Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados


Project Fear.less

Crear foro

Lo perdido y lo que regresa [Privado; Faysal]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Lo perdido y lo que regresa [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Miér Feb 24, 2016 9:49 pm

La música que llenaba las calles escaló, un sobreactuado crescendo para agasajar a las personas que miraban el escenario del este. Las lámparas de aceite colgadas en alto ponían a relucir el mercado y el festival de la temporada que allí se celebraba, pero lo que más centelleaba bajo el cielo nocturno, en ese momento, era la súbita flama que estallaba sobre uno de los varios escenarios del lugar, causando una oleada de reacciones mezlcadas entre los espectadores. El fuego alcanzó formidable altura y enseguida se dispersó, cada aliento de la gran llamarada diviéndose y tomando la forma de una suerte de ave. Rodeado de ellas en un torbellino brillante y cálido, el muchacho de larga trenza azul sopló la pequeña antorcha de aceite que portaba para generar unas más, blandiendo, girando para echarlas a vuelo a su alrededor y por sobre las cabezas de la gente; magia y algo de fuego extra, combinados. Vestido en amplios y ligeros pantalones blancos, un pequeño vestón abierto y una que otra joya, indumentaria destinada al calor de Jehanna y a verse decorado para la ocasión, se veía en su piel un ocasional y leve brillo de sudor mas ni una sola señal de haber sido quemado. La gran joya roja sobre su cabello y el par de finas cadenas con cuentas rojas prendidas a su cadera, cada una pulida y lisa, sólo mostraban la danza del fuego en reflejos distantes.

La multitud rió y aplaudió, el ambiente del mercado era bastante abierto a extraños y artistas de toda calaña, pero a veces, tener el aspecto de un niño beorc ayudaba a juntar puntos en los corazones ajenos. Se alegraban de ver a salvo al pequeño artista que parecía haber sido tragado por el fuego unos momentos, así como se deleitaban viendo a las aves amarillentas pasar sobre ellos. Como último toque, Alim las había dirigio a las lámparas que iluminaban el lugar en sí, y al ingresar en la llama sus aves causaban que esta creciera, crepitante y enrojecida a cuenta nueva. Los aplausos se multiplicaron. Con los ojos brillando de reflejos amarillos y anaranjados todavía, colmados de contento, el mago recibió las sonrisas y vítores de quienes asistían al gran festival con una grácil reverencia que movió su largo cabello trenzado. Ágiles e inquietos, sus pies descalzos giraron sobre el talón al encaminarse fuera del escenario, casi que dando saltitos al andar. Grabó ese instante en su mente, la felicidad de la gente, los ruidos de tan concurrido lugar y tan hermosa ocasión. Posiblemente la recordase como el más alegre día de su vida.

Estaba tan, tan feliz de poder estar allí. Se recordó que si no hubiese logrado dejar la jaula que era su hogar, si no se hubiese decidido a ver el mundo con sus propios ojos, jamás habría podido tener ese momento para sí, sentirlo llenar su agitado pecho con una calidez inconmensurable. Apenas cabía en sí de la felicidad, y podía habérselo perdido todo. Deteniéndose a un costado del escenario y dando lugar al siguiente artista a hacer su número, Alim alzó la vista al paisaje estelar y agradeció la suerte que le había llevado a ese punto.

No pensaba aceptar monedas de metal por el trabajo, le iban a pesar en el bolsillo y no tenía ganas de complicarse con ellas, pero un par de personas echaron flores sobre él en el camino, como era costumbre al celebrar un espectáculo; eso sí lo aceptaba de maravilla, como también las amables ofertas de una manzana confitada o sentarse a cenar propiamente en alguno de los puestos después. Nunca había recibido tanta gentileza junta como en esos 10 pasos hacia la calle del mercado, no se lo explicaba, aunque la repudiada marca en su cadera estaba disimulada aquella vez con las cadenitas y sus cuentas enganchadas por doquier a tal altura. Simplemente asumía que a nadie le importaba. Aceptó una bolsita de dulces que nunca había visto ni probado, y a paso rápido salió hacia la calle otra vez, ansioso de experimentar el resto del festival. El aire olía a caramelo por ratos, a flores en ciertos lugares, a mirra...

Se le hacía nostálgico ese olor. Se paró donde andaba, pensativo, intentando recordar. Sin embargo, el detenerse de súbito no solía ser la mejor elección cuando se estaba en una calle concurrida, y como inevitable resultado una persona más alta que Alim chocó contra él. - Oh. Disculpe. - Replicó enseguida, haciéndose a un lado y alzando la vista a la figura que pasaba. Un rostro marcado sutilmente por tribales de elegante aspecto, una gruesa y peluda cola gris de aspecto extremadamente suave a su espalda, seguramente un laguz gato. Tomó aire, abrió la boca para hablar y falló en recordar el nombre de ese laguz, aunque estaba muy seguro que lo había visto. - ¡Oiga, espere! ¿No es usted...? -

No captó muy bien la atención del laguz, pero no hacía falta. Enseguida vio cerca de este una figura mucho más familiar, un rostro que recordaba con agrado: el de la persona que le había llevado a los caminos de ese espléndido mundo. Era un hombre alto y medianamente fornido, cuyo cabello siempre olía agradable y cuya persona siempre brillaba en joyas doradas. Su rostro definitivamente lucía distinto, mayor respecto a la última vez que lo había visto, pero no cabía duda que se trataba de él. Una persona a la que debía mucho, una que recordaba con infinita gratitud y nostalgia, lo más cercano a un amigo que había hecho fuera de su viejo hogar. La mirada en los ojos del marcado de iluminó nuevamente, tenía que agradecer a su suerte por ese encuentro también, y sin dudarlo acudió al hombre de larga cabellera negra, saltando para aferrarse a su brazo derecho. - ¡¡Señor Faysal, señor Faysal, señor Faysal!! -
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Lo perdido y lo que regresa [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 26, 2016 5:39 am

Las épocas de guerra eran oscuras pero no por ello la gente dejaba de sonreír. El mercado de Crimea era un claro ejemplo de esto no permitiendo que la oscuridad de la guerra llegase a apagar el fuego de vida de los pechos de sus habitantes, aferrándose de la festividad de aquel momento para encontrar excusa de sacar a relucir sus mejores colores. La voz se corrió tan rápido por los países vecinos como una gota de tinta negra sobre un papel mojado, este año el festival sería más grande, espectáculos, puestos de comidas y rarezas de todo el continente eran combinación perfecta para atraer al público, en especial viajeros como lo era él, incluso en el establecimiento donde se había hospedado en el este de Begnion había escuchado mientras cenaba en grata compañía la noticia de tal festival. No dudó en interrumpir su viaje de cacería, incluso antes de comenzar, en continuar camino para llegar a Crimea, nunca sabía las curiosidades que podría encontrar en una festividad que reuniese tal variedad, incluso en tierra tan incómoda para él como el país amante de los laguz. Definitivamente no sería una parada de negocios para él si no simplemente un paseo de distracción y tomar la oportunidad, le esperarían días bastantes largos de cacería en la frontera de Begnion y quizás allí podría informarse un poco de Gallia, pues hacía ya un par de años que pisaba dichas tierras él mismo.

La música apenas se escuchaba por sobre el sonido de cientos de voces gritando en las calles, vendedores atrayendo a los viandantes con generosas ofertas o productos poco vistos en esos lugares, gente riendo en los juegos improvisados por los puestos y alguna que otra discusión, las luces de colores de cientos de lámparas y antorchas hacían aún más vividas las decoraciones a lo largo y ancho de la calle y al parecer algún mago estaba haciendo trucos con fuego pues mientras observaba inclinado sobre una mesa con varios tallados de madera unas mariposas de fuego bajaron hasta la llama de la lámpara de aquel puesto colocada dentro de un cubo de vidrios tinteados que daban tonalidades de color a la luz, el aumento del fuego alertó al vendedor que preocupado por su mercadería inflamable blasfemó contra aquellos afines a los elementos. Encantado el esclavista sonrió ante el truco y se giró hacia el escenario aunque estando algo lejos no llegó a distinguir más que una figura pequeña sobre este que parecía danzar con las llamas volviendo a expandir las mismas en un abanico de pequeñas aves flameantes que pasaron por sobre las cabezas de los espectadores, cabezas de las cuales se podían ver algunas que otras orejas de habitantes de Gallia que visitaban tierras amigas. Desperdicios. Pensó con un gesto disconforme volviendo su atención casi enseguida al precio que ofrecía el vendedor, demasiado conveniente como para dejarlo pasar así que pagando lo acordado recibió una pieza de decoración tallada en madera de un león acostado, por el peso sería un hermoso pisa papeles, encantado principalmente por los detalles en metal de sus marcas como laguz y la piel suave, probablemente de conejo de angora, que hacía de melena. Le pasó la pieza a su esclavo, escolta o amigo en aquel lugar, y se dispuso a acercarse al escenario, sin embargo al parecer ese espectáculo había terminado y un grupo de bailarinas tomaban lugar.

Alegre por el ambiente festivo igual se acercó para observar un poco el espectáculo, sonriendo mientras seguía los movimientos sincronizados de los cuerpos femeninos seguidos como estelas fantasmales por livianos hilos dorados con pequeñas cuentas y vaporosas sedas de colores, enceradas para que brillasen al ser tocadas por la luz del fuego. La música era mucho más clara cerca del escenario, la pequeña banda que iba con el grupo de baile, compuesta solo por una par de liras y un laúd era acompañada por el rítmico sonido de las chapitas en los tobillos de las meninas que chocaban entre sí en cada paso y salto que realizaban. Se sentía cautivado por el espectáculo, y tan así que no notó lo que ocurría a metros de distancia. No tan centrado en el espectáculo y con la libertad que la confianza de su dueño le daba, el felino que solía acompañar al duque de Sodoma casi como una sombra se había alejado para observar un puesto de venta de peces de colores, pequeñas peceras con decenas de peces de colores llamaron su atención alzando sus orejas hacia adelante perdió algunos minutos mientras su amo observaba el escenario, regresando apresurado antes que se preocupase por su falta, caminando con apremio se tropezó con un cachorro de beorc, o al menos así lo pensó por un momento antes de sentir como cada pelo de su cuerpo se erizaba dejando su frondosa cola aún más gruesa. Miró con desprecio al menor, sus ojos rasgados se contrajeron en una fina línea negra y mostró sus dientes, pequeños colmillos sobresaliendo apenas de la línea de su dentadura, el aroma fue lo primero que reconoció y su voz le hizo recorrer un escalofrío que le hizo apresurar su paso ignorando al marcado, alertar a su amo era lo principal en aquel momento. Pero no llegó a tiempo pues el niño pasó corriendo a su lado y saltó contra el brazo del duque haciendo que el segundo esclavo se apartase casi de un salto con sus orejas gachas observando con claro horror al menor.

El nuevo peso en su brazo le inclinó, jalando no solo de él si no de algunos mechones de cabello y hasta de su túnica violeta que cubría la blanca de debajo, mostrando su molestia estiró su brazo apartándose un paso pero el pequeño estaba agarrado con firmeza y el llamado le hizo abrir sus ojos con sorpresa.
- Joven Alim... - el tono profundo de voz salió de su garganta con un pesar que se hacía casi palpable el pesar del recuerdo que aquel re encuentro traía a su mente. Esperaba verle aunque sea un poco cambiado pero fuera de que presentaba un aspecto mucho más vistoso, no habían cambios obvios en el más pequeño de tamaño pero mayor en edad. La expresión contrariada fue enseguida cubierta por una sonrisa amable, la misma que años atrás le había ofrecido día a día que había pasado en compañía del jovencito de larga cabellera color cielo. Con un movimiento sutil apoyó su mano, bastante más grande en comparación con la del marcado, decorada con anillos dorados y una gruesa pulsera de oro y rubíes, lentamente le hizo soltarle para que dejase de jalar del mechón de cabello que había quedado enganchado en el dobles de su túnica. Suspiró suavemente, apenas un respiro más pesado que el resto y distrajo su atención del espectáculo para centrarla en el pequeño que parecía más que feliz de volver a verle, totalmente contrario a lo que estaba sintiendo por la situación el trío de sodomitas - Que grato verte bien y en tan alegre entorno. - notó en ese momento las ropas que había llegado a ver fugazmente en el escenario... un gesto un tanto más tenso se mostró en la comisura de uno de sus labios, había pasado semanas, incluso meses en la compañía de aquel muchacho intentando venderlo, puliendo sus habilidades y sacando a relucir sus mejores lados y nunca le había dicho que era hábil con la magia, una habilidad que habría servido de mucho para poder hacer una venta más atractiva - Te vi en el escenario mostrando un talento que me era desconocido en ti. He de felicitarte pues has ganado mucho amor del público. - agregó con un tono un tanto más fraternal y volviendo a cubrir su desagrado, aunque sus dos esclavos aún mantuviesen distancia.

La viga era vieja y con las decoraciones para el festival se había sobrecargado con aquella pesada bandera y estandarte, sin mencionar la presión que hacía la cuerda que sujetaba el toldo de aquel puesto de frutas acarameladas, el clima había estado muy seco y la madera se había resquebrajado a lo largo de la unión de la cercha. El bullicio de la festividad ocultó el sonido seco de quiebre cuando ya no soportó más, aún sujeta por partes sanas solo se vio el toldo bajar un poco y la bandera sacudirse ligeramente ante el movimiento, la curva del hilo donde colgaban banderines de un lado a otro de la calle se acentuó comenzando a bajar más y más mientras la pesada madera bajaba por su propio peso rompiéndose más y más en el quiebre. La gente demasiado distraída con el espectáculo no notó hasta que uno alzó el grito y se comenzaron a apartar, el duque, observando hacia abajo al marcado de baja estatura y de espaldas al peligro no notó como la sombra se acercaba más y más sobre su cabeza.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Lo perdido y lo que regresa [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 11, 2016 4:05 pm

Así como mantenía el recuerdo del hombre de cabello negro y del tiempo en que habían compartido travesía, recordaba a los laguz que le acompañaban, a quienes tomaba por dos cercanos amigos suyos. Muy callados, usualmente, además de muy educados, hábiles en toda clase de tareas y agradables como compañía. Le habían dado una excelente impresión respecto a las razas laguz. No obstante, era muy consciente de la separación que su propia sangre laguz cernía entre él y ellos, con quienes había tenido oportunidad de apreciar en detalle lo que la presencia de un marcado causaba en la manada tanto como en los individuos. Al apartar pasar la vista del beorc hacia los felinos a su lado, reconoció la reacción de hostilidad y la de miedo. Su sonrisa se apagó un tanto, tomando un tinte entre tímido y entristecido al saludar con un callado movimiento de la cabeza; hacía años ya que se había resignado a nunca poder acercarse mucho o tocar la suavidad de sus pelajes, cosa que desde el principio había deseado, pero esperaba al menos poder coexistir sin tanta incomodidad.

Dentro de todo, verlos a ellos seguía siendo parte de la felicidad de la ocasión, como lo era ver a Faysal. Y nada borraría eso. Se quedó con la vistada alzada hacia él al retroceder un poco en el escaso espacio que las personas y puestos dejaban, soltando su brazo para llevar sus manos tras su espalda, bajo la caída de la larga trenza. Tenía sus arranques, tenía sus pequeños momentos y sus gestos desmedidos de vez en cuando, particularmente entusiasmado aquella noche por todo lo que sucedía a su alrededor, pero seguía siendo un muchacho extrañamente tranquilo y comportado. Aunque en ese momento se le dificultara dejar los pies quietos en el suelo sin mecerse sobre los talones o pasar el peso de uno otro, volvía al semblante de siempre, sonriendo con calma. No tenía que sujetarse a la mano ajena, aunque quisiera. - ¡Alegre de verle a usted! ¿También ha viajado tan lejos como Crimea por el festival? No sabía que le gustaran los lugares así. - Habló en buen humor, ignorante a cualquier expresión tensa de parte del hombre. Si acaso percibió por un momento su voz apesadumbrada o su mirada más incómoda que alegre, la amabilidad con que le hablaba y la perfecta sonrisa con que cubría todo le tenían engañado al instante. Él y el señor Faysal eran algo así como amigos, o al menos se apreciaban mutuamente, no había modo en que fuese malo volver a verse. - Yo vine hasta aquí sólo por esto, tenía muchas ganas de verlo y escuché que sería fácil tener trabajo en un festival. Tomó tiempo, pero conseguí llegar antes de que terminara el otoño... -

Se contuvo un poco, no quería abrumar al otro hablando de sobra. Además, algo había en el grave pero aterciopelado timbre del comerciante que siempre había agradado a sus oídos; tal y como el aroma que siempre estaba en su ropa, y así también el aire de tranquilidad que lo rodeaba a él y a sus gestos. Permanecer a su alrededor y oírle hablar era suficiente. Sus felicitaciones enunciadas en esa apacible voz, más que bienvenidas, llevaron otra brillante sonrisa a los labios del aparente pequeño. - ¡Gracias! Realmente parecían felices, ¿cierto? - Nuevamente, no debía invadirlo mucho, así que acompañó a sus palabras con una rápida pero bien dada inclinación. El tiempo sobre escenarios le había enseñado a poner más gracia en esa clase de gestos, hacerlos en la forma en que atrajesen la simpatía de su público. Aún al alzarse mantuvo la mirada hacia abajo, posada en remembranza sobre la pesada e intrincada pieza decorativa que destellaba bajo su vientre. Una gema falsa de vidrio tinteado enmarcada en dorado que pendía justo bajo el ombligo, sujeta por varias delicadas cadenas que se afirmaban a la cintura y cadera, cada una con sus propias diminutas cuentas rojas. El brillo de todo era lo que más estaría recordando, estaba seguro; todo el festival estaba lleno de luces. - Entonces usted también me vio, ¡eso lo hace mejor! Aunque creí que le habría dicho que sabía conjurar... este truco de ahora me ha tomado unos años dominar bien, pero sé magia desde que tengo memoria. - Se explicó. Le parecía extraño, realmente, haber omitido algo tan relevante. Se había originado en una familia de magos y no había tenido más que la misma magia como compañía, motivación y ocupación en los largos años de su familiar encierro. Encierro del que había salido apenas, en el momento en que había conocido a Faysal. Si lo pensaba de ese modo, cobraba algo de sentido. - Supongo que era algo de lo que no tenía muchos ánimos de hablar, en ese entonces. -

Fue en esos momentos, con su vista y su atención puestas en otros lugares,  que el pequeño accidente se cernió sobre Alim y su acompañante. Y la gente decía que él estaba maldito cuando veían su marca o se enteraban de lo que era, pero si había algo de lo que el marcado jamás había carecido en su extensa vida, eso era la suerte. Siempre hallaba el modo de salir bien de las cosas, o los modos se desenvolvían por sí solos frente a él. Esa ocasión no fue nada distinta: la viga y la hilera de banderines cayeron de su arco sobre la calle, pero en su posición justo un pasito hacia el lado y en lo corto de su altura, el mago no fue alcanzado por más que un banderín que se posó sobre su cabello al caer, además del ruido de todo. El pequeño recorte de tela verde oscuro con reborde dorado, los colores de la casa real de Crimea, le tapó la vista un poco. Cuando se lo quitó de la cabeza y miró frente a sí, todo lo demás había terminado ya de caer, dejándole muy poco enterado de la situación, pero con un nuevo recuerdito de Crimea en la mano. - ¿Ah? ¿Qué pasó? ¿Señor Faysal? -
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Lo perdido y lo que regresa [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 29, 2016 7:47 pm

La vocesita de entonación dulce y la mirada vivida llena de brillo en el rostro infantil hacían creer al sodomita que no era más que un engaño de la naturaleza, una apariencia sumamente inocente y una personalidad más que atrayente, cualquiera sentiría la necesidad de cuidar de él y atender a sus necesidades, incluso caprichos pero no era más que una criatura maldita seduciendo a su entrono. No creía que hubiese realmente maldad en la mente del menor, había pasado mucho tiempo con él para notar que solo tenía buenas intenciones y su corazón era puro como el agua de un manantial, pero su naturaleza de marcado era lo que lo hacía una criatura despreciable, imán de mala suerte y estar junto a él era tentar el destino. Conocía los instintos de los animales, convivir toda su vida con laguces le había enseñado a no ignorar aquellas señales, el movimiento de las orejas de un felino indicaba un sonido que el ser humano no era capaz de oír, un depredador, peligro, incluso otro humano acercándose, el alzar de su nariz era la percepción de un aroma nuevo y si entreabría su boca era un aroma peculiar que reclamaba atención. Consideraba que era sabio de él prestar atención a esas señales, la cola erizada del gato o las orejas echadas hacia atrás del tigre, señal de amenaza y de miedo respectivamente, ellos habían visto desde un inicio que aquel menor no traía nada bueno y si bien había atendido a esto al inicio no le dio la importancia necesaria y había sufrido las consecuencias. El oro que había perdido en inversión en aquel pequeño no tenía cuenta y era lo que menos le preocupaba, el tema principal era la cadena de eventos desafortunados que parecía no tener fin cuando estaba en la compañía del jovencito de hebras de cielo por cabello. Una cadena que se había visto interrumpida cuando se habían separado y ahora volvía a reanudarse casi que de manera religiosa. Pero estaba ya habituado a poner velos en su inquietudes y sonreír de manera plácida hacia su interlocutor - Estaba en Begnion en uno de mis viajes cuando llegó a mis oídos este festival, creí que sería una buena oportunidad para disfrutar de los entretenimientos locales y poder hacer alguna compra interesante. Tu actuación ha sido una delicia para los ojos, no se pone a dudas que no he sido el único que la ha disfrutado. - su voz gruesa se hacía fácilmente audible entre el bullicio de gente.

El esclavo de pelaje gris, el gato, fue el primero en alzar sus orejas hacia el sonido extraño, su cola alzada y sus orejas hacia adelante se percató del crujir de la madera, tan lento en movimiento que tardó unos instantes en ver que la viga se estaba cayendo. En ese instante fue el tigre que alzó su mirada intrigado por lo que robaba la atención de su compañero dirigiendo su rostro en dirección al inicio de aquel desastre. El felino se lanzó sobre su amo al momento que la viga cayó, la gran pieza de madera golpeó contra unos transeúntes que no llegaron a huir a tiempo, muchos se lanzaron al piso ya gritando y fue el tigre que se interpuso sujetando la gran viga con sus manos desnudas, deslizándose la túnica por sus brazos al tenerlos tensos y alzados se podía apreciar la formación muscular cual estatua de mármol. Sus piernas se doblaron un poco al peso de la viga, también tensas, ligeramente separadas para suportar mejor el peso pero la mantuvo allí su piel rápidamente perlándose por el sudor del esfuerzo y mostrando sus dientes apretados dando tiempo a la gente a salir del camino de la viga. Bajo la sombra de esta, arrodillado en el piso con el gato aún sujetándole por la cintura se encontraba el duque, su cabello revuelto había caído por sus hombros y sobre su rostro en una maraña de plumas y hebras ébano enredándose con algunos de sus collares y con los largos pendientes que colgaban de los lóbulos de sus orejas, la túnica violeta se había deslizado y caía a un lado de su cuerpo apenas sujeta por el broche en su hombro y el cinto en la cintura, la túnica blanca no había corrido mejor suerte, dejando uno de sus hombros desnudos. Ladeó su vista hacia la imponente figura de su esclavo sosteniendo la viga y lo gruesa de esta, por un momento sintió que palidecía por lo cerca que había estado de ser golpeado por esta. Aceptó la ayuda del gato para levantarse y avanzar unos pasos para apartarse del área de peligro
- Déjalo en el piso. - fue una orden firme, su voz no había perdido firmeza por el incidente si no todo lo contrario. Ya el felino de abultada cola acomodaba las telas sobre el cuerpo del patricio que con cuidado apartaba su cabello y se cercioraba que aún tuviese todas sus joyas.

Fue un golpe seco que hizo temblar un poco el piso el que produjo la viga al ser dejada caer en el piso incluso a corta altura, el tigre respiró agitado y un tanto aliviado enseguida recibiendo halagos y regalos de los presentes en la fiesta por su actuación, creyendo estos que se trataba de un acto de heroísmo y no un acto de salvar a su amo, este con una sonrisa tímida rechazó los regalos solo aceptando un pincho con trozos de carne cocida a las brazas tras mirar a su dueño y este asentir sutilmente con la cabeza. Los tres eran conscientes de las leyes del lugar y que la palabra "esclavo" podría significar problemas, por esa razón el pelinegro había traído solo a sus dos de confianza, sabía que ellos le eran fieles y que se quedarían a su lado, incluso actuando solo como guardaespaldas o incluso amigos si lo necesitaba. Se terminaba de acomodar el cabello cuando bajó su mirada al pequeño que ni se había movido del lugar y tenía entre sus pequeñas e inocentes manos un banderín de brillante tono verde, no pudo evitar ver su mirada sorprendida y expresión desconcertada, la viva imagen de la inocencia, el arcano contuvo el aire unos instantes aún sorprendido por la cantidad de maldad que cargaba aquel ser, ni en los pasillos más oscuros de la escuela de nigromancia había llegado a ver a una criatura con tales poderes para el caos. Forzó un poco su sonrisa y miró la viga así como a su esclavo felizmente comiendo un trozo de carne del pincho, el felino seguía acomodando su ropa y su cabello pasando sus dedos entre estos para quitar posibles nudos
- Ah, no te preocupes joven Alim. Al parecer la infraestructura de esta ciudad no está hecha para soportar un festival de tales dimensiones y uno de los postes ha cedido. Creo que no hay heridos así que está todo bien. - no había heridos... pero podía haberlos habido, incluso muertos, y el patricio estaba convencido que todo era culpa de aquella pequeña y adorable criatura.

Tomó un profundo suspiro y enderezó más su cabeza permitiendo que finalmente el felino terminase de acomodar su cabello, lo mejor sería seguir adelante, alejarse de aquel problema, pero aprovechando la conmoción un hombre pasó corriendo empujando al duque y arrancando en el proceso la bolsa de oro que colgaba de su cinturón, normalmente cubierta por su túnica violeta pero ahora, al haber caído y esta haberse desacomodado había quedado a la vista. Sus pies tropezaron por el empujón pero se mantuvo en equilibrio, tanteó su costado y alzó la mirada al hombre
- ¡Ese infausto me ha robado! - sin decir más el gato saltó al frente, tomando su forma animal corrió a largas zancadas sorteando la gente de ágiles pasos hasta atacar por la espalda con sus garras fuera al ladrón, seguido de cerca del tigre que no soltaba su pincho de carne de entre sus dientes.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Lo perdido y lo que regresa [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Vie Jun 24, 2016 6:32 pm

Tardó en comprender lo que hallaba frente a sus ojos, la escena que tanto había cambiado en un intervalo de meros segundos. Al quitarse el banderín de los ojos, Alim estuvo a tiempo para ver al esclavo recibir la gruesa viga con sus manos, deteniendo lo que podría haber sido una catástrofe que tomase la vida de más de un crimeo, y congelando la imagen entera por algunos momentos. Las demás personas se alejaban del peligro al instante, entre exclamaciones de miedo y de alivio por el accidente evitado. No obstante, la atención del marcado buscaba por sobre todo a quien había estado con él, localizando al fin a Faysal justo bajo el tigre, agazapado fuera de donde la viga lo podría haber impactado gracias al elegante gato de angora que siempre le asistía. Incluso viéndole a salvo del peligro, no pudo evitar fruncir el ceño en profunda preocupación. Todo había sido demasiado cerca. Se acercó enseguida a él en intención de ayudarle, ya fuese a salir del área o a reponerse, pero el gato ya estaba encargándose de ello y el pequeño mago debió de frenarse; llegó a rozar el costado del felino cuando recordó que no sería buena idea y retrocedió, dejándoles a ellos ese trabajo. Los buenos amigos del mercader lo cuidarían bien.

- Faysal... - Murmuró, consternado, al tiempo que regresaba sus manos tras su espalda. Se le hacía tan extraño verlo desarreglado, mostraba cuan seria había sido la situación hacía unos segundos. Desvió la vista al tigre posando la viga en el suelo y siendo envuelto en vítores y recompensas; una lástima que no pudiese unirse él, lo habría ameritado, pero se conformó con sonreírle desde allí. Lo importante era que ya todo estaba resuelto y todos estaban a salvo, a excepción de un par de heridos que habían llegado a recibir un golpe menor. La grave voz del otro hombre le regresó la atención al frente, mas no pudo sino agacharla en breve, no del todo convencido. - Aún así... fue un susto, me dejó en escalofríos. - Dijo. Faysal no parecía tan afectado y no deseaba ser él quien arruinara aquella atmósfera, por lo que se esforzó por dedicarle una suave y a su parecer reconfortante sonrisa. - Pero tiene razón, ya ha pasado. Sólo no se aleje mucho de mi y le cuidaré~ -

Si el festival seguía su curso y el duque también continuaba en ánimos, él no se quedaría atrás. Bajó la vista unos momentos para ver donde podía guardarse el banderín verde y dorado, le agradaba juntar recuerdos y querría llevarse más de alguno de aquella maravillosa noche; acabó por envolverlo en la tela dorada que sujetaba lo alto de su pantalón, agregando una franja verde oscuro a un lado. Una voz le llamó, mas no fue la de Faysal acusando al ladrón que aprovechaba la confusión general, sino la de la mujer en el puesto de comida adyacente. Enternecida de ver a un artista tan pequeño presente, la dama de humilde vestimenta le había dicho que pasara a comer después de su trabajo. Alim casi lo había olvidado. Con una sonrisa brillante se apartó hacia el puesto, charlando del otro lado de las manzanas acarameladas y los dulces de anís mientras aquel nuevo accidente tomaba lugar. Tras unos momentos volvió la vista hacia Faysal, sin ver a sus felinos cerca, mas sin pensar nada extraño de ello. - ¡Señor Faysal! Mire, qué buena suerte, la señora linda me da manzanas acarameladas gratis. ¿Quiere? - Ofreció, gesticulando al puesto envuelto en la calidez y el aroma del caramelo derretido. Sin importar sus años, su paladar seguía siendo el que a su aspecto físico correspondía, lo dulce seguía llamándole la atención aunque su prioridad estaba más en ser considerado con su acompañante que en antojos propios.

Para aquel entonces, los felinos regresaban ya de su cacería, mas Alim no percibía nada extraño sobre la situación transcurrida. Sólo se habían alejado y regresado, seguramente curioseando por allí. Él se enfocaba en Faysal, después de todo. Adelantándose a él y velando en toda medida posible por contentarle, le llevó una de las manzanas recubiertas en brillante caramelo rojo, ofreciéndola. Toda la fruta a usar en el puesto parecía sana y la cobertura de caramelo perfectamente realizada; comida inocente y libre de peligro. Paciente, el pequeño estiró el brazo a espera que el hombre la tomase. - Ya que estamos aquí y estará conmigo un rato, señor, deberíamos aprovechar el festival. ¡Hagamos algo! ¡Vayamos a ver los músicos! Muchos son amigos míos, le aseguro que son buenos. -

Cualquier excusa era buena, realmente. Lo que le ilusionaba era el hecho de estar con el pelinegro otra vez; agridulce reencuentro en principio, pues tenía que afrontar a un Faysal cambiado por los años, cuando estos lo habían rebasado a él sin efecto alguno. Mas ahora que lo hecho estaba hecho y estaba allí juntos, no veía motivo para no aprovechar su compañía. Al contrario, pretendía apegarse a él. La separación vendría otra vez y creía que el destino la vería más duradera en esa instancia, mas hasta entonces, disfrutaría estar al lado del varón de voz aterciopelada y trato gentil. Aprovecharía su tiempo todo lo posible.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Lo perdido y lo que regresa [Privado; Faysal]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.