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Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

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Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Mar Feb 23, 2016 9:10 pm

La briza soplaba fuerte esa mañana arremolinando el aire de la costa haciendo que a la pequeña le costara mantenerse en el aire, y todavía más conservar su forma bestial.  Estaba aproximándose a una costa beorc, por lo que mantenerse su forma animal era primordial, un ave de gran tamaño no llamaría la atención como si lo haría si fuera como una niña alada, ya lo sabía, ya lo había experimentado, y la experiencia la estaba volviendo maestra en el tema.
El sol había asomado hacia poco por el horizonte, por lo que lo los humanos recién comenzarían a salir de sus hogares y comenzar sus tareas diarias, volando bajo Sail llegó a la seguridad de una espesura donde pudo poner los pies en la tierra y volver a su forma de reposo. La tenue luz blanca que acompañaba las transformaciones pasaría inadvertida entre los gruesos troncos del bosque, así que la muchacha pudo ponerse a andar con tranquilidad por el mullido colchón de hojas del lugar, con la tranquilidad que los humanos todavía no estarían cerca.

Con la frente plagada de sudor, la cansada pequeña avanzó a paso firme por la espesura a la búsqueda del pueblo costero que debía señalizar en el mapa, sus piernas se clavaban con cada paso en el suelo debido a la falta de costumbre de moverse sobre estas extremidades, y el colchón de hojas hacia que le costara todavía más levantar las piernas cada vez, pese a esto no detuvo su buen ritmo y avanzó decidida entre los gruesos árboles.
Era su primera vez en esta parte del mundo, y estaba muy lejos de su nido, pero su trabajo consistía en explorar tierras inhóspitas y dictaminar si estaban habitadas o no, y ver si eran seguras para que sus hermanos cuervos la habitaran también. Esta zona apestaba a beorc, no había necesitado ver ninguna edificación para darse cuenta que la concentración de estos era muy grande en el área. Todas las corrientes de aire, en especial la que venían del sur, le traían el inconfundible aroma de estos seres, mas siempre como un eco lejano, cómo la leve presencia de flores en una basta y frondosa pradera.
Sacó su trozo de pergamino y su confiable trozo de carbón y comenzó a delimitar el área en la que se encontraba, haciéndose guías con los objetos más visibles que tenía en el área, de esa forma podría volver hacia atrás sin problema por un camino que ya conocía como seguro en caso de necesidad, aunque en tierra de beorcs… la seguridad era un término relativo.

Tras un tiempo de avanzar por el lindel del bosque pudo visualizar un poblado humano, pero no una pequeña aldea como había previsto, sino una gran ciudadela amurallada, cuyas altas torretas lamentó no haber visto antes. Ahora el avanzar por la seguridad del bosque no parecía tan buena idea, estaba demasiado cerca de una gran concentración de humanos, el aire en contra de la costa habría empujado tierra adentro la esencia de esa gran ciudad, por lo que realmente ver las imponentes y blancas murallas de la ciudad habían agarrado por completo desprevenida a la muchacha, la cual no esperaba toparse con nada más grande que un par de chozas.
Tragó saliva nerviosa mientras comenzaba a retroceder sobre sus pasos, fue entonces cuando el ladrido de unos perros hizo que se le erizaran hasta la última pluma de las alas. Se volteó casi enseguida justo en el momento para ver al enorme sabueso correr en tropel, dispuesto a echársele encima a la pequeña avechucha. Desesperada, Sail batió sus alas tratando de despegarse del suelo y ganar distancia del feroz can, mas apenas llegó a elevarse unos pocos metros cuando el perro la cazó y de una mordida le atrapó la pierna entre sus fauces. La chica chilló de dolor al sentir los filosos dientes sobre su carne y más todavía cuando este tiro de ella haciéndola caer al suelo de un sonoro golpe. Todavía manteniéndola cautiva, el obediente can la retuvo sin presionar demasiado en la herida, pero con suficiente fuerza para que no pudiera retirar su pierna con tanta facilidad, era un sabueso muy bien entrenado y obediente.

Los apurados pasos de sus amos no llegaron mucho después que el perro atacara. Dos fornidos cazadores legaron junto a su mascota, esperando ansiosos ver a su nueva presa. Sus expresiones de asombro al ver a la emplumada pequeña no se hicieron esperar.
-AH?! Pero por Ashera! Que es esto? Qué clase de demonio has atrapado Sultán!-
No podían disimular sus rostros de desprecio y asco a la orejona y emplumada joven, quien asustada desde el suelo trató inútilmente de zafar su pierna del hocico del animal, mas solo consiguiendo que este se sacudiera empeorando su herida.
Chillando de dolor, Sail no podía hacer más que sujetar su pierna y suplicar
-Quítenmelo!! Quítenme a esta bestia!! Obedezcan estúpidos sin plumas!!-
-Daj! He escuchado de estos bichos antes!- Dijo uno de los cazadores a su compañero.
-Son unas criaturas mitad bestia que se pueden transformar en monstruo. Sub humanos se llaman.-
-Sub humanos? Si, los había oído nombrar… pero nunca había visto uno… Cuanto crees que nos den por este?- Dijo con una maliciosa sonrisa a tiempo que calzaba una flecha en su arco y apuntaba a la pequeña quien todavía se debatía de dolor en el piso.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Jue Feb 25, 2016 1:07 pm

Sigurd, acompañado de algunos de sus hombres, volvían a casa tras una nueva victoria contra la amenaza de los Emergidos. Habían acudido en auxilio de una aldea cercana al castillo de los Calphy (o Chalphy, según su nombre oficial) y habían exterminado a todas aquellas infectas criaturas antes de que pudieran hacer daño a nadie inocente. Y la victoria se había logrado sin bajas por el lado de los hombres de Sigurd, por lo que el triunfo había sido incontestable. Los ánimos eran alegres y llenos de risa y jolgorio entre los aguerridos soldados que cabalgaban junto al duque de Calphy. Y sin embargo, Sigurd permanecía serio, callado, con la mirada perdida mientras cabalgaba al trote montado sobre Eolo, su fiel blanco corcel.

Sus hombres no se atrevían a dirigirle la mirada, y aunque no sabían a ciencia cierta qué era lo que volvía a su señor tan taciturno y apartado del resto, no era nada difícil hacerse una idea de ello. Muy recientemente la esposa de Sigurd había desaparecido en misteriosas circunstancias, sin haber dejado absolutamente ningún rastro ni una pista que pudiera indicar su posible paradero. Ni siquiera había garantía alguna acerca de su estado, si seguía con vida o no. Sigurd amaba a su esposa, había compartido casi media vida con ella y habían concebido y criado un hijo juntos. El haberla perdido así, sin más, sin previo aviso y sin poder saber siquiera la causa de aquello acosaba por completo la mente del duque. Y sin embargo, Sigurd se obligaba a seguir hacia delante, comandando sus tropas y cuidando de su hijo, sin perder la esperanza por volver a encontrarse con su amor perdido. Porque si bien no tenía noticias de que estuviera viva, tampoco las tenía de que no lo estuviera. Y la esperanza era lo último que se pierde.

Una serie de gritos detuvo el río de turbulentos pensamientos sobre el destino de su esposa que surcaban la mente del duque. También detuvieron las risas y los cánticos de sus hombres, haciéndose el silencio. Sigurd levantó la mano diestra mientras tiraba suavemente de las riendas con su mano izquierda, avisando a Eolo que detuviese su avance. Ante la señal, el resto de sus hombres también se pararon y la atención de todos se fijó hacia el origen de las voces.

-¡Alguien necesita ayuda! ¡Los gritos vienen de esa dirección! ¡Vamos!-dijo Sigurd sin más cuando pudo descubrir el origen mismo de aquellas voces y volvió a tirar de las riendas para marchar esta vez al galope, seguido rápidamente por el resto de sus hombres.

Tras esquivar, con gran destreza por parte del equino, una serie de árboles del bosque que andaban recorriendo, Sigurd logró llegar antes que nadie ante el origen de aquel tumulto. Lo que vio le puso los ojos bien abiertos. Una pobre jovencilla, con extrañas alas negras en sus espaldas, se debatía en el suelo, apresada su pierna por culpa de un perro que la tenía bien amarrada con sus fuertes mandíbulas, mientras que un par de cazadores observaban el espectáculo e incluso uno de ellos preparaba una flecha con la que disparar a la jovencita.

-¡¡DETENEOS AHORA MISMO!!-gritó Sigurd a pleno pulmón, un grito que no sólo resonaba con fuerza en los oídos de aquellos hombres sino que rezumaba autoridad.

El cazador, justo cuando estaba a punto de tensar el arco, se asustó terriblemente de aquel grito y su flecha cayó al suelo del espasmo que dio por ello. Mientras tanto, el otro se daba media vuelta, y se quedaba boquiabierto ante el nuevo giro que habían dado los acontecimientos. Rápidamente inclinó la cabeza, pues reconocía la vestimenta del duque y por tanto no le costó averiguar su identidad.

-¡Mi señor duque! No estamos haciendo nada malo ¡Sólo estamos cazando! Ganarnos la vida como buenamente podemos.-comentó el cazador con la cabeza baja, sin atreverse a mirar a los ojos de Sigurd.
-¡¿Desde cuándo en mis tierras uno se gana la vida atormentando y secuestrando niñas?! ¡¡IMPERDONABLE!!-la furia era más que evidente en las palabras de Sigurd y los cazadores dieron nuevamente otro brinco ante aquel grito, asustándose más todavía cundo además vieron llegar al resto del séquito que acompañaba a Sigurd, totalmente uniformados y prestos para la batalla.
-Mi... mi señor…-empezó a atreverse a hablar uno de ellos tartamudeando por el miedo.-¿No-no habéis vi-visto sus alas? No es una niña ¡es un monstruo! Nos es-estábamos defendiendo, eso es to-todo.
-¡¡SILENCIO!! ¡No quiero oír vuestras patéticas excusas!-volvió gritar Sigurd de nuevo, y ésta vez los cazadores soltaron un chillido de angustia y pavor. La mano diestra del duque señaló entonces al sabueso que todavía tenía sujeta la pierna de la mujer alada.-¡Decid a ese chucho que suelte a la chica! ¡¡AHORA!!

Tras otro susto más (mira que son fáciles de asustar, para ser fornidos cazadores) uno de ellos soltó un silbido y el perro que hasta entonces mordía la pierna de la niña, se detuvo y la soltó para volver a los pies de su amo. Sigurd desmontó de su caballo y se dirigió hacia donde se encontraba la niña, y observó la profundidad de la herida que tenía en la pierna.

-¡Por Baldo! Tenemos que llevárnosla de manera urgente a Calphy. Necesita atención medica de inmediato o la herida se infectará.-comentó en voz alta hacia sus hombres tras examinar la herida con los pocos conocimientos médicos que había aprendido tras tantas batallas.
-¿Lo creéis conveniente, milord? Si traemos una criatura semejante al castillo despertaremos rumores peliagudos sobre vuestra persona.-aconsejó uno de sus hombres, pero Sigurd respondió negando rotundamente con la cabeza.
-No me importa lo más mínimo. Si una joven necesita ayuda, la auxiliaré sin dudarlo y ni me importa lo más mínimo si tiene alas a sus espaldas, colmillos, chepas o escamas… -entonces se volvió hacia los dos cazadores, dedicándoles una mirada intensa.-¡¡LARGAOS VOSOTROS DOS!! ¡Por esta vez os dejo ir sin más, pero que no me entere que volvéis a hacer algo semejante a nadie más u os garantizo que vuestro castigo será terriblemente severo ¡¡FUERA DE AQUÍ!!

Ni qué decir tiene, los dos cazadores rápidamente agacharon la cabeza y sin dilación alguna salieron por patas, disculpándose y prometiendo que se comportarían mientras corrían por sus vidas acompañado por su canino mordedor. Mientras, Sigurd volvió hacia la niña, ofreciéndose a cargarla encima para llevarla hasta su caballo.

-Ven, niña. Ya estás a salvo. Conmigo nadie te hará daño, te lo prometo por mi honor como duque de Calphy.-prometió Sigurd al mismo tiempo que cargaba con ella. Por fortuna, su hogar ya estaba cerca, y allí podrían atenderla con todo el cuidado que claramente necesitaba.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 02, 2016 3:18 am

Los gritos del noble caballero llegando en su brioso corcel hicieron que las plumas de la pequeña se tensaran en su espalda, mientras instintivamente se volvía para contemplar al reluciente caballero llegar en lo que parecería un rescate. Pero lo era? No era la primera vez que un noble llegaba y decía que la rescataría de una complicada situación, la última vez que un noble había venido a socorrerla, había terminado en un mercado de esclavos durante semanas, recibiendo todo tipo de humillaciones y castigos, tenía suerte de haber podido recuperar su libertad. No, esta vez estaría atenta a las circunstancias.

El esbelto caballero desmonto de su caballo y se encaminó hacia ellos, siempre dando órdenes e haciéndose imponer por encima de los crueles cazadores que todavía la tenían cautiva. Con ojos brillosos, Sail miraba fascinada la escena, como el humano mantenía bajo control a todo ese grupo de beorcs con solo alzar la voz.
-Debe ser el alfa- murmuró para sus adentros, mientras los humanos ordenaban a su mascota que la liberara. En el momento que el can le soltó la pierna, se dobló sobre ella misma sujetándose la extremidad herida y evaluando los daños. Las heridas todavía le sangran allí donde estuvieran los afilados colmillos del sabueso pero por lo demás todo indicaba que no había recibido mayor daño que eso. Pese a que la herida no es grave, Sail no puede contener las lágrimas, gruesas gotas comienzan a brotar de sus ojos pese a su esfuerzo por contenerlas  y entre gimoteos sujetaba su pierna sin saber qué hacer. En circunstancias normales habría vendado su pierna, o mismo dado un sobro a su botella plateada. Pero ahora, rodeada de enemigos, en una tierra extraña… La joven solo atino a encogerse sobre ella misma y curvar las alas a su espalda, de ser necesario, eso le daría fuerza para un rápido aleteo y salir rápidamente del lugar. Pero también podía ver los arcos y flechas que muchos de los hombres portan, por lo que sabía que de intentar huir, no sería muy lejos.

El alfa beorc se encamina hacia ella directamente, haciendo que la pequeña se ponga en tención. Escucha que la llaman niña, la estarían confundiendo con una pichona de su especie? No, estaba bastante segura de que tal confusión no era posible, por lo que no bajó la guardia y siguió con los ojos lagrimeando, tratando de mantener una imagen lo más fiera posible. Pero al acercarse lo suficiente, comienza a captar el aroma del caballero, una extraña combinación de madera, metal e incienso lo acompañaban, olores que le recuerdan mucho a su gran señor y soberano, por lo que instintivamente relaja sus alas y toma un actitud ligeramente menos fiera. Será que todos los alfa tienen una esencia similar? La pequeña no tenía respuesta para ello, pero solo sentía como casi involuntariamente se le relajaban los músculos del cuello, antes tan agarrotados por toda la tensión.
Haciendo uso de su potente voz de mando, el beorc vuelve a castigar con sus palabras a sus captores, no puede evitar sonreír levemente viendo como bajan la cabeza y tiemblan temiendo por el castigo de su líder, el cual parecía más preocupado por el bienestar de ella, una laguz de poca monta, que por su propia gente.
Cuando el noble la levantó en brazos, la cuervo se dejó cargar sin poner resistencia pero si temblando ligeramente. Desde por encima del hombro del caballero pudo ver a los asustados cazadores que todavía estaban allí, y no pudo evitar sonreír.

-G-gracias, humano, pero no necesito tu ayuda- dijo sin hacer el más mínimo movimiento para patalear o bajarse siquiera. Simplemente dejándose cargar dócilmente, actitud que contrarrestaba con sus palabras.
-Soy capaz de defenderme yo sola, no necesito a ningún humano que me rescate…. O acaso esto es por….- Dijo dándose cuenta por primera vez que quizá esto no fuera una tan bien intencionada acción, y que quizá estaba siendo tomada prisionera por este hombre para interrogarla y robarle el fruto de su misión: sus preciados mapas.
Instintivamente abrazó con una mano libre su viejo y destartalado morral de cuero.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Miér Mar 02, 2016 2:42 pm

-Traedme unas vendas, rápido. La herida no parece demasiado profunda, pero debemos evitar que pierda demasiada sangre.-ordenó Sigurd a sus hombres, los cuales no tardaron ni un instante en obedecer, pese a que más de uno mostraba alguna que otra reticencia por el hecho mismo de estar ayudando a alguien que no era de su especie. Pero eso a Sigurd no le importaba lo más mínimo.

Uno de sus hombres trajo un rollo de vendas. Por desgracia, no había alcohol o ningún desinfectante, por lo que habría que esperar a llegar al castillo para poder atenderla plenamente, pero con las vendas podría aguantar el corto viaje, o así lo esperaba el duque. Sigurd se encargó de ponerle las vendas a la pequeña laguz, envolviendo la herida con sumo cuidado para tratar de hacerle el menor daño posible. Mientras tanto, podía ver como la joven alada se debatía entre la gratitud y la desconfianza ante el noble, algo que el buen duque comprendía tras ver como la habían tratado cazadores que pertenecían a su propio reino. Al final, la joven le dio las gracias, aunque aseguraba que realmente no hubiera necesitado ayuda. Sigurd sonrió de manera comprensiva, hasta que la laguz preguntó si había otras intenciones en la ayuda de Sigurd, haciendo referencia a un morral que presto fue a cubrir rápidamente con sus manos.

-Relájate, pequeña. Para nada es mi intención sustraerte absolutamente nada que sea tuyo. Es posible que no necesitases ayuda, pero no soy de esa clase de gente que se queda de brazos cruzados cuando alguien inocente es atacado. Y mal que me pese, esos cazadores son súbditos míos, por lo que en cierta medida es también mi responsabilidad lo que ha pasado hoy aquí. Por tanto, considera esto una disculpa por mi parte y déjame ayudarte, pues realmente no te deseo ningún mal y quiero compensarte por haber sufrido tamaña crueldad en mis dominios.-Sigurd no sabía si la laguz acabaría confiando en él o no, pero de una forma u otra, no iba a dejarla tirada allí en ese estado. Por ello mismo, una vez que le terminó de vendar la pierna, Sigurd cargó a la joven y con mucho cuidado la subió encima de su propio caballo.-¿Es la primera vez montando a caballo, pequeña? Siéntete dichosa, Eolo es bastante orgulloso y un tanto quisquilloso, no deja montar a cualquiera.-y como si respondiera a la pequeña pulla de Sigurd, el níveo caballo soltó un fuerte relincho, mas no se agitó ni trató de quitarse encima a la laguz.

Acto seguido, Sigurd se subió justo detrás de la pequeña jovencita, cogiendo las riendas del caballo y agitándolas suavemente para retomar la marcha. El caballo respondió como siempre, leal y fielmente a pesar de tener peso extra sobre su lomo y avanzó al trote y con cuidado en un principio pero luego más rápidamente para poder llegar al castillo lo antes posible, como era deseo de su amo.

-Por cierto, todavía no sé cómo te llamas ¿Cómo debería llamarte?-preguntó amablemente el duque, dándose cuenta que se había olvidado de preguntarle algo tan fundamental. Y luego se dio cuenta de otra cosa tanto o más importante que debió haber preguntado antes.-Y dime ¿Están tus papás por aquí cerca? Si es así, dime más o menos donde y enviaré a un par de mis hombres para que les avisen y vengan a recogerte al castillo una vez que te hayamos curado. Estoy seguro que andarán preocupados por su pobre niña y no queremos que se pierdan o peor aún, que se encuentren con otro par de cazadores idiotas.

Para Sigurd, aquella joven alada no era más que una niña ¿Cómo no iba a ser de otra forma, si salvo por las alas negras de su espalda, era idéntica a cualquier otra niña humana de su edad? Por eso mismo, le parecía inconcebible que esa chiquilla hubiera llegado sola a su bosque. Lo más probable es que hubiese venido con otros miembros de su familia o amigos y que por algún casual se hubiera separado de ellos y perdiéndose en el bosque hasta que aparecieron esos perversos cazadores. Los pobres, seguro que se estarían preguntando ahora mismo dónde estaba la pobre criatura que cabalgaba ahora con Sigurd. Por ello mismo, el duque quería avisarles cuanto antes de que la pequeña alada no corría peligro y que podían ir a buscarla al castillo lo antes posible.

Hablando del castillo, éste se levantaba en la lejanía. Era bastante grande, pues Calphy es uno de los seis ducados principales de Grannvale, y aun a lo lejos, se podía contemplar su majestuosidad, con sus grandes torres y sus fuertes murallas. Pero lo importante ahora es que en ese castillo estaría la ayuda que la laguz necesitaba para poder sanar plenamente su herida. Una vez hecho eso, sólo habría que esperar a que llegase su familia y podría volver a casa. Familia… a Sigurd sólo le quedaba su hijo de su familia. Nada temía más que perderlo a él también. Por eso comprendía perfectamente la angustia que debería estar pasando los padres de la pobre criatura.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 05, 2016 6:43 pm

Sail con los ojos como platos, observaba como ese poderoso humano se estaba inclinado delante de ella y bajado la cabeza para vendar sus heridas. Estaba viendo correctamente? La pequeña todavía no daba crédito a lo q pasaba, pero ciertamente le encantaba. Con cada una de las plumas de su espalda esponjadas de orgullo, la muchacha miró hacia ambos lados con una sonrisa contenida en los labios, este era el día más feliz de su vida! Un alfa beorc estaba inclinándose ante ella! Ella! Que justamente entre los de su raza no era más que el ultimo orejón del tarro, ella que no había recibido más que burlas y desprecios por sus pares en toda su vida… ahora era alzada y adorada por un beorc! Como deseaba que sus padres estuvieran aquí en este exacto momento, deseaba que toda Kilvas la mirara en ese momento! Si, incluso deseaba refregarle este triunfo a su señor Naesalas!  
Miro en pos de los rostros de los demás beorcs a ver si estaban tomando una actitud tan sumisa como la de su comandante, pero al ver las miradas de desprecio y odio que estos le dedicaban, volvió la vista al piso. Estaba un poco confundida, se supone que deberían arrodillarse como su líder. “Los beorcs son raros” pensó mientras el conde terminaba de vendarla.

El conde le hablaba constantemente, pero ella apenas lo escuchaba, estaba todavía maravillada con las atenciones que este le estaba brindando, saltando internamente de emoción. Cuando la cargó para subirla en lomos del animal, Sail no pudo evitar que le corriera un escalofrío por la espalda. Aquellas imponentes bestias que solían cabalgar los humanos, siempre le habían resultado feroces y agresivas, poseedoras de una gran fuerza, capaces de destrozar a la pequeña con sus potentes cascos. Sintió a la bestia moverse debajo de ella, y tuvo que contenerse de no clavar sus garras en la piel del animal para aferrarse. Por suerte el manso corcel no hizo ningún movimiento brusco que ameritara tal acción de su párete, y para cuando el lord subió también, Sail tubo la seguridad suficiente como para relajar sus plumas. Igualmente antes que avanzaran siquiera un paso, se abrazó firmemente al torso del noble. Ya había demostrado que no le haría daño y que era el alfa de la manda, por lo que se sentía ligeramente segura alado de él.  

-Eh? Mis padres? - La pequeña levanto sorprendida el rostro hacia el jinete ante la extraña pregunta. Aunque la descolocaba un poco, esto le confirmaba sus sospechas de que la tomaba por una niña beorc.  
-S-Sail, así me llamo. - dijo bajando la mirada y tratando de pensar que le convenía responder en este momento. Si la tomaban por una niña, probablemente pudiera viajar segura bajo su ala. Pero la sola idea de que la tomaran por una niña había sido motivo de burlas de sus compañeros por tantos años, que la sola idea siempre le parecía humillante, por más conveniente que le resultara.
-Y no soy ningún pichón!- Respondió con tono resuelto volviendo a mirar al noble al rostro- Que sea pequeña de tamaño no significa que necesite a mis padres todo el tiempo atrás de cada paso que doy! Soy perfectamente capaz de cuidar por mi misma!-  

Mientras decía estas palabras, empezó a ser consiente lo familiar que le resultaba toda esta escena para ella. Que estaba haciendo? Porqué permitía que el alfa humano se la llevara a su castillo? En que estaba pensando? Probablemente terminara en una jaula como la ultima vez! El aura de poder que este beorc emanaba debía estar afectando su capacidad de pensar. Igualmente ya era un poco tarde para sacar las alas y volar, ya que estaba muy seca del humano, y estaba segura que si tomaba cualquier acción súbita hacia el duque, sus hombres no tendrían ningún reparo en dejarla como alfiletero. Temblando como una hoja le reclamó a su captor.
-Mira! No valgo nada! Solo déjame ir. Estoy seguro de que no te darían nada por mi en el mercado de igual forma. Los de mi clase y tamaño no valemos mucho.-
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Lun Mar 07, 2016 4:06 pm

Sail se llamaba la chica de alas negras. O al menos, ese decía que era su nombre y Sigurd no tenía razones para dudar de lo contrario. Se dio cuenta de que la chiquilla empezaba a confiar en él poco a poco, mientras ambos cabalgaban en dirección al castillo de Calphy donde poder atender la herida de la pierna. Al principio pensó que su desconfianza venía de cómo la habían tratado los cazadores, pero el duque empezó a notar que esa no debía ser la única causa. Al fin y al cabo, el humor entre sus propios hombres había cambiado drásticamente. De cantos de júbilo y risas alegres por el triunfo contra los Emergidos se había pasado a un silencio mortecino con algún que otro cuchicheo y murmullo acompañado de miradas inquietas y todo aquello desde que Sigurd recogiera a la laguz y decidiera llevársela al castillo ¿Pero qué les pasaba a sus hombres? ¿Es que no veían que sólo era una chica indefensa necesitada de ayuda? ¿A qué venían todas esas reservas y vacilaciones? ¿Dónde estaba su honor de caballeros y su deber de proteger a los más débiles? Sigurd tenía cada vez más claro que tendría que tener una charla muy seria con sus hombres acerca de su comportamiento, pero no antes de asegurarse de que la niña estuviese completamente a salvo.

Y entonces llegó la primera sorpresa, puesto que la niña resultó que no era tan niña, o al menos según las palabras de la propia mujer, que garantizaba no ser una “pichona”, que es lo que la consideraba Sigurd hasta el momento. Y de paso lo seguía considerando, pues se imaginaba que simplemente estaba en una fase rebelde por la cual quería sentirse más adulta de lo que realmente era.

-No hace falta que te hagas la mayor, mujer. Entiendo que estés en un momento en donde quieras probar tu independencia, pero estoy seguro que tu familia ahora mismo estará preocupada por su pobre chiquilla y no le vamos a hacer el feo de no avisarles ni…-el duque se interrumpió cuando escuchó un carraspeo detrás de él, acompañado con el sonido de otro caballo acercándose. Se trataba de otro de sus hombres que se acercó por detrás con su caballo al escuchar las palabras y le comentó casi al oído cuando estuvieron a la par.

-Mi señor… Los subhu… los laguz son muy longevos y crecen de manera distinta a los humanos. La chica puede superar perfectamente los cincuenta años y ser toda una adulta para los de… su raza.-y dicho eso, lanzó una mirada furtiva hacia Sail y retrocedió para reunirse con los demás.
-Oh vaya… Esto… Lo siento, no era mi intención ofenderte…-dijo entonces Sigurd a Sail con una sonrisa algo avergonzada mientras ponía su mano diestra acariciando su cabello antes de volver a mostrar un rostro serio y sereno.-Pero bueno, esto no cambia nada. Tengas doce, cincuenta o doscientos años, me aseguraré de que mientras estés en mi reino no te pase nada malo.

Sail pareció tomar en serio a Sigurd durante un rato, pero cuando ya Calphy estaba suficientemente cerca, con sus torres y sus murallas a menos de cien metros de donde el duque y su comitiva armada se encontraban, empezó a moverse y a protestar asustada ante la perspectiva de que todo fuese un engaño. Sigurd se limitó a acariciarla suavemente la cabeza dedicándole una sonrisa tranquilizadora, olvidándose por un momento que la laguz no era realmente una niña.

-No voy a venderte. Voy a curar tu pierna, y cuando estés bien, podrás irte sin más. Te lo he prometido y lo volveré a prometer todas las veces que quieras. No voy a hacerte daño.-fue entonces cuando un pensamiento se le cruzó en la cabeza. Al principio pensó que su desconfianza para con los humanos se debía al tratamiento que había recibido de ese par de cazadores, pero al ver como insistía Sail en su temor, y como sus propios hombres actuaban ante ella, empezó a pensar que había algo más gordo detrás. Ya con total seriedad, Sigurd habló a la laguz.-Dime, Sail ¿Es que alguien te ha hecho daño antes de conocernos? ¿Has sido secuestrada o vendida con anterioridad o algo así? Dímelo sin temor, que si ha sido en mis tierras los perseguiré sin descanso y no pararé hasta que reciban su justo y bien merecido castigo. Un crimen así no puede quedar impune jamás.

Eolo llegó justo enfrente del gran portón amurallado del castillo de Calphy. Sonaron trompetas, anunciando la llegada del duque y lentamente la gran puerta se abrió, dando paso a un pequeño grupo de soldados dispuestos a recibir a los guerreros victoriosos de la batalla contra los Emergidos.

-¡Rápido, traed a un sanador! ¡Necesitamos ayuda inmediata!-ordenó Sigurd al grupo de soldados que habían venido a darles la bienvenida, mientras entraba al castillo, descendía de su caballo y colocaba a Sail en un pequeño banco de madera para que pudiera tumbarse y dejar la pierna quieta.-Cuanto menos muevas la pierna, mejor Sail. Ya verás como pronto la tendrás como nueva.

Los soldados ejecutaron la orden sin rechistar y en menos de un minuto apareció corriendo un sacerdote báculo en mano, dispuesto a usar su magia sagrada para curar a todo el que lo necesitase. Sin embargo, su cara de determinación se volvió en sorpresa y preocupación al descubrir quién era su paciente.

-¿Algún problema, Padre? Porque si no es así, su paciente está esperando su atención.-dijo Sigurd, empezando a sentirse cansado de las reacciones que estaba recibiendo de parte de su propia gente por algo que debería ser normal. El sacerdote, tras el shock inicial, afirmó con la cabeza y levantó el báculo para luego señalar con el la pierna de Sail, hasta proyectar una luz que cubrió la parte vendada, hasta sanarla por completo.-¿Te encuentras mejor, Sail? Si necesitas algo más, no dudes en pedírmelo. Aquí estás a salvo. De verdad.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 08, 2016 5:33 pm

Cuando el soldado se acercó a hablar, Sail instintivamente se encogió sobre sí misma. Habiendo tanto beorcs alrededor de ella le traían terribles recuerdos de su época como esclava. No obstante sabía que estirar las alas y huir no era una opción, lo que la hacía sentirse todavía peor. La vez anterior había cargado con grilletes reales en el cuello, ahora todo lo que la ataba a ese caballo era la mortífera mirada de una decena de hombres a los que no les caía en gracia que esa semi humana viajara tan junto a su señor.  
El alfa le revolvió el cabello disculpándose por confundir su edad, lo que la calmó un poco. Ahora que era consciente de que no era una bebe, igualmente estaba dispuesto a ayudarla, lo que le dejaba dos líneas de pensamiento: O en verdad era un alma buena y bondadosa que se preocupaba por su bienestar, o realmente quería llevarla hasta su territorio donde volvería a caer bajo cadenas en alguna plaza al sol. Nerviosa se mordisqueo las uñas mientras trataba de cómo salir de esta situación, y echando fugaces miradas a la gran torreta blanca la cual se hacía más grande e imponente a cada paso. La promesa del gran señor de que no la vendería ayudo a que se calmara un poco. Deseaba poder confiar en él plenamente, de verdad quería estar completamente segura, pero  aunque no confiara en un cien por cien, estar bajo su ala era su mejor opción.

Cuando cruzaron el umbral de la ciudadela, el movimiento de tantos beorcs a su alrededor hizo que instintivamente se cubriera la cabeza bajo su capucha en un primitivo intento por esconderse, inútil completamente ya que no tenía capa suficiente capa para cubrir sus enormes alas negras. Sintió como el noble la ayudaba a bajar y el movimiento de sus hombres a su alrededor, también pudo escucharlos murmurar a todos ellos a espaldas de su señor. Quizá el alfa humano no pudiera escucharlos, pero las grandes orejas de la laguz captaban perfectamente cada palabra que estos decían entre bocas tapadas. Todos la apuntaban como un monstruo, un adefesio, una criatura en la que no valía la pena perder el tiempo de un clérigo o siquiera gastar los vendajes para sanar.
Toda esta situación se le hizo terriblemente similar a la normalmente vivía en su tierra natal, demasiado real, la pequeña ya casi no podía contener las lágrimas, o sus deseos de echar a volar. Pero tuvo que atarse de pies y manos y desistir de hacer locuras.

Un cura se acercó presuroso y bajo orden del noble comenzó a hacer una especie de ritual, el cual incluía rezos y una serie de pases raros con un bastón. Cuando este comenzó a brillar, la pequeña instintivamente desplegó las alas asustadas, pero antes de que pudiera generar cualquier tipo de alboroto, la luz había tocado su piel transmitiendo una sensación de paz y tranquilidad en ella, al mismo tiempo que sentía como el incesante dolor en su pierna desaparecía por completo.
Con los ojos como platos desenvolvió su perna de los vendajes para descubrir que la fea mordida del sabueso había desaparecido, y ahora en su lugar estaba su inmaculada piel sin más marca que un par de puntos rojizos donde antes estuvieran las mordidas. Con la boca abierta levanto la mirada hacia el sacerdote, pero este le desvió la cara con desprecio a la chica. Apenada la chica volvió a bajarse todavía  más la capucha sobre los ojos.

El duque le dedico un par de palabras y le aseguro que dentro de ese lugar estaría a salvo, pero ella misma ya no quería la compañía de ningún otro beorc que no fuera él, el único que no la miraba como si fuera un monstruo aberrante.
Corrió hasta él tomándolo por el bajo de sus ropas.
-Huma… S-Señor… muchas gracias por salvarme .. le debo …-Tragó saliva- Le debo mi vida.- hablaba casi en un murmullo, sujetando ese extremo de tela como si de eso dependiera su vida.
-P-Puedo serle útil, puedo pagarle por salvarme! … Eh, quizá no con oro… pero...  pero… no me deje entre ellos, por favor!-
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Lun Mar 14, 2016 6:07 pm

El sacerdote sanador no parecía contento con la orden recibida, mas cumplió con su cometido sin mostrar queja alguna. Pero no le pasó desapercibido a Sigurd la mirada que le dedicaba a Sail mientras aplicaba su magia, así como el resto de miradas que, desde su propia gente, recibía la pobre laguz.

Lo primero que hizo la laguz cuando su pierna fue curada fue agradecerle al duque el tratamiento recibido… y pedirle que no la dejase sola. A Sigurd no le sorprendió lo más mínimo su petición, tras ver como todos sus hombres habían reaccionado ante ella y seguían haciéndolo sólo porque tenía un par de alas negras a sus espaldas ¡Era ridículo! ¡¿Dónde quedaba el código de caballería de ayudar al desamparado?! Cada vez daba menos crédito a lo que estaba viendo.

-No temas, Sail. En el tiempo que pases aquí, no te dejaré sola. Y nadie se atreverá a hacerte el más mínimo daño, te lo garantizo.-esas palabras iban más dedicadas a toda la gente al servicio del duque más que a la propia laguz, como claro aviso de que la chica alada era una invitada y no se la podía molestar. Más murmullos se escucharon, pero nuevamente nadie se atrevió a protestar. Sigurd se volvió a uno de sus criados.-Preparad una habitación para nuestra huésped. Traedla comida, bebida y pantalones para reponer los que le han roto.

El sirviente al que fue dirigida la orden tardó en reaccionar, sorprendido por la orden recibida, pero al final, asintió con la cabeza y se dirigió a cumplir con su cometido. Sin embargo, al final uno de los hombres de Sigurd se atrevió a hablar, aun con cierto temor en su voz.

-Mi señor, usad la cabeza ¿Vais a quedaros a solas con esa… laguz? No sabemos lo que está tramando, puede ser peligrosa. Ya la habéis curado, ya habéis cumplido con vuestro deber, deshaceos de ella antes de que os cause algún problema irremediable.
-Querido amigo, me conmueve y me anima tu preocupación hacia mi persona… y me hartan tus reservas y las del resto ante esta mujer ¡¿Acaso no juramos todos proteger al inocente?! ¡¿Desde cuándo eso sólo se aplica a humanos?!-protestó enérgicamente Sigurd ante las palabras de su subordinado.
-Perdonad que me entrometa yo también, pero coincido con la posición de mi compañero ¿Son inocentes los Emergidos? ¡Claro que no! Por eso los masacramos, para proteger a la gente verdaderamente inocente. Con los cuervos no es muy distinto. He oído hablar de ellos, son piratas, carroñeros, bandidos. Esta mujer bien puede estar ganándose su confianza para que bajéis la guardia y convertirse en bestia y asaltaros a la menor oportunidad ¡Creedme, mi señor!
-Basta. Os he escuchado y he tolerado los insultos hacia la laguz hasta ahora a ambos porque sois camaradas de armas y caballeros juramentados. Pero ya está bien. Si esta mujer es una “amenaza” como vosotros decís, asumiré las consecuencias, pero no pienso abandonar mis principios por supersticiones y rumores de pueblo ¡Y vosotros no deberíais hacer lo mismo! Ahora marchad y descansad. Celebrad la victoria. Y no os acerquéis a Sail sin mi consentimiento expreso.
-A sus órdenes, mi señor.
-Se hará como deseéis.

Los dos guerreros, al igual que el resto de caballeros que acompañaron a Sigurd abandonaron la entrada y se desperdigaron. El sirviente volvió y le comentó al duque que la habitación en cuestión estaba lista. Sigurd asintió y se dirigió hacia Sail, a quien no había perdido de vista en ningún momento.

-Ven, cógete de mi mano. Mi castillo es grande, y es fácil perderse la primera vez que uno entra aquí.-comentó amigablemente, dejando de lado la regia seriedad con la que había hablado a sus hombres momentos antes.

La habitación en cuestión no se encontraba lejos y la pareja no tuvo que andar mucho hasta llegar hasta allí. Sin embargo, la precaución no era poca. Efectivamente, los pasillos eran largos, anchos y con numerosas puertas por todos lados, por lo que era cierto que uno podía desorientarse con facilidad. Pero la verdadera razón era cumplir con la promesa de no dejarla sola, y más cuando toda la gente con la que se cruzaban seguía murmurando y lanzando turbias miradas a las alas negras de cierta jovencita.

Pero dentro de la habitación, todo estaba mucho más tranquilo. Una cama y un sofá cómodos, una ventana pequeña, un par de muebles simples y una mesa con un par de sillas. Encima de la mesa había fruta y un pastel de carne, además de varias jarras de agua y un pequeño jarrón con flores. Y encima de la cama, un pantalón de la talla y color del que usaba la laguz.

-Siéntate aquí como en tu casa, Sail.-le comentó amablemente el duque mientras la invitaba a sentarse.-Sírvete y cómete todo lo que gustes. Si te quedas con hambre, pediré algo más.-entonces Sigurd se sentó en otra de las sillas y bebió un trago de una de las jarras de agua antes de seguir hablando.-Te pido mis disculpas por todo el comportamiento que han mostrado mis hombres. Es inexcusable. Lo único que puedo decir para tratar de comprender su forma de actuar hacia ti es que nunca hemos visto a nadie de tu especie en años por nuestro ducado. Y ya sabes, basta que una cosa sea extraña o desconocida para que sea considerada peligrosa o envuelta en superstición y tonterías de esas. Pero desde luego, eso no justifica para nada la forma en la que te han tratado y se han dirigido hacia ti. Lo máximo que puedo hacer es pedirte perdón en su nombre y prometerte que haré lo posible para inculcar a los míos algo de sentido común y decencia a la hora de tratar a los demás.-y estas palabras las dijo con la mano en el pecho, como comprometiéndose en serio a cumplirlas y a garantizar que lucharía para que no hubiera más injusta discriminación dentro de sus tierras.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Lun Mar 28, 2016 10:01 pm

Sail escuchó las crueles palabras que le dirigían los demás humanos del lugar, y los comprendía, ya que ella misma guardaba una opinión similar respecto a los demás humanos, pero de momento lo mejor que podía hacer era esconderse mejor debajo de su propia capucha y rezar porque no se les ocurriera desafiar la palabra de su señor y tomar represalias reales contra ella.
Las palabras del duque hacían que quisiera pegarse más y más a ese buen hombre, pero al mismo tiempo consideraba que mantener proximidad a él, estaba trayendo peores comentario hacia su persona, y más tensión entre sus hombres que hacia que la situación en general se tornara cada vez más tensa. El error era claro, ela no debía estar allí, había sido una locura entrar a una ciudad humana, pero tampoco podía culpar al buen intencionado caballero quien solo intentaba ayudar a un ser en desgracias. Aun así, por más injusta o desproporcionada que fuera la reacción de los aldeanos, era la esperable, la única atípica había sido la forma de actuar del duque.
Sail tenía bien en claro que debía abandonar la ciudadela cuanto antes, pero cómo? No bien se separará del duque, probablemente el resto de los habitantes le saltarían encima como fieras hambrientas.

El paje vuelve con la noticia de que han terminado de arreglar la habitación, y el duque la invita a seguirlo, temerosa de quedarse a solas entre humanos , debe dar grandes zancadas para poder seguirlo de cerca y al mismo tiempo cuidar de mantener su cabeza y sus rasgos bien cubiertos para ocultar su vergüenza de tener que viajar de la mano como si fuera una pichona.
No bien llegar a la habitación y verificar que estaba vacía, Sail se zambulle en su interior sin modales o consideración alguna por su anfitrión, solo deseosa de ponerse a resguardo de los demás humanos. Una vez que la puerta esta cerrada, puede volver a relajar los músculos y retirar la capucha, antes de decir nada se apura a secar un par de lágrimas en las comisuras de los ojos, tanta tención la traen con las emociones a flor dde piel.
La habitación es agradable, aunque se le antoja demasiado espaciosa a la pequeña quien está acostumbrada a nidos más reducidos y definitivamente mucho más precariamente amueblados. Realmente este humano debe ser muy rico, ya que sus recamaras personales son en efecto majestuosas. También no pasa desapercibidos a sus ojos el festín que esta desplegado sobre la mesa, pero siempre temerosa a dar el primer paso, se limita a contemplarlo de reojo, todavía no del todo convencida de que tan seguro seria ingerir comida humana para un laguz.  Mas pese a todas sus inquietudes toma asiento frente al anfitrión quien ya se había ganado su respeto y admiración. Pero a pesar de que se siente terriblemente agradecida hacia él, sus torpes modales y tonta lengua son más voloces que sus alas.

-No entiendo porque pide disculpas un líder como usted.
Debería haberme atado las alas y tirado desde el risco más alto-


dijo recordando un castigo común en su tierra natal.

-Sé que ustedes no suelen ser tan bonachones con nosotros… Oh! No es que no lo agradezca! Lo estoy! Y mucho! Pero ya vio lo que en sus inferiores causa el solo hecho de que yo esté aquí.. Porque? Es lo que no entiendo. No valgo nada, y sería más lógico para los de su raza matarme o venderme que curarme y darme cobijo, pregúntele a cualquiera de sus hermanos, estoy segura que me darán la razón.-

Bajo la mirada arrepentida de su desconfianza, pero absteniéndose a pedir perdón.

-Antes me preguntó por mis padres. No se preocupe por ellos, están muy bien a salvo en mi tierra natal, dudo que se preocupen por mi a esta altura de sus vidas, asi que usted no se preocupe por ellos.
Llegue a sus costas esta mañana para proseguir con mis mapas y ver si esta tierra estaba libre de emergidos o de beorcs…
Ah! Pero no soy espía o nada parecido! Solo busco tierras libres para que podamos establecernos, pero no buscamos conquistar ni nada parecido-


Reforzó sus palabras gesticulando con las manos.

-Ahora que sé que esta isla también está habitada por beorcs, simplemente seguiré camino en busca de nuevas costas, no … no soy una amenaza para nadie.
Si es que me permite irme, por supuesto.-


Dijo estas últimas palabras bajando la vista al suelo.

-Sé que le debo muchísimo y es mi deber pagarle, pero lo único que tengo es mi sangre y sudor para ofrecer. Sé que el dinero de mi tierra tampoco tiene valor en su mundo…-

Levanto la mirada decidida y volvió a mirar a los ojos al noble

-Por favor permítame pagar mi deuda con servicios! Puedo ser pequeña, pero soy tenas y velos, se lo garantizo. No seria mi primera vez pagando deudas a humanos con años de servidumbre, se que es moneda corriente entre laguz y beorcs, o así se me ha instruido. Además, como sus hombres ya se lo dijeron, un par de ciclos podrán ser gran cosa para ustedes, pero es solo un par de parpadeos para nosotros.
En mi tierra soy una novata exploradora y una experimentada mensajera. Estoy segura de que incluso un gran lord como usted necesita de alguno de estos dos servicios. Además de que también se que su gente agradecerá si yo no estuviera dentro de su aldea. Permítame pagar la deuda de esta manera! Por favor-


Sail trataba de mantenerse erguida y lo más solemne que podía. Pagaría cualquier compromiso que tuviera con cualquier beorc, tal y como dictaban sus enseñanzas, y lo haría de la forma que más gustaba en su tierra natal: sin dar oro a cambio.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Miér Mar 30, 2016 1:36 pm

La laguz se encontraba a salvo. Dentro de aquella habitación, lejos de las miradas y voces desdeñosas dirigidas a su persona y justo al lado de un hombre que la había cuidado y protegido desde el primer momento en que se conocían. En esa habitación no había nadie más, ni criados acostumbrados a los murmullos insidiosos, ni soldados que cuestiones abiertamente la decisión de su señor, ni mucho menos cazadores dispuestos a capturar a la mujer cuervo como si un trofeo de caza mayor se tratase. Sail ya no tenía por qué tener miedo, y se le notaba. Se notaba en sus gestos, se notaba en que ya no trataba de ocultar su rostro con su capucha y que tenía los hombros más relajados. Y se le notaba a la hora de cuestionar ella también al mismo duque que la había salvado por qué había llevado a cabo la decisión de protegerla y ayudarla.

Sigurd también se relajó un poco, aunque no pudo evitar sentirse un poco entristecido por lo que la laguz le decía ¿qué clase de vida había tenido aquella pobre mujer para que pensase que su vida carecía de valor alguno? Para Sigurd, todas las vidas tenían valor, desde el humilde campesino que labra la tierra hasta el rey que cuida y protege de su reino. Para Sigurd, todos sus súbditos eran importantes y su deber era velar por cada uno de ellos y por todos ellos en su conjunto. Por lo tanto, la idea de que alguien pensara que no tenía valor alguno era terrible.

-¿Tanto dolor te ha causado mi especie que consideras que vales más muerta que viva? Si es así, temo que tenemos mucho más de lo que disculparnos de lo que de entrada pensaba.-y no es que pensara que hubiera poco de lo que disculparse de entrada. Ya vio cómo todos sus súbditos que le rodeaban habían tratado a la laguz nada más verla, prejuzgándola directamente sólo por las alas negras que tenía asomando desde su espada. Para Sigurd, esa actitud había sido completamente deleznable y deshonrosa.

Sigurd siguió escuchando a la laguz, mientras cogía él mismo una manzana de la cesta de fruta y empezaba a comérsela. No se le podía culpar, recién había llegado de cazar Emergidos y estaba también harto agotado, aunque no se le notase a primera vista. Sail le había comentado que había llegado a Grannvale en alguna especie de misión de exploración, buscando tierras vírgenes donde su gente pudiera asentarse. Le sorprendió que aquella joven tan pequeña fuera toda una exploradora, pero viendo lo poco que sabía sobre los laguz, decidió no comentar nada al respecto, no fuera que Sail le volviera a acusar de confundirla con una “pichona”.

-¿Beorcs? ¿Es así como llamáis a los humanos? Supongo que sí, tiene sentido.-dedujo Sigurd entre bocado y bocado de manzana ¡Dioses, que hambre tenía, lo necesitaba!-Tengo que darte malas noticias, entonces. Todo el continente de Jugdral está infestado de Emergidos, me temo que no hay territorio libre de su malévola influencia. Supongo que te habrás fijado, pero yo y mis hombres volvíamos de acabar con un escuadrón de semejantes monstruos cuando te encontramos. Nuestra lucha contra ellos lleva ya varios años y hemos logrado mantener a salvo las principales ciudades y no pocas aldeas de nuestro reino pero a un gran coste. Muchos grandes hombres han muerto. Mi padre… Mi padre desapareció en una de nuestras primeras batallas. Nadie sabe dónde se encuentra.-Sigurd se sorprendió a si mismo confesándole a Sail, mujer a la que acababa de conocer, la desaparición de su padre. Aunque enseguida le quitó importancia, ya que por un lado no era ningún secreto y por el otro a todo el mundo le viene bien desahogarse aunque sea un poquito.-El caso es que temo no poder ayudarte, pues en cada rincón de este continente tendríais que pelear con la horda de Emergidos que tan salvajemente intentan apoderarse de nuestro mundo. Aparte de que todo territorio de nuestro continente ya forma parte de uno u otro reino humano o beorc como lo llamáis vosotros, y dudo mucho que después de luchar incansablemente y sacrificar tantas nobles vidas por recuperar las tierras que por derecho les pertenezcan os vayan a ceder aunque sea sólo una parte a vuestra especie de buen grado.-esa era la cruda realidad, y había que aceptarla. Todo Jugdral estaba ya repartido entre Grannvale, Silesse, Manster y Thracia, y la única forma de hacer un nuevo reparto era cuestionando el reparto anterior. Esto bien lo sabían tanto en Manster como en Thracia, que llevaban peleándose por cuestiones territoriales durante generaciones enteras. El propio Grannvale había enfrentado divisiones internas fruto de estar dividido en ducados, cada uno luchando por su cuota de poder e influencia, lo que a su vez suponía también arrebatarse tierras los unos a los otros, y no fue hasta la llegada de los Emergidos que no se logró algo parecido a la unidad frente al invasor.

La conclusión era obvia: la raza de Sail lo iba a tener muy difícil si quería implementarse en cualquier rincón de Jugdral. Sigurd podría ayudar, comerciar con ellos, defenderles públicamente. Incluso cabía la posibilidad de cederles algo a cambio de ayuda contra los Emergidos. Pero en cuanto se le pasó por la cabeza esas ideas, enseguida notó que eran poco más que quimeras, incluso para él que solía dejarse llevar por corazonadas en vez de pensar antes de actuar. No, Grannvale nunca pactaría tan abiertamente con una especie distinta. No había más que ver cómo había reaccionado su propio pueblo ante Sail, ni quería imaginarse como reaccionarían en los otros ducados o en la misma Barhara. Y una de las cosas que a Sigurd le enseñó su padre bien desde pequeño es que un hombre no puede gobernar en contra siempre de la voluntad de su pueblo, por muy duque o rey que se trate. Primero debía cambiar la conciencia de la gente con respecto a los laguz para poder llevar políticas que permitieran integrar a éstos en las sociedades humanas. Sigurd podía empezar a dar pasos para que esa conciencia cambiase, pero tampoco podía hacer que todo cambiase de la noche a la mañana. Ese poder sólo estaba reservado a los dioses.

Mientras su mente cavilaba acerca de todas esas cuestiones, Sail le preguntó acerca de cómo podía compensar el buen tratamiento que había recibido de parte del duque. Le dijo que no llevaba dinero consigo, pero que podía compensar sus buenas intenciones con servicios. Sigurd se terminó la manzana y dejando el corazón encima de la mesa, se dirigió a la laguz con una amable sonrisa.

-No me debes nada, Sail. En primer lugar, no me debes nada porque ayudarte es mi deber. Es el deber de todo caballero el proteger y velar por todo inocente, sin esperar nada a cambio por ello. Y en segundo lugar, no me debes nada porque compensarte por lo que has sufrido es mi responsabilidad. Te lo he dicho antes, toda la gente es súbdita mía, yo respondo por cada uno de ellos. Si te han tratado mal, es también culpa mía y debo resarcirte por ello.-respondió sin dejar de sonreír a la laguz, pero manteniendo un tono tajante, como si esos puntos no tuviesen discusión alguna. Sin embargo, enseguida añadió lo siguiente.-Pero si aun así quieres hacer algo por mí, sí que hay cierto favor que puedo pedirte. Es algo muy simple. Verás, como ya sabrás, no hace mucho que los distintos continentes vivíamos aislados los uno de los otros, como si viviéramos en mundos distintos. Luego, se descubrió la existencia de otros continentes y enseguida los reinos de cada uno de dichos continentes mantuvo relaciones con otros, relaciones que se han visto mermadas por culpa de los Emergidos, pero que todavía siguen ahí. Salvo en el caso de mi continente y de mi país. Grannvale ha mantenido casi siempre una postura aislacionista, más aún con los Emergidos de por medio. Pero incluso antes también. Ya lo has visto, nadie sabe nada de tu gente, los míos os temen porque sólo han oído hablar de los laguz por mitos y supersticiones con escasa o nula validez. Y ese es un defecto que yo también arrastro. Yo tampoco he salido apenas de Grannvale. He estado en Manster en alguna ocasión pero poco más. No sé nada del mundo exterior salvo noticias aquí y allá que nos llegan de manera muy dispar. No sé que culturas hay ahí fuera, que sociedades, que gentes, nada… Y eso es malo. Yo mismo estoy tratando de defender que si queremos enfrentarnos a los Emergidos y acabar esta crisis, no podemos hacerlo solos, sino que necesitamos abrirnos al mundo y luchar todos unidos. Pero poco puedo hacer por mi causa si no sé nada de ese mundo al que me quiero abrir. Y ahí es donde entras tú ¿Dices que eres una exploradora, no? Pues por favor, cuéntame tus experiencias, tus viajes, lo que has visto y oído. Haz eso por mí, y te garantizo que tu supuesta deuda estará más que saldada.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Miér Abr 06, 2016 3:24 pm

Ladeando ligeramente la cabeza y entornando los ojos, Sail miraba extrañada al humano que tenía enfrente, era ciertamente la primera vez que veía un humano como él y no sabía si era algo bueno o algo malo.
Como buena representante de su raza, era recelosa de los beorcs y por ende no sabía cómo interpretar la amabilidad extrema de este. Qué hacer? Aceptar las buenas intenciones y atenciones del duque? Escapar por la ventana y rogar que no hubiera muchos arqueros en el área? O aprovechar que el humano parecía estar dispuesto a todo por ella? Esta última idea no había cruzado por su mente sino hasta ahora, ya que había estado demasiado asustada como para considerar nada que no fuera alejarse del lugar. Como cuervo, el honor era más una interpretación personal, un camino que cada uno elegía por su cuenta y no tanto un dogma preestablecido y pregonado. No por nada su especia se había ganado su fama.

Perdida en esos pensamientos estaba cuando desde el interior de su estómago se escuchó un fuerte gruñido que hizo que se pusiera roja como un tomate casi al instante. Tapándose la cara de vergüenza con una mano y con la otra atrapando su panza cantante, desvió la mirada tratando de sobrepasar el mal rato.

-Mil perdones! –

Se animó a tomar un poco de agua que había servida en la mesa, calmando un poco su hambre. Ver al monarca comer enfrente de ella no la ayudaba mucho, pero era demasiado tímida como para comer enfrente a otras personas, así que se forzó por hacer que el agua bastara.
La afirmación de que su raza debería disculparse tomó por sorpresa a la joven, quien volvió a ladear levemente la cabeza

-Eh? Disculparse?… Acaso… -


Sería posible que este hombre no supiera de la milenaria guerra de laguces contra beorcs? Podría existir alguien tan inocente en este mundo? Sail no se lo creía.

-No creo que una disculpa...-

Dijo con tono frio encogiéndose sobre sí misma pero enseguida recordó lo muy en deuda que estaba con este humano en particular, por lo que no correspondía echarle culpas de una guerra milenaria. Se aclaró la garganta con un carraspeo y prosiguió.

-No es eso a lo que me refería, no tiene que disculparse por nada. Soy yo la que está en deuda.-

Se removía incomoda en su silla y tuvo que morderse el labio para que no se notara mucho su sonrisa cuando el beorc se refirió a sí mismo como “humano”. El hecho de que no fuera consciente de que entre los laguz era un término despectivo tan insultante como llamar a su raza “sub humanos”, hacía que le doliera el pecho de contener la risa. Con la expresión más amable que pudo le contestó.

-Oh! Si le resulta más cómodo, puedo decirle humano, así me va a entender mejor.-

Dio un nuevo sorbo a su copa para esconder la sonrisa en sus labios.

Dio una mueca ante la mala noticia que todo en esta gran isla estaba tomado por los emergidos también. No era que la isla de Kilvas tuviera gran problema con ellos, ya que sus afilados riscos impedían que estos seres llegaran hasta sus elevadas casas, pero dificultaba de igual manera el comercio con sus reinos vecinos, y Kilvas no era un buen productor de materias primas, necesitaban encontrar tierras verdes libres de plagas para poder obtener sustento.

-Ya veo… así que están por todos lados… Oh! Venían de enfrentarlos! Que valientes! Supongo que no pudieron averiguar de dónde venían, no?-

El humano se mostraba abierto, por lo que se animó a hacer preguntas más abiertamente. Mas los cuentos del duque desalentaban a la pequeña a obtener dicha respuesta. Era una realidad que tendría que afrontar, quizá nunca encontrara el pedazo de tierra libre de humanos  y emergidos que le había prometido a su señor.

Sigurd seguía insistiendo en que no le debía nada, y esto comenzaba a darle cierta ansiedad a la emplumada, debía darle algo! Era su obligación! Uno de los pocos códigos “morales” que le habían inculcado sus padres, y uno que defendía a capa y espada.

-Para vos vale lo mismo mi vida que un grupo de rumores o cuentos que le pueda yo contar? No digo que me sienta ofendida pero… asd… esperaba pagarle con algo de más valor que solo rumores.
Pero como usted diga.-


No disimuló que la había herido en su amor propio, podía llegar a entender que el noble no quería incordiarla… pero de igual forma era un recordatorio de la frase que le habían coreado la vida entera “tu no vales nada”.
Dejándose caer en la silla forzó a su cerebro a recordar algo que pudiera ser interesante para un beorc, pero al tener la mente en blanco, simplemente se limitó a contar su historia desde su inicio descubriendo el mundo humano, ya que no revelaría secretos de su hermosa tierra natal.

-Al oeste de aquí… en un reino llamado… como era? … Jehanna! Así se llamaba! Bueno ahí hay una ciudad de humanos que se dedica a comercializar abiertamente a los de mi raza. Ese fue mi primer encuentro con uno de ustedes… por eso es que estoy tan nerviosa de estar aquí adentro. Su líder es un hombre muy extraño y … perverso! Las cosas que vi que le hacía a los de mi propia raza… la forma en que los había cambiado…-

Tuvo que frenar un momento para secar las lagrimas que empezaban a correr por sus mejillas recordando aquellas horribles atrocidades que le hacían a su gente ahí, y las que casi ella misma es víctima también.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Dom Abr 10, 2016 4:30 pm

El gruñido proveniente del estómago de Sail hizo saber al duque sin ningún atisbo de duda de que la pobre muchacha estaba hambrienta. Sin embargo, la mujer alada se limitó a beber un simple vaso de agua en vez de comer nada de lo que Sigurd había dispuesto en la mesa. El duque soltó un leve suspiro y sonrió a la laguz.

-Puedes comer sin miedo, Sail. Eres mi invitada, y no sé cómo serán las cosas en tu hogar, pero aquí no se les pasa la cuenta a la gente que traemos invitada a comer.-dijo Sigurd con un toque alegre y bromista, pero ocultando cierta preocupación dirigida a la laguz.

No podía evitarlo. Pese a saber que esa mujer tenía más años que él, y que no era una “pichona” según los estándares de su raza, no podía evitar seguir pensando en ella como una niña. Una niña en plena fase rebelde, pero una niña al fin y al cabo ¿Sería que le estaba volviendo el instinto paternal? Su hijo ya era bastante mayor, por lo que no podía tratarlo ya como si fuera un niño ¿Acaso echaba de menos esa época y lo estaba sublimando todo en dirección a Sail, tratándola como si fuera la hija que nunca tuvo?

Ese instinto paternal se acentuó un poco más todavía cuando Sail utilizó por nos instantes cierto tono frío en el momento en que Sigurd se disculpó en nombre de toda la humanidad. Era evidente, aquella “chiquilla” había sufrido. Había sufrido mucho. Probablemente el encuentro con los cazadores y el despreció de los súbditos de Sigurd no eran más que una minúscula parte de lo que había experimentado la “joven” laguz. Si el resto del mundo se comportaba igual con ella, era lo esperable. Y eso enfurecía y entristecía a Sigurd por igual, pero se mantuvo en calma, para no asustar más a la chiquilla.

La joven enseguida recobró la compostura, e hizo un comentario acerca de que no le importaría pasar a llamarle humano en vez de beorc, si eso es lo que a Sigurd le interesaba. Claro está, Sigurd desconocía completamente el uso peyorativo que los laguz le daban a la palabra humano y por ende, no era consciente de las implicaciones que eso suponía.

-Llámanos como tú prefieras y te sientas más cómoda, no me importa. Sólo es una palabra, al fin y al cabo.-respondió amablemente al final el pobre ignorante Sigurd.

Las malas nuevas acerca de la situación de Jugdral, infestada de Emergidos, no parecieron gustar a Sail. Era lógico, ella había venido a éste continente en búsqueda de tierras libres donde poder asentarse su pueblo, e iba a tenerse que volver con las manos vacías. Pero Sigurd no podía hacer nada al respecto. Desde luego, no iba a mentirla para que se sintiera mejor, sólo para que se arriesgase ella sola a investigar por la zona creyéndose a salvo y acabara emboscada por otro grupo de homicidas Emergidos. La realidad era dura, y la verdad podía doler, pero siempre es mejor que vivir en la mentira, o en este caso, te mantiene más con vida.

Luego llegaron a la parte en el que Sigurd le pedía a Sail que le hablase del mundo exterior… Algo que la mujer laguz no se terminó de tomar muy bien. Incluso Sigurd lo notó, de lo obvio que era, que la pobre mujer alada se había sentido ofendida por la petición que le había hecho a la hora de pagar la “deuda” que tan insistentemente la laguz aseguraba haber contraído con el duque de Calphy. Estaba claro que los valores de una y del otro eran bastante distintos, pero Sigurd no creía que por ello estuviesen condenados a no entenderse. Nuevamente, decidió tomarse las cosas con calma.

-¿Sólo rumores? Creo que lo has entendido mal, Sail. Pensaba que una exploradora sabría lo importante que es la información, o al menos, el gran valor que ésta tiene. La información es crucial para todo, la información puede destruir gobiernos, mover a las masas, ganar guerras… Sabiéndola utilizar, la información es poder. O al menos, eso es lo que no paraban de decirme mis tutores una y otra vez cuando era pequeño y me educaban para el cargo que actualmente ocupo. Nunca los tomé demasiado en serio entonces, pero ahora que estoy aquí, no puedo evitar preguntármelo ¿Hubiera podido evitar todos los males que aquejan mi reino si me hubiera tomado más en serio las lecciones que me enseñaban mis maestros? ¿Hubiera podido defender mejor mis tierras de haber estudiado más detenidamente a los Emergidos, de haber comprendido que son? ¿Habría podido salvar a mi padre? ¿Saber por qué desapareció mi esposa? Son tantas preguntas, y ni una sola respuesta…-entonces se dio cuenta de que estaba divagando demasiado, y hablando de cosas demasiado personales ante alguien que acababa de conocer y no tenía por qué soportar sus penas o lamentos. Seguramente se abrió demasiado por el hecho mismo de sentir que aquella mujer era como una niña. El caso es que se dio cuenta de su error y carraspeó antes de disculparse.-Te pido perdón, Sail. No quería inquietarte con lo que son mis problemas personales. Simplemente quería demostrarte que sí tiene importancia el favor que te pido, pero he visto que me he ido por donde no debía. Lo siento profundamente.

Al final, Sail decidió cumplir con su parte, y empezó a hablar de un reino que se llamaba Jehanna. Sigurd sabía de lo que hablaba, un reino desértico del continente de Magvel. Pero sabía poco más, puesto que nunca había pisado el lugar. Lo que le contó entonces Sail le horrorizó en grado sumo ¡¿Una ciudad en donde se comercializaba con laguz abiertamente?! ¡¿Pero qué clase de locura era esa?! Para cualquiera con dos dedos de frente, aquellos seres debían ser tratados como personas y no ganado (al menos, desde el punto de vista de Sigurd). Que hubiera gente así le parecía al duque de Calphy una locura. Pero luego recordó como reaccionaron sus propios súbditos a Sail y entendió que la mayoría de los humanos (o beorcs) no pensaban como él. Eso, y la lágrimas que derramaba la pobre laguz confirmaros a Sigurd de la sinceridad de sus palabras. Rápidamente buscó un pañuelo y se lo presentó a la joven cuervo para que se limpiase sus ojos.

-Relájate, toma aire y respira hondo. No tienes que hablar de algo que te haga daño, si así lo consideras.-dijo el duque de Calphy, adoptando otra vez una postura paternal hacia la laguz, antes de adoptar un tono más serio.-Aunque agradezco que lo hayas hecho. Ahora puedo entender un poco mejor tu dolor y tu miedo a nuestra raza. Pero voy a prometerte una cosa. Mientras yo sea el duque de Calphy, jamás permitiré que semejantes prácticas se realicen en mis dominios. Perseguiré firme e incansablemente a quien ose trataros como meras mercancías. Quiero que reine la paz y la justicia entre todos, incluido vosotros.-prometió Sigurd con la mano en el pecho, como si estuviera haciendo un juramento solemne. Uno que estaba más que dispuesto a cumplir. Dicho esto, se calló, para que Sail siguiera haciendo su particular informe.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Mar Abr 12, 2016 5:13 pm

Sin hablar siquiera la muchacha sacudió enérgicamente la cabeza ante el ofrecimiento de la deliciosa cena que tenía enfrente. Ya debía mucho al humano, no quería seguir agregando cosas a la lista, por lo que dijo que no con la cabeza y volvió a llevarse el copón a la boca como forma de zanjar el tema.
La tarde comenzaba a avanzar por el cielo, dejando la habitación en tenues tonos rojizos. La poca luz que entraba por la ventana que era cada vez menor, le hizo acordar a la laguz todo el tiempo que había pasado desde que hubiera llegado a las costa de este enigmático reino, donde sus líderes eran amables con su raza, pero su pueblo no. Y donde los cuentos eran más valiosos que el oro. Dio un largo suspiro, nunca entendería del todo a los beorc.
Todavía faltaba para que anocheciera y la muchacha empezó a darse cuenta que si esto seguía así, tendría que partir durante la noche.. si es que se le permitía partir… El duque parecía dispuesto a que ella pasara la noche allí, en esa cómoda celda que le habían preparado, pero ella siempre preferiría dormir en las ramas de los arboles a en una prisión humana.  Aunque tenía que admitir, era una muy bonita prisión.

A sail se le pararon las plumas de inmediato cuando el duque dijo las literales palabras “Pensaba que una exploradora sabría lo…”. Era una frase muy cortita, muy mínima para que causara cualquier tipo de mella, pero la pequeña Sail, acostumbrada a la crítica y a la humillación, este tipo de frases eran las que más notaba y, por ende, las que más le dolían. Estaba haciendo tan mal su trabajo que hasta un beorc se lo recalcaba? No entendía que era todo eso que decía sobre información y poder, supuso que eran cosas que afectaban a los mortales, ya que en Kilvas nunca escucho de tal cosa, o vio tal práctica. Agarrándose la cabeza con ambas manos quiso morir de vergüenza ahí mismo. Otra vez estaba haciendo mal las cosas? Si le llegaba a generar mala fama a su señor por eso, nunca se lo perdonaría.
Hizo fuerza por recuperar la compostura y volver a sentarse erguida en su asiento.

-Eah…? Disculpé, pero la información es poder?-

Dijo tratando de ordenar sus pensamientos. No estaba dolida con el noble, solo consigo misma, pero debía preguntar de qué hablaba el humano con claridad, aunque eso significara quedar como una ignorante.

-Usted perdone, pero de dónde vengo el poder es el poder en oro el que vale. Y para tener oro, hay que tener fuerza para defenderlo… Como oro y fuerza se pueden comparar a unos cuantos cuentos? Disculpe pero eso no lo entiendo. –

Ya no intentaba pasar por culta, quería sacarse la duda de una vez por todas, esto sería un dato por el cual quizá su señor la felicitara al volver a Kilvas, pero solo eso, con suerte unas palmaditas en la cabeza. No le iba a dar una parte de su tesoro solo por hacer su trabajo, no? Si, estaba cada vez más convencida que la sociedad beorc era un mar de caos. Valían cuentos lo mismo que el oro? Como habían podido llegar a dominar al mundo?  Esa incógnita quedaría para siempre en la mente de la laguz.

-Esposa? Que es.. Ah! Es como llaman ustedes a sus mujeres, no? A sus compañeras. Había escuchado de que ustedes al elegir pareja hacen una especia de ritual, eso es verdad?
Un momento! La suya desapareció? Cómo?! … Oh! Disculpe, nuevamente estoy siendo demasiado insistente y metiéndome donde no me llaman.-


La pequeña bajo la cabeza y se quedó quieta en su asiento mientras terminaba de escuchar el relato del buen hombre, luego le llegó el turno a ella de contar su experiencia con su antiguo esclavista y para su sorpresa, no pudo contener las lágrimas en sus ojos. El benevolente humano rápidamente le acercó un pañuelo para que pudiera limpiarse y esta lo aceptó sin dudarlo, sonándose fuertemente la nariz.
Todavía temblaba recordando lo que había visto en el ducado de Sodoma. Las vividas imágenes de sus hermanos transformados en meras mascotas, subyugados por completo, y algunos cruelmente mutilados en sus rasgos… Eran imágenes que la acompañarían el resto de su vida sin duda.
Pero más allá de hacerle recordar de esa terrible experiencia, este humano parecía dispuesto a consolarla en el acto, por lo que levanto la cabeza y le dedico una honesta y gran sonrisa.

-G-gracias. En verdad eres un espécimen muy extraño de tu raza… Nunca había conocido a un beorc como tú. Muchas gracias por todo.-

Dijo mientras hacía ruidos extraños con su nariz, ya que le era difícil contener sus propias emociones en este momento. Este duque prometía cuidar y velar por los de su raza, y eso la conmovía. Lo que le recordó a alguien de improvisto.

-Ah! Hubo un humano que también fue generoso conmigo al igual que tu…. Un hombretón que parecía un leonino… En las costas de Begnion, yo había logrado escapar de mi jaula pero casi inconsciente a las pocas millas. Él me rescató y cuidó hasta que pude valerme por mi misma…. En el momento no supe ser muy agradecida con él… Si algún día me lo vuelvo a cruzar, veré de pagarle por su ayuda. Porque al igual que usted, tampoco quiso cobrarme nada… Es una especie de cultura en su raza eso?-
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Dom Abr 17, 2016 7:05 pm

El Sol empezaba ya a esconderse poco a poco por el horizonte, y así se podía comprobar si uno echaba un rápido vistazo por la ventana de la habitación en que Sail y el duque se encontraba. Eso traía un problema añadido para Sigurd, y es si permitir a la laguz pasar la noche en el castillo. Al duque no le importaba en lo absoluto el que Sail durmiera una noche ahí, pero dudaba mucho que el resto de sus súbditos pensasen lo mismo, por no hablar de la propia Sail, que era cada vez más obvio que se sentía incómoda de estar ahí. Pero por otro lado temía que le fuera a pasar algo a la “joven” si la dejaba marchar en mitad de la noche. Nuevamente, ese instinto paternal saltaba en relación a aquella laguz que tenía más años que él.

Pero aunque en su cabeza tuviese ese tipo de preocupaciones, eso no significaba que dejase de prestar atención a las palabras que soltaba la propia Sail. Al principio, iba a responder con respecto al valor que tiene la información (lo que ella llamaba “cuentos”) y su relación con el poder. Pero luego, cuando Sail preguntó por su esposa desaparecida, Sigurd no pudo evitar responder con sinceridad en un tema que tan hondo le tocaba.

-Tranquila, tranquila. No pasa nada. He sido yo quien he sacado el tema, al fin y al cabo. Es por lo muchísimo que la echo de menos. Sí, al igual que mi padre, mi esposa ha desaparecido. Pero a diferencia de mi padre, que desapareció en medio de una batalla contra los Emergidos, mi mujer desapareció aquí mismo, mientras yo estaba fuera luchando contra las mismas criaturas. Desapareció de la nada, sin dejar ningún rastro.-el tono de voz de Sigurd era en apariencia calmado y sereno, pero si uno se fijaba con atención, podía notar el sufrimiento que todavía albergaba el corazón del duque ante tan graves pérdidas.-¿Quieres un ejemplo de la importancia de la información, Sail? Bien, eh aquí uno: yo mismo estaría dispuesto a pagar toda la fortuna de mi familia sólo por saber dónde se encuentra mi esposa y si está o no a salvo ¿Dices que estás en deuda conmigo por haberte salvado? Si alguien me dijera dónde está ella, si está bien, por qué ha desaparecido, quién se la ha llevado,… Si alguien fuera capaz de responderme a esas preguntas, mi deuda con esa persona duraría toda la eternidad.

Sigurd se obligó a callarse y respirar hondo. Estaba claro que el tema le seguía afectando. Era evidente, la pérdida de su mujer había sido reciente y no la había superado. Lo peor era la ignorancia, el no saber si está viva o muerta, ni dónde está ni por qué se la llevaron. No había noche que no carcomieran las dudas al duque. Pero eso no justificaba el que dejase de comportarse como tal ante una invitada.

-Vuelvo a pedirte disculpas, Sail. No me he estoy comportando como un buen anfitrión. Si mis mentores me vieran, seguro que volvían a darme un capón con una vara de madera en la cabeza. No te he traído aquí para que escuches mis penas, lo siento.-Sigurd volvió a colocar su mano en el pecho en señal de disculpa hacia la laguz, para luego sentarse y hacerle una señal para que continuase hablando.

Aunque enseguida se tuvo que levantar para prestarle un pañuelo y consolarla después de que ella misma rememorara recuerdos bastante trágicos. Ella agradeció otra vez el gesto del duque tras limpiarse la cara y sonarse los mocos. Sigurd buscó rápidamente un cubo donde poder echar el pañuelo usado y se lo dejó al lado de la laguz, para que depositase el pañuelo una vez hubiera acabado con éste.

Mientras, Sali pasó a un recuerdo más alegre, hablando de cómo Sigurd no fue el único que ayudó a la laguz en un momento de necesidad y que lo hizo de manera desinteresada. Obviamente, el duque desconocía por completo quien era el hombre de aspecto leonino del que hablaba Sail, pero por la forma en que ésta hablaba de él, era más claro que el agua que se trataba de una buena persona. Sail no pudo evitar preguntar si ayudar de manera desinteresada formaba parte de la cultura “beorc” a lo cual Sigurd le costó reprimir una carcajada.

-¿Cultura? No. Al menos, no en mi caso. Para mí, ayudar a los demás es cuestión de un código de honor. Es el código de los caballeros, de los héroes de leyendas y de todos aquellos que luchan por la justicia y el bien de su pueblo: Valor, compasión, lealtad… Ayudar al prójimo, defender al inocente y enfrentarme al mal sin vacilar un instante. De pequeño mi padre siempre me contaba historias acerca de cómo eran aquellos hombres del pasado y las grandes gestas que hacían. Y también me contaba lo humildes y desinteresados que eran en vida, a pesar de lograr que por sus hazañas fueran recordados por toda la eternidad. Desde que escuchaba esas historias, siempre quise ser uno de esos caballeros.-Sigurd parecía emocionarse un poco, recordando melancólicamente el momento en que su propio padre le contaba ese tipo de historias cuando él era un niño.-Mis mentores siempre me dicen que soy demasiado idealista e ingenuo por pretender comportarme como los héroes de esas historias, que la vida real es mucho más dura y que un hombre de mi posición no puede ser tan bondadoso ¿Pero sabes una cosa? Yo no les creo, nunca los creí. Porque ya se me ha demostrado que sí se puede ser un caballero, incluso ahora. La prueba está en mi padre, quien siempre se comportó como el héroe que sueño ser. Jamás osó mi padre compararse ni un instante con los caballeros de las historias que me contaba, pero para mí, son idénticos. Mi padre siempre fue valiente, siempre fue honesto. Siempre fue desinteresado. Siempre fue abierto. Siempre fue leal. Para mí, siempre fue un héroe. Por eso mismo, sé que tiene que estar con vida… ¡Un héroe no puede acabar de esta manera, derrotado por la escoria Emergida! ¡Tiene que estar en alguna parte! ¡Y yo lo encontr…!-Sigurd se detuvo al darse cuenta de que otra vez más se había dejado llevar por las emociones, y esta vez, se abofeteó suavemente la cara para obligarse a mantener la compostura. Tomo aire profundamente, otra vez.-¡Por Baldo! Lo siento, lo siento muchísimo. No paro de volver a lo mismo una y otra vez, perdóname ¡Argh! ¡Es tan frustrante! Pero no puedo evitarlo. Yo… los echo mucho de menos. Si al menos supiera que ha sido de ellos…

Sigurd se sirvió un vaso de agua y se lo tomó de golpe, como esperando así acabar con ese arrebato que le estaba dando y que le ponía en clara evidencia delante de Sail. Luego, volvió a sonreír a la laguz.

-Un héroe no se pasa la tarde gimoteando delante de alguien que acaba de conocer. Eh aquí una prueba de que todavía me queda mucho por aprender. Pero no voy a desistir. Seré un duque que traerá honor y justicia a mi pueblo, de forma que todos puedan vivir felices y en paz. Absolutamente todos.-y remarcó el absolutamente, como si estuviera incluyendo a Sail dentro de ese grupo, aunque en los hechos ella no fuera súbdita del duque.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Mar Abr 19, 2016 12:40 am

Suspiró ligeramente de alivio al comprobar que no había hecho ninguna pregunta lo suficientemente comprometedora como para que el portentoso duque se enfadara con ella, por lo que más tranquila pudo volver a sentarse erguida en su silla. Pero aunque no había incordiado al noble con tal pregunta, no significaba que hacerle recordar su pasado fuera tampoco agradable.
Se llevó la copa a los labios y mordisqueo el borde de esta nerviosa mientras simulaba beber. Obviamente algunas gotas resbalaron por su barbilla, pero la pequeña estaba ensimismada como para darse cuenta. “pagar por información?” Esa idea resonaba en su mente, nunca se había planeado en su larga vida que tal cosa se pagara con dinero. Siempre le habían contratado para mover cartas y paquetes de un lado al otro de la alianza laguz, y en algunas contadas ocasiones si le habían pedido que escuchara conversaciones que no debería escuchar y llevara los resúmenes a sus amos, pero lo hacía porque era su deber como miembro de la parvada, por porque fuera a recibir una remuneración en preciado oro por ello. El oro valía mucho más en Kilvas de lo que valía en el resto del mundo, ya que el nivel de tus arcas era directamente proporcional a tu estatus social, por lo que para una ave deforme como ella, poseer dos monedas de oro, eran un tesoro con el cual soñaría la vida entera.

-En verdad le gustaría volver a encontrarla? Yo podría buscarla por usted… Eso ayudaría a pagar mi deuda, no? En verdad preferiría pagarle de esa forma que seguir contando historias sin sentido de humanos que para mi raza no tienen ningún valor. –

Se puso firme al realizar su planteo, ya que no bromeaba, ni quería que el duque pensara que lo decía con el semblante indebido. No le temblaba el pulso y lo decía sacando plumas afuera, tratando de mostrarse lo más solemne posible.  Pese de que había estado llorando y que sabía que eso afectaba la imagen que quería dar.
El generoso noble le extendió un gracioso pañuelo que se sentía extraño en su mano, la pequeña nunca había sentido el rose de la seda contra la piel, por lo que apenas se animó a secarse la barbilla, temerosa de dañar de forma severa aquella delicada pieza de tela, fascinante entre sus dedos. Vio que le acercaba un cubo para disponer del pañuelo, pero col la mayor vergüenza pidió en un susurro

-M-me lo podría quedar? Nunca tuve un retazo de tela tan bonito-

Mientras el noble no le contestaba, jugó torpemente con  la suave fibra entre sus dedos, estaba húmeda, pero no le importaba, a sus ojos era un tesoro valioso y lo trataba como tal.
La carcajada sobresaltó a la pequeña que no esperaba que su inocente pregunta fuera a generar tal reacción en su interlocutor. Era en verdad tan gracioso considerar una práctica en común parte de una cultura? O habría dicho un chiste de humanos y no se había dado cuenta? Demasiadas dudas, muy pocas respuestas, nerviosa volvió a mordisquearse las uñas sin saber cómo tomarse realmente aquella risa. Código de honor? Había escuchado esa frase antes… pero dónde? Ni siquiera lograba recordar su correcto significado, mucho menos recordaría su fuente. Pero para su buena fortuna el duque enseguida le dio una breve lección de su significado. Relato que escuchó muy interesada y con ojos atentos, ya que la forma en que narraba su interlocutor denotaba pasión hacia esas palabras, dándoles el significado que su propio corazón ponía en ellas.
La forma en que hablaba de su padre la asoció rápidamente en cómo veía ella misma a su señor Naesala. El fantástico y benévolo joven rey de Kilvas, quien había salvado a su raza de la extinción y que los mantenía unidos bajo sus alas. El solo recordar a su amo hizo que a Sail le vibrara el pecho con la misma intensidad que su interlocutor, obligándola asentarse erguida en su asiento y contener el aliento mientras escuchaba el fantástico relato.
La leve bofetada que el propio noble se diera también sirvió para despertarla a ella de su ensueño, tan atrapada había quedado imaginando a su señor como el hombre del relato de Sigurd, que también se había perdido en las palabras. Pestañó un par de veces antes de volver a levantar la mirada.

-Ah? Un héroe? Ehm.... señor… usted ES un héroe. Lo fue hoy para mí. Y si seguimos su relato, lo es todavía más y más generoso que los beorcs que cuenta en sus relatos, ya que… dudo que cualquiera de ellos se hubiera molestado en salvar un monstruo como yo. Así que si salva a quien lo necesita sin mirar quien es… si, incluso para mi gente… eso se podría llamar héroe.  
Y … y a mí me corresponde devolverle el favor!
Permítame salir a buscar a su padre.. o a su esposa! Deme una pista, una descripción, y allí a donde vuele buscaré a estos humanos. Puede que ustedes tengan caballos, pero yo tengo alas, y mis plumas y yo siempre le ganaremos a cualquier caballo que me ponga delante. Pst! Le he ganado a mis propios congéneres! -
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Miér Abr 20, 2016 3:43 pm

Cuando Sail, con pleno coraje y determinación, le dijo a Sigurd que ella misma se proponía a encontrar a su esposa desaparecida, le costó creerlo. Pero se daba cuenta de lo seria que lo decía la laguz, posicionada de manera firme y con sus negras alas erizadas. El duque de Calphy se había quedado sin palabras un momento, como si le costase asimilar aquello. Al fin y al cabo, lo que veía era una niña. Ya le habían avisado que no lo era, y que posiblemente tuviese bastantes más años que él. Pero para Sigurd, aquella mujer no era más que una chiquilla que como mucho rozaba la adolescencia.

¿Qué podía hacer una niña dónde tanto él como todos sus hombres, entrenados y capacitados, habían fracasado inmisericordemente? El siquiera planteárselo era una locura ¡estaría enviando a la laguz a la muerte! ¡A manos de los Emergidos, o algo peor! ¿Quién sabía que odioso monstruo había secuestrado a su mujer? ¡No podía enviar a la pobre Sail a enfrentarse a ello! ¡Era imposible!

Fue entonces, mientras el duque se comía la cabeza con aquello, que la laguz le preguntó si podía quedarse con el pañuelo que le había dejado en vez de tirarlo al cubo. Sigurd pareció que volvía a tierra con aquellas palabras, asintiendo con la cabeza.

-Todo tuyo, sin problemas. Guárdalo como un recuerdo de la hospitalidad de Calphy.-le dijo Sigurd sonriente mientras retiraba el cubo que le había puesto al lado. Sabía que el único que había sido hospitalario con ella en su ducado había sido él mismo, pero esperaba igualmente que no por ello Sail guardase demasiados malos recuerdos del lugar, que al fin y al cabo, era su hogar. Lo que también le llamó la atención era que la laguz dijese que nunca había tenido un trozo de tela tan bonito… ¡Pero si sólo era un pañuelo! Sí, era de tela, pero tampoco era un artículo de lujo exagerado ¿qué clase de vida había tenido la laguz hasta entonces?

Cosas como aquella le inclinaban aun más a negarse a la petición de Sail de ayudarle a buscar a su familia desaparecida. La pobre ya parecía haber sufrido bastante en su aparentemente larga vida, y no quería Sigurd causarle más sufrimiento obligándola a participar en una búsqueda tan desesperada como aquella.

Pero la segunda vez que Sail habló para pedirle que le dejase ayudar para buscar a su esposa o su padre, Sigurd se vio obligado a detenerse para volver a pensar. No podía negarlo, se notaba que la chica alada estaba realmente decidida. Ya había visto antes lo realmente motivada que estaba desde un principio en hacer algo para compensar el trato recibido del duque. Quizás fuera algo de la cultura o de los valores que tenían los laguz, el siempre pagar las deudas que se contraen con los demás. Parecía ser que si se negaba a la petición de Sail de ayudarle, la estaría insultando directamente, y ya bastante había sufrido la mujer como para hacerla sentir peor.

Pero había algo más. Efectivamente, tanto él como sus hombres habían fracasado en todos los intentos que habían tenido de encontrar a su pare y a su esposa. Pero había algo que era cierto, la mayoría de sus hombres en Calphy jamás habían salido de Grannvale. Él mismo tampoco había estado fuera del continente. No conocía nada del mundo exterior. Y sin embargo, ahí tenía delante a alguien que sí que daba pruebas de que conocía el mundo, o al menos parte de él ¿Y si su esposa o su padre habían se encontraban en otro continente? Con el tiempo que había pasado desde su ausencia, podían estar en absolutamente cualquier parte.

El caso es que necesitaba ayuda para encontrar a su familia. Ya había hecho todo lo que estaba en su mano y el resultado había sido nulo, por lo que quedaba claro que él sólo no lograría resultados ¿Iba a renunciar a la ayuda cuando esta se la ofrecían en bandeja delante de sus ojos? Su orgullo de noble le empujaba a resistirse, pero su amor hacia su esposa y su padre, así como el estado de desesperación en el que se encontraban, le obligaron finalmente a ceder. Eso sí, no lo haría de cualquier manera.

-¿Quieres ayudar a encontrar a mi padre y a mi esposa? El hecho de que te propongas a ayudarme me alegra muchísimo, pero quiero que seas consciente del problema. Mi padre desapareció en una batalla contra Emergidos. De seguir con vida, probablemente esté en manos de esas criaturas… Caso extrañísimo porque esos seres nunca hacen prisioneros, pero por otro lado, si los Emergidos lo hubiesen matado, hubiésemos encontrado su cadáver en el campo de batalla. El caso es que, sea como sea, quien lo haya apresado debe ser alguien muy poderoso, pues mi padre es realmente hábil a la hora de luchar y defenderse. También debe serlo quien secuestró a mi mujer. Entrar en el castillo, apresarla y llevársela sin dejar ni un solo rastro… Eso no puede hacerlo cualquiera. Aprecio muchísimo tu propuesto, desde el fondo de mi corazón, pero el riesgo de ayudarme en esta empresa es realmente elevado ¿aun así, quiere realmente ayudarme?

Dejo un momento para que Sail pensase bien su respuesta. No quería que se precipitase en lo más mínimo, sino que quería que la laguz comprendiese bien dónde se estaba metiendo si de veras quería pagar de esa forma la deuda contraída con el duque. Sigurd bebió un vaso de agua y continuó.

-Para una descripción de mi padre, hay retratos de él en varios pasillos del castillo. Te acompañaré para que los veas. De mi amada esposa no hubo tiempo a hacerle ninguno, mas encantado estaré de describírtela.-explicó Sigurd acariciándose la barbilla, para luego añadir, con cierto tono de preocupación en su voz.-No quiero que arriesgues en vano tu vida. Me sentiría verdaderamente destrozado si me enterase que por mi petición egoísta te ha llegado a pasar algo malo. Tu vida es lo primero, y no pensaré menos de ti si en tu caso decides abandonar antes de ponerte en peligro para satisfacer un deseo que sólo me atañe a mí y a mi ducado… Pero si logras encontrar algo, una pista, lo que sea… Te recompensaré. Te recompensaré con creces. Te daré todo lo que me pidas y esté a mi alcance darte. Te lo vuelvo a prometer, como duque de Calphy. Eso sí, tú me tienes que prometer que volverás sana y salva.-volvió a dar su palabra Sigurd, promesa esta vez que evidenciaba como detrás de la serenidad y caballerosidad que hacía gala aquel hombre, había alguien que estaba realmente desesperado por volver a reunirse con sus seres queridos. Pero que al mismo tiempo, la de alguien que no estaba dispuesto a sacrificar la vida de aquella “joven” laguz por ello.
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Invitado el Lun Abr 25, 2016 11:52 pm

Sail sentía que se le hinchaba el pecho de emoción. Si! Iba a poder pagar su deuda con el noble humano! Aunque sonara tonto, a ella le hacía gran emoción, ya que significaba que no tendría  que preocuparse de deberle nada a nadie, aunque debía admitir que el aspecto sombrío y la seriedad con la que hablaba el noble sobre la tarea hacia que se le anudara el estómago , pero no por ello iba a desistir de la tarea.
Que pensaba el humano que iba a hacer ella para encontrar a sus familiares? Meterse en Goldoa a revisar dentro de los hocicos de los grandes dragones?  Si pretendía que la pequeña hiciera eso… como debería decirle que simplemente volaría por los alrededores y preguntaría a todo aquel que le diera oídos? Bueno, si él pensaba que realmente haría algo tan hozado claramente no la conocía, pero también le permitía parecer que estaba pagando de sobra su deuda. Lo estaba engañando al noble? Mmmm…. Esa era una pregunta difícil de contestar, pero en su mente ella apuntaba a que no, por pura conveniencia.

-Ehm… Por supuesto… ehm… donde fue la ultima vez que fueron… Un momento, su esposa desapareció así nomás? Sin dejar rastro alguno? Como es eso posible? Ósea, su padre es entendible… esta en batalla. Pero su esposa? No habrá… usted sabe…-

Sail no encontraba las palabras adecuadas para hacer referencia a que quizá la humana se hubiera aburrido del esbelto hombre y estuviera “corriendo aventuras” por su cuenta. Ósea, era una práctica común entre los laguz, quizá lo era también para los humanos. Pero viendo el semblante triste y desesperado de su anfitrión decidió que lo mejor esa no escarbar más en el tema.

-Cof, cof. Bueno, si usted me deja ver cualquier retrato de ella, de seguro podré encontrarla fácilmente. Un humano tan poderoso como usted debe tener una hembra particularmente bella. Esas nunca pasan desapercibidas.-


Guiñó un ojo juguetón. Estaba terriblemente animada y entusiasmada. Había conocido a un humano fascinante que la había salvado de otros humanos, la había acogido y curado y se había incluso inclinado ante ella. Y ahora, para mejor, le encargaba una misión de búsqueda y rescate. Cuanta emoción, estaba tan exaltada que casi se había olvidado de las huestes de borcs que circulaban por palacio echándole miradas frías y de repulsión.

-Asd.. Todavía queda un asunto… Para hacer todo esto no podré hacerlo dentro de estas cuatro paredes… tampoco dentro de las murallas de la cuidad… Por lo que me preguntaba… Cuando podré irme?-

Era una pregunta directa y con un deje de “mal agradecida” pero llevaba horas en la punta de su lengua y ya no la podía retener más.  Aunque también no pudo resistir reír ligeramente cuando el noble le pidió que le prometiera que regresaría sana y salva.

-Descuide señor, me hago la misma promesa todos los días antes de abandonar el nido-
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Sigurd el Miér Abr 27, 2016 1:14 pm

Sigurd seguía sintiéndose mal. Por muchas veces que se decía a sí mismo que esa chica alada que tenía delante no era una niña y que realmente podía serle útil a la hora de encontrar a su padre y/o a su esposa, el duque seguía sintiéndose mal por el hecho de solicitarle que le ayudase a dar con aquellos dos desaparecidos. Pero la petición de ayuda ya estaba dada, y por más que quisiera, si se echaba para atrás lo único que conseguiría sería herir todavía más el orgullo de la laguz. Por tanto, decidió ayudarla con la misión encomendada con toda la información que pudiera.

Lo primero era aclarar la posibilidad de que su esposa se hubiese marchado por propia voluntad. Por un segundo, Sigurd se sintió dolido por el hecho de que Sail se le llegase a ocurrir que aquello era mínimamente posible, pero se calmó al recordar que ella no conocía en nada a su esposa y por tanto no tenía por qué saber lo muchísimo que se amaban.

-No, es imposible que se haya ido por propia voluntad. Ella me ama a mí tanto como yo la amo a ella. Y si eso no te sirve, te diré que también ama a nuestro hijo con todo su corazón, al igual que lo hago yo. Jamás hubiese abandonado a nuestro hijo sin decir nada, aún en el hipotético caso de que dejase de amarme a mí. Cierto que la desaparición de mi esposa es todo un enorme misterio, pero una cosa puedo darte por cierta: alguien la secuestró, pues jamás marcharía sin avisar.-Sigurd sonó bastante serio, como dejando bien claro que la idea de que su mujer les hubiese abandonado a él y su familia era una idea totalmente errada y había que dejarla fuera de consideración.

Entonces, Sail le pidió que describiera a su esposa. Por desgracia, como ya le había avisado, no hubo tiempo de hacerle un retrato a su amada esposa antes de tan misteriosa y desdichada desaparición, por lo que Sigurd se vio obligado a tener que describirla de palabra(*). No se cortó en detalle alguno, desde altura, tamaño, color de pelo, color de ojos, forma de la nariz, tonalidad de los pómulos, tamaño y forma de su cuello, talla de ropa, talla de zapato, cómo le gusta ir vestida... Sigurd sabía todo de su mujer, y a pesar del tiempo ya transcurrido desde su desaparición, la seguía recordando perfectamente.

Después de describir a su esposa, y cerrado ya el trato, Sail le pidió a Sigurd si podía indicarle el camino para salir de su castillo. Sigurd de entrada asintió con la cabeza, entendía que la laguz quisiese marcharse ya, antes de que terminase de anochecer. El duque no tenía problema alguno en que Sail pasase la noche en su castillo, pero dudaba que sus súbditos fueran de la misma opinión, y entendía que la chica alada quisiese estar lejos de un lugar que tanto desprecio le había mostrado salvo el caso del mismo duque.

-Entendido, Sail. Te acompañaré hasta la entrada del castillo. Si necesitas coger algo antes de partir, adelante. Comida, agua, mantas, lo que necesites… No te cortes, considéralo una parte del pago por adelantado, si te preocupa deberme algo.-inquirió Sigurd, preocupado por la seguridad de la laguz ella solita ahí fuera en plena noche. Esperó a ver si Sail aceptaba alguna cosa y luego la acompañó fuera de la habitación hacia la entrada.

Durante el trayecto, hubo la fortuna de que se cruzasen con pocos de sus hombres. Dichos soldados de guardia saludaron al duque como era costumbre, pero en ese caso, le dedicaban miradas de temor y preocupación, y sobretodo trataban de eludir mirar a Sail todo lo que podían. Nuevamente, Sigurd se dijo que tendría que hablar seriamente con todos sus hombres.

Justo cerca de la entrada del castillo, se encontraba un cuadro del padre de Sigurd. El duque se lo mostró a Sal, para que le sirviera de descripción a la hora de encontrarle. Le avisó de que el cuadro era de unos cuantos años, pero que su padre había envejecido bastante bien, y salvo por tener unas cuantas canas de mas, no había mucha diferencia con el hombre que aparecía allí retratado.

Y por fin, tras ordenar abrir el portón de su castillo, el duque salió del mismo en compañía de la laguz, para despedirse de ésta antes de que ella emprendiera su viaje en solitario y él regresase a ver a su hijo, que con tantas cosas que habían pasado ni tiempo había tenido de ello. Estas fueron las últimas palabras que le dedicó a Sail antes de la marcha de ésta.

-¡Cuídate mucho, Sail! Espero de corazón recibir buenas noticias tuyas. Y prometo que me encargaré de hablar con mis soldados y educar a mi propio pueblo para que la próxima vez que nos visites no tengas un recuerdo tan desagradable ¡Buen viaje!-y con una leve reverencia, se despidió de la laguz.

OFF(*): En principio, la persona a la que describe Sigurd es Deidre/Diadora, la esposa oficial de Sigurd en el juego. Pero como existe la posibilidad de que alguien se haga ese pj y quiera rolearlo de manera distinta, parto de una descripción neutra. Lo mismo digo del padre de Sigurd, quien es Byron/Vylon, pero en donde se puede dar la misma circunstancia

OFF2: Por mi parte, dejo el rol así. Tú si quieres, puedes hacer un post más de cierre o mandarlo a cerrar ya. Lo que tú prefieras. Que sepas que me ha encantado rolear contigo y espero repetir pronto con la cuervita ¡Muchas gracias por el rol, Sail!
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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

Mensaje por Eliwood el Lun Mayo 16, 2016 4:37 pm

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Re: Segunda piel (Privado Sigurd - Sail)

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