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Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

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Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 14, 2016 10:21 pm

Lo prometido en cartas de antaño, intercambiadas en una época más brillante con el rey de Altea, se había llevado acabo al fin por obra del príncipe. Eliwood era recibido en el reino de Altea bajo invitación aliada y disfrutaba de sus calles, su aire de un distante deje marítimo, sus palacios, sus torres apuntando a un despejado y bellísimo cielo estrellado. No era, sin embargo, la gloriosa caminata de dos diplomáticos entre una procesión de festejo que el marqués y el desaparecido monarca habían pensado, sino la movilización de una larga marcha de guerra. A los ojos de Eliwood, no había luz ni gloria en batallar a muerte con un ejército con el que no se podía siquiera intentar la negociación, un ejército cuyos motivos desconocía y de cuyos soldados su alma a menudo se apiadaba, pero Altea y sus tropas sabían hacer elegante tan obscura campaña, como habían sabido ambos dirigentes hacerla atractiva y provechosa al ojo público. Presente allí como uno de los comandantes del gran ejército de la alianza, se antepuso como caballero de inquebrantable voluntad antes que un simple hombre de piadoso corazón y dirigió el frente plegiano de la batalla con la mente sosegada y el pulso firme.

Pero prefería por lejos aquel momento, la tranquilidad nocturna que resaltaba sus pasos en el camino hacia el palacio. Había tenido oportunidad de admirarlo ya en su llegada, antes de iniciar las primeras ofensivas, pero lo apreciaba más aún sin las tropas enfilando afuera y el metal destellando en armas y armaduras. Además, sería aquella su primera oportunidad de reunirse con el príncipe propiamente y a solas desde que había pisado Altea; ni siquiera una reunión formalmente pactada, sino una visita personal, una suerte de celebración en la que esperaba reafirmar el estado de las cosas. Dependía de los números tan notoriamente superiores del ejército alteano, después de todo, y asegurarse de tener al príncipe satisfecho con todo era una prioridad.

Los guardias abrieron las puertas por él a su paso, inclinándose al saludarlo. Eliwood consultó por el príncipe antes de proceder a través de los grandes salones, las escaleras de mármol recubiertas de alfombras y los amplios pasillos colmados de pinturas, hasta arribar al estudio en que, según le habían indicado, el príncipe Marth seguía aún trabajando. Su mano se detuvo en la perilla de la puerta mientras exhalaba tendidamente, enderezando su semblante ya pulcro, impecable en el uniforme militar negro sobre el que resaltaban las numerosas medallas plateadas y doradas. Aquel era el momento; si tenía al príncipe consigo a través de la gran campaña libertaria, si continuaba cediéndole el favor de su nombre, sus tropas y su reino hasta que todo aquello terminase, Pherae estaría libre y a resguardo por muchos de sus días. Aquel era el momento de saber que Marth estaba convencido, de contentar a la corona aliada y atisbar el horizonte de la época oscura. Colaborar con el pequeño príncipe no había sido sino fácil y agradable hasta ese entonces, su aprecio por él era profundo y personal, y no pensaba de su alianza como una unilateral ventaja ni un acto de argucia de cualquier clase, pero lo cierto era que lo necesitaba y tenía que saber que lo tenía.

Y ayudaba mucho saber que el joven noble le veía con atentos y gentiles ojos. Pensó en las palabras de añoranza intercambiadas por carta, escritas con toda intención de ver cómo reaccionaba y respondía, la cercanía que había llegado a tomar con él en su estadía en Pherae, las caricias de prueba, las palabras halagadoras y las sonrisas apenas dadas. Lo había hecho adrede, se lo admitía, como un coqueteo adolescente en busca de acumular favor, sólo para estar seguro de que lo ganaba. Diplomacia, reuniones y una dosis de todo aquello para asegurar que resultara bien. Y sí había captado su atención, después de todo.

Al entrar al estudio, Eliwood buscó el rostro ajeno con una sonrisa mil veces practicada puesta ya en los labios. Seguro en su andar, se dirigió a la silla de tamaño aún excesivo para el joven, frente a un escritorio demasiado cargado para sólo un príncipe, lo que más saltaba a su atención como memorable respecto al estudio. Pasó a su lado para rodearlo, la espalda siempre recta y las manos detrás. - Con su permiso, príncipe Marth.- Palabras dichas por mera formalidad estando ya dentro; suficiente habían compartido en torno al movimiento militar como para justificar su presencia, como comandante. Bien podía ser que trajese aún más trabajo para el atribulado regente, el informe de la jornada o algún asunto nuevo que llevar su atención, mas no era el caso. No demoró en oírse el clickeo metálico de un enganche que se desprendía, retirando de su cinto el sable que portaba, señal de que dejaba sus tareas bélicas de lado por el momento. El arma fue dejada ceremoniosamente en un mueble destinado a sostener espadas largas, y el marqués acudió entonces junto al príncipe, tomando asiento en un taburete a la esquina adyacente del escritorio. Allí tomó la mano ajena de la tarea en que estuviese ocupada y la llevó a sus labios en saludo, aunque no fue el dorso, sino sus dedos donde apenas posó los labios, más personal en aquel modo. Lo estaba haciendo adrede otra vez, ser lo más agradable y complaciente posible; y esa era la forma en que sabía serlo. Sonrisas cálidas, caballerosos gestos, atención. - ¿Está trabajando aún? Sus caballeros comienzan a preocuparse por usted, no me haga unirme a ellos. -
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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Marth el Miér Mar 02, 2016 11:22 pm

Marth veía con buenos ojos aquel movimiento que habían comenzado, era una luz de esperanza después de estos últimos dos años de caos. Desde la desaparición de su padre había sentido que había caído en sus manos un país roto, un país que había sido ícono de prosperidad, de honor y ejemplo para sus vecinos, había caído en la misma desgracia y desesperación que el caos mundial estaba dando, los habitantes perdían sus tierras, sus familias e incluso sus vidas, los soldados perdían la esperanza y comenzaban a ver la lucha como una causa perdida, eran superados en número y el país estero estaba cayendo bajo estos enemigos. Su padre había hecho todo lo posible dentro de sus posibilidades para salvarlos a todos, pero no había podido ser posible, las filas de soldados flaqueaban y Altea perdía terreno. Al llegar el príncipe a poner manos sobe la mesa de estrategia, con su mirada endurecida por su dura crianza, siendo primero gobernante antes que hijo, hermano o siquiera persona, tomó las duras decisiones junto con sus estrategas de concentrar sus pocas tropas en puntos estratégicos. Le había dado la espalda a parte de su gente, y era un peso con el que había tenido que cargar en silencio, una decisión que había guardado como secreto de estado a ojos exteriores, era muy consciente que de ser sabido aquello, su actual alianza con el territorio de Elibe no habría resultado... por más que lo pensaba, la culpa seguía allí, había dejado a su suerte dos de sus islas, casi un tercio de su territorio y había concentrado sus fuerzas en limpiar la isla de gobierno y en comenzar a rastrillar desde la costa hacia Ylisse y Plegia en el territorio del continente, una concentración de soldados compacta y efectiva que iba limpiando a su paso. Tardó varios meses pero había recuperado aquella imagen de país prospero y ejemplo para sus vecinos... aunque el peliazul ya no sintiese que "honorable y de valores" era algo con lo que podía llegar a identificarse en ese momento.

Marth no lo había comprendido en su momento pero ahora entendía que el rey había ido a las filas del frente para alzar la moral de las tropas, lo había visto con sus propios ojos la diferencia que hacía en el campo de batalla un soldado inspirado en su misión que uno que daba la batalla como perdida. Necesitaba su ejercito motivado y la presencia del gobernante era la mejor manera, él mismo iba a hacerlo... el solo pensamiento le hizo temblar su mano, el trazo prolijo y limpio de su delicada caligrafía se vio abruptamente interrumpido por un manchón de tinta al ser presionada la punta de la pluma contra el lino. Su ceño se frunció y se apartó un poco de la mesa observando el cuadrado cuidadosamente planchado sobre la superficie, una hoja de fibra de lino, mucho más duradera y fuerte que el simple papel, documentos que deberían durar siglos, registros históricos que servirían para su futura descendencia, y lo había arruinado, tendría que comenzar de nuevo. Suspiró cambiando de hoja, apoyando el paño blanco sobre esta y encima su mano con la pluma para no manchar y desde el inicio comenzó nuevamente a escribir. La figura delicada y solitaria del príncipe en su amplio escritorio era iluminada por las velas, no solo las de los candelabros de las paredes, sino también de la que le acompañaba en el escritorio, una vela dentro de un tubo de cristal que evitaba cualquier accidente con el fuego, las ventanas abiertas del estudio dejaban entrar una brisa nocturna agradable que movian las pequeñas llamas sobre cada una de las velas, la silueta del príncipe, pequeño en un escritorio aún grande para él, estaba delineada por la luz amarillenta del fuego y sumada a su extrema quietud concentrado en su tarea, tan quieto que parecía una pintura.

La puerta se abrió y la cabeza del príncipe se alzó para ver quien ingresaba sin anunciarse, muy pocas personas tenían esa clase de confianza, por no decir que en el castillo solo eran dos y fuera de este, solo se lo permitía a uno... y este último era. El marqués de cabello rojo se acercó al escritorio mientras el príncipe secaba la pluma con un paño destinado a dicho fin y la dejaba sobre el portaplumas y cerraba el contenedor de tinta apoyando una pieza de cristal y corcho sobre la abertura. Una sonrisa mil veces ensayada afloró en los labios del príncipe en respuesta a la sonrisa de escena de su temporal general. En el mueble donde este colocaba su espada estaban dos espadas ya dispuestas, un florete de fino corte, empuñadura labrada y funda de cuero blanca y en posición privilegiada por encima de esta, la espada de plata que había sido entregada por el marqués apenas unas semanas atrás, estaba pulida por lo que brillaba tanto como una joya y en su funda de madera se veía tallado y pintado, agregado a la pieza original sobre una amalgama de plata, el escudo de Altea, un poco más abajo, también agregado en cuidadosos tallados se encontraba el escudo de Pherae, ambos escudos pintados con oro y plata poniendo los toques de color correspondientes con joyas talladas y encastradas en las formas de correspondían, un trabajo más de joyería fina que de herrería.

Movió un poco su silla para quedar enfrentado al noble cuando este se acercó anunciando su entrada cuando ya estaba en el medio de la sala, a él se lo permitía, incuso disfrutaba aquella confianza - Todo suyo, Lord Eliwood. Me alegra verle bien. - verle vivo y con todas sus extremidades ya era "verle bien" en tiempos de guerra y que estuviese de un humor agradable era aún mejor. Le siguió con la mirada permitiéndole que tomase su mano aunque no sin sentir el rubor subir a sus mejillas, el contacto de los labios empeorando aquella condición aunque bajo aquella base de maquillaje apenas si se veía un cambio sutil en sus mejillas. Sus dedos se tensaron un poco sobre la mano que le sujetaba y no la retiró, dejando sentir ese contacto unos instantes - Lamentablemente el deber no conoce horas, estimado. Por favor, no se preocupe, no se una a ellos. Muchos de ellos trabajan en el castillo hace más de una década, varias en algunos casos, y les cuesta un poco no verme como el niño que costosamente podía mantenerse despierto sobre su libro de estudios cuando el sol caía. - su comentario fue dado con un tono relajado y hasta con un tinte de broma, pero es que era verdad, hasta uno de sus caballeros le había recordado su corta edad así como la importancia de su descanso, pero no podía simplemente abandonar sus deberes.

Los instantes de silencio el príncipe se había quedado mirando los ojos azules del marqués, encontrando las muy sutiles marcas de la edad pero lejos de hacerle perder atractivo, lo realzaba. Bajó su mirada cuando se encontró a sí mismo con esa clase de pensamientos tan poco aptos, apresurando sus palabras para cortar un poco la intimidad de aquel silencio - ¿A qué debo el placer de su presencia? Es tarde, si simplemente ha venido a entregarme su reporte, podía haberlo hecho en la mañana e ir directamente a su habitación a descansar. No me gustaría que se presionase demasiado. -


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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Eliwood el Dom Mar 13, 2016 5:09 am

Su mano jamás dejó la ajena. Por unos momentos perduró en el mismo sitio, apenas distanciando los dedos del menor de sus labios mientras la oía hablar; por sobre el cuidadoso agarre vigilaba los gestos del príncipe, consciente de que tomaba ese tímido semblante ante él más fácilmente que antes. Nunca había acudido tan presto el color a sus mejillas, sutil pero notorio, un color pastel sobre otro. Injustamente bello para tratarse de un varón. El distante e impecable muchacho que había arribado a las costas de Pherae meses antes se había tornado cada vez más gentil hacia él, imposible dictaminar en exactitud qué era lo que le había ablandado, si acaso tiempo, regalos, encantos o muestras de lealtad, pero el resultado yacía a la vista. Todo a un paso de distancia, al alcance de una mano. La suya bajó, sin soltar la ajena, jugueteando con una caricia de los dedos contra su palma al permanecer entre ellos, apenas sobre la rodilla del joven monarca. No era necesario darle atención en ese modo, pero sus manos tenían la fragilidad de la verdadera nobleza, eran agradables de acariciar.

- Puedo imaginarlo, sí. Pero descansar es parte de su deber en estos momentos, le necesitaremos en condiciones mañana, como todos los restantes. Esta es sólo la primera jornada de muchas aún, mi príncipe. - Respondió en buen humor; aún con Marth recalcándolo, menos podía separarse de la forma en que sus cuidadores le veían. Él también era bastante mayor, después de todo, y en la ligera ternura que tenía al muchacho no podía evitar interpretar sus esfuerzos desmedidos como un error pueril. Hasta donde tenía entendido, toda aquella marcha de guerra estaba colmada de primeras veces para él, en poco distinta a sus propias campañas de antaño. Miró de forma pasajera la transcripción que realizaba, sin encontrar allí señas de algo verdaderamente urgente. Por algo el joven monarca se había permitido ser separado de la tarea, después de todo. Dio un corto suspiro, más comprensivo que cualquier otra cosa. - Confíe en quien le habla desde la experiencia. La inquietud pasará, todo caerá en su ritmo. Es sólo la primera noche, la que suele sentirse extraña. -

Separó un poco su atención, apartando la mirada del trabajo en el escritorio para buscar un detalle concreto, una pieza de importancia. Casi no había reconocido la espada que le había entregado, no con todas las modificaciones realizadas en su funda, pero el tamaño y la forma general le hacían reparar en ella de regreso. Sí la conservaba consigo, después de todo. Era importante para él, el cuidado que le estaba dando más aún. Buscó luego los otros, más pequeños detalles traídos de sus tierras, cajas de música etrurianas y trivialidades vistosas que delatasen la parcialidad del menor hacia él. Aún con un semblante tranquilo, no del todo íntimo, no tomaba una distancia física del príncipe. Intencional o no, no tenía él el más mínimo problema en hablar en esa cercanía, mantener su voz baja y no romper semblante. Podía estar más cerca aún, rozar el rostro ajeno, y aún entonces podría continuar hablando con la misma calma. No era fácil de alterar, no con cosas como aquella. Sus dedos continuaron ausentemente la caricia en la palma ajena, recto él en su sitio, revestido en el negro y dorado del uniforme militar y manteniéndose aún en el molde de su general.

- Sea indulgente conmigo, entonces. Tan sólo quería pasar tiempo con usted, no he tenido la oportunidad desde que he llegado; no a solas, quiero decir. Aunque sus hombres me familiarizaron muy amablemente con su ciudad. Si no me han dado el recorrido completo, han estado cerca de... aunque, claro, el encanto de los museos, teatros y plazas es más que pasar fuera o alrededor de ellos. - Y no habría de conocerlo sino hasta que las cosas verdaderamente pasaran, la inquietud no se lo permitiría de otro modo; podía pasar un tiempo largo hasta entonces, pero se le veía ya contento, considerablemente ilusionado con sólo eso. Altea era su clase de reino, lo comprobaba en cada detalle. Volvió la atención a las juveniles facciones ante él, los atentos ojos que no siempre conseguía leer. En ese momento, valía la pena intentar. - Pero haremos concesiones si es lo debido. Sin detenernos a celebrar aún, sólo a modo de evaluación, quisiera saber qué piensa del movimiento y su progreso hasta ahora. Si hay algo que debamos de discutir o ajustar, ha de ser de forma inmediata siempre, y por carta muchas cosas no consiguen ser exactamente ágiles. Por favor, dígame qué piensa. - Dijo. Mantener su mente aún en el trabajo era algo que compartían; y su disposición estaba vuelta de lleno a oírle pacientemente, por cuan crucial era aquella empresa. - ¿Han sido de utilidad mis recomendaciones? ¿Han dado satisfactorios resultados? -

Aquella era, pues, la forma de saber si le tenía contento. El movimiento no había sido de entera autoría de uno ni otro; la movilización militar era manejada casi en su totalidad por las fuerzas de Marth, sus estrategas, sus soldados, inclusive en las tierras de Pherae y de Lycia en general, pero el ángulo diplomático de ello había sido guiado por Eliwood. La imagen, el cómo ensanchar las filas pero mantener la liberación bajo sus banderas. Muchas ideas habían sido complejas de desentrañar y muchas decisiones habían sido largamente discutidas, no daba por sentada impresión alguna del alteano ahora.
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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Marth el Dom Abr 10, 2016 12:13 am

El tacto entre ambos era delicado, sutil, apenas como un roce entre telas movidas por el viento, suficientemente efímero como para poder ser tomado como solo ruido de fondo y no prestarle demasiada atención, si llegaba a ser un tacto que ameritase atención entonces sería inapropiado pero esos pequeños roces no eran más que muestras de respeto, confianza y un deje de admiración. Marth apreciaba demasiado al mayor, sus sonrisas amables y palabras suaves no eran más que una capa superficial de hombre encantador cubriendo una mente maravillosa que había sorprendido al príncipe en más de una ocasión, especialmente en tiempos de conflicto. La inexperiencia del príncipe en la guerra estaba saliendo a la luz y agradecía que lo hiciera en la intimidad, frente a sus consejales, soldados y demás se mostraba seguro, pero no podía evitar que sus manos sudasen dentro de sus guantes y su corazón latiese tan fuerte que temía que los demás fuesen a escucharlo. Había estudiado mucho al respecto, se sabía casi que de memoria cada batalla rendida en el territorio de Akaneia en los últimos siglos, había estudiado sus tácticas, los movimientos de los enemigos y los propios, éxitos y fracasos y este era el momento de poner todo aquello en práctica.

Al notar la mirada del marqués sobre sus escritos, también lo hizo él, mirando la prolija caligrafía en perfecta línea recta. Se tomaba su tiempo para escribir, cada letra un trazo cuidadoso como si estuviese haciendo una ilustración y no solo transcribiendo datos y redactando informes - La primera noche... se nota que habla desde la voz de la experiencia, mi estimado marqués, pero no puedo evitar sentir esta primera noche tan anormal y larga, este día en general se ha sentido como una semana entera y ni siquiera siento el cansancio. - los nervios seguían en su sistema, había hablado con tanta gente ese día y había leído a la vez que escuchaba noticias, se sorprendía que la sobrecarga de información no le hubiese  hecho perder noción de si mismo aún.

El escritorio estaba sumamente ordenado, cada objeto en su lugar, las plumas y punteros acomodados en la cabecera del escritorio, hojas nuevas a un lado, hojas secando al otro, el tintero tapado y a un lado el paño para limpiar la tinta, demasiado limpio y blanco, seguramente descartado después de cada uso o puesto en la mesa de algún escriba, no permitiendo que el príncipe estuviese con materiales usados o manchados, aún si era solo por el uso normal. En una de las esquinas se veía el objeto rectangular, la caja de música que había traído desde el otro continente, sobre esta se veía una pluma blanca y una flor seca atadas con una cinta azul, la pluma del laguz que le había acompañado y una flor que había traído entre las páginas de un libro como recuerdo de una decoración en su habitación en Pherae. En las estanterías tenía objetos nuevos aunque el marqués no supiese cuales habían estado allí antes, tenía un pequeño ornamento metálico que sería como pisapapeles, se veía la figura de un caballo con sumo detalles, incluso en sus crines y cola, lo había obtenido en un paseo a Ilia, a un lado tenía un libro, una novela de autor Lyciano que aún no había podido leer, aunque si el marqués conocía el título sabría que allí había contenido no apto para personas inocentes, pues un romance simple entre una doncella y un caballero se transformaba en un relato de pasión entre la doncella y el escudero que era su real amor.

El tacto en su mano pasó de ser notorio a ser solo algo casual, algo que podía mantener sin pensar demasiado en ello, la tranquilidad del marqués le ayudaba a mantenerse tranquilo él también y la pregunta le dio algo que pensar - No creo que haya nada que ajustar realmente... sus consejos han sido excelentes y no h perdido tiempo en aplicarlos... incluso el último. - dijo viendo su trabajo a medias y usando solo la mano que tenía libre colocó las hojas terminadas encima y la pluma en su respectiva cajita la cual cerró con un suave "click" del seguro. Una sonrisa amable y sutil decoró su rostro regresando su atención al pelirrojo, apenas moviendo su cuerpo hacia un lado para enfrentarlo mientras hablaban - Ya me han dicho que su desempeño con las tropas ha sido impecable y solo he oído halagos hacia su persona de parte de quienes trabajaron con usted. Las estrategias han sido puestas en marcha y veremos resultados prontos, las filas se ensanchas y las banderas ondean gloriosas sobre sus estandartes. Tengo buenos presentimientos al respecto. - se sentía la ilusión en sus palabras y sus dedos tensándose un poco sobre la mano ajena, toda la idea le recordaban a las historias de caballeros, estaban haciendo sus propios pedacitos de historia, él en particular comenzaba a ganarse el espacio en la pared de ser un rey digno a Altea.

Sin embargo al ver el pequeño cofrecito sobre la mesa la sonrisa se borró de inmediato al recordar su contenido, por unos momentos se mostró perturbado y recordó por que intentaba tener su mente más ocupada de lo normal. Volviendo a poner un velo sobre sus sentimientos volvió la sonrisa cortes a su rostro - ¿Cómo se ha sentido en esta empresa? ¿Cómo ve el movimiento? ¿Cree que vamos por buen camino? ¿Qué prontamente estaremos celebrando la libertad? Ansío poder ya emprender viaje a Elibe nuevamente y liberar a sus tierras para poder disfrutar una vez más de estas, aunque esta vez sin terrores en los bosques. - el recuerdo de aquella noche le hizo herizarse, recordó demasiado claro los brazos del pelirrojo alrededor suyo y la oscuridad de la noche que le habían permitido soltar su temor en un silencioso sollozo. Repentinamente el tacto de sus manos se volvió demasiado evidente, demasiado presente y con un gesto delicado quitó su mano.


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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Eliwood el Dom Abr 10, 2016 3:34 am

Desde su lado lucían tan diferentes las cosas, pero recordaba aún estar en la posición del joven príncipe; a menor escala, y sin embargo, manejándolo de peor forma. Había aprendido con rapidez y comprendido a la perfección el flujo del combate, había sabido hasta donde prestar oído a sus caballeros y consejeros, había aprovechado los recursos a mano y había reconstruido Pherae a la ausencia de su líder. Tranquilo, en la familiaridad de lo que ya había sido largamente preparado para hacer. Pero tardó meses, sino años, en aplicar una mano dura y resoluciones severas. Jamás se había hecho propiamente un guerrero. Marth parecía más alterado de lo que había estado él, pero su fortaleza lucía ya bastante mayor, admirable. No suponía que fuese difícil ayudarle con las partes a las que aún no se adaptaba. - Intentaremos acortar la noche, entonces. - Respondió con facilidad. Con aquello, en particular, no estaba intentando ganarse su atención ni insinuar nada, tan sólo serle amable, pero tenía el infortunio de sonar de tal modo con demasiada frecuencia. La cercanía no ayudaba. Empero prosiguió en intentar ayudarle, sólo porque deseaba hacerlo. - No querrá recibir otro día de estos sin un descanso de por medio. Ha sucedido mucho, falta bastante más. No sé si esté a la altura de aconsejarle, menos hablar como un mentor suyo, pero... -

No necesitaba insistir de sobra. En el último tiempo, Marth había llegado a seguir sus instrucciones tan fielmente como las ideas que daba a modo de mera recomendación; si acaso porque había estado en acierto todas esas veces, o porque la confianza del pequeño príncipe hacia él se había vuelto tal. En esos simples asuntos, le veía en ánimos de obedecerle también, dejando el trabajo hasta allí a su indicación y dedicándole la entera atención de su mirada azul claro. No siempre había sido así, no, estaba seguro de que era tan sólo recientemente que había llegado a tal complacencia. Si se lo había ganado hasta ese punto ya, era algo de lo que aún no se permitía convencerse, aunque la presencia de regalos y recuerdos suyos en la estancia le daba cierto buen presagio al respecto. Asuntos a confirmar, aún. Justamente para eso estaba allí.

En primera instancia, parecía tenerle a gusto con su desempeño. Ilusionado, inclusive, con lo que en la limitada situación habían logrado construir; y no se lo estaba atribuyendo a su propio ejército, varias veces más numeroso que el de Eliwood, ni a sus recursos o sus reinados, también mucho más abundantes que los del marqués. Parecía ver equilibrio en el desarrollo de las cosas. Eso aliviaba al menos una de sus inquietudes, le daba espacio a tener al alteano en deuda consigo, tanto como lo había estado él desde el principio. Tranquilizado por ese hecho, entretuvo la vista en el gesto juvenil y admirativo en el rostro del menor, de cierto modo satisfecho de que le viese con esos ojos. Le sentaba mejor que una expresión seria. - Me alegra haberme hecho de utilidad. - Asintió, pasando su pulgar en leve caricia sobre sus nudillos. Los dedos algo fríos al principio se habían templado ya. - La imagen pública de la campaña parece progresar de la forma que planteé, el público no ha sido perturbado en absoluto por lo que sucede y nos ha recibido notablemente bien en la marcha. Hasta nos han visto todo el camino hasta la costa para despedirnos, en la primera partida. - Comentó con una leve risa, guardando aún el recato en sus gestos. Jamás había olvidado que era el pueblo, justamente, el que transformaba una miserable empresa en una marcha de gloria, y era bajo aquella idea que había insistido tanto en el enfoque que toda aquella movilización tuviese al ojo público. Hasta el momento, había funcionado. Y aunque los asuntos bélicos jamás terminaran de agradarle, eso había contribuido también en hacerle las cosas más llevaderas. - Y por supuesto, los contratos externos y sus condiciones han funcionado como se esperaba. El ejército, en su totalidad, sigue comportándose y funcionando bajo las pautas de ambos de los nuestros. -

Esos habían sido sus deberes, inicialmente. Restaba aún su parte como uno de los generales del ejército, mas estaba directamente bajo Marth en aquel aspecto, en menor autoridad y menor responsabilidad. Más de un líder máximo jamás resultaba conveniente y el combate no era su área de maestría, no había pensado dos veces antes de decidir que debía ser Marth quien se quedase con el cargo; una adecuada contraparte a su responsabilidad sobre el aspecto diplomático y las preparaciones, a fin de cuentas. Pero si le pedía su reporte y su impresión, había tenido suficientes experiencias en el día como para dárselas.

No perdía detalle, sin embargo, de que había perdido la atención del pequeño monarca por unos instantes, como había perdido su mano de la propia. Enseguida preocupado de ello, se aseguró de buscar al menos su atención de regreso, pues con el contacto no tenía más opción sino dejar ir. Con la mención de los bosques de Pherae, Marth la daba una fácil forma de hacerlo y el hombre mayor la aprovechó sin dudar, bajando el tono de su voz a más privado volumen. - Ah, ¿creí que no estaríamos mencionando aquello, ni siquiera privadamente? - El tono era levemente bromista, pero la mirada un tanto más afilada y la sonrisa un tanto más acogedora le harían saber a qué se refería. Pondría la mente del menor de regreso a su persona, así fuese por un par de momentos. Prosiguió con naturalidad. - Su buen presentimiento es justificado, príncipe. El desempeño en el campo de batalla en la jornada de hoy ha sido excelente, y a juzgar por el ritmo al que progresamos... sí, diría que Altea no tomará más que una estación. Lycia, seguramente menos aún. No me cabe duda de que lo lograremos. - Aseguró, sincero. Era un peso fuera de sus propios hombros, aquel optimismo que se permitía. - Y como he predicho, bajo el sistema que empleamos, anexando así fuera temporalmente los contratos mercenarios al ejército de nuestra alianza, será su bandera a la que se adjudique su propia liberación. Sin espacio a dudas. - Otra gran inquietud alguna vez cuestionada, a la que había sabido ver solución rápidamente. Con sus ánimos también mejorados, se acomodó con algo más de calma en la silla; separado del contacto con el príncipe, en ese entonces, y aunque no era un detalle tan importante, verle le hacía quererlo de regreso. Ignoró el impulso, ya volvería a tal cosa si era prudente. Tan sólo concluyó con otra optimista noción. - ¿Quizás deba comenzar a pensar en lo que deseará hacer posteriormente? -
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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Marth el Lun Abr 25, 2016 3:46 pm

Se apresuró en las palabras ajenas sin llegar a interrumpirlo, solo con una sonrisa amable para calmar las inquietudes del marques - Por favor. Su experiencia le da más que altura para aconsejar. Le respeto, marqués, su experiencia supera la mía en este tipo de situaciones, y si bien comprendo que no será lo mismo administrar y liberar un territorio de las dimensiones y características de Altea con lo que es hacerlo con su marquesado, confío que comprende y ve la situación con ojos y juicio más capacitado. Por favor, tomaré su consejo si desea dármelo. - no faltó a la oportunidad de hacer un pequeño recordatorio de la posición de cada uno, más o menos experiencia, seguía siendo un príncipe heredero, único varón en la generación, con un marqués de un territorio en un país aún de menor tamaño del que el peliazul gobernaba. No lo hacía con ánimo turbio, simplemente un gentil subrayado en lo que en esa clase de situaciones se tendría a olvidar, aunque en el mismo lugar reconociendo la superioridad en experiencia e incluso, en algunas medidas, intelectual, del marqués volviendo aquella alianza lo fuerte que debía de ser.

Rápidamente bajó su mirada a sus propias manos en un vistazo muy sutil volviendo al rostro del marqués casi al instante, manteniendo aquella sonrisa ligera y tratando de ocultar lo mejor posible aquel ligero rubor - El pueblo alteano siempre acompañará a los soldados en alegría hacia el borde de la batalla, es de conocimiento general que nuestras leales tropas velan por su seguridad. El amor que el pueblo que tiene a su país es el alimento de la moral de un ejército, el compromiso que genera ese amor en el corazón de un soldado siendo la necesidad de defender y cuidar. Me sentiré feliz cuando pueda dar buenas noticias a quienes nos dan tanto apoyo. Y confío que se sentirá usted feliz cuando el pueblo alteano le festeje y acompañe hasta el puerto cuando las tropas viajen a Lycia para repetir el labor que están realizando aquí. - le entusiasmaba tanto aquello como le entusiasmaba lo que estaba pasando en su propio país en ese momento. Tenía muy presente que la liberación de Lycia sería mucho más sencilla que la de Altea y sería un movimiento político sumamente beneficioso, sobretodo por el volumen de tropas alteanas que pelearían bajo bandera de Lycia pero con uniforme alteano en tierras del marqués. Sabía que estrecharía lazos entre ambas naciones y tendría una imagen pública en el otro continente que sería más que provechosa.

Las palabras del marqués le tomaron desprevenido, su rostro acentuó el rubor aún más y su lengua pareció jugarle una mala pasada al tartamudear sin decir nada, no se había referido a la escena en el bosque si no al encuentro con los emergidos con su hijo, que había sido en un área arboleada a la costa de un río, un pequeño bosque a su vista, pero recién caía en cuenta que no era algo que el marqués supiese. Intentó reponerse rápido apartando la mirada, intentando buscar en que entretenerla pero no tenía nada con que distraerse más que el hombre que le había arrinconado. Ya había dejado los papeles acomodados así como sus instrumentos de escritura, por lo que se vio obligado a enfrentar la situación con la mejor cintura que pudiese tener - N-no era a eso a lo que m-me refería... estimado... yo hablaba... - su voz bajó hasta ser apenas un murmullo que murió con las palabras ajenas, agradecido de ser salvado de una situación tan vergonzosa intentó mantenerse serio aunque quedaba al evidencia en su rostro, bajo la fina capa de polvo perfumado en su piel, el rubor que se negaba a irse y entibiaba sus mejillas. Tan firme como pudo respondió con su voz aún joven y algo temblorosa, estaba cansado por el duro día y un tanto torpe con sus acciones sociales no le permitía ocultar tan bien sus reacciones... y el marqués parecía estar tocando los botones justos para desbaratar la poca estabilidad que le quedaba - ¿Posteriormente? Pues... No he pensado en detalle, pero presumo que sería pertinente una celebración, una feria quizás y espectáculos para el pueblo y los soldados, un día de celebración en las barracas con cerveza para quienes se han ensuciado las manos y una cena para la corte, podríamos hacerla mismo aquí y sería de buena vista para nuestros vecinos mostrar la plenitud de Altea y Lycia y el cómo superamos este obstáculo con gracia y sin casi bajas en nuestros pueblos. - se recomponía mientras distraía su mente de aquello... aún manteniendo en conveniente omisión que Altea si había tenido grandes bajas que estaba dispuesto a recuperar, pero esa campañas serían tomadas por él, sería él quien recuperaría las islas y llevaría la paz a todo el territorio. No consideraba prudente que el marqués supiese aquello. Los rectos hombros del príncipe bajaron un poco y se quedó con un gesto un tanto triste en sus ojos al terminar de hablar, el pensar en una cena de gala con la corte le recordó la reciente perdida de la que iba a ser su futura esposa. Había fantaseado con el momento de presentar a la futura reina de Altea a su pueblo, en compartir la cabecera de la mesa en sus cenas, y sobretodo se preocupaba por la necesidad de una esposa para poder tomar su lugar al trono siendo la ausencia de su padre ya cada vez más difícil de justificar, imposible si Altea se liberaba. Todos esperarían ver volver al rey de la batalla en tiempos de paz.


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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Eliwood el Sáb Mayo 07, 2016 10:18 pm

Marth ostentaba una posición superior a la suya en todo sentido, no olvidaba eso, pero contaba, en cierta medida, con tener al príncipe muy distraído de ese hecho. Oír que era consciente de la diferencia le puso de cierto modo en alerta. Lo cierto era que pedir alianza a un reino tanto mayor era invitar a que Pherae fuese tomado de una discreta forma; la ayuda, las banderas, las ordenes y la representación de un ente más grande más poderoso. Eliwood había buscado ese pacto bajo el conocimiento de que era algo que necesitaba hacer, y la confianza de que podía manejar las cosas, más aún con el príncipe ocupando temporalmente el lugar del rey. Contar con el respeto y la admiración de Marth hacia su persona era importante. En alerta y ahora mucho más atento a cada palabra y reacción delatora del menor, dejó todo pasar bajo una sonrisa agradecida. - ...hmm. Comprendo. - Y hasta allí. Realmente tendría que saber lidiar, llevar a paso cuidadoso ese crítico momento.

- Un pueblo satisfecho es excelente propaganda. Lo que el mío tanto como el suyo ve y verá de toda esta situación, es que la época oscura termina a manos de las personas a quienes se confiaron. Y ya que los contratos externos entraron a modo de soldados temporales, tanto ellos como los demás gobiernos verán que es el mismo ejército el que lo consiguió. Es por eso que su gente responde tal y como hacía antes; o mejor aún, quizás. El ambiente ya luce excelente, la moral está alta, el ejército cumple y la gente está agradecida... sí, estoy seguro de que las cosas se quedarán como deben ser. - Respondió con calma y seguridad; no necesitaba pensárselo demasiado, se había calculado de antemano y no era sorpresivo que así resultara. Si algo inesperado había, eso sería la parte que aportaba la gente de Altea, respondiendo mejor de lo que Eliwood calculaba a ese espectáculo de caballería. Tenían gusto, eso podía tenerlo por seguro. Paseó la vista por la contenta expresión en el rostro del príncipe, los pequeños gestos de nerviosismo y timidez que ante su cercanía llegaba a dar de tanto en tanto, y se sintió bastante más tranquilo. Necesitaría mantener eso. - De momento, no tengo más perspectiva que ofrecer, príncipe. Sólo queda esperar y ver la expresión de esta alianza desenvolverse. Espero se esté sintiendo satisfecho de haber aceptado. -

Esa era la letra fina, esos eran los hechos. Si esa alianza no duraba, estaba en serio peligro de que su pequeño territorio fuese absorbido como una colonia de la nación mayor, en cuyo caso probablemente mantendría él su puesto, pero en calidad de mera figurilla. Por otro lado, si tenía a Marth convencido, contento y favoreciéndolo, tenía asegurada a Altea y de allí en más. Una situación en la que no pensaba perjudicar ni abusar del reino costero, pero eran tropas, recursos y poder que él necesitaba y estaría obteniendo permanentemente. Entera y objetiva, esa era la realidad del asunto.

Todo indicaba a que, por el momento, los puntos estaban a su favor y las cosas iban bien. El príncipe estaba tan de su lado como Eliwood podía tenerle. O casi lo estaba. Pensativo, el marqués siguió con la mirada sus gestos y prestó atención a los titubeos en su voz; tenía la vanidad justa y la experiencia suficiente para saber cuando alguien estaba encantado de sobra con él, lo cual significaba que podía tener a Marth aún un poco más de su lado. Presionado por el conocimiento de que esos días eran los decisivos, de que todo dependía del humor y preferencias del joven heredero, no se negaba a la idea. No era como si no guardase honesto cariño hacia el muchacho, aunque su inexperiencia era muy marcada en comparación; eso le enternecía más de lo que le molestaba. Era hermoso y le sentaba bien, después de todo. Decidido a aprovechar los vulnerables ánimos del menor, volvió a tomarle la mano y atraerla con suavidad hacia sí, girándole el cuerpo en su dirección. No le permitiría relajarse, no le ayudaría a perder esa pudor, ni tampoco pararía.

Atrajo a Marth al borde de su asiento y se acercó él al propio. No pensaba interrumpirle en el habla. En perfecto y tranquilo silencio se inclinó la distancia que restaba, manteniendo la mano del príncipe en la suya y rodeándole la cintura con el otro brazo, a modo de evitar que retrocediese. Si se avergonzaba más, mejor aún; pensaría menos. - ¿Mmhm? Prosiga. - Murmuró pacientemente, acercando su rostro al ajeno no para abordarle ya, sino sólo para estar allí, la frente casi apoyada contra la cien ajena, la nariz llegando a rozarle la mejilla. Le habló con absoluta normalidad, sólo bajando el volumen de su voz. No tuvo reparo en mantener su sonrisa a lugar, ni necesidad de esquivar miradas. - Celebrar es menester, claro. Y así es como terminarían las cosas. El resto, calculo, serían relaciones exteriores; prestar solidaridad donde se pueda. Sería lo correcto, ¿no? - Preguntó. Había atisbado algo de inseguridad o quizás una insatisfacción en el otro ante lo que vendría después, sólo que no terminaba de ver en qué recaía.


Última edición por Eliwood el Sáb Jun 04, 2016 1:57 pm, editado 1 vez
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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Marth el Sáb Mayo 21, 2016 10:17 pm

El marqués le tenía complacido, sobretodo cómodo con la posición en la que estaba, tenía un sentimiento de control que le permitía mantenerse a gusto y a su vez un apoyo firme en situaciones complicadas y desconocidas, no tomaba en cuenta la desigualdad de la alianza, si bien la conocía apreciaba más aún la compañía del pelirrojo, su experiencia le ayudaba a poder lograr acciones grandes, acciones que probablemente habría podido hacer solo pero no que habría podido manejar con tanta soltura y eficiencia. Prestaba su apoyo y su mano al marqués, su causa y su territorio, no faltaba a los acuerdos que habían tenido pero siempre anteponía a su pueblo, en parte era la razón por la que aquel movimiento comenzaba por Altea, ni siquiera pasaba por su mente faltar a su palabra, no se detendrían a celebrar una vez terminados en su hogar, apenas un par de días de descanso para los soldados dando el tiempo necesario para realizar tareas organizativas, sobretodo preparativos para el viaje y partirían a Elibe a seguir su marcha. Apenas había terminado el primer día y el príncipe ya estaba deseando que aquello terminase.

No pudo recomponerse que ya sintió su mano apresada de nuevo, temiendo ser descortés no se atrevió a apartarla obligado a adelantarse un poco en su asiento para no perder la rectitud de su espalda, no solo postura que debía tomar en todo momento como parte de la etiqueta básica si no por las ropas almidonadas que portaba, diseñadas para no mostrar siquiera una arruga mientras el príncipe se mantuviese rígido. Se creía capaz de mantener una postura correcta y clara aún en la cercanía pero aquello se perdió cuando el brazo ajeno le envolvió, demasiada cercanía, incluso a travéz de las numerosas capas de tela juraba que podía sentir la calidez de la mano del marqués. Su mente pareció dar un vuelco nuevo, u corazón latía tan fuerte que sentía el cuello de su ropa apretándole la respiración, sus mejillas y orejas ardían y su lengua volvió a tropezar - S-si bien ya ha s-sido presentado como aliado de A-Altea... digo... sería... en la ceremonia sería presentado formalmente ante la corte de las otras naciones de Akaneia. - le costó formular una simple oración y bajó su mirada de inmediato, su espalda se arqueó apenas un poco, tanto como la ropa se lo permitió tensando los botones en su pecho formando apenas una arruga en su camisa bajo la chaqueta, apenas visible en si descote. - En la cena sería presentada la ayuda solidaria a naciones vecinas... e-espero que comprenda que Altea tiene alianzas q-que deberían ser puestas en preferencias... Y-ylisse sería el primero en recibir ayuda. - tartamudeó un tanto pero logrando finalmente acomodar lo que tenía para decir.

Era nuevo para él no tener control de sus palabras, ya no tenía demasiada autoridad sobre su lengua y no recordaba la última vez que había estado tan nervioso como para perder el mando de su propia mente de esa manera, siempre hábil en las relaciones sociales se sentía sumamente desprotegido y sin tener demasiado filtro en sus palabras se vio azotado por una duda que dejó escapar sin mas - ¿Sería prudente invitar a mi prometida pese a haber sido anulado el acuerdo? - fue más bien un hilo de voz, sumamente débil y lleno de preocupación, incluso sus hombros bajaron un poco. Con todo el movimiento militar y los planes de estrategia que tenía que estar revisando había logrado mantener la mente alejada de aquel problema. Se mentía a si mismo diciéndose que debía sentirse mal por la separación, supuestamente la amaba, o eso le habían repetido varias veces en su niñez y había leído en todas las historias de amor, pero estaba más preocupado por el futuro de Altea con un príncipe sin compromiso que por la perdida de alguien que apenas conocía. Al darse cuenta de lo que había dicho se tensó aún más, sus hombros subieron de golpe y alzó su mirada al marqués - ¡Lo siento! N-no es algo que usted deba responder. Lo lamento tanto... estaba pensando en voz alta. Mil disculpas, marqués... yo... no debí haber dicho eso. - miró sus rodillas intentando controlar el rubor que ya subía hasta su nariz. No era correcto ventilar esa clase de asuntos internos, esos problemas eran los que se mantenían a puertas cerradas, y a parte ni siquiera había presentado a su prometida frente al pueblo Alteano como para que fuese algo público. Si bien era de conocimiento de cotilleo que el príncipe estaba comprometido, no era público el nombre de la chica, especulaciones de princesas o mismo damas de la corte de Altea se corrían de boca en boca, sobretodo entre las damas. El príncipe apenas alcanzaba la edad para contraer matrimonio así que ya era de esperarse que pronto diese a conocer a la afortunada... aunque aquella situación de guerra le daban un respiro y el permiso de poner aquel problema en el fichero por el momento.


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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Eliwood el Mar Jun 07, 2016 12:35 am

Entonces aún faltaba algo de tiempo para que fuese presentado como aliado de Altea en el continente; no era mucho de qué preocuparse, las naciones que se habían aproximado a ellos a raíz del movimiento libertario ya les conocían como aliados, tenía la posición en todo término práctico. Era un formalismo más en el que convenía mostrarse calmo y paciente. Lo relevante era que acudirían, después de todo, en el auxilio de naciones próximas cuando aquella campaña se diese por concluida. Era lo que había deseado que hiciesen con el poder que entre ambos de ellos ostentaban. Tenía otras ideas sobre la forma en que debiesen proceder con ello, pero era buen inicio. Bajó la vista contemplativamente, aún impávido a la cercanía. - Ylisse. Es un reino de buena fuerza militar, pero entiendo su responsabilidad en ese aspecto. Tengo mi vista en mi reino vecino de Sacae, por ciertos motivos estratégicos, pero quizás sea demasiado presuroso planearlo desde ya. Mucho que hacer aquí aún. - Habló en voz baja, cuidadoso. Presentaba lo que pediría pero no pasaba a conclusiones aún. Tenía sus formas de guiar a Marth y a Altea a su favor, mas en gran parte aún tanteaba terreno.

No debía confiarse demasiado, ni excederse en la particular posición que justo en ese momento tenía. Marth podía reaccionar de una miríada de formas, por lo pronto era claro que el nerviosismo le dominaba; no había errado en asumir su inexperiencia, y desde allí sentía con claridad el calor que irradiaban las mejillas del menor. Debía guiar pacientemente o se alteraría demasiado y seguramente retrocedería. No obstante, entre un roce sobre su mejilla y otro, fue él quien se detuvo de continuar acercándolo, y fue él quien en breve separó un poco su rostro del ajeno. Todo por una palabra en particular - ¿Prometida? Dioses, haberlo dicho-- - Enderezó la espalda para alejar el rostro de súbito, pasando por sus facciones un breve gesto de sorpresa. Adiós a la perfecta sonrisita practicada, eso era serio. Porque había pensado que tenía todos los puntos a su favor, cumplida cada forma en que Marth podía estar encantado y puesto de su lado, pero casi había rayado en una mala elección. Si había una prometida involucrada, no sólo sería un riesgo enorme y una malhadada estrategia seguir encantando al príncipe, sino que Eliwood habría querido respetar esa clase de compromiso. No pretendía hacer ninguna clase de daño, después de todo.

Estaba muy poco enterado. Si lo recapitulaba y oía aún al cabizbajo y avergonzado muchacho, había dicho que se trataba de un acuerdo anulado. Asunto medianamente irrelevante. Al parecer todo iniciado, transcurrido y hasta terminado sin que él llegase a saberlo, y alteraba un poco su propio ánimo que hubiese un elemento así, algo con lo que no había contado en su planificación en absoluto. - Oh. Un acuerdo anulado, sí... vaya... - Exhaló el más largo suspiro de alivio de sus últimos meses, bajando la cabeza un poco. Apretó la mano ajena suavemente en la propia, reasegurando, y su frente fue a parar casi sobre el hombro del príncipe. Eso le había dado el susto de la temporada. Se esforzó por recobrarse, carraspear y volver a hablar con la seguridad que mantenía alrededor del otro. - Al contrario, Marth, me gustaría que me lo hubiese dicho antes. Es un asunto relevante, ¿no cree? Después de todo, el hecho de que usted contraiga matrimonio o no va muy ligado a su cargo, si acaso se mantendrá como príncipe o, después de todo lo sucedido, ocupará el trono del rey. Es sumamente relevante. - Y a él le era importante, también, saber cual cargo sería el de Marth. Porque tendría muchas más opciones y seguridad mientras el joven fuese príncipe, muy poco poder en comparación cuando fuese rey; necesitaría haber logrado bastante más con esa alianza antes de que ascendiese.

- Pero... si ahora aquel compromiso está roto... - Dijo, tomándose unos instantes más para recobrar compostura. Respiró con calma en el silencioso ambiente del estudio, se centró de regreso. Buscó la mirada del menor con atención, expresión ilegible pero una clara importancia dada al asunto. Necesitaba tener eso muy claro. - ¿Se ha pactado un nuevo acuerdo? ¿O es que no hay ninguno? - Preguntó, sin disimular su gesto al girar la mano del joven hábilmente en la suya, tomarle por los dedos en lugar de juntar la palma, a modo de ver los anillos que llevase. Enseguida su vista regresó al rostro del peliazul, asegurándose de medir cuanta reacción atisbara allí. Remarcando su interés, le atrajo un tanto más al borde de la silla; estaban sus propias rodillas para recibirlo si se adelantaba de sobra, aunque aguardaba respuesta antes de avanzar. - Quiero decir ahora, en este mismo momento. -
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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Marth el Dom Ago 28, 2016 10:21 pm

Creyó haberlo arruinado todo... el marqués había reaccionado como era de esperarse, sorprendiéndose y tomando distancia. Ni que fuese a ser que Marth notase las intenciones del pelirrojo en su cercanía pero era  una realidad que había soltado un comentario que muchas mujeres matarían por conocer, era de esperarse que reaccionase con sorpresa tanto si sabía que estaba comprometido y ahora no lo estaba como que hubiese un compromiso en algún momento. El cotilleo era algo comúnmente visto como algo de "la plebe", sin embargo era una práctica realizada por la cocinera de una taberna hasta la dama de un alto Lord, lo que estuviese bien o mal visto era indiferente a la necesidad de correr rumores, enterarse de los trapitos sucios de los demás, especialmente si era de los nobles, la única diferencia era que tan expuestos estuviesen los cotilleros. Entre la nobleza podía llegar a ser un arte del sigilo y leer entre líneas mientras que entre los campesinos no se molestaban en gritar a los cuatro vientos. Marth se creía por encima de todo aquello, evitaba meterse en esa clase de ambiente y se negaba a creer todo lo que fuesen rumores de mala muerte, no quería decir que no tuviese ese gusanito de la curiosidad abriéndose paso en su mente... por lo que asumía que Eliwood también lo tendría pese a que le consideraba un hombre tan recto como él y por encima de toda esas "palabrerías de populacho"... sin embargo... no eran palabrerías de populacho, él mismo lo había confirmado. Había un compromiso y ahora estaba roto.

Intentó mantener su compostura pero su rostro estaba completamente rojo y su mirada fija en el escritorio frente a sí sin poder mirar al marqués directamente al rostro -Lamento haber dicho eso... no debí. Ni siquiera es un asunto público, permítame explicarle. Al yo cumplir un año mi padre hizo un compromiso con la hija de un amigo suyo, un rey de un reino ya caído, este compromiso se ha mantenido en pie hasta hace unos pocos meses... antes de que Altea saliera en sus primeras campañas se ha roto dicho compromiso... diferencias políticas. - cuidaba sus palabras pero no estaba seguro que decir realmente, o que guardarse, no quería dejar mal a la ex-princesa de Talys frente a su aliado, pero tampoco quería que fuese él mal visto por haber roto su palabra. Alzó un poco la mirada aunque aún no la dirigía al rostro del pelirrojo - Ella... - habló en voz baja, confidencialmente - Ella no estaba dispuesta a cumplir sus deberes como princesa y con la situación actual no podía permitir que ingresase a la familia real. - finalmente sus ojos celestes buscaron los azules del mayor buscando su aprobación quizás algo de apoyo en una decisión que él había tomado, realizado y que había cambiado el curso de la historia de su país, fuese un error o algo acertado, el príncipe había cargado con eso solo hasta el momento, apenas había comunicado fríamente sus acciones a sus consejeros y a unos pocos seleccionados en la corte, no había permitido siquiera la ilusión de que hubiese cabida a opinión, pero ahora parecía buscarla - ¿Lo entiende? Ruego que no cuente a nadie al respecto... el compromiso no era público por lo que tampoco lo es el rompimiento. - terminó por bajar la mirada con un profundo suspiro.

No fue mucho tiempo el que se pudo relajar cuando notó algo importante de los labios del otro... su puesto como príncipe y la toma de la corona ante la ausencia de su padre, la guerra estaba terminando y su padre no estaba regresando, la verdad se haría más obvia a medida que el tiempo pasase. Negó con la cabeza mostrando un semblante tan practicado que salía sumamente natural, él mismo se obligaba a creer sus propias palabras lo que hacía más difícil detectar la mentira, incluso si el marqués sospechaba la verdad podría considerar que el mismo príncipe se la estaba negando a si mismo - No es un asunto de importancia. La guerra está por finalizar y con el regreso de mi padre volveré a cederle las tareas que he asumido en su ausencia. He intentado mantenerme al día con mis estudios y mi entrenamiento pero he de admitir que es difícil encontrar tiempo para ello. - ofreció una sonrisa impecable, amable y cortés - Gozo mucho de su compañía y amistad, espero que incluso si no hay tratos oficiales entre nosotros podamos seguir intercambiando cartas y me permita visitarle en Pherae. Aún hay muchos lugares que me hubiese gustado visitar. - entre tantas palabras había evitado la pregunta que más le preocupaba, la ausencia de un compromiso actualmente aunque ya estaba en negociaciones con Hoshido al respecto, pero nada seguro ni nada que destacar.


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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 08, 2016 2:21 pm

Estaba bastante seguro de que la mitad de las implicaciones habían pasado metros por sobre la cabeza de Marth. Todo parecía avergonzarle, desde el primer contacto hasta la cercanía en general y el mismo tópico que tocaba, el rojo de sus mejilas no terminaba de irse ni volvía a subir el tono de su voz, mas el marqués comprendía bien que era el protocolo roto lo que más le torturaba. Tenía miedo a la desaprobación o al error, respecto a aquella decisión que aparentemente había tomado por sí mismo y a solas. Su inocencia era loable en ese sentido, aunque a Eliwood francamente le costase comprender cómo podía llegar a tales extremos. Aún así, podía escuchar comprensivamente el lado de aquel tenso e inseguro muchacho y alegrarse un poco de que fuese su visto bueno el que buscara; había conseguido que se tornase considerablemente abierto con él en el tiempo que llevaba a su lado, ese tanto era buena fortuna. Ameritaba su atención, aunque supiese de antemano que no había problema alguno allí. Podía pensar en muchos significados para "diferencias políticas" en aquel contexto, y fuese cual fuese el correspondiente, estaría bien. Nadie cuestionaría a Marth por su decisión, pues nadie había por sobre él a esas alturas. Esperó a que culminase, entre divertido y simplemente sorprendido de todo ello.

- Lo entiendo. Más aún, creo que es mejor así. - Dijo al fin, paciente y calmo. Tan simples parecían las preocupaciones del muchacho, que no tenía otra forma de reaccionar a ellas. Una sonrisa medida al contenerse de reír por el asunto, una caricia del pulgar sobre el dorso de la mano ajena, todavía unida a la suya. Había disipado sus propias ansiedades; debía de hacer lo mismo por él. - Por ahora, es mejor carecer de esa presión. - Agregó con ligereza. Un elemento de presión era una forma de llamarle, aunque lo era poco para el príncipe y mucho para él mismo. Un recordatorio de que si deseaba mantener la atención y preferencia del joven como la había logrado tener, había tiempo y circunstancias límites.

Pero Marth estaría bien con lo que pasaba, podía verlo ya. Cuando hablaba de lo que sucedería después de la guerra, aún diciendo las más ilusas mentiras que Eliwood había oído de sus labios, se tornaba firme. Recobraba la tranquilidad que en su momento él había desbaratado; demasiado fácil, con demasiada rapidez. Todo se ocultaba de regreso. Lamentablemente, el hombre mayor no se lo podía permitir en esos instantes, mucho menos con la inquietud que el no mantener tratos oficiales le generaba. Le ponía contra la espada y la pared si otra persona tomaba poder por sobre Marth, inclusive peor de lo que sería si Marth se volvía rey en los próximos meses, con tanta influencia sobre Pherae y tan poco de parte de Eliwood para esgrimir de regreso. Necesitaba quedarse, podía perder todo si no lo hacía. El Marth de hacía cinco minutos, el que le miraba con fascinación y se avergonzaba de su proximidad, era el que necesitaba de regreso, pues era al que debía de apelar. Culpa o dudas aparte, no tenía mucho más por lo cual optar. Exhaló, encontrando su mirada y enfocándose en el rostro de rasgos suaves frente a sí. Tan fácilmente reconocía que le agradaba, tanto le atraía la idea de intentar lo que hacía bastante tiempo no hacía, y tan extraño se le hacía aún el hecho de acercarse. Con leve presión de la yema de los dedos le recordó su mano en su cintura.

- Claro, pequeño, pero no hable de ese modo tan pronto. Aún nos quedan muchas jornadas por delante, a usted y a mi. No planeo apartarme aún. - Dijo. Y aunque hubiese en sus palabras cierto aire a despedida, al hablar de los días venideros y enderezarse levemente, como si se moviese para retirarse, no fue aquello lo que hizo. Entrecerró los ojos, azul obscurecido por el reflejo de la hoguera iluminando el borde de su silueta, y con suma lentitud avanzó. No le asustaría, no le sorprendería, mas no le dejaría escapar al nerviosismo de antes; siempre era así como hacía las cosas, de todos modos. Deliberadamente lento. Dejó que le viese inclinarse un poco, aproximarse a su rostro, percibir el silencio interrumpido sólo por el crepitar de las llamas. Su mano apretó la ajena al tiempo que ladeaba la cabeza y llevaba sus labios, cálidos, sobre los del más joven con suma gentileza, ternura casi. Fue casto y cuidadoso, suave en la presión, breve en el instante que el contacto llegó y fue separado. Se alejó de la boca suave y el sutil aroma del cabello limpio y la piel perfumada. No necesitaba más que eso para que el mensaje quedase transmitido.

Y sabría, así, la clase de respuesta que obtenía. Si tenía al joven tan encantado como otrora había parecido, allí terminaba de afirmarle, o sería un error para corregir en otros modos posteriormente. Lo tomaba con calma, aún así, muy alejado ya de los años en que algo así le habría puesto nervioso. Al enderezarse, no perdió tiempo en ponerse de pie, fuera de su asiento tan cercano al de Marth. - Estoy a su lado. Planeo quedarme a su lado indefinidamente, príncipe. - Se explicó con un tono jovial, dando un paso atrás. Le miró con atención, portando en sus labios la misma sonrisa cálida de siempre. - ¿Por qué no descansa por hoy y deja lo de después, para después? -
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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Marth el Mar Sep 13, 2016 9:49 pm

Criado y mantenido hasta último momento en una burbuja de cristal el príncipe solo conocía las paredes de su estudio y la frialdad de los libros, las lecciones eran dadas con severidad con horarios estructurados y bastante cuadrados, no encajar en las expectativas que se le tenían significaba un fallo rotundo y el desprecio de su familia, en especial de su padre quien era capaz de levantarle la mano si era necesario para "regresarlo al camino" y convertirlo en el hombre perfecto para tomar el trono de Altea. Toda una vida donde se le fue repetido hasta el cansancio que debía de entrenar y ser digno de ser el próximo rey, siempre un camino marcado que seguir, siempre un protocolo que cumplir que ahora, casi que de un día para el otro fuese dejado solo tomar sus propias decisiones era demasiada presión a veces, sin tener una guía o alguien que le indicase como actuar en momentos que nunca había sido preparado para enfrentar. Su compromiso había sido eso, nunca nadie le había dicho como debía proceder en caso que su prometida no cumpliese las expectativas que se tenían de una princesa y futura reina de Altea, había osado ir en contra de algo que había hecho su padre como era su compromiso y por más que temía de las consecuencias, estas no parecían llegar. La mirada del marqués era bastante apoyo, más del que podía llegar a pedir y le reconfortaba de una manera que no había pensado que lo necesitaba, sus palabras fueron aún más, como si con ellas hubiese quitado un gran peso que no permitía al príncipe respirar con calma. Se recomponía rápido, necesitaba hacerlo, levantar nuevamente esas paredes. Su mirada bajó a su mano sujeta a la del pelirrojo que daba una suave caricia, asintió suave con su cabeza y volvió a alzar la mirada, un poco más acostumbrado a aquella cercanía ya no le temblaban las palabras y podía reconstruir su imagen nuevamente.

Aquellas paredes, costosamente vueltas a alzar fueron detenidas a medio camino, como un empujón que solo dejó caer unos ladrillos la presión de los dedos del marqués sobre su cintura ¿cuándo había olvidado esa mano allí? ¿en algún momento la había retirado y ahora la volvía a poner? Había estado demasiado centrado en su mente desbaratada como para haber notado la invasiva posición en la que el marqués se encontraba para con él. Contuvo su respiración, como si con eso pudiese juntar fuerzas para volver a alzar sus paredes pero las palabras del pelirrojo fueron patadas que comenzaban a derribarlas nuevamente. El príncipe entreabrió sus labios apenas un poco mirando a los ojos ajenos, susurraba, no se atrevía a hablar con un tono normal teniéndole tan cerca - No pretendía decirlo como que fuese poco el tiempo que nos quedase... yo... - las palabras nuevamente se le escapaban, como si intentase sostener agua entre sus dedos simplemente no pudo continuar, menos aún cuando notó el ligero movimiento del marqués. Soltó su aliento en alivio pensando que se levantaría para tomar distancia pero al ver que solo se acomodaba para comenzar a acercarse sintió que su respiración se detuvo por completo, repentinamente era incapaz de volver a tomar aire en sus pulmones y la desesperación interna pudo verse reflejada en un mínimo mover de sus parpados al abrir más sus ojos. Era todo un mal entendido, no podía estar pasando eso, no podía ser así, se lo estaba imaginando.

"El valiente caballero ladeó su rostro aún húmedo por la batalla, sus labios ardiendo necesitaron de un caricia de su lengua antes de posarse sobre los labios de la doncella que agradecida por el rescate entregó la virtud de estos..." ¡No! ¡No podía estar pensando en las líneas del libro que había estado leyendo, mismo libro que había traído desde Pherae! Su pulso golpeaba contra su cuello y apenas pudo reaccionar con un pequeño quejidito recuperando un poco su respiración, no se atrevía a apartarse, mucho menos a apartar al marqués. Su mirada nerviosa encontró la calmada de su contraparte, demasiado cerca, sentía el calor en su rostro ardiendo en su piel y finalmente los labios suaves y ligeramente húmedos tocaron los suyos, un poco secos y apenas entreabiertos. Sus dedos se tensaron sobre la mano que lo sujetaba y sus ojos se cerraron solo centrándose en el contacto de sus boca. El tiempo parecía haberse detenido, no sabía como responder o si debía moverse, apartarse, aceptarlo... ya lo estaba aceptando al no apartarlo, ya había aceptado el beso y al cerrar sus labios sintió el roce de la sensible piel como electricidad pura, había correspondido, no solo aceptado si no que había correspondido. El pánico golpeaba fuerte contra su pecho y sus manos temblaron un poco a punto de perder su compostura cuando finalmente el marqués se apartaba. Había parecido una eternidad pero ahora podía respirar nuevamente aún con sus ojos cerrados y sus labios ardiendo.

No se atrevió a abrir los ojos esforzándose por mantener consigo aquel recuerdo, la mirada calma, el roce de sus labios pero el pelirrojo se apartaba, se levantaba, y al abrir sus ojos no pudo dedicarle una mirada neutra como esperaba hacer. Sus mejillas ardían y sus labios se mostraban ligeramente más rojos por el bochorno en su rostro, sus ojos brillando por el reflejo del fuego solo evidenciaba la fascinación que sentía ahora por él. Cuando su mano se vio liberada y sin poder armar un solo pensamiento aún cuando la voz del marqués le hacía ser consciente de su entorno, de lo que habían estado hablando, sus dedos solo fueron de manera inconsciente a sus propios labios dando un ligero roce, reviviendo aquella sensación un poco más. Su rostro bajó un poco y lo desvió hacia la mesa, como si los papeles a medio escribir fuesen de nuevo sumamente importantes, su voz era un hilo casi sin fuerza - No... no va a irse... ¿verdad? - fue lo único que pudo articular antes de tomar aire y bajar sus manos a sus rodillas enderezándose un poco en la silla, forzó una sonrisa lo más natural que podía, intentó mirarlo a los ojos pero su mirada solo llegó a sus labios quedando allí - Lamento haberle quitado tanto tiempo... creo que sería prudente si me retiro a descansar. Ha sido un día difícil y ya es tarde... terminaré esto en la mañana. - hablaba un poco ausente, como si esas palabras no fueran más que un protocolo a cumplir, una respuesta pre programada de lo que Eliwood acababa de decirle.


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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 29, 2016 12:58 pm

No esperaba grandes gestos de parte del príncipe, en lo que a su despedida respectaba. Pese a la calma con que había llevado cada cosa a cabo, cierto era que un beso habría de tomarle por sorpresa, y no anticipaba él que la clase de persona que era Marth pudiese responderle al instante. Era sólo su reacción lo que aguardaba a ver, la expresión con que le despediría y el modo en que fuese a tratarle a continuación, si acaso ser un poco más flexible o cederle algo más de control al marqués que se suponía fuese su par en esa alianza. Aún así, en retrospectiva, debía reconocer que el mínimo movimiento de sus labios y el pequeño gesto de cerrar los ojos para recibirle habían sido adorables intentos. Ciertamente, una respuesta más clara de lo que esperaba.

Y viendo la mirada que el alteano le dedicaba después, brillante y algo perdida, sintió que su cometido era cumplido y podría tachar una preocupación fuera de su lista. Todo estaba de regreso en orden. Seguía teniéndole a la par y seguía posicionándose en un buen sitio en la estima de aquel joven con demasiado poder; o mejoraba su situación en comparación a justo antes, si aquel gesto de llevarse los dedos al labio inferior delataba lo suficiente. Viéndolo así, y todavía con el color tan vivo en las mejillas, Eliwood no pudo sino preguntarse si se había excedido un poco. No pretendía avergonzar al muchacho a un punto excesivo, tampoco romper por completo el patrón que comportamiento que llevaban. Cuando escuchó la suave y dubitativa voz de Marth, su leve temor se vio confirmado: el joven príncipe era tan inexperiente como podía ser, y él acababa de jugar demasiado con todo el asunto. Había creído ser suficientemente leve y cuidadoso, pero parecía haberse sobrepasado de todos modos. No negaría que le causaba una mezcla de gracia y ternura, pero pasaba a preocuparse un poco por Marth y a sentir la necesidad de responsabilizarse un poco mejor de lo sucedido, de ayudarle de alguna forma. La diferencia de edad que intentaba ignorar se volvía un factor más y más relevante, que no tenía más opción sino tomar en cuenta.

- ¿Se encuentra bien? - Preguntó sin muchos rodeos, aunque su gesto no daba señal alguna de que lo ocurrido en los últimos instantes fuese cualquier cosa sino común y normal. Sólo se mostraba un poco curioso. Podía ver que Marth retornaba a su semblante usual y seguía viviendo en su molde, posado como una figura de porcelana en la posición correcta y dándole el saludo adecuado; de cierto modo, eso era un alivio. - Sí, pensaba retirarme a descansar, dado que zarparé temprano mañana. Satisfecho de haberle convencido a usted de terminar por hoy también. Pero... - Dudó un poco, dando una media sonrisa. Por supuesto que no iba a dejar a Marth con confusiones sin resolver, era cada vez más consciente de que trataba con un muchacho y le correspondía facilitarle las cosas en la medida en que pudiese. Lo haría. No se acercó de regreso, más sí se agachó un poco al extender su mano hacia adelante, tan sólo por la cortesía usual de alzar al príncipe de su gran asiento. No se sentía la mejor persona del mundo ni estaba muy orgulloso de sí mismo, pero lo hecho, hecho estaba, y bien sabía él que le había parecido necesario. Ahora, debía seguir adelante en la mejor forma que pudiese.

- Marth. - Comenzó por llamar su atención, bajando considerablemente la voz. Al tenerle de pie frente a sí su mirada sostuvo la ajena, sin particular amago de hacer nada más. Normalmente, le tocaría acompañarlo hasta la puerta de su recámara, mas por lo pronto no hacía sino hablarle en voz tenue y evitarse presionarlo en cualquier modo. El resto podría aguardar un momento. - Sepa que no pretendo alterarle, pequeño. Sólo se trata de mi, quien vela por usted. - Dijo, sin ver necesidad de ser más claro que eso. Lo consideraba suficiente. Separó su mano de la ajena, aunque no hizo más que bajarla un poco, la palma aún vuelta hacia arriba; no le tocaba, mas permanecía allí si era lo que Marth necesitaba para acomodarse a todo. - ¿Le escolto a descansar? -

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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Marth el Miér Oct 12, 2016 7:15 pm

Los nervios parecían disolverse en la comodidad de un actuar esquematizado y sumamente practicado que le devolvía a una falsa seguridad y control de la situación. Su respiración se volvía poco a poco más calmada así como el color de sus mejillas parecía bajar un poco a cada inhalación, un ligero escalofrío le recorrió sin embargo cuando la voz del marqués se hizo presente en el silencio donde solo el crepitar de la chimenea se hacía presente, la presencia del marques pelirrojo se hacía demasiado presente como para mantener la total calma y más cuando hacía una pregunta tan directa. Sin embargo el príncipe parecía encontrarse en piloto automático y levantando su mirada calma aunque un poco ida sonrió con mesura - Si, me encuentro bien, lamento mucho si le he preocupado. - sus manos buscaron algo que hacer, tomar los papeles y apartarlos, con el paño blanco quitar el puntero de la pluma y dejarlo caer dentro del frasquito con agua para que la tinta no se secase y más tarde un sirviente limpiase como era debido, dejó la pluma sobre la mesa y no supo más que hacer así que volvió a dejar sus manos relajadas sobre su regazo. La textura suave de la tela aterciopelada de sus pantalones a juego con su chaqueta, conjunto de tanto valor en oro que podría alimentar a una familia de granjeros por dos años, sus dedos donde portaba delgados anillos de exquisita terminación tallados y labrados a mano con gemas pulidas con sumo cuidado en los ángulos que pudiese atrapar y reflejar más luz, todo en el era demasiado: demasiado costoso, demasiado pretensioso, demasiado único, y no solo sus bienes materiales, pues demasiado inocente era el príncipe y demasiado poderoso para su escasa edad.

En ese momento quedaba evidenciada que si bien tenía amplios conocimientos académicos, de etiqueta y en las artes, había mostrado ser un gran espadachín y un jinete nato pero todo eso solo contrastaban de manera tajante lo que era su inexperiencia con la cercanía humana y en cosas tan básicas como los sentimientos. Su torpeza quedó aún más en evidencia al quedar expuesto y su reacción no había sido otra que regresar tan rápido como había podido al moldecito donde había crecido y casi que se podría decir que ignorando totalmente lo que había pasado.

Cada segundo que pasaba el príncipe se acomodaba más en aquel papel y poco a poco volvía a su acto, a ponerse su máscara y alzar las paredes personales. Su sonrisa se volvía más natural y sus gestos más fluidos quedando como residuo solo una ligera duda en el tacto con el marqués, aún  sintiendo como quemaban sus dedos con cada roce y como un cosquilleo quedaba en su piel incluso bajo su ropa. Apoyó la mano sobre la ajena y se levantó con una ligera inclinación de cabeza mostrando agradecimiento - No se preocupe, mi estimado, usted necesita descansar y le he hecho perder demasiado tiempo por hoy. Puedo ir solo a mi alcoba, mejor descanse que mañana procuraré ir al puerto a despedirle antes de que zarpe, espero que encuentre un poco de tiempo para acompañarme en el desayuno. - lo de ir solo era más bien una expresión pues en el tiempo que Eliwood se había quedado en el castillo de Altea podría haber notado que el príncipe no daba ni un paso fuera de su estudio o de su habitación sin tener de dos a cinco caballeros a su espalda cuidando cada paso que daba.

Se adelantó a rodear el escritorio y se inclinó sobre este para soplar la llama de la vela que daba algo de luz extra y enseguida se dirigió hacia la puerta la cual se abrió incluso antes que el príncipe llegase a esta, un hombre en armadura plateada sujetaba la misma para que ambos pasaran. Desde allí el peliazul sonrió - Mi estimado amigo, quiero que sepa que no me altera... lamento mucho si le hice pensar lo contrario. - si bien su voz reflejaban la calma de sus palabras, su mano se ocultaba a su espalda, demasiado tenso como para poder mantener su pulso firme. El caballero ni siquiera los miraba, tan ajeno a la situación que no parecía más que un mueble en aquel lugar y con la naturalidad con la que Marth interactuaba con el entorno no parecía que fuese un factor de preocupación el haber sido oídos.


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Re: Dos pasos más cerca [Privado; Marth]

Mensaje por Eliwood el Miér Oct 26, 2016 6:11 pm

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