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Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

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Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Dom Feb 14, 2016 1:05 am

Había muchas cosas que movía a los hombres, el deseo de un mundo mejor, el honor del nombre y su familia, la lealtad hacia un país, el dinero, el amor. Muchas cosas que eran los motivantes de un hombre para seguir adelante, para lograr grandes cosas, sueños pequeños eran convertidos en imperios gracias a la motivación correcta... y estaba Judal, viajando solo hacia Akaneia, separándose de su vida acomodada y resuelta para buscar aventura, todo por un mero capricho. Llevado la contra a todos con los que había hablado, incluyendo sus padrastros, se había aventurado en un viaje por el mundo, una ridiculez, como había dicho su padre, siendo de familia noble, conocido en la corte de Begnion y haciéndose de buena fama como consejero político e incluso como tesorero, a la caída del marquesado en el sur por ataque de emergidos, regresando a la capital ya le esperaba más de una oferta de trabajo, sin embargo rechazó todas y decidió salir al mundo. Todo por enterarse que su ex había hecho lo mismo antes.

Se negaba a admitirlo, incluso a sí mismo, se decía que él era alguien independiente, que saldría adelante en aquella aventura, crecería y encontraría la fortuna y poder que ambicionaba, se repetía una y otra vez que no era por su ex novio que viajaba, no era con la esperanza de encontrarlo, mucho menos por intentar volver con él, pero no podía evitar encontrarse en la cubierta del barco por las noches mirando el mar mientras pensaba en donde podría estar, que estaría haciendo, incluso intentando revivir aquellas sensaciones de bailar a su lado, de caer en sus brazos y volver a sentir sus labios contra su mentón. Se enojaba consigo mismo, empeoraba su humor y volvía enojado al camarote que había alquilado con sus comodidades intentando buscar alguna actividad para mantener su mente ocupada. Recién emprendía su viaje y el dinero le abundaba, había reservado una buena cantidad cuando había trabajado para los nobles y se podía permitir aquellos lujos, al menos de momento. Al llegar a puerto se fascinó con lo que veía, un mundo nuevo, tan diferente de lo que conocía, Altea, sería su primera parada, un reino con mucha nobleza era justo lo que necesitaba, y según le habían dicho, en esa isla estaba concentrada la nobleza del país contando con una de las cortes más grandes del continente, estaba seguro que encontraría a Suzuki allí, lo conocía y sabía que iría allí a buscar a un noble a cual chuparle la sangre... ¡No! Se regañó mentalmente ante ese pensamiento, no estaba allí para eso, estaba allí porque necesitaba conseguir un trabajo de temporada y en la nobleza podría hacerlo, juntar un poco de dinero e información de aquel continente, podría manejarse más cómodo entre nobles que simplemente como un viajero más.

No tardó demasiado en llegar allí, la música, el aroma a polvos perfumados y vino fino, las suaves risas y tonos pomposos, nadie en ese salón tenía un traje que valiese menos que el sueldo de cinco años de un ganadero, Judal lo sabía, podía ver en el terminado de las prendas que aquella nobleza era de la clase más alta, Reyes, príncipes, duques y marqueses, nada de títulos comprados, lo veía en el porte de los hombres y mujeres. Era su ambiente y no había tenido más que hablar un poco para pasar del área del jardín al área privada, su lengua siempre jugando a su favor con los piropos correctos para encantar a un noble y abrirle puertas. Había llegado en el mejor momento a Altea, se hablaba de aquel baile en el reino vecino y Judal no perdió la oportunidad. Ataviado de buenas ropas se había vestido para llamar la atención, su largo cabello atado en una trenza a la cual había agregado pequeñas cadenitas de oro con piedras rojas que brillaban entre su cabello, después tendría tiempo de quitarlo con paciencia para no arrancarse pelos, las grandes piezas de joyería que cargaba en sus muñecas y en su cuello con el rubí pulido brillando tan rojo como sus ojos le subía automáticamente de estatus ostentando riqueza, sus ropas eran formales, predominando el negro con bordados en oro se ajustaba a su cuerpo cubriendo su vientre que normalmente llevaba expuesto, no sabía aún como era aquella nobleza como para arriesgarse a ser sacado por exhibicionista, pero la chaqueta seguía la línea de su cuerpo como una segunda piel, una tela blanca con sus bordes dorados y flecos de mismo color se envolvía en su cuello y hombros y caía por su espalda hasta sus rodillas, una ligera sombra gris enmarcaba su mirada de manera sutil, llevaba caravanas pero no demasiado grande, apenas unas gotitas de oro con un brillo rojo.

Se acercaba y saludaba entablando conversación con toda persona que le parecía de importancia, extraía cuanta información fuese necesaria incluso si tenía que coquetear para obtenerla. Casi podía decir que se había olvidado cuando vio aquel cabello violeta que no podía confundir, largo casi rozando el piso al estar su dueño sentado en un diván bebiendo y riendo, en compañía de algunas damas de la corte que parecían fascinadas por los encantos masculinos del bailarín. Olvidó todo, sus mentiras de que no lo buscaba, incluso de que debía cuidar su imagen allí pues apenas se estaba labrando ser conocido, simplemente dejó que los celos y sus caprichos se apoderasen de él y se acercó a un paso alegre con sus manos a su espalda. Fue por la espalda del bailarín y notando su ropas de cuello amplio se inclinó apoyando sus labios entreabiertos en la piel desnuda y sensible del cuello justo debajo de la oreja del pelivioleta, un ligero roce de su lengua siguió a la caricia de sus labios - Que agradable encontrarte aquí~ - casi que ronroneó contra su oído rozando este con su aliento y apenas un toque de sus labios.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Dom Feb 21, 2016 3:20 am

Un ambiente tan similar y diferente al que había en casa. Suzuki disfrutaba de charlar animadamente con su audiencia, coqueteando con las damas sin dejar de ser un caballero, sutilmente coqueteando con los caballeros sin parecer una dama. Era un juego muy divertido escuchar los chismes, mucha información jugosa a su disposición. Al parecer había un príncipe de Norh que tenía gustos “especiales” con el cotilleo, risitas y rubores que había en la conversación era bastante evidente a que se refería con “especiales”, hubo menciones de subhumanos tambien, que desagradable.

Se mantuvo relajado y divertido durante toda la conversación, como si le importara mucho los intereses malsanos de alguien en los látigos y el dolor para sus satisfacciones. Bueno, podría ser útil si en algún momento fuera a curiosear por esos lares, pero era altamente improbable que fuera a arriesgar su pellejo con un movimiento así. Muy imprudente. En especial cuando Altea tenía mejores beneficios y un trato muy impresionante hacia los practicantes de las artes. Desde que conoció al príncipe Marth, había tenido unos días espléndidos donde deleitar a un pequeño grupo de comensales con un baile o dos había sido suficiente para mantenerse en el buen ver de su alteza, hasta que llegó la fecha prometida, aquel baile.

Y aquel nuevo ambiente para explorar.

Tenía ventaja, su cabello llamaba la atención, al igual que se atuendo y eso era un gran beneficio en un ambiente donde lo exótico llamaba la atención, y Suzu era exótico aun en su propia tierra, una mezcla de encanto y belleza natural muy masculina. De hecho, tales atributos solo eran competidos por otra persona. Pero no iba a pensar en ÉL en ese momento. Mejor disfrutar. Desde que había llegado al baile había sido un desfile interminable de presentaciones, sonrisas educadas, dulces, coquetas, traviesas; tenía un repertorio completo para desplegar entre aquella gente elegante. Sus reverencias de igual modo no se quedaban atrás.

Por un momento, había pensado que miró una figura familiar que le hizo tensarse por completo y tratar de mirar por segunda vez. Pero no, la cantidad de gente le había imposibilitado el ubicar nuevamente esa cabellera oscura.

Que tontería, alucinaciones mías . Dictaminó. Sentado en el diván más cómodo que había encontrado hasta el momento, entretenía a unas damas especialmente sueltas de lengua. Era muy divertido lo mucho que alguien podía soltar si encontraba un oído atento y comprensivo. A todos les gusta ser escuchados en sus quejas y problemas. Había quienes no podían retener un “secreto” mucho tiempo. Y bueno, a veces solo saber que alguien había tenido problemas con los proveedores del norte, por ejemplo, daba un escenario interesante de la situación económica de un lugar.

Estaba tan centrado en lo que escuchaba y en reaccionar adecuadamente ante todo comentario, que el contacto por su espalda le tomó por sorpresa. Absoluta sorpresa. Pero no debía dejar que tal cosa se notara. Su expresión cambió de inmediato a una sonrisa dulce y giró un poco la cabeza para mirar al otro dancer. Así que no había sido una alucinación. Que complicado.

-  Oh.. vaya, hola dulzura. No esperaba encontrarte aquí- Especialmente no cuando él estaba asistiendo también. ¿Cuales eran las probabilidades de que eso sucediera en la única ocasión que obtenía un pase libre del brazo de un príncipe? mínimas.

- No tuviste que envenenar a nadie para entrar ¿verdad? eso sería complicado y molesto -
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Vie Feb 26, 2016 3:35 am

Las mujeres detuvieron su charla ante la presencia de un segundo bailarín, o más bien de un hombre de asecto mucho más exótico que el pelivioleta, pues maquillaje en sus ojos y con vestimentas mucho más aptas para Jehanna que para Akaneia, no parecía demasiado adaptado a donde se encontraba. Incluso viviendo en Begnion sus padres siempre habían tenido especial apego al país donde habían vivido tanto tiempo, sobretodo a su moda, gusto que el pequeño adquirió en sus primeros años viviendo allí así como en su adolescencia, encontrando aquel punto exótico como un punto a su favor a la hora de dar una impresión en la gente. No le molestaba sobresalir, todo lo contrario, le encantaba ser el centro de atención, ser la razón de que las cabezas se volteen al pasar él por el salón, algo que había compartido con el pelivioleta por muchas fiestas y que no había disfrutado tanto en soledad realmente aunque había sabido sacar su provecho, cosa que había aprendido del hombre que ahora acosaba.

Con la sonrisa en su rostro alzó una mirada venenosa hacia las mujeres que le acompañaban, lo que más detestaba de todas las personas que se acercaban a Suzuki como moscas a a miel eran las mujeres, las odiaba con un fuero interno demasiado fuerte, perras todas y cada una de ellas que miraban con deseo al hombre que él quería y él, como hombre también, era consciente que no podía ofrecer en la cama lo mismo que una mujer, aunque sobrado sabía que podría hacerlo mucho mejor, igualmente había una diferencia y era donde más amenazado se sentía, y pues... era por una mujer que había perdido la completa atención del pelivioleta. Sin embargo enseguida cayó en consciencia en donde se encontraba y a lo que había ido en primera instancia así que sonrió con amabilidad y un encanto que solo un hombre dedicado a un público podía tener, su mano se apoyó en el hombro del dancer de cabello violeta y sus dedos se tensaron sobre este de manera posesiva - Lamento la interrupción, pero no pude evitar acercarme a sorprender un querido amigo. - si bien su tono era amable y con una agradable voz masculina, estaba cargada de una tensión en las últimas dos palabras que hacían sonar peligrosa a esa denominación.

Apoyó su mano en el diván y sin siquiera pedir permiso se acomodó apoyando sus brazos en el respaldo de este descansando su mano en el hombro del pelivioleta, su espalda dibujando una curva bastante quebrada a la altura de su cintura. Rió alegremente al comentario y sus dedos recorrieron el cabello violeta de manera juguetona - Oh, que sentido del humor tan especial que tienes, ya lo extrañaba. Vine como acompañante de un miembro de la corte de Altea. Es una sorpresa encontrarte aquí, creí que estabas en Begnion. - dijo aislando a propósito la conversación y dejando  las mujeres con sus palabras en la boca. Sabía que Suzuki había dejado Begnion hacía tiempo, pero este no sabía que el pelinegro estaba enterado de aquello, pues cuando el dancer había dejado su tierra Judal aún se encontraba del otro lado del país trabajando en uno de los muchos marquesados que había en la frontera antes de pasar a ser pueblos fantasmas por los emergidos que atacaban sin piedad. Lo mejor era para el pelinegro cubrir sus verdaderas intenciones que habían sido ir tras sus pasos, en parte por capricho y en parte por ir a buscarlo, encontrándolo más rápido de lo que había esperado.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Dom Mar 06, 2016 4:29 am

La suavidad de la piel y el peso familiar le trajeron un poco de sentimientos nostálgicos, cosa que chocaba bastante con lo que debía sentir hacia el jovencito. No habían terminado de la mejor manera y de lo que le conocía hasta el momento, sentía que tenía que estar alerta y esperar alguna especie de retribución o venganza si el pelinegro no había superado aun su comportamiento posesivo y muy perturbador. Por el modo que se comportaba, seguía siendo el mismo de siempre.

Las damas trataron de disimular el interés, pero era evidente en los ojos brillantes al ver al nuevo bailarín. Judal podía ser más afeminado que Suzuki en apariencia, con ese hermoso cabello negro tan largo, pero nadie negaría que era un deleite para la vista, especialmente exótico con esos ojos maquillados y la sonrisa ladina que le dedicaba al pelivioleta.

Mismo que hacía lo posible por no mirar demasiado al joven bailarín.

- Oh~ pero tú ya me conoces -¿Un querido amigo? vaya, luego del modo en que se habían separado esperaba más veneno que ese en la voz del pelinegro. Estaba preparado para mantener su distancia con el joven bailarín, mirar que no le derramara algún vino encima o algo similar. Si, le había estado evitando activamente antes y ahora salía con que había ido ahí con un noble de Altea. Temía preguntar, pero dado que no le había visto en el palacio mientras se quedó bajo la hospitalidad del príncipe Marth, quería creer que había más distancia entre ellos que unas simples paredes.

No era que temiera al otro bailarín. No, en absoluto. Pero había sido muy perturbador el ataque de celos. Preferiría evitar un incidente similar con las damas hermosas que le acompañaban con sus pláticas y curiosas preguntas. Porque era eso, curiosidad por el pelivioleta de ojos claros.

- Me atraen las cosas bellas - le guiñó un ojo a las damas. - Se presentó la oportunidad de estar aquí ¿cómo iba a desaprovecharla? he escuchado cosas maravillosas de Ylisse, debo decir que se han quedado cortos en sus descripciones- coqueto como siempre, no dudó en arrebatar una copa de vino de un sirviente cercano, le gustaban las elegantes jarras, los diseños, todo era muy lindo, las joyas que llevaban las damas especialmente.

Tal vez, si tenía suerte y terminaba con una de ellas tras las cortinas podría obtener una como "prenda", un recuerdo para recordarla siempre (o eso le diría el engatusador galán para obtener su regalo), disfrutaba de escuchar los rumores de las cortes, pero nada era mas divertido que obtener una joya nueva o dos, y las damas eran bastante generosas también, no tanto como los príncipes por supuesto.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Sáb Mar 19, 2016 7:51 am

La atención era su combustible, estaba acostumbrado a atraer miradas y tan así que se daba el lujo de despreciarlas cuando se cansaba o simplemente cuando estaba resentido. Y lo estaba con las jóvenes mujeres que habían dado esas mismas miradas a su Suzuki. La mirada carmín se desviaba de las femeninas que la buscaban, solo para posarse en los pequeños detalles del bailarín más masculino, buscaba cambios, hacía dos años que no lo veía y quería saber si había habido alguna clase de efecto en él. Su mano seguía posada en su hombro y sus dedos largos acariciaron la curva que los músculos elegantemente marcados, mismas curvas de las que se había aferrado decenas de veces, tanto en bailes como en momentos más íntimos, eso permanecía tal cual lo recordaba. El contraste entre su piel blanca en sus dedos con la piel ligeramente trigeña del otro solo acentuaba más lo diferente que eran pese que en muchos aspectos eran similares, rasguñó suave sobre su piel para llamar su atención, no permitiéndole ni siquiera por omisión perder rastro de quien se encontraba en su hombro.

La mujeres parecían no darse mucho por enteradas del desdén y desprecio que el pelinegro estaba mostrando, aún intercambiando miradas e interpretando aquella actitud como enigmática y algo traviesa, incluso actuada puesto que parecía ser también alguien del espectáculo y más aún si se presentaba como amigo del bailarín que tanto les había atrapado. Juntos parecía que se acentuaba su apariencia exótica, alienándoles más de entre los demás invitados que vestidos de gala parecían igualmente seguir la misma línea de moda y estilo, ellos dos rompiendo totalmente el molde y dando un paso en el área gris entre masculino y femenino, apenas un corto paso el pelivioleta con sus largos cabellos de seda y joyas que decoraban un tanto más de lo que un varón normalmente llevaba y dando largos pasos el pelinegro que no solo trenzado su cabello y decorando su cuerpo con oro si no que pintura sobre sus ojos y ropas entalladas revelaban una figura que podía hacer que tanto varones como damas volviesen a mirar para corroborar.

Sus labios afilados en una sonrisa ladina se torcieron un poco tensos - Te conozco, y sé que de la belleza que buscas no está en estas damas si no en lo que las decora. ¿O es que ya andas nuevamente corriendo detrás de polleras ligeras? - habló de ellas de forma desdeñosa como si no se encontrasen allí, había visto sus rostros y registrado sus vestimentas, ninguna había llegado del brazo de los nobles que le habían contratado y le habían llevado y por sus ropas no parecían princesas o de demasiada alta cuna, no detectó peligro alguno, incluso al volver a mirarlas con una sonrisa descarada mientras se levantaba y rodeaba el diván donde descansaba el pelivioleta. En su andar movía las caderas como solo alguien entrenado en la danza sabía hacerlo, y relamiendo sus labios afiló aún más sus palabras - Ylisse es tierra de abundancia e infinita belleza, también me han comentado de que me cuidase de cazafortunas que solo buscan codearse con los rostros nuevos en las fiestas buscando la atención que no saben llamar de sus consortes. - una mirada avivada revisó manos notando algunos anillos de casamientos así como de compromisos, algunas, avergonzadas se retiraron musitando excusas y enseguida seguidas por otras que si bien se notaban que tenían mucho que decir se abstenían al no tener a sus compañeras que las respaldaran y era que al fin y al cabo, una voz femenina no era tanto de peso como una masculina en ese ambiente, sobretodo cuando estaba de por medio un par de bailarines masculinos que fácilmente podrían poner en duda su integridad e intenciones.

Librando el terreno se sentó sin más cuidado en el diván, siendo delgado como era no ocupaba demasiado espacio y se permitía acomodar a gusto junto al hombre por el cual había cruzado el mar. Con una sonrisa inocente y adorable que no parecía ser parte de la misma persona que segundos antes observó a las jóvenes damas con una mirada tan afilada como una daga de plata, se dirigió al hombre a su lado - Suzu~ querido~ que alegría poder finalmente hablar a solas. No tienes que agradecerme de librarte de esas arpías. Te devoraban con la mirada. Je~ como si creyeran que podrían conseguir algo de ti. ¿Qué te ha sacado de Begnion? Creí que estabas cómodo allí. - preguntó comenzando la charla como si no fuesen más que un par de amigos que se reunían después de mucho sin verse... nada más.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Vie Mar 25, 2016 12:41 am

Y ahí estaba la venganza, que de igual manera podía ser solo su naturaleza actuando; esa actitud que Judal tenía de querer toda la atención para él, incluso cuando bailaban en pareja era una lucha constante para mantener el equilibrio de la danza y no dejarla girar alrededor del pelinegro. Eso y que Suzuki detestaba compartir la atención con otros cuando esta atención era favorable. Egoísta al igual que él. No era de extrañar que terminaran de tan mala manera, pudo ser peor, ciertamente había empezado a esperar un ataque directo a su persona.

Los años de separación les había sentado bien. Al menos el pelivioleta estaba tan fresco y joven como siempre, los días en el palacio bajo el cuidado del príncipe habían hecho maravillas en su piel siempre bien cuidada, no se notarían los días de viaje. Podía olvidar esos días en el mar, bajo el sol y todo lo demás. Horribles días. Mejor centrarse en la belleza que conocía en aquellos parajes. O conocería, si Judal no las espantaba todas para el final de la noche. Frunció el ceño levemente, regañando al pelinegro caprichoso, pero esperó a que las damas se retiraran lo suficiente para que no pudieran escucharle.

- Normalmente a los consortes no les importa, ni a mi, mientras le mantenga a la arpía entretenida y yo obtenga mi recompensa. Poca cosa es peor que una prometida tenaz incomodando sobre querer conocer a tal o cual noble, paseos en carruaje, tardes de té y visitas a la familia. Pero bueno, eso carece de importancia ahora que las has ahuyentado junto con mis expectativas de ganancias cuantiosas. ¿Algún día madurarás? - Se contuvo para no chasquear la lengua, un gesto de lo más vulgar.

- No puedes espantar al resto solo porque eres impaciente - entrecruzó los dedos y desvió la mirada hacia la multitud. - Especialmente cuando no sabes como se mueve la nobleza por aquí - arqueó una ceja al constatar que Judal usaba aun más joyas que antes, primorosamente distribuidas en su cabello. Quería desviar la mirada, pero el oro y las piedras brillantes eran ciertamente hermosas.

- Cualquiera de ellas podría ser la  hija menor de alguien acomodado, o la amante consentida de algún lord - tantas posibilidades. Normalmente iban cubiertas de joyas, pero tales gustos variaban con la región. O podría ser una meretriz que supiera ser discreta y por ello se ganara a los nobles.

- Me gustó la idea de cambiar de aires - no diría nada sobre su secuestro, por si el pelinegro desconocía tales sucesos. Mejor para él.  - Llega el momento en la vida de todo varón en el que debe salir a conocer mundo- sonrió coquetamente a un grupo de doncellas que pasaban. - Lo que me sorprende es encontrarte por acá - no le había visto con el príncipe, así que al menos se sentiría aliviado de tener distancia de por medio.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Dom Abr 10, 2016 3:30 am

La adoración que le tenía al pelivioleta salvaba a este de la toxicidad del pelinegro, tan venenoso en sus palabras que cualquiera agradecería que se mordiese su propia lengua y muriese con su propio veneno, pero el bailarían parecía ser demasiado hábil con sus palabras como para cometer ese error. Suzuki era el dueño de sus suspiros y quien protagonizaba sus sueños por las noches, quisiera o no, aquella obsesión poco sana era lo que le mantenía a salvo, pues pese a tener un sentimiento incontrolable de hacerle daño, a su vez tenía una necesidad mayor de cuidarle, de tenerle sano y feliz para él. Pese a su carácter, el pelinegro no era tonto y sabía que podía atrapar más moscas con miel que con vinagre, él haber atacado a Suzuki solo habría logrado alejarlo, sin embargo ahora estaban compartiendo diván a solas. Las cosas salían mejor de lo esperado...

Con la sonrisa joven, Judal costosamente había pasado siquiera una noche difícil en el barco cuando había viajado hacia Akaneia, después se había encontrado cómodo moviéndose entre la nobleza y aún con oro en su bolsillo se permitía sus gustos caros y comodidades que le mantenían en perfectas condiciones de belleza, sobretodo en los cuidados de su cabello. Cruzó sus piernas, demasiado juntas para un hombre pero de manera elegante para el bailarín, acostando un poco su peso hacia el mayor para realzar su cadera en un ligero quiebre de cintura - Mereces algo mejor que solo perras de otros. Deberías dejar de venderte a esos trapos bordados sin gracia, quítales las joyas, quítales la ropa, quítales el maquillaje y no te quedará nada más que una cualquiera. - su tono bajo parecía un ronroneo entonando cada palabra con el tono justo de asco y desprecio.

Su brazo se acomodó en el respaldo y doblando el codo hasta que su mano llegó a su clavícula, jugó con el bordado de su ropa allí mientras su cabeza descansó en el zurco que formaba su brazo flexionado, mechones de cabello negro algo ondulado y que habían sido dejados fuera de su arreglo enmarcaron su rostro - Acomodadas o no, son perras que saben que están levantando la cadera al perro equivocado. Saben que quejarse les dejará en peor posición. A parte... - estiró su mano libre para delinear la cadera ajena, jugando con el borde de la ropa del bailarín de cabellos violeta - Necesitas a alguien que sepa como complacerte... Ellas no sabrían que hacer contigo, ¿o me equivoco? Conozco demasiado bien tus gustos y sé cómo hacerte perder noción hasta de tu propio nombre. - agravando su voz la sonrisa que mostraba era tan afilada que ofendería a un caballero y horrorizaría a una dama.

Ágil, no perdió tiempo en colar sus dedos entre los pliegues de ropa ajenos y llegar a tocar su piel debajo - También buscaba cambiar de aires. Me aburría a muerte en Begnion, me cansé de esos nobles estirados que solo estaban interesados en el oro. Necesitaba algo más y simplemente salí a buscarlo. Estamos en una época de descubrimientos y quería mi propia tajada. - su mirada se dirigió hacia la multitud y se quedó quieto al notar que estaban siendo observados, pero enseguida notó que solo era curiosidad hacia lo diferente, lo exótico, nada malo. Su mano solo se quedó allí, oculta tras un almohadón mientras su pulgar rozaba la piel acariciando con su uña.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Vie Mayo 06, 2016 12:23 am

- Todos tenemos derecho a un pasatiempo querido mio, eso me incluye. Claro, mis pasatiempos son algo fuera de lo común pero eso no los descalifica, solo porque otros lo encuentren placentero también - Su mirada volvió al joven, era difícil ignorar a quien exigía toda su atención con la misma devoción que le propiciaba. Pasó su vista de las brillantes joyas a la piel. El otro dancer era precioso con esa piel tersa, cabello oscuro, pestañas espesas y esos ojos que destilaban una mezcla de travesura tras el coqueteo. Judal siempre había sido muy bonito no lo negaría, un cuerpo muy cálido y apasionado, desde que era solo un jovencito detrás suyo. No era de extrañar que hubieran tenido sus aventuras juntos y que estas fueran intensas. E igual de explosivo el final.

- Sabes que solo son negocios para mi, un entretenimiento para todos, ellas o ellos y yo - Todo muy prudente, muy discreto, unas palabras bonitas, unas horas dedicadas, eso era todo la mayoría de las veces. Claro, y siendo el jovencito tan celoso no era de extrañar que Suzuki tuviera dificultades para realizar sus pequeños intercambios de favores ahora que le tenía ahí nuevamente. Y exigiendo toda su atención. No le dejaría cazar a alguna palomita deseosa de compañía o conversar con algún lord que quisiera entretener a sus huéspedes en alguna fiesta.

De momento tenía al príncipe, pero nunca se sabía cuándo caería de su gracia, pese a que se esforzaba por mantenerse interesante y no darle problemas innecesarios. Pensaba que el joven era un varón de palabra y todo su trato hasta el momento había sido muy cortés, todo dulzura y candidez pese a que sospechaba que era más agudo de lo que dejaba ver. Todos los que se encontraban en una posición de poder lo eran, eso o tenían consejeros muy aptos. Sin embargo, Suzuki no era conocido por ser crédulo o por dormirse en su gloria. Siempre tenía la atención puesta en las posibilidades.

Y Judal. Le encantaba Judal, pese a esa personalidad peligrosa y venenosa suya, era tan similar y diferente que le atraía, eso no podía negarse. Pero Judal era peligroso para cualquier intento de congraciarse con alguien. A menos que lo endulzara lo suficiente primero.

Sonrió suavemente al bailarín. Sabía cuando era necesario cambiar de estrategia y el orgullo no se interpondría. Un Judal satisfecho era uno menos conflictivo. Un Judal feliz era uno al que podía sacar provecho, llamaban mucho la atención como una pareja de bailarines.

- Ju~ unos labios tan bonitos no deberían decir palabras tan despectivas y fuertes. Siempre tan apasionado al defender tus ideas- reprochó a la vez que le dejaba jugar ¿Y qué si alguien les veía algo juntos y melosos? eran un adorno bonito para quien les había llevado a ese lugar, era labor de ellos verse bien y ambos siempre se habían visto perfectos en pareja. Muy exóticos y contrastantes entre la figura más andrógina de Judal y la suya masculina. Bien podían divertirse como desearan, mientras no dejaran divagar visiblemente las manos bajo la ropa todo era perfectamente correcto y nadie se atrevería a murmurar demasiado. Las amistades profundas entre dos varones eran perfectamente normales. No diría que todavía consideraba al casi asesino un amigo, pero era difícil etiquetar de alguna manera al pelinegro. Era diferente, especial. Tan conflictivo y complicado.

- Siempre fuiste muy aventurero en varios aspectos- le guiñó un ojo. - Y aun así no deja de sorprenderme encontrarte aquí - si quería endulzar al pelinegro debía ser lo más veraz posible, Judal estaba encaprichado pero dudaba que fuera un tonto. - Me tomaste con la guardia baja~ - no era una disculpa, pero era la alusión a una. Lo más cercano que obtendría - Y… creo recordar que era otro quien olvidaba su nombre- alzó una mano para acomodar un mechón de oscuro cabello rebelde.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Mar Mayo 10, 2016 12:16 am

Era posesivo y egoísta y por consecuencia, celoso. El bailarín de largos cabellos violetas era su principal objetivo de obsesión, aún le tomaba como suyo de una manera mucho más personal que cuando eran propiamente una pareja, quizás de una manera mucho más peligrosa para la salud del amante de las riquezas pues ya sabía de primera hasta que límites podía llegar el pelinegro. La sonrisa, completamente creíble para cualquiera pero en la pequeña intimidad que ambos compartían en aquel sillón, se sabía que era tan falsa como los vidrios tinteados que colgaban de los aretes de la mujerzuela que andaba rondando junto a los bailarines, seguramente una nueva noble que aún no podía permitirse los lujos de aquella corte, no podía si no reírse entre dientes de esa gente pese a que su familia misma no había sido noble de sangre y hacía relativamente poco que lo eran. Los dedos del bailarín no paraban de rozar la piel bajo las telas, sutil sin embargo, roces apenas con sus yemas y arañazos tan suaves que solo eran caricias con sus uñas cuidadosamente cortadas - Quizás deberías ocupar mis labios en otra cosa si tanto te molesta que hable realidades de las moscas que te rodean. - entrecerró sus ojos para mirara a su alrededor, sus pestañas tupidas y el maquillaje sobre sus parpados enmarcaban aún más aquel gesto desdeñoso.

La gente se entretenía, algunos bailaban al son de la música dada por la banda, un cuarteto de cuerdas en ese momento pero la presencia de un piano hacía evidente que no serían los único que tocarían esa noche, varios degustaban los vinos que eran las estrellas de esa noche pues celebraban la cosecha de uva del reino, si bien había otras bebidas no parecían ser tan populares, pequeñas bandejas de plata contenían bocaditos de diferentes quesos, panes e incluso uvas, suficientemente cómodas para que los invitados sostuviesen en sus manos mientras comían, siempre asistidos por el personal que retiraban los platos vacíos o disponía de más para quienes quisieran. Judal miraba un poco más allá de esa simple fachada, veía a los invitados, sus ropas, sus joyas, la manera que hablaban y como se paraban unos frente a otros, fácilmente hacía una escalera social dentro de la alta alcurnia del lugar, diferenciaba con facilidad quienes eran miembros de la corte real local, quienes eran de cortes invitadas, quienes eran nobles de sangre, quienes eran nuevos nobles. También veía el lugar, los espacios que darían privacidad, habían muchas puertas a balcón por lo que sería un balcón grande y espaciado, habían puertas de personal que seguro daban a corredores hacia la cocina, un par de puertas entornadas se podía ver el exterior, seguro allí habría un pequeño balcón más privado, alguno que no daba al patio principal donde celebraban los plebeyos, si no a un patio interior por encontrarse en la pared contraria. La cortina que cubría los ventanales, abierta, cubría en parte la puerta haciendo que esta quedase aún más fuera de la vista pública.

Tras su pequeño análisis volvió la vista al bailarín, ambos eran de la misma calaña por lo que estaba bastante seguro que lo que él veía también estaba a la vista del otro - No podría decir lo mismo de ti, no te veía en el perfil "aventurero", al menos no de la clase que cruzase las aguas. ¿No será qué ya no puedes mostrar tu rostro por las fiestas de Begnion? ¿Finalmente lograste conocer las sábanas de todas las mujerzuelas de zapatitos de oro de allí? - afiló sus labios y como si aquellos comentarios comenzasen a despertar recuerdos poco gratos sus dedos se volvieron más pesados y sus uñas se arrastraron en la piel ajena ya dejando ligeras marcas, inicio de claros celos - ¿O podrá ser que finalmente un esposo enojado dio con la raíz de porque su mujer suspira al escuchar tus piezas musicales? - más juguetón en esta última cerró sus ojos con una ligera risa. Arqueó su espalda sobre el respaldo acercando con su mano libre otra de las almohadas para colocarla contra su cadera, apoyándose allí y acercándose más al fruto de sus propias obsesiones, su mano subió más por la cintura ajena hacia su espalda, un tanto tenso en su vientre mantenía aquella posición en la que parecía que simplemente se apoyaba con su mano detrás del otro para mantenerse cerca y poder hablar en voz baja, cuando en realidad su mano se colaba en la espalda del pelivioleta y rozaba la línea de su columna y el inicio de los marcados músculos de la espalda. Las palabras ajenas le mantenían de un humor más tranquilo, disolviendo casi enseguida aquel inicio de peligro, nuevamente rió bajo recordando como en incontables ocasiones se había aferrado a aquellos músculos con sus uñas simplemente dejándose hacer limpiando tanto su mente que efectivamente había olvidado hasta su propio nombre e incluso en donde se encontraban [colo=red]- Pero nunca olvidaba el tuyo~ -[/color] terminó por decir arañando suave la piel trigeña ajena intentando evocar esos mismos recuerdos.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Vie Jun 03, 2016 2:17 am

Escuchó las palabras venenosas de su acompañante. Ciertamente el bailarín tenía un rencor evidente ante cualquier dama que cayera presa de sus encantos, era peligroso coquetear con sus próximas víctimas cuando estaba Judal en las cercanías. Se permitió un suspiro, dejando salir con él toda la tensión de su cuerpo. Debía asumir que su cacería de joyas terminaba por esa fiesta al menos. No había logrado hacerse más de algunos contactos. Algo que consideraba un desperdicio total de un buen viaje. Sin embargo, cualquier intento de continuar podría terminar muy mal. No solo porque dudaba que el pelinegro pudiera contener su lengua viperina, si no porque era consciente de que podría haber represalias después. Ser el objeto de obsesión de Judal no le volvía inmune a sus actos venenosos.

Ahí tenía la prueba, el pelinegro de manera cruel le impedía ampliar su colección. Le lanzó una mirada herida, el ceño levemente fruncido.

- No deberías prestarles tanta atención- Me arruinaste la fiesta .  - Después de todo, una verdadera joya puede alejarse sin mancha alguna tras el encuentro con las más azarosas desgracias… un poco de jugueteo no me va a estropear - Una verdadera joya como la que me impediste obtener.. Ju, en serio Ju… eso no se hace Estaba seguro de que una de esas damas podría presentarle a alguien más interesante en sus intentos por agradar, ya fuera a si mismo o a una personalidad de más alta alcurnia. ¿Qué mejor manera de tantear terrenos más altos que ir por ahí presentando a un exótico bailarín así no fuera quien le ha llevado ahí? todo aquello era un enredijo de cazadores, cazaban riquezas, influencias, favores. Era muy divertido. O lo había sido.

- ¡Oh vamos! como si fuera a huir así como así por alguna tontería como esa~ mis damas siempre han sido discretas, por su bien y el mío. Hay riesgos que no se deben correr. Pero como puedes ver, no he dejado de estar rodeado de lujos, así que esto no es una especie de exilio o escape de último momento de un esposo vengativo~ - señaló los alrededores, sin aclarar si se estaba quedando en aquel lugar o en uno similar. Oh no, no le daría armas al enemigo en aquella guerra. - Todo esto de una aventura es más un viaje de crecimiento~ muy relajante. Quería conocer a nuestros aliados, aprender nuevas culturas y danzas~ nuevos sabores - luego de todo lo que había tenido que pasar para solo cruzar las aguas, esperaba estar a salvo. No quería volver a ver un emergido, ladrón o secuestrador en lo que le quedaba de vida. Se aferraría a la hospitalidad del príncipe todo lo que las buenas maneras le permitieran. Tal vez aprovechar para conocer a algunas personas importantes. Le divertía mucho ser considerado solo una cosa bonita que cuidar y mimar, eso no significaba que no explotaría una ventaja tan obvia.

- La cocina de estos lugares es bastante apetecible, tienen unos sabores extraordinarios, unos colores~ - se estremeció ante la caricia incitadora. Tendría un problema entre piernas si no calmaba su mente y su corazón acelerado. Era tan fácil caer en el deseo por esa piel suave. Solo pensar en tenerle arqueandose así bajo su cuerpo, rogando por placer. La piel sonrojada por la pasión y los ruidos ¡oh los ruidos que Judal era capaz de hacer! eran música.

- Las especias en el vino, me han dicho que son altamente afrodisíacas, no habrás estado curioseando demasiado esos sabores ¿verdad? - posiblemente una mentira, o una curiosidad con la que pretendía coquetearle una de sus conquistas momentáneas.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Lun Jun 20, 2016 7:44 pm

Se gustaba pensar de sí mismo como inmune a los encantos de aquel bailarín pero la verdad era que caía tanto como cualquiera, o incluso más, su mirada de oro le hacía perderse del entorno y centrarse solo en él y quedar especialmente ajeno a las dobles intenciones en sus palabras. Por un momento todo fue perfecto, sus dedos seguían jugando con su piel trigeña mientras la voz profunda le guiaba. Se distrajo del significado de las palabras dejando la voz sonar de fondo como si fuese la música, recordar los sonidos que llegaba a hacer cuando se rendía al placer, como le miraba y como su voz se mezclaba con la suya, incluso ese gruñido contenido cuando debían guardar silencio y su jadeo ahogado cuando hundía su rostro contra el cuello ajeno. Cruzó sus piernas de forma algo femenina para disimular la reacción de su cuerpo a tales pensamientos y recuerdos, hacía años que no yacía con el bailarín y se había mentido que le había olvidado, que no era gran cosa y que no le importaba tanto, sin embargo allí estaba, nuevamente con el ardor en su pecho y las ansias en las puntas de sus dedos.

Tardó en reaccionar a sus palabras, solo dándole una intensa mirada que dejaba en evidencia sus pensamientos más ocultos, debió de pestañar un par de veces para relacionar el sonido de la voz ajena a palabras con significado y coherencia... ¿porque insistía en conversar? Ambos sabían que Suzuki era un adorno que se veía lindo, ni siquiera necesitaba hablar para convencerlo de nada. Si bien Judal no despreciaba la inteligencia del bailarín, pues ambos habían intercambiado en varias ocasiones amplias opiniones en diferentes ramas e incluso planes elaborados para engatusar a damitas en la corte, pero en ese momento era lo que menos le importaba. Su mano seguía recordando cada curva y cada zurco de los músculos ajenos y re dibujándolos por debajo de la ropa intentaba incitarlo a los mismos pensamientos que tenía. Intentó enganchar sus palabras con una respuesta vaga - Tus damas... - recalcó sin molestarse en ocultar su molestia a ese término, arañando con más consciencia ahora - Es extraño que hables de aliados, no sabía que estabas involucrado en la política. Realmente eres una caja de sorpresas. - dijo más distraído, desviando su mirada a un siervo que pasaba con una bandeja de copas de vino, al ver la mirada del bailarín se acercó para ofrecer bebida a la pareja. Tomó una copa y mojó sus labios solo para dejarlos un tanto más rosados y pasar la punta de su lengua para limpiar el exceso - Siempre fuiste de rodearte de lujos, no espero que sea diferente aquí. Más que parece que encontraste a la indicada para hincar el diente si lograste llegar hasta aquí ¿o serán contactos de tu papi? - estaba un tanto resentido con el balarín, sobretodo porque parecía que le estaba ignorando de a momentos.

Volvió la vista hacia el balcón que estaba vigilando, aún vacío y dispuesto, mejor, parecía que nadie caía en cuenta de la existencia de ese lugar resguardado por las cortinas, volvió la vista al bailarín. No le dio más tema de conversación deliberadamente buscando que no tuviese mucho más de que hablar, quería empujarlo un poco más a que se centrase más en su mano que en sus palabras.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Mar Jun 21, 2016 1:30 am

Podría seguir hablando, y Judal solo veía sus labios moverse y humedecerse de saliva cada que decidía pausar un segundo. Las pestañas cayeron un par de veces con extrema lentitud, en un gesto de coqueteo inocente que sabía volvía locos a varones y damas por igual. No debería, pero era divertido distraer al bailarín. Aun cuando su instinto le decía que corriera en dirección contraria y buscara asilo a los pies del príncipe Marth. Podía manejar al pelinegro. Lo había hecho por varios años antes del casi fatal incidente.

A Judal solo había que distraerlo. Como tirarle piedras coloridas a una ardilla. O en su caso, pequeños gestos. Un estremecimiento leve aquí, una pausa en sus palabras acá. Ignorarle un poco para seguir explicando sus intenciones de explorar aquellas exóticas (para él) tierras y conocer gente de todo ese continente. Suzuki era experto en rellenar silencios.

Y en ignorar proposiciones si no las deseaba. Como Judal estaba aprendiendo de mala manera.

- Política, todo es política, conseguir entrar aquí es un pequeño baile político~ uno muy divertido - bailar para el príncipe era exigente pero muy satisfactorio, danza interpretativa, el baile de la grulla, las alas de la diosa, tantos bailes bonitos con los cuales embelesar los ojos de los que no estaban acostumbrados a tales cosas. Algunas danzas eran algo femeninas en su raíz, pero darle la fuerza masculina era algo que todo bailarín hábil podía hacer. El príncipe no parecía de los que gustaran lo que mostrara mucha carne o poco respeto por su cuerpo. Miró deliberadamente a Judal de arriba a abajo, tal vez su acompañante no fuera de mucho agrado, no lo sabía, el pelinegro podía ser encantador cuando quería, con todo y su montoncito de veneno de viborita colorida.

Y ahí estaba, curioseando en sus motivos. - Ah… ¿No te gustaría saberlo?- Se hubiera decepcionado si no presionaba.

- Mi querido padre no estaba muy satisfecho con mi viaje, pero claudicó. Después de todo, un hombre necesita ver mundo, conocer más allá del mar, antes de sentar cabeza - oh si, podría ver el pánico que esas palabras podrían causar en el pelinegro. Pánico o hilaridad. Porque nadie que le conociera bien podría creer que iba a hacer algo tan mundano y común como casarse. Claro, considerando que era de una familia noble menor, aún era posible la búsqueda de un jugoso matrimonio de negocios. Algo que un hijo varón pudiera ofrecer y no una de sus hermanas o primas.

No era ignorante de la mirada perdida hacia el conveniente balcón. Ni en el cada vez mayor enfurruñamiento del bailarín.

Soltó una pequeña risa, guiñandole un ojo al esperanzado Judal. Este debía saber que no era dado a perderse tras las cortinas en un sitio tan concurrido, oh no, no a menos que la posibilidad de dar el espectáculo fuera acompañado por un incentivo generoso, que Judal no tenía. No dejaba de ser divertido que el menor tuviera ansias de alguna especie de reencuentro más físico y emotivo.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Dom Jul 24, 2016 2:45 am

No era inmune a la mirada del bailarín, esas espesas pestañas enmarcaban aquellos ojos dorados que parecían siempre estar reflejando los intereses del noble de Begnion, por unos instantes solo se le quedó mirando, buscando en aquella mirada las veces que le había visto en la intimidad, cuando le devolvía aquella expresión nublada de placer y entrecerrada por el éxtasis. Con la idea fija solo podía pensar en aquellos momentos y en su piel ardiendo por ser tocada, inquieta su mano siguió la curvatura de la cadera ajena tras el cojín, la posición en la que se encontraba ayudaba bastante a disimular con un dobles en sus pantalones y sus piernas cruzadas el naciente problema que se comenzaba a presentar.

Su mano se escurrió fuera cuando escuchó las palabras del bailarín, "sentar cabeza", esas palabras sonaban tan ajenas al pelivioleta que le tomaron desprevenido, sin saber si era una simple broma o que realmente el noble se había visto arrinconado por una propuesta de su padre solo le quedó mirando por unos momentos - ¿Realmente, Suzu? ¿Realmente crees que me voy a tragar esa mierda? - sus palabras fueron acompañadas por una sonrisa naciente que terminó en el gesto afilado y despectivo que le caracterizaba - Sabes que puedo tragar mucho, pero esas palabras si que no me engañan. ¿Tu, casado? Lamento la suerte de la pobre desafortunada. - con algo más de recato ahora apartó su mano, sobretodo porque los sirvientes se habían percatado de sus copas vacías y se acercaban con bandejas con nuevas copas y pequeños aperitivos. El pelinegro sabía cómo salirse con la suya en un encuentro íntimo en un lugar público, lo había hecho muchas veces en Begnion con el presente frente a él, y dejándose ver acariciándose no era una buena manera de no llamar la atención. Tomó una copa nueva y un pequeño bocado de algo que parecía ser una galleta con algo de queso por encima decorada con algunas hiervas, sin embargo su mente no prestaba demasiada atención a la cocina local, más bien seguía dando vueltas en esas palabras del otro. Había años que no veía al bailarín y no sabía si sus conceptos y principios seguían siendo los mismos o habían cambiado, por lo que veía seguía siendo el mismo por lo que podía descartar la posibilidad de que haya sido él quien quisiera hacer un viaje de locura antes de sentar cabeza, por otro lado, podría ser que simplemente estuviese huyendo de ese destino. Los matrimonios arreglados no eran cosa extraña entre nobles y podría ser que su padre le estuviese presionando para que lo hiciera, incluso podría ser que le hubiese comprometido sin su consentimiento y el bailarín estuviese escapando a su destino.

Se quedaría con esa versión, o simplemente le estaba molestando, pero la versión de la huída de un destino carcelario parecía más encantadora para él, más dramática, sobretodo su re encuentro. Bebió un trago del vino y miró este a travez de la luz, el tono rojo violaceo parecía una joya brillando dentro de la copa - Quizás si sea como dices y esta bebida tenga algunos matices afrodisíacos. Eso explicaría lo alzadas que estaban las perras que tenías a tu alrededor. - llevó el bocado a sus labios pero no lo metió todo en su boca, solo acarició con su lengua una de las esquinas para probar el queso algo agrio, un sabor que iba bien con lo astringente del vino pero que no era del todo del gusto del bailarín. Relamió sus labios y miró a un lado donde unas plantas decoraban y simplemente dejó en la tierra el bocado - ¿Exótico dices? Queso malo y leche cortada no deberían ser servidos sobre bizcocho desabrido. - se quejó. El pensar en otra cosa le ayudaba a solucionar el problema que había comenzado a nacer momentos antes, y la idea de que el mayor le echase en cara su soltura solo le enojaba aún más despertando su lado competitivo - Hablas mucho pero no me dices realmente que haces aquí, ¿a quién acompañas? - miró a su alrededor viendo los nobles presentes intentando identificar con quien estaba el pelivioleta - ¿De quién te has hecho perra? Porque dudo que hayas conseguido un trabajo de verdad en la corte. - comenzaba a ser ácido con su compañero ahora, frustrado y dejado con las ganas no hacía otra cosa que ponerse en modo destrucción.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Lun Ago 08, 2016 1:42 am

Tan atrevidos dedos. No le detuvo, Suzuki era un hedonista y disfrutaba del placer en todas sus formas. Así fueran esas caricias furtivas y anhelantes. Si fuera un poco más amable le hubiera detenido para no darle falsas esperanzas. Sin embargo, el bailarín no era alguien considerado o amable con los sentimientos ajenos si no le convenía. Y era egoísta. Tan egoista de disfrutar de la mirada de anhelo en ese rostro apuesto. Vanidad pura. Fue una pena que al final sus palabras si espantaran esa mano. Sintió el impulso de tomarla entre las suyas y coquetear con él como antaño, besar esa palma, o aún más atrevidamente la muñeca en la zona del pulso. Sabía lo mucho que podía calentar a alguien con un gesto tan simple. Solo tomar esa mano delicada, darle vuelta e inclinarse para depositar un beso y le haría tan feliz. ¿Porque era tan poco considerado con el enamorado dancer?

Era fácil olvidarlo y bueno, un solo vistazo a los ojos rojizos le volvía a aterrizar de golpe.

- Oh si, estoy conciente de lo mucho que puedes tragar- qué broma tan vulgar. Soltó una pequeña risa ante su propio atrevimiento, pero satisfecho de regresarle al pelinegro algo de su propia malicia. Era un comentario más digno de una dama de la calle que de un joven noble. Pero ahí estaba, inevitable.

Si sus aseveraciones fueran verdad se sentiría un poco más indignado. Y desde luego, su viaje no hubiera terminado nada más cruzar el mar en un país aliado. Oh no, hubiera encontrado el modo de huir a tierras más inaccesibles para las conexiones paternas, pocas o muchas como pudiera tener en el ámbito bélico del momento.

- Pero bueno, eso no cambia las cosas - Apartó con un gesto al sirviente con bebidas, no le apetecía emborracharse ahora con tan peligrosa compañía. Aceptó en cambio un pequeño bocadillo, algo crujiente cubierto de nata y endulzado con alguna baya local. Necesitaba algo de dulce para animarse a si mismo en aquella conversación. Ya podía ver los celos brillando nuevamente en el joven dancer, nada disimulados. Poco más y le pondría un collar y un lazo, o le marcaría con un hierro al rojo como un semental favorecido. Suspiró exageradamente ante sus palabras y sacudió el flequillo hacia atrás, dándole una mirada de reproche.

- Insistes con eso - no había peor ciego que el que no quería ver. - Sabes bien que en estos casos la perra alzada suelo ser yo - con una sonrisa ladina, hizo brillar sus anillos bajo la luz de las antorchas. Los malos modales de Judal le divertían, al menos no había escupido el bocadillo completo.

- Te falta entrenar tu paladar querido mío y contener tu lengua, has estado muy insolente hoy en día- mordisqueó el bocadillo, no era tan bueno como los que obtenía en el palacio de su joven príncipe, pero eran bastante agradables en comparación con los que tenía en casa. Obviamente eran golosinas de fiesta mayor. - Hhmmm, pero ya te lo he dicho, vengo como acompañante no como perra de nadie- no por falta de intentos. - Al menos de momento~ sabes que siempre he deseado hacerme con un buen mecenas que disfrute del arte y la danza. Una cosa es trabajar en la corte como el resto de los bardos comunes, pero ser el favorito de un noble y ser consentido por hacer aquello que amo, eso si es ganancia. Si este mismo tiene gustos exóticos… bueno, tanto mejor. No voy a pecar de inocente al fingir que esas cosas no suceden, o fingir que no lo disfruto-
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Sáb Sep 03, 2016 9:20 pm

El bailarín no era fácil de avergonzar pero la broma realizada por el pelivioleta le había tomado por sorpresa, ni siquiera había notado lo que había dicho y que se lo hiciera notar de esa manera hizo que un ligero rubor subiera a las mejillas de Judal, no acostumbraba que la lengua de su compañero fuese tan audaz en un lugar público, quizás si la suya pero la de Suzuki siempre había sido recatada, quizás la seguridad que nadie estaba escuchando le hacía volverse un poco más audaz... Enseguida sonrió intentando pasar aquel pequeño bochorno de haber sido atrapado en algo bastante bulgar pero por sobretodo cierto - Parece que aún tienes bastante presente nuestro tiempo juntos. - y era algo de donde podía aferrarse aunque fuese por unos momentos, se negaba a pensar que el pelivioleta no siguiese atraído hacia él después de todo lo que le había dado y todo lo que había pasado entre ellos. Confiaba mucho en su habilidad para amar, tanto como su compañero confiaba en la suya, también en que ambos tenían muy claro hasta donde podían llegar si la situación lo sugería siquiera, ninguno de los dos arriesgaría su situación y posición por un poco de orgullo entre cuatro paredes.

Subió sus pies sobre el sillón doblando sus piernas hacia un lado inclinándose más hacia el bailarín y de esta forma acentuando la ecasa curva en su cadera y al doblar su cintura acentuar una S antes inexistente en su silueta - Como buena perra alzada andas atrayendo a todo espécimen del sexo opuesto a una milla a la redonda como si estuvieses en un maldito celo. - reprochó mirando nuevamente su alrededor, esta vez no en la busca del noble si no dedicándole un venenosa mirada a cada chica que mirase hacia ellos. No tenía que fingir siquiera que le gustaba estar allí ya que asumía que pronto se iría y dejaría Ylisse atrás aunque la aparición del bailarín le desbarató un poco sus planes... si es que podía considerar planes a sus caprichos. Entrecerró sus ojos dirigiendo una mirada afilada al otro, lentamente asomando sus dientes en una sonrisa peliaguda - ¿Porque no me castigas si tan insolente estoy? - dijo en un tono bajo y confidente, esta vez si cargado con el sentido que debía tener.

La situación no iba por donde le gustaba y aquello empeoraba su humor y las palabras de otro no hacían nada para mejorarlo, parecía dejarle en claro que no iba a conseguir lo que quería en esa noche y a cómo iba la cosa ya suponía que terminaría entre las sábanas de alguien que no sería el bailarín aunque en su mente así lo fuese. Asumía que de los labios del pelivioleta no tendría mucha más información aunque no perdía nada con intentar - Ya veo... ¿y en calidad de compañero de quien vienes? Si estás en tan buena posición debe ser a un pez gordo el que haz engatusado. - al ver a un noble sentado no muy lejos de ellos con claro interés en su mirada hacia el bailarín de aspecto más masculino, un miembro de la corte de alguno de los países aliados que se veía que la cosecha había sido muy buena en sus tierras ese año, el pelinegro sonrió - Y cuando digo gordo quizás no signifique de alto estatus. ¿Acaso te estás entregando ya solo mirando anillos y bolsas de oro y no quien las porta? Suzu~ eres mejor que esto. -
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Dom Sep 04, 2016 2:15 am

Ah, ahí estaba el Judal adorable que fue una vez. Hace varios años ya, cuando el chiquillo le seguía con ojos brillantes de admiración y mejillas sonrojadas cada que le prestaba atención. El pelinegro era aún tan bello como en aquel entonces; con la diferencia de que ahora sabía usar sus encantos de manera que era un deleite para la vista, imposible de ignorar. Sus ojos dorados siguieron la silueta provocativa de aquella postura. Le había tenido así varias veces sobre su regazo mientras retozaban en un jardín florido o en la privacidad de sus habitaciones.

Suspiró melancólico. Y todo volvía a lo mismo ¿verdad?, Judal y él estaban algo obsesionados con aquellos días; pero mientras que Suzuki solo quería olvidarlo todo y poner distancia de por medio hacia esa historia y esos sentimientos tan complicados, para su propia seguridad y paz mental; Judal buscaba hacerles recordar con cada palabra y le celaba incluso en un momento como aquel.

Su sola visión era suficiente.

- Mmm~ lo pones de una manera tan sucia- no le molestaba tanto como debería que hiciera referencias de ese tipo. Suzuki era un hedonista. Disfrutaba del placer y de prodigar placer, aunque este último solo se daba cuando le convenía al bailarín. Era egoísta, quería siempre su propio disfrute y beneficio primero; a menos que tuviera dobles intenciones, no era generoso.

- Tú sabes cual es tu lugar, no te fuerzo ahí de regreso porque eso es lo que quieres cariño - su sonrisa era suave, nunca dejaría que sus expresiones mostraran tanta malicia como sentía en el interior, todo el acto era importante. - Y no voy a darte lo que deseas - nunca más tan fácil. Siguió la mirada de Judal sin poder detenerse a hacer una ligera sonrisa para camuflar cualquier mueca que pudiera surgir. Como si pudiera abrirse de piernas o pensar en juguetear con alguien como aquel sujeto. Tenía su orgullo.

A menos hasta que hubiera diamantes reales de por medio.

- Si te dejo ir sin un nombre vas a estar con tus fantasías sucias toda la noche ¿verdad? - posiblemente disfrutara señalando a todos los asistentes y especulando al respecto, empezando con los de peor aspecto solo para divertirse. Tal vez hubiera fantasías reales ahí, solo para sentirse menos menospreciado. - ¿Por qué me atormentas así? - melodramático como siempre sacudió un poco la cabeza. - Es un príncipe, si quieres saberlo, un encanto de persona - Estrechó los ojos, dándole una mirada contemplativa. ¿Cuales eran las posibilidades de que Judal intentara asesinar a su posible futuro mecenas si le daba un nombre? esperaba que pocas, siendo un príncipe el joven peliazul debía estar bien entrenado en las armas y seguro tenía más de un guardaespaldas por ahí. Quería creer eso. - El príncipe de Altea, vengo con él -
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Jue Oct 20, 2016 9:36 pm

Sus dedos delgados y en un momento atrevidos se habían apartado del cuerpo ajeno y ahora atraían contra él uno de los tantos almohadones del diván, almohadones pequeños de colores pasteles y bordados en hilos plateados, tan pretenciosos como los dueños de los traseros que se habían apoyado sobre estos en diferentes fiestas. El bailarín deslizaba sus dedos de uñas un poco largas y cuidadosamente limadas en un medio círculo, sus yemas rozaban cada detalle del almohadón hasta que encontró una pequeña imperfección la cual comenzó a rascar y cinchar de los hilitos desembocando su enojo y capricho en eso y no en el otro bailarín delante suyo. Detestaba que se pusiera a jugar de esa manera, que conociese tan bien su mente como para poder discernir con unas pocas palabras las intenciones del pelinegro y saber que decir para tenerle prendido de un anzuelo imaginario tirando constantemente hacia él... y no es que fuese muy difícil hacer que Judal girase su rostro hacia el bailarín de cabello violeta. Que respondiese con ese tono tan cómplice era como tirar leña al fuego interno del bailarín de ojos maquillados.

- Hace años que no me das lo que deseo. Creo que ya no eres capaz de hacerlo. - dijo con claro recelo en su voz, tan venenosa como venía siendo hasta el momento con sus afilados ojos carmines clavados como dagas en el cuerpo marcado del bailarín que incluso bajo aquella ropa podía adivinar aún de memoria cada músculo y cada curva. Apretó con odio el pobre almohadón que sufría su ira y lo atrajo aún más contra su regazo intentando disimular el odio que crecía en su pecho. Celos y despecho más que nada de ver en tan buena forma a Suzuki y que tan poco interesado estaba en él al punto que no parecía siquiera desearlo con sus pequeños trucos de quebrar la cadera y realzar sus mejores atributos, ignoraba que Suzuki estaba perfectamente consciente de las trampas mortales que estos eran y de cada truco que el pelinegro barajaba para atraerlo a su perdición, trucos que había aprendido en su gran mayoría del pelivioleta. Solo apartó la mirada del cuerpo ajeno cuando una identidad fue dada, un príncipe, el de Altea, país vecino y donde ya había estado y averiguado todo de aquel lugar, Marth era el único príncipe de ese país, el rey estaba ausente, la reina fallecida y la hermana mayor no se presentaba ante la sociedad en velo por su madre dejando al peliazul de corta edad como cabecilla y rostro de la nobleza de dicho país. Efectivamente, era una figura demasiado pública y demasiado protegida como para que las garras de Judal llegasen y era obvio que Suzu sabía aquello, por algo había soltado tan fácilmente aquel nombre.

Todo se había vuelto más claro y cualquier deseo carnal se vio opacado por la envidia. Había entrad airoso a aquel lugar pero Suzuki, sin siquiera pretenderlo le había humillado mostrándose de acompañante de alguien de tan alta cuna dejándole a él por el piso pese a estar en compañía de alguien de la corte real... basura ahora que se comparaba. Igualmente no pudo contener sus comentarios desdeñosos - Jm... veo que no te haz quedado quieto y comenzaste a escalar ni bien llegaste a este lugar. Tampoco te creas tanto, actuando como prostituta refinada de un príncipe de un país más chico que cualquier senado de Begnion... - soltó con desdén casi asco aquellas palabras buscando al príncipe en cuestión con la vista, no estaba seguro de como era pero sabia que era joven, cabello azul y de aspecto delicado, o eso es lo que decían las lenguas. No lo vio a primera vista, seguramente apartado del público general, por más que ese público general era nobleza, sabía que la familia real de Ylisse era también parte de la familia de Altea, primos, sobrinos y todas esas cosas... seguramente estaban apartados hasta que fuese la hora de algún brindis o la cena. Aunque seguía con la necesidad de continuar peleando solo se termino por levantar soltando el almohadón finalmente que mostraba un daño en el precioso bordado, una maraña de hilos de plata arruinados por las crueles manos del bailarín - Tu no pierdes tiempo pero yo tampoco, apenas he puesto pie en este lugar y verás que llegaré más allá que mover el culo a un noble. - sonrió alzando su mentón, su cuello delgado asomando por sobre el ancho collar de oro sólido que llevaba desde que era un jovencito de la mitad de altura. - Tu sigue cazando oro que a la cama de ese niñato será lo más lejos que podrás llegar. - se autodeclaraba una competencia y dejando en claro que se había enojado con no haber conseguido lo que buscaba. Todo habría sido más sencillo y pacífico con una revolcada detrás de una cortina, quizás si Suzu fuese hábil ni siquiera debían quitarse la ropa pero al negarle aquello había desatado aquel desastre... difícil saber que era peor.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Suzuki Uzume el Vie Oct 21, 2016 2:27 am

Observó con desinterés el ataque de Judal hacia el cojín. Ya comenzaba a ser destructivo, de modo que se evidenciaba lo malhumorado que estaba y lo mucho que le afectaba que no saltara sobre sus huesos. Las palabras venenosas no hicieron más que remarcar esa imagen que tenía del joven dancer.

- Bueno, considero que la violencia me baja el líbido y el interés rápidamente- jugueteó con los anillos de su mano derecha distraídamente y observó los alrededores a la multitud, buscando una excusa para huir de su antiguo compañero. Aquello era de lo más incómodo una vez que Judal comenzaba a ponerse serio. No le gustaba para nada que juzgaran su ímpetu sexual, en especial Judal, que intentaba llevárselo de nuevo a la cama cada que lo veía. Era en pocas palabras un hipócrita y terriblemente celoso. Para el pelinegro estaba bien revolcarse en las sábanas con él, pero cualquier otra persona a la que le prestara siquiera atención y ya le consideraba sucio aunque no hubiera nada sexual en ello. Vaya tontería.

Chasqueó la lengua, reprendiendo a Judal por sus palabras vulgares.

- ¿Eh? siempre he encontrado mi profesión muy respetable. Difícilmente es culpa mía que las damas y algunos caballeros caigan rendidos ante mis talentos artísticos - El hermoso príncipe siendo uno de los últimos. Aunque, desconocía si al príncipe le atraía sólo su danza o su belleza exótica, o ambos tal vez, eso aún estaba por verse. Y dado que su alteza no había actuado en consecuencia ni exigido nada indecente de él, Suzuki se sentía bastante seguro bajo la hospitalidad de Marth. Para su fortuna era muy generoso, justo y sabía reconocer a un bailarín de calidad. Suzuki no se alejaría de él fácilmente, le traería prestigio al príncipe al bailar en su nombre y crearía danzas bellas para él mientras le dejara permanecer en su palacio y conocer su reino.

El pelivioleta estaba bastante seguro de que el príncipe no le tiraría en cara que era un prostituto si decidía algún día marcharse de su lado. Era una de las ventajas de dar y recibir favores sin compromisos emocionales.

- Eres realmente vulgar… cuidado Judal, tus raíces plebeyas se están mostrando - le miró de reojo, reprochando al menor con la mirada por hablarle en ese tono tan grosero. - Y no necesito escalar nada~ me limito a disfrutar la buena fortuna que me trae el ser un bailarín sobresaliente en un reino amante del buen arte. Que el príncipe tan amablemente me invitara a su palacio seguramente es una ocurrencia común - se burló. Cómo si cualquier cosa que le involucrara pudiera ser común.

- Mover las caderas, querido mío, no el trasero… pero se te perdona el error, siempre confundías esos dos en tu baile, es entendible que busques entre tus otros talentos, la danza evidentemente no era lo tuyo - agitó una mano en su dirección, como si le despidiera. Pero terminó poniendose de pie y alejándose entre la multitud. No había forma que fuera a quedarse ahí como posible futuro blanco de los problemas de Judal.

Eso no fue muy agradable, pero era de esperarse . El pelinegro siempre había sido impredecible y peligroso de carácter. Demasiado posesivo. Precioso, pero complicado.
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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Judal el Miér Oct 26, 2016 3:13 pm

La música seguía en el fondo ajena a la discusión que comenzaba a escalar de manera sumamente veloz entre los dos bailarines, el sonido elegante del cuarteto de cuerdas que había tomado protagonismo y muchos se paraban para admirar seguía un ritmo suave que parecía terciopelo hecho sonido, profundo, pesado pero distinguida. Unos muy pocos apenas habían dirigido la mirada hacia el alterado pelinegro cuando se paró y alzó un poco la voz a su interlocutor pero sus palabras no llegaron claras, por suerte, a los cercanos. Un par de mujeres se habían "casualmente" acercado intentando captar con agudizado oído de que discutían los dos hombres tan exóticos a la vista y más siendo uno el invitado del príncipe del país vecino. Sobre sus pies se veía que no era un hombre especialmente alto pero tampoco bajo, aunque siempre se había visto menudo y pequeño junto a Suzuki que le ganaba altura y anchura... y ahora había perdido la oportunidad de volver a pegarse a su ancho pecho y aferrarse de sus torneados brazos. Aquel recuerdo solo le hizo enojarse más y más aún con la reacción de desdén y superioridad con la que reaccionaba el pelivioleta declarando abiertamente su falta de interés por el actuar del pelinegro, actuar ¡completamente justificado y causado por el mismo! a ojos de Judal.

Frunció el ceño con mayor enojo y tomó aire sin ser capaz de hablar por la sarta de tonterías que escuchaba, tonterías a sus oídos claro estaba pero solo por ser ciertas. El ser un artista era una profesión muy valorada en muchos lados y admirada, sobretodo en las altas cunas y al parecer en donde había llegado Suzuki era especialmente apreciada la gente en su profesión, personas que Judal consideraba carentes de capacidad artística ellos mismos y miraban a los músicos, actores y bailarines con envidia y con deseo de poseer su facilidad, aspecto o poseerlos a ellos mismos. Podía aceptar a regañadientes lo que decía pues estando ambos en la misma rama laboral sería tonto insultar su profesión pero lo que decía era algo totalmente fuera de ello. Tratarle de plebeyo fue como un cuchillo derecho a su orgullo y la tensión y furia en su mirada fue palpable, furia que comió sus palabras incluso cuando el otro seguía hablando desprestigiando más aún su trabajo al ponerse a él en una posición de que sin esfuerzo llegaba a donde estaba, como si ese fuese el flujo natural de las cosas. Sus mejillas tomaron color del enfado y terminó por apretar sus puños clavando sus uñas en las palmas de sus manos, de no haber tanta gente, de no estar en una situación mucho más delicada que el pelivioleta, de no depender tanto de ese trabajo con el noble habría gritado, se le había tirado encima, le hubiese arañado aquella cara bonita suya y llevándose consigo un mechón de cabello violeta le hubiese mostrado lo que era realmente ser una perra fiera, pero no se lo podía permitir, si perdía su trabajo no conseguiría el dinero que necesitaba, el viaje le había consumido más de lo que había esperado y no pensaba renunciar a sus joyas. Sus manos temblaron de ira y su voz se alzó sin llegar a un grito pero su agudizando bastante su tono mostrando la peligrosa histeria asomar y dando a entender a Suzuki lo afortunado que era de que se estuviese conteniendo - Hablas como si bailaras más sobre un escenario que entre las sábanas. No dudarías en ofrecerte al carnicero si pusiera un arete de oro frente tuyo ¡No te atrevas a irte! -

Siguió un par de pasos pero su voz se había alzado demasiado y ya tenía muchas miradas sobre ellos, no podía contenerse y tomo aire - ¡Ya veras! ¡Esto es lo más alto que lograrás llegar! ¡La próxima vez que nos veamos se te quebrará el cuello al intentar alzar la mirada a donde yo estaré! - ¿el le movía el culo a un príncipe? El conseguiría más que eso. Cargaría más oro que un cuarto del tesoro y tendría poder, conseguiría lo que buscaba y Suzu rogaría por llegar a siquiera besarle los pies, estaría tan cubierto en oro y poder que Suzu no podría mirar a nadie más, nunca más, solo a él.
Afiliación :
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Clase :
Dancer

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Consejero Real

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Re: Bailar de lejos no es bailar [Privado Suzuki] [Baile de la Viña]

Mensaje por Eliwood el Miér Oct 26, 2016 7:11 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambos obtienen un incremento de +1 EXP.
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Marqués de Pherae

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Gema de Ascuas
Espada de bronce [2]
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Lyndis
Nils

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