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Sigurd, the Holy Knight

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Sigurd, the Holy Knight

Mensaje por Sigurd el Dom Feb 21, 2016 5:35 pm

Sigurd
Lord
”No debemos olvidar nuestro deber como caballeros de proteger a nuestro pueblo”

Datos
Nombre: [Sigurd de Chalphy]

Edad: [36 años.]

Clase: [Lord.]

Especialización: [Espada.]

Afiliación: [Grannvale.]

Ocupación: [Duque de Chalphy.]

Personalidad

Caballero de brillante armadura. Si hubiera que definir a Sigurd con solo cuatro palabras, ninguna podría definirlas mejor. Es valiente, honesto, serio, amable, cordial y servicial con sus amigos e implacable y feroz con aquellos que osan perturbar la paz y por ende se convierten en sus enemigos. Es un hombre defensor de la justicia y del orden, pero no por ello cree en la tiranía y siempre se esfuerza porque reine la concordia y la libertad entre los suyos. Y sobretodo es alguien leal. Si alguien logra ganarse la amistad o confianza de Sigurd, éste no le traicionará y le prestará siempre su apoyo, por muy duras o adversas que sean las circunstancias, no dudando en poner en riesgo su propia vida si así es necesario.

Como defectos, se le suelen atribuir dos. El primero es el de ser un poco demasiado lanzado, de los que actúan precipitadamente sin pensar primero, lo que le suele traer siempre más de un problema. Pero el otro defecto al que se le suele atribuir es el de ser demasiado bueno para su bien, y por ende, ser demasiado ingenuo o inocente en ocasiones. No es muy difícil ganarse su confianza si uno aparenta actuar de buena fe, lo cual puede llegar a tener muy trágicas consecuencias para alguien que ocupa tan alto cargo. Sin embargo, Sigurd no tiene intención alguna de cambiar su forma de ser.

Historia del personaje

Sigurd es el hijo primogénito del duque Byron de Calphy, uno de los seis ducados principales que forman parte del gran reino de Grannvale, y como tal, heredero a puesto de tan suma importancia. Sigurd apenas mantiene recuerdos de su madre, pues ésta murió en el parto de su única hermana, Ethlin. Aun así, pese a la carencia materna, siempre fe bien cuidado, y disfrutó del gran amor paternal que le profesaba su padre. Byron era un hombre de honor, pero también de familia, y cuando no estaba ocupado con las tedias labores de Estado, siempre pasaba tiempo con sus hijos. Sigurd amaba a su padre, pero también lo respetaba y lo admiraba. Para él, su padre era el modelo a seguir, aquello a lo que debía aspirar. Sigurd gozó de una buena educación a pesar de que los libros no eran lo suyo, pero sobretodo destacó en equitación y en combate, algo que fue considerado óptimo por si alguna vez el ducado de Calphy se levantaba en armas. Aun así, sus mentores le regañaron en varias ocasiones, debido a que su naturaleza impulsiva no le hacía en ocasiones el más idóneo para liderar una batalla.

Llegado a la veintena, Sigurd contrajo matrimonio con una hermosa dama y al poco tuvieron un hijo varón sano, el cual fue nombrado heredero del ducado una vez que Byron y Sigurd hubiesen pasado a la otra vida. Aunque no fue hasta el trigésimo quinto cumpleaños de Sigurd que una oleada de Emergidos azotó Grannvale y se hizo un llamamiento a los seis ducados para detener la amenaza. Byron acudió con la mayoría de sus hombres a la batalla, y si bien el ejército unificado de Grannvale salió triunfante… el padre de Sigurd no regresó. Sigurd movilizó a todos los hombres supervivientes de la batalla para encontrar a su padre desaparecido, pero no encontró rastro alguno de él por ninguna parte. Pasó el tiempo, y tras no tener noticia alguna de Byron, Sigurd fue nombrado duque de Calphy en contra de su voluntad. Pero ahí no acabó la cosa. Al poco de ser nombrado duque, cuando regresó a su castillo tras otra campaña al servicio de Grannvale, se encontró con otra atroz, misteriosa y devastadora noticia: su amadísima esposa había también desaparecido sin dejar rastro alguno. Al igual que hizo con su padre, Sigurd movilizó tierra, mar y aire para encontrarla, pero tampoco encontró rastro alguno de ella. Estuvo a punto de sumirse en la desesperación, pero entonces recordó que todavía le quedaba su hijo, y como su propio padre le había seguido cuidando y amando, mostrando lo mejor de si mismo incluso tras el fallecimiento de su madre. Por ello mismo, decidió seguir adelante. Por su hijo, siguió luchando por convertirse en el mejor gobernante y el mejor padre que pudiera existir. Y sin embargo, no hay día que pase en que no piense en su padre y esposa desaparecidos ¿los encontrará alguna vez? Sólo los dioses lo saben.

Extras

-Tiene un caballo blanco, que se llama Eolo. Lo lleva cuidando desde que era un potrillo y lo ama casi tanto como a su familia. Es su compañero de batalla más fiel y también su mas noble confidente (aunque el equino no entienda ni una sola palabra de lo que le dice su amo)
-Adora al Dios Baldo, un dios menor de la Batalla y el Valor que sólo es reconocido en su propia región y del que dicen las leyendas que es el origen del linaje de los Calphy. Sin embargo, la mayoría considera aquello mismo como mera superstición.
-Por esa misma regla de tres, Sigurd suele responder considerando supersticiones y supercherías el resto de religiones, y no tomándose en serio prácticamente ninguna de ellas salvo la suya propia.
-Aunque no soporta leer, le gusta el teatro y las epopeyas y es mecenas de alguna que otra compañía, siempre que sus arcas lo permitan.

Prueba de rol

Sigurd avanzó al galope, con la espada en la mano y de un tajo cortó medio gaznate de uno de los Emergidos, mientras que su caballo Eolo embestía y atropellaba a otro gracias a la velocidad de aquella carga. Sus soldados le siguieron y dieron rápida cuenta de todos los demás seres infectos, quedando ya muy pocos en pie tras semejante acometida.

-¡Malditos seres de ultratumba! ¡Largaos de mis tierras! ¡Mientras siga con vida, ninguno de vosotros amenazará al pueblo de Calphy! ¡¡MORID!!-gritó Sigurd a los Emergidos mientras con la mano derecha levantaba su espada en alto. Acto seguido, tiró de las riendas de Eolo y volvió nuevamente al ataque.

Sus hombres gritaron al unísono, un grito de guerra y de coraje, y todos volvieron a cargar contra aquellas bestias con forma humana que habían atacado ímpiamente una aldea bajo la protección del ducado de Calphy. Sigurd no tuvo piedad, ni falta que hacía, pues éstos no la tuvieron con las familias que destruyeron y quemaron. El ataque contra los Emergidos había sido sorpresa, y tras el ataque inicial, los hombres de Sigurd contaban con clara ventaja numérica. El enemigo no se rindió, y prestó batalla pero no logró siquiera causar una sola baja antes de ser diezmado completamente. Los Emergidos habían perdido la batalla nada más empezar.

Al final, todos habían sido aniquilados menos uno, quien a pesar de haber sido atravesado con una lanza, se debatía en el suelo entre la vida y la muerte. Sigurd desmontó de su caballo y se acercó a él para colocarle la espada en el cuello.

-¿Dónde está mi padre? ¿Tenéis algo que ver con la desaparición de mi esposa? ¡Responded ahora mismo!-ordenó tajante el duque de Calphy mientras miraba fijamente a los ojos al ahora indefenso y moribundo Emergido. Éste simplemente se atrevió a responder con una serie de rugidos indescifrables pero llenos de rabia y odio.
-Es inútil, mi señor. No os dirá nada. Los Emergidos nunca dicen nada, sólo matan.-le dijo uno de sus hombres a sus espaldas, con cierto tono condescendiente.
-Lo sé, pero no perdía nada intentándolo.-respondió Sigurd y entonces clavó la espada en el gaznate del Emergido, matándolo en el acto ¿Un acto de misericordia? ¿De rabia? ¿O de ambas cosas a la vez? Ninguno de los presentes supo interpretarlo bien.

Sigurd limpió su espada con un pañuelo y luego la envainó para dirigir su mirada hacia los hombres y comprobar con gran alivio en su corazón que efectivamente todos estaban bien. Se dirigió hacia su noble corcél y montado de nuevo sobre él, se dirigió nuevamente hacia sus tropas:

-¡Soldados de Calphy! No podría estar más orgulloso de todos vosotros. Otra vez hemos logrado defender nuestras tierras de semejante mal y nuevamente ha sido con el apoyo de todos y cada uno de vosotros. Y aunque todavía acecha la amenaza de los Emergidos sobre nuestro hogar, hoy estamos más cerca de lograr la paz que tanto ansiamos ¡Gracias a todos por volverme a prestar vuestra ayuda! ¡Volvamos ahora a casa a celebrar la victoria!

Las palabras de Sigurd fueron respondidas con vítores y aplausos de sus hombres, para luego todos juntos iniciar la marcha de regreso hacia su hogar. Los ánimos estaban realmente encendidos, todos extasiados por una alegre victoria tras tantos momentos de pesar y desdicha. Mas en el caso de Sigurd, lo único que anhelaba era volver cuanto antes para poder estar en compañía de su hijo. Al fin y al cabo, tras volver de una misión como esta su esposa había desaparecido. Y nada temía más que semejante destino le aconteciese también a su hijo.  
Afiliación :
- GRANNVALE -

Clase :
Lord

Cargo :
Duque de Calphy

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [3]
Esp. de bronce [2]
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1026


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Re: Sigurd, the Holy Knight

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 21, 2016 5:51 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1305


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