de patrulla que salieron por la mañana.- Después de esas palabras Katsuie comenzó a mirar alrededor de los cuerpos por si encontraba alguna pista de quienes los atacaron, pero lamentablemente no puedo encontrar nada. -Lo que los allá atacado ya debió haberse ido. Pero cuando vieron a los enemigos deberían haber vuelto al campamento, si hubo una pelea debió ser que eran pocos o los emboscaron.-
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 08, 2016 12:39 pm

Es curioso como la noche puede parecer mucho más oscura después de estar en presencia de la muerte. Las estrellas parecieron apagarse en el mundo de Gabrielle al ver los cuerpos abandonados y siendo devorados por sucias aves carroñeras. Así era la guerra y todo lo relativo a ella, lamentablemente. La joven arquera sólo bajó la cabeza y comenzó a recordar todos los dioses que conocía ¿Quizás alguno podría darle paz a esas personas en el otro mundo?

La conclusión de Katsuie la hizo estremecerse. Las posibilidades de que fueran emboscados incrementaba a cada paso y la inferioridad numérica del grupo ya era algo real. -Ellos eran cuatro y aún así...- Su voz se resquebrajó levemente. No tenía miedo. Bueno sí, pero no tanto comparado con su rabia e impotencia. Empezó a pensar en todas las cosas que hubiese podido hacer para salvarlos si hubiera estado ahí antes, pero... Ya nada importaba. Lo único que restaba ahora era hacer bien su trabajo y regresar vivos a la ciudad.

-No creo que sea buena idea separarnos, a pesar de que podríamos cubrir un área mucho más extensa. Deberíamos concentrarnos en permanecer alertas y, aunque suene humillante, estar listos para huir en caso de que algún problema se presente. También debemos comunicar las pérdidas al campamento. Continuaremos hasta donde sea seguro y luego regresaremos. O al menos es lo que creo yo como lo mejor.- ¿Quién la había nombrado líder? Nadie, pero hasta un animal acéfalo hubiese notado un cambio en ella. Se estaba dejando llevar por la situación, sí. Mas lo hacía de la manera más útil. Si seguían caminando las chances de encontrar emergidos aumentarían, pero esa era la idea hasta cierto punto. Descubrir sus moradas y así poder idear planes de ataque a un nivel superior.

Sacó una flecha de su carcaj y la acomodó en el arco, para luego comenzar a caminar lentamente. -Mantengan sus sentidos alerta. Sobretodo tú, Tromb. Eres nuestra arma secreta.- Dijo mientras esbozaba una leve sonrisa de satisfacción. El joven Laguz parecía mucho más experimentado que ella y probablemente sería muy superior en combate. Fuese como fuese el equipo parecía ser bastante capaz de sobrevivir un reconocimiento, aunque tuviesen que usar la retirada como parte de la estrategia. El viento comenzó a soplar con un poco más de fuerza y un leve sonido rítmico comenzó a reverberar. ¿Eran... Pasos?
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Miér Mar 09, 2016 3:07 pm

La mirada de Trombe se agolpaba contra el aire, sus oídos nadaban en cada pequeña ondulación del aire, escuchando a una buena distancia el monótono aleteo de lo que supuso eran aves, al mismo tiempo que confabulado con su olfato, percibía la fragancia que disputaba una sensación de incomodidad con una de apetencia, momento en el cual supo con exactitud el tipo de aves que revoloteaban en el aire. Trombe consideró las posibilidades discretamente, aunque no tardó mucho antes de que al grupo de 3 les restregaran la cruenta evidencia en los ojos.

Por un momento, como si el camino recto que los encauzaba tuviera numerosas bifurcaciones, el pastor se vio desorbitado por la pérdida de orientación. Los distintos olores trataban de terciar su atención, distribuyéndola en las plumas negras que se desprendían de las ancas de esas aves carnívoras que se mataban hambre y sed con las vísceras jugosas que estancaban los cuerpos encharcados en sangre diseminados por el camino. Si tuviera que decir, llevarían aproximadamente la mitad de un día muertos. Las heridas eran respectivas a armas punzantes como espadas y lanzas, aunque el resto parecía ser una deformación por los mordiscos de los cuervos, predilectos para aquél banquete fúnebre. 

Escuchó con atención la primera consideración de Katsuie, asintiendo progresivamente mientras seguía caminando. No había que estorbarse con investigaciones, ya que de por si el camino poco concurrido y el aspecto de los cuerpos asignaba suficiente evidencia para basar aquella aseveración. La voz de Gabrielle, sin embargo, fue apenas audible a través de la grieta en sus labios, siendo que Trombe tuvo que volver su rostro para enfocar su oído hacia ella. El castaño quiso rescatar el hilo de voz, pero en un quiebre había desaparecido de vuelta en su garganta.

La chica pareció enfrascarse en un silencio mientras deliberaba en su mente las palabras que tendría que decir, para luego entonarlas auxiliada de una voz más firme sin los indicios del terror que le había retocado anteriormente las cuerdas vocales. Viendo los pálidos orbes de luz que llegaron a atizarse mientras la escuchaba hablar, sintió inmediatamente un trasfondo en su volumen que parecía llenarla de una sensación de poder, al menos temporalmente, para dictar las acciones que aquél trío debería de seguir. La certidumbre que tenía inmediatamente se ganó el consentimiento del Lupino, que tuvo que girar la mirada que tenía vuelta hacia ella para entrever la reacción de Katsuie.

En ese instante escuchó el ligero estiramiento de la cuerda de su arco al tensarse afilando lentamente la punta de la flecha, y acto seguido, escuchó un comentario más de la chica, esta vez dirigido al Laguz que se detuvo unos momentos viéndola avanzar mientras lo decía. Aunque no se inquietó visiblemente y solo asintió sonriendo con complicidad, dentro de si se preguntó con una ansia irreprimible si aquella chica había pronunciado adrede ese diminutivo de su nombre, o si solo no había entonado lo suficiente. Haciendo un reverso en su mente distanció el pensamiento y siguió caminando, adelantándose unos pasos frente a ellas para servir de vanguardia. 

Cuando continuaron el avance, esta vez con más tiento en cada paso, Trombe inmediatamente fue advirtiendo el oscuro brebaje salpicado por lo largo del camino. Eran rastros de sangre, algunos lo suficientemente extensos para atribuirse al deslice de un cuerpo. —Parece ser que las heridas los acompañaron desde más adelante.— Fue recortando la distancia con su mirada, viendo la sangre que no se apartaba del camino. Más adelante la línea verde del bosque, trazándose hacia izquierda y derecha, desbordaba de árboles hasta las escarpadas colinas que en cada lado podían divisarse. —Seguramente fueron emboscados en el bosque, y trataron de escapar por aquí.— 

Avanzó retratando con sus pasos el camino, viendo de pronto una acumulación de gravilla y encima de esta una oxidada espada. El polvo negro era una clara referencia a la presencia de un emergido, puesto a que estos se desintegraban al ser rematados. Trombe se agachó e inhaló el olor ferroso del metal, y de pronto parte de las partículas se fueron hacia su nariz provocándole a estornudar en un respingo. Se puso de pie. Era un vibrante olor a campo de batalla. —Están cerca.— Fue entonces que otro aullido, esta vez mucho más cercano, sopló en el aire. 

Trombe, inconscientemente, se sintió impelido a caminar hacia delante, escuchando el comentario de Gabrielle acunándose en su oído, los pasos revoloteando, decorando el silencio hasta que fueron ciñéndose ligeramente hasta transformarse en varios; al menos 3 pares según el pastor podía diferenciar. Agudizó los ojos, y con la luz de la luna que colgaba en lo alto del cielo, vio a las sombras torpedear hacia delante. Eran 3 lobos de pelo azabachado, y corrían como persiguiendo una presa. El pelo encrespado les bailaba, los ojitos fulgurantes espejeaban. Parecía que iban a ir sobre ellos, pero entonces notó que mientras los otros avanzaban, uno de quedaba atrás, cojeando desesperadamente hasta que tropezó y cayó en tierra. 

Antes de que Gabrielle reaccionara hundiendo a uno de ellos con una flecha, Trombe levantó la mano haciéndole una seña para que esperara. Los otros dos derraparon y tuvieron intenciones de devolverse, más sin embargo otras tres figuras, estas humanizadas por su anatomía, surgieron del bosque deteniéndolos en su avance como estatuas. Seguramente los lobos habían querido recolectar los cuerpos de los miembros de aquella unidad militar para alimentar la jauría, y se vieron en una disputa con una presa que no pudieron dominar. Quien parecía ser el alfa, gruñó de forma repentina mostrando sus dientes y saltando hacia delante. Se interpuso entre el lobo caído y sus enemigos, pero los soldados no se inhibieron por el hecho, y uno de ellos bajó la hoja sangrienta de una hacha que escarbó en su carne, apartándolo violentamente hacia un lado.

Las orejas de Trombe se pararon, y sintió que sus colmillos salían a relucir en su boca, la cicatriz en su pómulo izquierdo pulsando y sus ojos afilándose. En ese instante, sin considerar las repercusiones, corrió hacia adelante sintiendo como una flecha rozaba contra su mejilla. Agachó su cuerpo y recogió al lobo que había sido herido, viendo en ese instante que la hacha de uno de los soldados de miradas agrietadas se precipitaba hacia él. La evadió rodando hacia un lado, pero entonces fue sorprendido por el hundimiento de la espada de otro. Esta vez el lobo que cojeaba atrapó entre su mandíbula la muñeca del atacante y desvió la hoja de hierro. Mas el tercero tensó su arco, y a una distancia que no admitía errores, preparó una flecha que Trombe no tendría la oportunidad de esquivar. 
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 09, 2016 7:37 pm

Mientras el lobo examinaba el lugar donde se encontraban los cadáveres, la mujer con cola de caballo –no por su gran trasero, sino por su cabello- se mantenía hablando con la joven rubia sobre las posibles hipótesis de lo ocurrido con los ya caídos exploradores. Katsuie le habría dado su aprobación a la idea ya que antes de regresar a informar sobre las bajas recién descubiertas, el grupo debía completar su deber, el cual era encontrar a los enemigos que estaban enfrentando. -Regresaremos cuando encontremos al enemigo, de lo contrario no estaríamos cumpliendo con nuestras órdenes.- La soldado se escuchaba seria con cada palabra que pronunciaba mientras se mantenía en alerta, esto era debido a haber encontrado a aquellos miembros del ejército y estar consciente de la posibilidad, como Trombe recién mencionó interrumpiendo la charla,  de que estos hayan sido atacados en el bosque, clara señal de que no era seguro adentrarse en él.

Aun observando los cadáveres para ver si lograban encontrar una nueva pista, se podría decir que el Laguz estaba intentando olfatear algo. Segundos después este dio señal de que algo andaba cerca, para luego levantarse y detener a Gabrielle quien se encontraba preparándose para disparar.

Lo que paso después tan sólo fue por pura reacción, Katsuie notó como su compañero comenzó a correr en la dirección donde podían observarse unas siluetas a la distancia, y por la expresión que tenía en su rostro, cuando paso cerca de la soldado esta no dudo en comenzar a correr para seguirle el paso. Trombe tenía más libertad de movimiento mientras que ella tenía la armadura y un hacha que reducían su velocidad, algo que afortunadamente le ayudo a observar lo que pasaba cuando su compañero llegó. Unos animales escapando de sus perseguidores, por cómo se veían eran emergido, su compañero se lanzó a ayudar a los animales en peligro mientras esquivaba a un usuario de hacha y a otro que poseía una espada, estos movimiento lo dejaron completamente vulnerable al tercer miembro que lo apuntaba con su arco listo para atacar directamente a su orejudo compañero.

El hecho de ser más lenta debido a su armadura no le permitiría detener al arquero, pero Katsuie, pensando únicamente en detener a este enemigo, llegó a colocarse entre este y el Laguz manteniendo el hacha aún cerca del suelo. Su brazo izquierdo, el cual habría colocado en la parte inferior de asta del hacha, había recibido la flecha dirigida hacia Trombe, la cual habría acabado directamente en su antebrazo. Aun mostrando una leve señal de dolor en su rostro, rápidamente lo ignoro para continuar con su ataca ya que bien sabía que no podía mostrar debilidad ante su enemigo. Posicionando nuevamente sus pies para crear una base firme de la cual depender para el movimiento. -Aaaarrrgghh!!- Un fuerte grito de batalla comenzó para perder la atención sobre la reciente herida, a la vez que ambos brazos iniciaron su movimiento para realizar un corte ascendente el cual impactaría en la parte baja de la cintura para abrirse camino hasta terminar su movimiento de 180º, logrando así que ambas partes del cuerpo del arquero terminaran en el suelo.

Al estar concentrada en su objetivo, la soldado no se percató de que el emergido que utilizaba el hacha la estaba atacando. Este ataque impacto en la espalda de Katsuie, golpeando la armadura que esta poseía, talvez el arma no tenía bueno filo o por la distancia no logro la potencia necesaria para atravesar el peto que la protegía, pero este golpe logro derribar a Shibata y mientras se encontraba en el suelo el emergido se preparaba para el siguiente ataque.
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 12, 2016 9:28 pm

El olor a muerte pareció alejarse lentamente antes de volver a aparecer nuevamente frente al grupo. Notó un cambio esta vez; este olor a muerte no era tan reciente, era como esa muerte estancada, antigua. Continuó el camino sin detenerse ni bajar el arco mientras pensaba todo eso y más: Plan de escape, plan de batalla, plan de celebración después de la victoria, etc. Pero no eran emergidos los que aparecieron en su camino.

La arquera quedó de piedra cuando notó lo que se asomaba por dichos arbustos. Al principio hubiera jurado que se trataba de un grupo de emergidos, pero... ¿Lobos? Se detuvo inmediatamente cuando vio la señal de Trombe y bajó el arco. Era obvio que algo mucho más peligroso les había atacado, sin embargo, lo único que podía ser más peligroso era, efectivamente, un Emergido. O quizás un grupo de ellos.

Decidió esperar. Principalmente porque después todo pasó muy rápido; Trombe y Katsuie estaban siendo atacados de manera furtiva y la joven no había alcanzado a reaccionar. Ni siquiera había tiempo para poner sus planes en práctica; ni uno solo de ellos. Lo único que podía ver ahora era el inminente ataque hacia su compañera. Tomó su arco con fuerza y apuntó directamente a la cabeza del emergido. La flecha salió disparada como si la llevase el mismísimo demonio y se incrustó sin problemas en el blanco. Ahora sólo quedaba un enemigo y Gabrielle sacó una nueva flecha de su carcaj, para luego encajarla en su arco y dispararla. Siendo esta vez el cuello del último emergido el blanco.

Cuando la "tormenta" amainó bajó su arco y con la respiración agitada miró a sus compañeros. -¿Están vivos?- Comentó para luego soltar una pequeña risa tanto de nerviosismo como de alivio. Dejó el arma en el piso y luego estiro sus manos para ayudar a sus dos compañeros caídos. Había sido la más lenta en reaccionar, pero la única que afortunadamente no había sido atacada. Sentía claramente como su corazón parecía salirse de su pecho. Era una sensación horrible mezclada con la satisfacción de haber salido ilesa de un ataque sorpresa.

-Eso fue corto pero Intenso.- Dijo mientras recuperaba el aliento y regulaba su adrenalina. Nunca había enfrentado una situación como aquella y aún tenía la piel de gallina. Dirigió su mirada al Laguz y luego a las criaturas que se le asemejaban, todo esto mientras volvía a esbozar una leve sonrisa. -Tienes un instinto maternal envidiable, Tromb.- Y una risita infantil se escapó de sus labios. Definitivamente una persona normal no querría reír en una situación así, pero Gabrielle estaba feliz al haber sobrevivido el primer ataque sin perder a ningún amigo. -¿Qué haremos ahora? Mis planes suelen fallar casi siempre así que, acataré lo que sea que indiquen.- Mencionó finalmente mientras retiraba las flechas usadas de los cuerpos enemigos para ver si podía volver a utilizarlas.

Spoiler:
Lamento mucho la demora. Tuve algunos problemas :c Los amo <3
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Trombe el Dom Mar 13, 2016 3:42 pm

Trombe advirtió una vaga presión en sus mandíbulas al momento en que veía la dureza de la saeta como un fugaz cometa. Sus orejas se pararon como haciendo esfuerzos por oír, oír el zumbar del aire, los pálpitos que tamborileaban en su respiración, el sonido de su sangre derramándose en las yerbas, el grito ahogado apechugado en su garganta; quiso oír todo eso y más, la posible maldición proferida por Katsuie. el más probable grito ahogado en la faringe de Gabrielle, la propia voz interior que le sermoneara penosamente; mientras los otros lobos aullaban un distinto aullido que el de costumbre. Acarreando todo el catálogo de sus expectativas se movió nuevamente, producto de sus reflejos, cargando consigo el equipaje biológico mientras daba un quiebre de cintura, viendo cómo Katsuie interceptaba la flecha que iba dirigida hacia él, su rostro enmarcando momentáneamente el dolor, y sin detenerse a comprobar el daño recibido, movía su cuerpo en correspondencia con el ataque, levantando su hacha para cercenar el cuerpo del arquero, dejando su fachada en la improvisada brecha de sus dos dimensiones. 

Después todo fue un enlace vertiginoso en el fluir de su oblicua mirada. Los ojos fueron saltando de instancia en instancia, abreviando las crisis que revoloteaban hondamente emocionadas por el rabo veloz de las flechas que horadaban la carne. Para cuando toda la sangre se secara en sus cauces, y se oyera la respiración legítima del descanso, Trombe sonreiría cerciorándose de que nadie tuviera heridas de gravedad, y fue entonces que sintió que sus manos se embutían de sangre, escuchando la respiración finita del lobo que se conformaba con las raciones irrisorias de aire con las que podía inflar sus pulmones. 

El pastor, sabiendo cómo debía de obrar, colocó al lobo en un lugar apartado del camino y examinó su herida. El corte lo había tomado en la mitad de un costado, y el pelaje se emplastaba con la sangre que borbotaba de ella. Los dos lobos, el uno que se había quedado atrás, y el cojo que había intervenido en el segundo ataque dirigido a Trombe, asomaron y comenzaron a lamer la herida de su líder. La única forma de sanar las heridas que conocía un lobo era restañar la sangre con lengüetazos, y aunque el mismo Trombe hubiera optado por aquél método de labranza medicinal en el pasado, esta vez los apartó empujándolos por el hocico.

Sacó inmediatamente el odre donde contenía el elixir místico que les servía de principal medida curativa, y comenzó a derramar el mismo en la herida, arrancando quejas y maldiciones del lobo; sintiendo cómo los otros dos se mantenían alerta, listos para atacarlo de ser necesario. Haciendo caso omiso de las quejas mezquinas de los demás, Trombe sacó unas hojas silvestres y se las emplastó herméticamente, cubriendo la herida en su totalidad mientras calmaba con ligeros soplidos al animal que acompasaba lentamente su respiración. 

Fue entonces que la mención de la arquera llegó a sus oídos, y mientras los lobos tomaban su lugar atendiendo al convaleciente, él se sentó con ambos brazos de respaldo en la tierra, mirando hacia arriba y hacia atrás para ver la cara invertida de Gabrielle. —Solo me reservo el estoicismo para mi propio sufrimiento; el sufrimiento de otros me es irresistible. Costumbre de mi tiempo como pastor de ovejas supongo Explicó con una ligera sonrisa, recordando entonces que Katsuie había interceptado una flecha por él. Se puso de pie de pronto, sintiendo cómo la ligera herida en su mejilla deslizaba una singular gota de sangre. Olfateó algunas hojas y luego las recogió plegándolas para ofrecerle parchar su herida. Tras retirar la flecha, de no haberlo hecho ella, aromatizó las hojas con más del elixir y luego lo enrolló alrededor de su antebrazo, reforzando el arreglo con una tela arrancada de su propia capa para hacerle un nudo no muy fuerte ni muy suave. Luego inclinó hacia abajo su cabeza con un gesto apenado, sus orejas dobladas. —Te viste herida por mi descuido, lo lamento Katsuie.—

Aunque sólo se conocían de un breve periodo de tiempo, Trombe ya se sentía como si hubiera viajado un largo tiempo junto a ellas, aquilatando la pérdida de cualquiera como un rudo golpe para su corazón; y así era para quienes andaban en andanzas de guerra, sin saber cuándo la muerte los visitaría. Las palabras de Gabrielle lo hicieron atender a su alrededor. Se acercó hacia los lobos y les preguntó apuntando al cuerpo que ahora se volvía polvo negro: —¿Saben dónde está el resto?— Uno de ellos, el que se había quedado atrás, lo miró fijamente y luego dio unos pasos, ligero de patas, hacia delante, enfilando su hocico hacia un camino hacia el este. Trombe asintió. —Tal parece que el gran grupo de emergidos se está amasando en algún lugar hacia allá. Aún no creo que sea información suficiente para trazar nuestro informe. ¿Crees que puedas echar otro vistazo Gabrielle?—
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Re: Las ovejas y el redil(Campaña remunerada)

Mensaje por Invitado el Jue Mar 17, 2016 1:25 pm

Al caer sobre el suelo, tras haber recibido un ataque del emergido, la soldado que pudo haber sido eliminada tras un segundo ataque, fue rescatada en el último segundo por una flecha que se incrusto en la cabeza de su atacante; seguido de esta una segunda flecha apareció para terminar con el enemigo restante. Al observar el origen de ambas flechas pudo notar que provenían de arquera de su mismo bando.

―Estamos bien, te lo agradezco Gab.― Le respondió a la rubia con un leve tono que demostraba que el dolor de su brazo, el cual había ignorado momentáneamente durante la pequeña contienda. Mientras que el lobuno hombre se encargaba de las heridas de los animales, Katsuie inhaló profundamente para luego, con su mano derecha, tomar la flecha que se encontraba en su antebrazo y extraerla lo más rápido que pudiera. Inmediatamente Trombe  se acercó a la mujer soldado para ayudarla a tratar su herida, utilizando un extraño elixir para curar la misma.

Luego de que el hombre lobo se vaya con los animales y hablara con ellos, para preguntar la ubicación de los emergidos, este le pidió a Gabrielle echar un vistazo hacia donde los animales había señalado. ―En un momento iremos en esa dirección. Sería bueno si encontráramos a los emergidos. Pero antes, Trombe.― Dijo la mujer de cabello castaño, acercándose a su compañero, y cuando estuvo frente a él lo abofeteo con la mano derecha. ―Esta vez logramos salvarnos. Si no te hubiera seguido cuando te lanzaste precipitadamente hacia los enemigos podrías estar muerto en este momento. Que no se repita.― Regaño a su compañero y después dio señal para continuar el camino del grupo hacia donde habían indícalo los animales.  

Repentinamente los lobos habían comenzado a gruñir, cualquiera pensaría que era a causa que golpear a su salvador pero al observarlos, sus miradas apuntaban a la cima de un risco junto al bosque. Sobre este se encontraba un único jinete que, lamentablemente por la distancia, no se podría identificar como amigo o enemigo. Inminentemente un fuerte sonido de un cuerno resonó desde aquella dirección. Seguido de este, del bosque, una abrumadora bandada comenzó a huir del mismo. Con esto, junto al jinete, comenzaron a aparecer más soldados, entre estos podrían observarse caballeros, arqueros, lanceros y espadachines; todo el ejército se expandía por el largo del risco llevando con ellos estandartes de Tellius y Akeneia.

―¡Nos retiramos!― Ordenó la mujer de gran armadura al observar la gran cantidad de enemigos que se mostraron a la distancia. Los enemigos fueron encontrados, ahora solo debían dirigirse nuevamente al campamento para alertar al ejército.
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