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La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

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La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Reyson el Dom Feb 14, 2016 4:35 am

Cuando había caído inconsciente, una parte de sí había dado una suerte de despedida, casi segura de que no estaría despertando otra vez. La lucha en las cuevas Kauku había sido demasiado ardua y la garza cayó bajo el golpeteo de los tambores de guerra; botas en el suelo, armas chocando, chirrido metálicos, gritos, golpes... ¿cómo podía pensar que despertaría a salvo? Más aún entre humanos, que muy probablemente le dejarían en el campo de batalla y seguirían su camino. Había estado demasiado exhausto y perdido como para preocuparse más de ello. Inclusive había sentido, en su momento, una pequeña satisfacción por lo mucho que había soportado en un campo de batalla, lo lejos que había llegado y cuanto había conseguido poner de su parte. Nadie podría decir que había sido una avecilla frágil e inútil.

Cuando despertó, no tuvo la más mínima idea de cuanto tiempo había pasado. El dolor en todo el cuerpo casi había desaparecido, dejando atrás una soberana pesadez, pero el recuerdo del calor contra su cuerpo y sus plumas prevalecía. La oscuridad de las cuevas, los oídos tapados en el fragor de la campaña, el ardor en su garganta, todo tan fuertemente impreso en el príncipe blanco que, al abrir los ojos, no conseguía creer cuan cristalino y fresco era realmente el mundo. Carraspeó, constatando que su garganta estaba un poco mejor. Qué alivio. Lo último que querría sería perder su voz. Ahora bien, ¿donde demonios estaba...? Había una cómoda suavidad bajo él, aunque sus alas no estaban como normalmente las plegaba para dormir, como si otra persona las hubiese acomodado. Se sentó sobre lo que reconocía como un nido de humano, parpadeó, bostezó, se frotó los párpados cansinamente y al fin miró a su alrededor, acomodando su cabello suelto tras su oído. Estaba a solas, al menos. ¿Pero dónde estaba su corona? No tuvo tiempo de enfadarse al respecto, demasiado confundido, aliviado y desorientado para eso, cuando de todos modos la encontró en una mesita de patas tambaleantes junto a la cama. Se sentó al borde de esta y tomó la humilde corona de imperecederas ramas trenzadas, llevándola consigo al ponerse de pie y dirigirse a la ventana de la habitación. Le habían metido a la cama vestido, hasta con el calzado puesto, aunque comprendía pues se trataba de poco más que tela fina envolviéndole los pies.

Estaba en un edificio humano, sin duda. La estructura era reconocible aún si se trataba de una habitación simple con una única ventana, además, podía sentir a una gran cantidad de humanos cerca. Si se concentraba suficiente los oía, en sus distantes murmullos y torpes pasos. No entendía a donde le habían llevado ni por qué, tampoco sabía si era obra del jinete wyvern, la cría de humano o el hombre león, quizás hasta alguien completamente distinto que le hubiese hallado después; como fuera, prefería no cruzarse con todo el grupo beorc y optó por abrir la ventana, ansiando el viento contra sí. Tras costosamente lograr maniobrar el mecanismo humano, antes de intentar salir, recordó que tenía una posesión más consigo: un hacha que había apartado de un enemigo derrotado en la batalla anterior. Parecía que se la habían dejado en la habitación, para su fortuna. Intentó levantarla, mas apenas consiguió sujetar el peso por unos momentos antes de que la pesada punta fuese contra el suelo, raspando la mandera. Terminó por arrastrarla hasta la ventana, apoyarla en el borde y dejarla caer hacia abajo. Enseguida se trepó él mismo por el alféizar, extendió gustosamente sus alas y salió en vuelo ligero, planeando hasta el suelo. Sus alas necesitarían ejercitarse un poco antes de regresar a sus capacidades usuales, también. Luego haría su retirada y quizás, quizás se plantease hablar con los humanos que lo habían llevado hasta allí antes. Pero lo primero y lo más necesario en ese momento no era nada menos que encontrar agua, no aire abierto: agua, un río, un lago, un estanque, lo que fuera que tuviera agua y donde pudiera limpiarse, porque seguía oliendo a las cuevas, su cabello seguía sudado y se sentía completamente desagradable.

Apenas tocó el suelo se topó con un rostro familiar que no le desagradó en absoluto: el de un gran wyvern negro, el mismo que había estado con él durante el altercado en las cuevas. - Queso, - Saludó a la criatura con un suspiro resignado ante el nombre que, increíblemente, parecía apreciar. El wyvern le olisqueó y dio un leve resoplido en respuesta; Reyson, que acababa de darle un leve beso sobre la nariz a modo de cariñoso saludo, torció inmediatamente el gesto al sentir su aliento, apoyando una mano sobre el hocico escamoso. - A ti tampoco te han bañado últimamente, ¿no es así? Ven conmigo. Vamos a asearnos, lo necesitas. - Dijo, procediendo adelante con un mero gesto para que el animal le siguiera. - Ah, y lleva eso por mi, ¿sí? Gracias. - Agregó, enseñándole el hacha que había caído prácticamente clavada al suelo. El wyvern pareció titubear respecto a alejarse del gran edificio humano, mas Reyson presionó con una mirada gentil y un carraspeo leve de la garganta, que acabaron por convencer a la montura de agarrar el hacha entre dientes y seguirle hasta el lago.

Al borde del lago fue dejada en cierto desorden el hacha, la corona de ramas trenzadas y casi toda la ropa de la garza, desde la túnica hasta el calzado, exceptuando una larga pieza de tela blanca que ató alrededor de su cintura por preservar pudor, en caso de que hubiese alguien cerca. Pálido, esbelto y carente de cualquier cicatriz o marca en el cuerpo, la piel que apenas contrastaba con el blanco de la tela y el rubio pálido de su cabello tomaba un aspecto casi etéreo, mas armonioso respecto a su entorno, el agua cristalina y quieta, el bosque silencioso a su alrededor. El largo de su cabello cubrió gran parte de su espalda, mas los claros tonos entre el verde y el reflejo azul del cielo no cesaban de ser demasiado fáciles de detectar; contando con la compañía del gran wyvern, sin embargo, se sentía más que a salvo. Instó a este a meterse en el agua y se encargó de bañarlo a él primero, dejándolo entretenerse en el agua mientras se ocupaba de lavarse a sí mismo, tomándose su tendido buen tiempo en limpiarse el cabello. Después de todo lo transcurrido, no había problema en tomarse un descanso y relajarse un tanto. Salpicar agua sobre las alas o el rostro del wyvern, reír un poco cuando sacudía la cabeza y estornudaba, hundirse en el agua de a ratos... todo lo demás, podría esperar.
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Haar el Jue Mar 10, 2016 1:29 pm

Había llegado a la base más muerto que vivo, apenas en el borde de la consciencia había bajado del wyvern y ni tres pasos dio cuando cayó sobre el hombro del hombre de cabello rojo, escuchó voces y se dejó caer en la inconsciencia cuando escuchó las ya conocidas palabras "¡Traigan a un curador!". Abrió los ojos bastante temprano en la mañana, el dolor residual en su cuerpo era familiar después de una batalla, levantó su mano, después la otra, movió sus piernas... perfecto, cada extremidad en su lugar y funcionales, se sentó en la cama y una punzada de dolor le recordó que había tenido una herida bastante profunda, el sabor amargo y metálico en su boca le dejaba en evidencia que le habían dado medicina y que la sangre no había sido enjuagada de su boca, al ladear su rostro y ver la almohada pudo ver las manchas de sangre que había tosido en la noche. Se aproximó al borde de la cama donde se sentó, tenía unos largos calzones blancos, limpios por suerte, y su pecho estaba vendado así como su brazo y pierna. Las heridas habían sido tratadas pero sin un curador, seguramente no contaban con los recursos pero el hecho que se despertase con vida ya era suficiente como para agradecerles.

A los pies de la cama veía sus cosas, su ropa dispuesta así como su armadura, contra la pared sus armas, todas ellas así como la alforja que había tenido asegurada al costado del wyvern, seguramente su hijo había quitado la armadura y las riendas al animal, pues estaba seguro que no se dejaría tocar por nadie que no fuesen ellos. Queso podría parecer un wyvern tranquilo y dócil, incluso un poco torpe y de carácter juguetón cuando estaba con su dueño, pero cuando era con un ajeno podría transformarse en la criatura más aterradora del plantel de wyverns. Lentamente se vistió, movimientos lentos y seguros, no era la clase de hombre que se quedaba quieto cuando estaba herido, menos cuando tenía que cerciorarse de tantas cosas antes de poder respirar con calma. Se puso sus pantalones, rotos a la altura del muslo pero ya no estaban manchados de sangre, seguro los habían enjuagado en agua nada más pues no parecían limpios tampoco, una camisa suelta color crema y sus botas, no necesitaba más realmente. Dejó el resto de sus cosas allí y cargando en su cinturón un hacha corta de filo curvo, por si las dudas, se encaminó a la salida. No tardó en encontrar a uno de los habitantes del lugar y tras preguntar suspiró en alivio al ser llevado con su hijo que aún dormía en otra habitación, también curado y estable, como veía en la mesa de noche, había bebido un par de botellas de medicina. Le dejó dormir y saldría a buscar a su segunda prioridad: sus wyverns. Malvavisco estaba contra la ventana del cuarto de Haru asomando de manera lastimera mientras esperaba que despertase, Haar le dio algunas caricias para reconfortarlo e iría a buscar comida para darle, seguramente ir a cazar con Queso le despejaría lo suficiente.

Caminó por largo rato en el lugar buscando a su montura, no podía moverse demasiado rápido, aún estaba resentido y algo adolorido, por lo que tardaba un poco más de lo que le hubiese gustado. Comenzaba a preocuparse por la ausencia de su montura, finalmente encontrando una persona que le anunció que había visto que un hombre rubio se había dirigido en dirección al rio en compañía del gran lagarto negro. Paso a paso llegó hacia el rio, antes de llegar a ver cualquier cosa escuchó el chapotear, el ligero gorgoteo alegre de su montura que reconocería incluso de decenas de wyverns, identificaba al suyo como si fuese su propio hijo. Enseguida lo vio en el agua y siguió acercándose sin notar la segunda presencia hasta que sus pies pisaron la tela blanca y casi tropieza con el mango del hacha semi oculta en el césped - Maldita porquería... - maldijo retomando el equilibrio con una punzada de dolor por el tensar de sus músculos. Su voz alertó al wyvern que se removió en el agua salpicando y haciendo olas mientras intentaba salir aleteando y moviendo su cola de manera descuidada, alegre de ver a su dueño comenzó la carrera a su encuentro. La expresión en el rostro del jinete pasó de cansancio ojeroso a sorpresa absoluta adelantando sus manos - No... no, no, no, no no no no... Queso no ¡Ahg! - pese a sus intentos de detenerlo el animal corrió hacia él empujándole con su trompa, rodeándole de manera ansiosa temblando sus alas y emitiendo pequeños ruiditos chasqueantes con sus dientes y gruñiditos agudos de alegría, sus patas se movían inquietas sin poder calmarse, aún rozándole con su trompa habiendo caído sobre el césped dando lambetazos húmedos sobre el rostro y manos del castaño que emitía un quedo quejido de resignación - ¡Maldita sea, lagartija de demonio! ¡Dije no! ¡Ya calmate! - si bien eran palabras duras no parecían afectar al wyvern que seguía como un perro que no veía a su amo desde hacía meses. Recién allí, desde su posición caída en el piso, notando la presencia del hombre alado en el agua.

Aguardó unos momentos en silencio y apoyando su brazo sano se levantó un poco su torso para observar mejor, parecía sano y recuperado, el cabello largo y su cuerpo esbelto, carente de cicatrices o marca alguna, pálido y suave a la vista le daban un aspecto hermoso que el jinete no pudo atribuirlo más a que le recordaba a una mujer como en los frescos de Begnion, vírgenes de largos cabellos rubios y piel igualmente pálida. Se sintió un tanto fuera de lugar pensando así, no podía comparar a las vírgenes de los cuadros y murales, figuras religiosas, con un sucio sub-humano traicionero y despiadado, seguramente era parte de aquel truco, como las sirenas que atraían a los hombres con su belleza y su voz, aquella ave debía tener aquellos mismos encantos, recordaba que había cantado en el campo de batalla. Desconfiado tardó varios segundos antes de hablar - Sobreviviste... no creí que pasarías la noche con vida. Supongo que ahora te irás de nuevo al bosque. - sabía de las garzas y la historia que se contaba en Begnion, como esta raza, de apariencia pacífica, había matado a la anterior apóstol y como estas vivían en el bosque que había sido quemado por el bien del país, no permitiendo tener asesinos entro de los límites del territorio. Sus pensamientos fueron cortados por una lengua grande y babosa que pasó por su rostro alzando el parche y parando algunos cabellos despeinados, bajo el parche se veía simplemente un agujero rojizo hacia dentro de la cuenca sin parpado y sin cicatriz que pudiese revelar un accidente descuidado. Enseguida acomodó nuevamente el parche sobre su ojo y empujó un poco el hocico del wyvern para apartarlo, notando que no tenía su aliento a muete que normalmente tenía - ¿Lavaste su boca? Normalmente no se deja... - dijo sorprendido sujetando al lagarto por su mandíbula para intentar ver su boca pero el wyvern enseguida gruñó y sacudió sin dejarse.
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Reyson el Vie Mar 25, 2016 7:17 pm

Ser acompañado por un wyvern le era más o menos igual a ser acompañado por alguien que pudiese comunicarse verbalmente, como una persona o un laguz. En general, apenas y diferenciaba una cosa de otra, pues se entendía bastante bien con cual fuese la criatura con la que se relacionaba; las características de su raza ayudaban en eso. Su único problema, si alguno se presentaba, podía ser un asunto de humores. Ya conocía a los wyverns como seres tercos, a menudo de carácter complicado de tratar, fieles a cosas que la garza tomaba como injustificadas... no, no era muy seguido que podía llevarse bien con uno. Era milagroso que le estuviese yendo tan bien con ese en particular, al que extendía sin chistar el debido agradecimiento por su ayuda en el desastre de las cuevas, pero aquello sólo hasta que su jinete apareció. En ese instante, no hubo palabras que convenciesen al gran reptil de moverse con más cuidado en el agua, ni miradas de profunda molestia que parecieran afectarle por salpicar, echarle pequeñas olas encima y luego otras no tan pequeñas. Chapoteando con las patas y creando breves empujes de brisa con las alas, el animal se lanzó hacia su dueño, dejando a Reyson escudándose algo tarde con sus propias alas y empapado a cuenta nueva. Acabó por dar un corto y único aleteo para quitarse algo de agua de encima, salpicándola en numerosas gotas.

Al menos, oír al humano caer con un quejido adolorido bajo los efusivos modos de su compañero era un tanto gracioso. Lo suficiente como para compensar y sonsacarle una pequeña sonrisa. Sin prisa alguna recogió su cabello por sobre su hombro para escurrirlo y quitarle el exceso de agua, mientras que el lago recuperase su quietud a su alrededor, y sólo al terminar se dispuso a aproximarse a verles. Podía andar por el área poco profunda sin mucha dificultad, aunque debía de abrir levemente el arco de sus alas para mantenerlas alzadas justo fuera del agua, las largas plumas de las puntas rozando apenas la superficie en el camino hacia la orilla. Allí, sin llegar a salir del lago sino tan sólo inclinándose hacia un lado o el otro, pudo ver al hombre aparecer de debajo del wyvern, el mismo jinete de un sólo ojo sano que le había sacado de Kauku. Definitivamente era él, el de la armadura negra. Y estaba mirándolo. ¿Qué tanto veía? Se había cubierto lo que debía ser cubierto con una tela atada a la cintura, y el cabello adelantado por sobre su hombro hasta le cubría de sobra. Tomó un breve y desconfiado silencio. Ahora que el peligro había pasado, ¿qué sabía de las intenciones de esos humanos? ¿Acaso debía anticipar ser atacado? ¿Reprendido por huir del edificio que habitaban?

Ah, no necesitaba cuestionárselo demasiado. Un gesto serio endureció su semblante un poco, centrándose en el hombre en el suelo e intentando percibir de él mismo alguna emoción predominante. Sólo sentía una desconfianza y cautela que reflejaba la suya. Bien, era bueno saber que estaban en las mismas condiciones, pero... si acababa de oírle correctamente, el humano era más irrespetuoso de lo que había considerado.

- ¿Irme al bosque, has dicho? - Le dedicó una mirada gélida y severa. Toda su figura se tensó, las manos cerrándose en puños y las alas pareciendo más grandes al seprarse un poco sus plumas, erizadas. - ¿Al bosque que tu raza quemó? ¿Ese bosque? Oh, vete tú a enterrar a los tuyos y muérete, humano. - Espetó en una voz baja, resentida. Sí, estaba ofendido. Y mucho. Por un momento el humano le había parecido enteramente otro, sin su armadura ni sus hachas ni su olor a sangre fresca encima, pero estaba recordando ya todo sobre él, incluido el mutuo desagrado que habían dejado por constatado en las cuevas. No negaba que le había agradado ser considerado despiadado y capaz, para variar un poco de la fragilidad que tantos otros le atribuían, pero aquello iba un poco lejos. Abrió la boca como para continuar en una tirada de insultos varios, y la cerró al ver a Queso lamerle el rostro. Ver cicatrices como la que había llegado a notar no fallaba en darle escalofríos, exponer su empatía a una herida vieja pero seguramente muy recordada; y esa se sentía intensamente inquietante para la garza. Su irritación decayó visiblemente en empatía por aquel dolor, dejándole con una expresión que no lograba ya ser fría ni distante.

Pero la idea se la había dado el wyvern, no el hombre, de todos modos. Si tan feliz estaba de compartir con su jinete, y hasta le lamía, seguramente el bañarse todos juntos le parecería perfecto. Reyson dio media vuelta para meterse de regreso en el lago, y sin siquiera mirar atrás llamó a la criatura. - Queso, por aquí. Ven conmigo, dejemos que tu amigo se limpie también. - Una sugerencia dicha con suavidad, nada más. Y no pasaron ni tres segundos después de ella, para que llegase a sus oídos el sonido de algo pesado metiéndose de sopetón al agua templada, alzando una amplia ola otra vez. Satisfecho, sólo aguardó un momento a que el agua pasara antes de girarse hacia el wyvern para acariciarle el lomo en agradecimiento, buscando con la mirada al hombre empapado. - Y sí, lavé su boca y le ayudé a limpiarse los dientes, de paso. Tenía un par de... cosas atascadas por allí, de la batalla, que ya estaban incomodándolo. - Respondió finalmente. No estaba exactamente ansioso de identificar lo que había encontrado entre las fauces del wyvern, pero se alegraba de haberse deshecho de ello. Le sonrió levemente al darle un par de caricias sobre las alas. - Estamos mucho mejor ahora, ¿no? -
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Haar el Jue Mayo 19, 2016 5:25 am

Se arrastró un poco bajo el peso del wyvern pero este volvió a empujarle con su trompa, rozó el costado de su trompa contra el rostro del humano y frotando hacia el otro lado se estiró apoyando más su peso contra su dueño como si no fuese más que un cachorro y no un lagarto gigante de casi una tonelada, el pánico volvió al único ojo del jinete cuando se adelantó a las intenciones del wyvern de recostarse sobre él. Apoyó sus manos en el cuello del animal y empujó con fuerza dando golpes fuertes con su puño pero que el wyvern parecía percibir como un cariño pues emitió una serie de chasquiditos con su boca y volvió a empujarle con la cabeza temblándole un tanto las alas - Fuera Queso. ¡Fuera dije! ¡Abajo, lagarto estúpido! - el negro animal frotó su rostro contra el césped y terminó por acostarse allí apegando sus alas contra su cuerpo para recostarse de lado y refregarse contra la tierra. El castaño salió de allí apoyándose mismo en el pecho del animal para ponerse de pie costosamente, aún adolorido por las heridas y sin tener demasiado aire en sus pulmones aún con líquido dentro, sangre que poco a poco drenaba con su tos. Finalmente de pie se apoyó contra el costado de su wyvern, este aún alzando su cabeza para rozarle el costado y pedir caricias y golpecitos de cariño, incluso mordiendo muy suave la mano del castaño, afilados dientes que rozaban sobre su piel sin lastimar, apenas sujetando.

La hostilidad del laguz era bien recibida, al menos estaban en una misma frecuencia en eso, no se agradaban mutuamente, no confiaban uno en otro y las palabras de este le dejaban en claro, Haar apretó su puño y frunció su ceño con molestia cuando mencionó una herida mucho más fresca y recordada que la de su rostro - Si hubiese tenido tiempo la hubiese enterrado. - dijo con odio renovado en su voz, no dolor, aquello lo guardaba más profundo y enterrado en su pecho, un ligero gruñido salió apretado entre sus dientes - Ustedes no debieron matar a la Apostol. ¡Se lo tenían más que merecido! Deberían estar agradecidos de estar viviendo en tierras de Begnion. Asquerosos y traicioneros sub-humanos, a fin de cuentas no se les debió permitir permanecer en tierras de humanos. - intentó contener sus palabras. Solo tomó aire intentando calmarse y observó como Queso acudía al llamado del otro, sintiéndose ligeramente traicionado se acercó a la orilla solo para observar  al sub-humano de espaldas, intentó meditar un poco mejor la situación. De ser solo de él la dependencia de la situación ya habría matado a la garza. En todas sus formaciones se le había enseñado que no había sub-humano bueno, y el único sub-humano que no era una amenaza era el sub-humano muerto, ni siquiera esclavos pues había muchos casos de esclavos que atacaban a sus dueños. Pero el gran pelirrojo le había solicitado en el campo de batalla no matar al pájaro, le había dicho de sacarlo de aquel lugar y seguramente seguiría con la idea de mantenerlo con vida, y tenía una deuda con él que no podía ignorar, sería demasiado descortés el matar a la paloma aún estando bajo su techo.

Consideró por unos momentos la sugerencia y no le pareció del todo descabellada, sentía la ropa un tanto tiesa y no se sentía muy limpio. Comenzó a desvestirse con cuidado, cuerpo marcado por constante entrenamiento, si bien era bastante ancho de hombros en su estomago apenas si se dibujaban sus abdominales teniendo algo de ancho de cintura por buena alimentación, varias cicatrices comenzaron a quedar a la vista, recuerdos de incontables batallas y muchas cubiertas por el vendaje en su pecho y brazo el cual no removió. Se quitó sus pantalones, piernas bien torneadas cubiertas por pelo castaño y una cicatriz que resaltaba bastante por no crecer pelo allí, una profunda mordida que se había llevado parte del músculo y seguro había tardado mucho en sanar y requerido la presencia de sanadores. Quedando solo con el vendaje y los largos calzones blancos se metió al lago - Parece que te llevas bien con Queso. No es muy dado a ser social. - casi que tenía que hacer fuerza para hablarle de manera normal y tranquila, aún con la tensión en sus palabras le dio la espalda al rubio agachándose lo suficiente como para hundirse por completo en el agua y salir completamente mojado limpiando así su cabello. El clima estaba templado por lo que no sintió frío al quedar mojado, después se encargaría de hacer una fogata para secarse ambos y su ropa, porque si, tendría que lavarla. Estiró su mano para tomar primero su camisa, hundiéndola y frotándola entre sus manos para quitarle la suciedad - No me respondiste ¿Porque no regresas a tu nido? ¿Porque te quedas aquí entre humanos? No perteneces entre nosotros. - era lo más amable que podía pero no podía disfrazar aquel rechazo que se le había inculcado desde pequeño.
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Reyson el Dom Mayo 29, 2016 11:39 pm

Su vista se posó sobre el hombre mayor con detenimiento, fija y sin más expresión que el férreo aire que le era natural. Estaba atento a él, buscaba algo. Detuvo los leves movimientos de sus alas así como los de sus manos al acariciar el lomo del wyvern, y sólo se centró en lo que acababa de percibir del jinete. Era claro que dirigía desagrado y desconfianza hacia él, pero ¿qué era eso otro? Percibía una frustración subyacente que se le antojaba extraña, una clase de ira lastímera y defensiva, como la que surgía de quien se veía acorralado. Desequilibrio. Lo cierto era que parecía haber mucho fuera de lugar en el espíritu de aquel hombre, como imaginaba que sucedía con los soldados que llevaban demasiados años en su actividad. ¿Se trataba sólo de eso...? No era sólo la carga de culpa de ver demasiados años de campos de batalla, no. Era otro punto débil respecto al jinete, y él querría conocerlo, tener esos puntos débiles a mano sólo para poder atacarle de regreso cuando debiese. Había algo más...

- ¿Qué apóstol? - Finalmente preguntó. No veía de qué hablaba el hombre pero, mientras mantenía la vista analíticamente sobre él e intentaba estudiarlo mejor, le interesaba saber de qué estaba acusándolo. ¿La apóstol de Begnion? ¿Qué con ella? No sabía nada de la organización política de la teocracia, francamente. Sólo que la anterior apóstol había parecido muy considerada con los suyos, hasta que un día simplemente paró y atacó. Y ese soldado parecía pensar que los laguz habían atacado primero; qué conveniente diferencia. - Estás loco, los reinos laguz no han invadido tierras humanas jamás. No tenemos la necesidad. Has de saberlo ya que, de haber habido un intento, Begnion le pertenecería a Phoenicis o a Kilvas desde hace tiempo. - Mencionó despreocupadamente, alzando el mentón con un deje de altivez. Ser una de las más frágiles criaturas existentes o estar desprovisto de toda defensa, hasta casi desnudo, no le impedía expresarse con firmeza en lo que creía que correspondía. Pensaba que sería bueno que lo de tomar Begnion sucediera, un día de aquellos.

Su vigilancia sobre el beorc fue recibida con algo curioso. No creía que fuese a entrar al lago (no creía, tampoco, que los humanos se preocuparan mucho de asearse) si no era el wyvern que lo jalaba dentro, pero aparentemente no tenía tantos deseos de ser hostil como para no compartir las aguas. Estaba desvistiéndose. Carente de gran parte del pudor innato que sentían los humanos por sus cuerpos, la garza no hizo el más mínimo amago de ver en otra dirección o de darle privacidad. Inclusive se volvió hacia él y tomó un par de pasos más cerca, moviéndose con cuidado en el agua para que la resistencia de la misma no le hiciese caer. Las cicatrices siempre eran una buena ventana a la vida de un guerrero, podían decirle mucho de él; como la carencia de su ojo derecho. No era extraño a las heridas y cicatrices, la raza halcón las portaba como orgullosa muestra de sus combates, pero algo como eso sí había conseguido remecerlo un poco. Mejor predispuesto ahora, Reyson reparó en el hundimiento en la pierna donde una gruesa cicatriz se había formado sobre tejido faltante. Tenía la forma de una mordida, de un hocico alargado. Se acercó como si nada, llegando a avistarla bastante bien antes de que el hombre entrara al agua frente a él.

- ¿Qué es eso? ¿Una riña entre Queso y tú? - Preguntó, mirando de forma pasajera al gran lagarto, como si él pudiese responderle tan bien como el dueño. No sería exactamente igual de claro, pero si daba alguna clase de respuesta, Reyson la comprendería. Estaban llevándose bien, en eso tenía razón el beorc. - No es sorpresa de parte de un wyvern, ¿no? Nunca he conocido uno que sea social. Sólo nos ponemos a nivel respecto a su carácter y al mío, con eso nos comprendemos suficientemente bien. Él me agrada bastante, y le debo mi bienestar. - Respondió, esbozando una leve sonrisa en dirección al animal. Claro, podía decirse también que le debía su vida a esos humanos, el jinete de cabello castaño incluido, pero la actitud del otro no hacía que se le antojara decirlo así.

Actitud que seguía sin cambiar, pues mientras se ocupaba de empaparse y ponerse a lavar su ropa, seguía diciendo cosas irritantes. ¿Acaso no podían salir de su boca al menos tres palabras que no fueran insultantes de una forma o de otra? La garza perdió rápidamente su sonrisa y en cambio resopló con impaciencia, cruzando sus brazos sobre su pecho.

- Oh, eres bastante denso, ¿no, humano? Ya no hay nido. Ya no hay bosque. Y si te sirve algo saber, tampoco hay garzas. Estás frente a la última. - Habló aprisa, claramente exaltado. Y claramente poniéndose a la defensiva. Pero el asunto era que su paciencia era bastante corta, y el jinete ya la traía desgastada. - A donde puedo regresar no es de tu interés, pero no planeo quedarme aquí. Estaba por irme, de hecho. Creo que me han traído lejos de las cuevas, pero veré cómo me las arreglo. - Se explicó, mirándole con el ceñido fruncido, esperando a ver si con eso quedaba satisfecho de una vez. Al terminar ladeó la cabeza y apartó la vista bruscamente, pues no iba a querer estarle viendo cuando soltara sus siguientes palabras. - También pensaba... quizás... detenerme a agradecerles por lo que hicieron por mi. A la cría de humano, el pequeño, especialmente. Pero veo que caería sobre oídos sordos. -
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Haar el Lun Jun 20, 2016 2:18 am

Le era un tanto extraño que el rubio le observase con tanta concentración y falta de pudor, no es que se avergonzara de su cuerpo o fuese un hombre especialmente tímido, años en el ejercito le habían hecho dormir en el mismo lugar que cientos de hombres, verles en paños menores y estar él mismo en tales condiciones, así mismo con los baños, en tiempos de guerra y más aún en territorio enemigo era normal que al momento de bañarse en ríos o lagos se debieran ir en grupos para cuidarse entre ellos, quedando gente en guardia, y en este momento estaba usando sus calzones solo porque la garza se cubría con una tela, sino ni siquiera esa delicadeza habría tenido. Aunque en otras ocasiones no había tenido a un compañero mirándole fijamente, a lo sumo alguna mirada de soslayo y extrañamente se hablaba de sus cicatrices, asumiendo todos que se habían hecho en guerra llamaban la atención las particularmente de formas extrañas, las que no parecían ser hechas por armas u otros wyverns, siempre siendo parte de escuadrones de wyverns, claro. Bajó su mirada para ver su propia cicatriz, mirando nuevamente con desconfianza el rostro perfecto de la garza, no había marca alguna en su piel, demasiado tersa y blanca como una muñeca de porcelana - No, justo esta no es de Queso si no su pareja. Cuando tomé a Malvavisco del nido la hembra me atacó. - lo decía con neutralidad, no parecía tenerle resentimiento a la hembra ni tampoco parecía darle la razón. Era natural que un jinete wyvern en algún momento dejase a su montura tener cría y vivir un tiempo apartados en las montañas, una suerte de retiro o vacaciones, sin embargo no había dado el tiempo suficiente, había sacado a la cría a temprana edad sin siquiera dejar pasar un año y aquello había alterado a la madre. Igualmente se había recuperado y la cría había crecido feliz y regordeta junto a su padre. El gran lagarto miraba a uno y a otro escuchando sus voces pero respondiendo más a las palabras de la garza, un ligero gruido y un bajar de su cabeza indicaría una negativa tal como decía el humano.

Dentro del agua intentó no mirar al ave, cuanto más la miraba más veía las similitudes con su raza así como las diferencias, no quería ver las orejas en punta, mucho menos la zona donde las alas se unían a su espalda y los ligeros abultamientos en esta por los músculos extra que movían las mismas, tampoco quería ver aquellos ojos de un color poco común y cabello que parecían hilos de seda cuidadosamente peinados para un telar. Se centró en hundir su ropa y frotar contra una roca las zonas donde las manchas de sangre y barro estaban más secas. Sentía el movimiento del agua, Queso empujaba suave su trompa contra el costado de la garza, alegre de sus agradecimientos y bastante feliz de pasar tiempo con compañía que le agradaba chapoteando en el agua - Tengo heridas hechas por Queso, en los brazos más que nada, no mide fuerza al sujetar o al jugar pero no es su culpa, se comporta como debe comportarse un wyvern de su tamaño y edad. - en tiempo wyvern Queso ya había entrado a la adultez pero no por muchos años, era joven y aún guardaba un poco de ánimo juguetón aunque estaba en sus años más difíciles de controlar, hormonal más de una vez había peleado con su dueño y otros wyverns, incluso con otros soldados y había matado caballos todo para demostrar dominancia. El castaño escurrió su camisa y la extendió para ver si aún quedaban manchas, visualizando varias más suspiró y volvió a hundir la prenda para seguir lavando pero las palabras le hicieron detenerse, se giró sorprendido volviendo a ver a cuenta nueva al rubio, ahora con otros ojos - ¿No hay garzas? ¿No hay garzas solo en el bosque o en todo el mundo? ¿Realmente eres el único? - su sorpresa era sincera, no había esperado que así, tan fácil, una especie entera, una raza, desapareciese y que solo quedase uno. No sabía demasiado de laguces pero no había esperado aquello, pensaba que los países de bestias habían más garzas o incluso en el bosque siguieran viviendo algunas, tampoco sabía que derechamente no había más bosque. El bosque era grande y os incendios no solían tragarse todo un bosque, antes de llegar al otro lado se detenían y consumían, la madera verde no ardía tanto como la seca. Dudó si el rubio no le estaba mintiendo pero no veía por que habría de mentirle, observó al lagarto que parecía afectado por el ambiente tenso y había dejado de juguetear en el agua, ahora mirándole casi que acusadoramente, como si le culpase por lo que había dicho. Frunció sus cejas y de frente al laguz volvió a escurrir su camisa intentando volver a su semblante más distante, pero no lo lograba, seguía teniendo en mente aquello "el último" sonaba solitario y si bien él se consideraba solitario aún tenía a su hijo y para mal o bien estaba en aquel grupo de mercenarios aunque fuese provisional.

En silencio le permitió hablar sin interrupciones, solo el sonido del agua mientras enjuagaba su ropa y escurría hasta sacar lo mejor que podía las manchas aunque no era una tarea en la que fuese diestro - Ya que lo mencionas, no sería seguro para ti estar en tierra de humanos. De cualquier forma, te salvamos la vida y sería tonto tirarte a donde la perderías con facilidad. Begnion está plagado de emergidos, los mismos que combatimos en las cuevas y los humanos que sobreviven fuera de la capital están tan a la defensiva que atacarán a cualquier cosa que se mueva... si eres un ave no dudo que incluso te cacen para comida, los emergidos queman cosechas y matan a los animales de granja sumiendo en hambruna a los poblados sobrevivientes. - la forma en que hablaba de aquellas tragedias era con suma indiferencia, en su tiempo en Daein había tenido que hacer ese tipo de tácticas ruines, no solo a enemigos si no a propios aliados para evitar el avance enemigo, cargaba con esa culpa pero era pan de cada día en su pasado. Evitaba mirarle, solo centrándose en sus manos mientras apartaban la camisa sobre una roca sin musgo para que se escurriese un poco y tomaba sus pantalones - Quizás me precipité, Haru estará feliz de verte con vida y bien, asumo que también el capitán Argus. No creo que les moleste que nos acompañes un tiempo, no hay demasiada comida pero no pareces ser de los que comen mucho.  Haru y yo viajamos bastante por el continente, incluso a continentes vecinos en algunas ocasiones, sería conveniente de si quieres ir a algún lugar vengas con nosotros para viajar más seguro. No pisamos tierra de bestias pero podemos dejarte en la frontera. - ofreció impulsado por la empatía de quien está solo. No eran similares sus situaciones pero entendía lo que era estar en tierra enemiga sin aliados, siendo acusado de traición en dos países debía vivir como mercenario o proscrito fuera del ojo del ejército y hasta que no había dado con la compañía de Argus había estado solo con su hijo, y viajar en grupo siempre era más seguro que viajar solo. En tiempos tan duros como los que estaban pasando no podía ponerse quisquilloso con la raza de su compañía.
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Reyson el Sáb Jul 02, 2016 6:15 pm

Se quedó con los brazos cruzados sobre el pecho, pero se quedó justo ahí, junto al humano. Mirando, pensando. Si él no daba señas de incomodarse, menos lo percibiría la garza, para quien no había nada de extraño al respecto. Además, tenía motivo de interés. Había querido hallarle un punto sensible al ver esa mordida y preguntar si se trataba de una riña con el gran lagarto que trataba como una mezcla entre mascota y mejor amigo, no había funcionado así ni cerca, pero seguía dándole vueltas a todo ello. ¿Quizás debía enfocarse en otra cosa? Como su cría humana, o algo así. Ya encontraría algo que tocase sensibilidad. Al escucharle sólo asintió, puesto que entendía a la perfección cómo habrían transcurrido las cosas. Cada especie tenía sus hábitos; era lo correcto en un wyvern, así que no había culpa en ello. Miró al animal que ponía la trompa a su costado cariñosamente, y abrió un alas como para acomodarlo debajo, aunque no fuese a caber más que la cabeza allí. - Hmm. Así que sólo es eso. Sólo eres brusco como tu amigo humano, criatura. - Le susurró. Con el que se irritaba era el dueño, no Queso, a él no tenía motivos para tratarle con nada menos que agrado y gratitud.

Hasta el momento, aunque se parase a su lado, el humano venía más o menos haciendo lo suyo, sin prestarle enteramente su atención. Tampoco era que necesitaran ponerse mucha atención para seguir lanzándose comentarios hostiles, en las cuevas ya habían mostrado poder hacerlo perfectamente bien. Así, tomaba con cierta sorpresa que súbitamente sí le mirase, inclusive parando en lo que hacía, mas sólo supo reaccionar alzando el montón un poco y dando la expresión más severa que podía esbozar. Seguramente pretendía molestarle otra vez, y Reyson estaba decidido a no permitirle la ventaja. Aún siendo un buen tramo más bajo y más delicado en contextura que el hombre de cabello castaño, se adelantó un paso en el agua para hacerle frente, pretendiendo demostrar al menos que no le temía.

- Te he dicho que el bosque ya no existe. - Replicó tercamente, frustrado con el humano. - Veinte años atrás, tus compañeros vinieron y lo quemaron hasta las raíces. El bosque murió al mismo tiempo que todos los demás, todo hecho en una noche. Si un amigo no hubiese llegado a tiempo para encontrarme y llevarme a mi, ya no quedaría ninguno de nosotros. Así que sí, soy el que queda. - No estaba siendo totalmente acertado, pues existía también su padre. Pero el viejo rey de Serenes no había salido de su lecho ni había dado señas de recuperación desde el incidente del bosque; evitándole el ser buscado y molestado aún más, Reyson prefería no mencionarlo. Que el rey siguiese con vida, aunque escasa, no era asunto ligero. De todas formas, por como parecían ir las cosas, era muy posible que pronto se transformase verdaderamente en el último.

Quizás, si estuviese menos cegado por la desconfianza y la frustración hacia ese humano, habría podido percibir mejor sus intenciones. Si se hubiese quedado en calma, con la idea de darle las gracias y sólo irse, seguramente su intuición habría captado lo que tenían en común. Carecer de ataduras o un lugar de verdadera pertenencia era un sentimiento que habría sabido reconocer; ese toque de empatía o de misericordia habría sido apreciado, aunque quizás resintiese la sola idea de causar lástima en un ser humano. No obstante, no estaba logrando entenderle en absoluto. ¿Le importaba si no estaba a salvo allí, entre humanos? Él ya lo sabía, pero ¿qué importancia tenía para el jinete? ¿Acaso quería asustarle con decirle que podrían cazarlo para comida? No, no parecía ser eso. Bajó la vista, perplejo. - Lo sé. Hay cosas peores, también, pero... - El humano le dio la espalda un momento para poner su ropa en la orilla, y justo entonces decía cosas aún más confusas. ¡Y las decía como si nada! Para nada seguro de qué creer a esas alturas, Reyson replicó con impaciencia. - ¿Ahora quieres que... permanezca con ustedes? Estabas en mi contra antes. Más bien, te ponías en contra de mi raza, como miembro de la tuya. - Dijo, culminando con un marcado suspiro. Quería entender, quería su intuición de regreso, y para eso debía calmarse un poco. Logró continuar con bastante más tranquilidad. - Deberías estar feliz, ya que te he dicho que no hay más de nosotros. "Ganaste", como humano. Tu único enemigo vivo soy yo, y si te incomoda, todo lo que tendrías que hacer es intentar matarme y ya. Tú... - Intentó verle al ojo sano, juzgar así si estaba siendo honesto o no. - Oye. Mírame, al menos. -

Si él pensaba seguir siendo distante e incomprensible, Reyson se encargaría por sí mismo. La garza estiró el brazo para tocar el costado de su rostro y volverle la vista hacia el frente, ni gentil ni particularmente brusco, aunque la piel era perfectamente suave al tacto. Impávido y silencioso, sólo miró contemplativamente su expresión hasta decidirse. En aquel hombre con infinidad de pesares en la mirada, cuanto menos, mentir no era uno. No ocultaba nada. - Estás siendo sincero. Sí quieres que permanezca. - Concluyó finalmente, bajando su mano. ¿Qué podía decirle? Claro que le serviría hacer el camino hacia la frontera a salvo, pero apoyarse en humanos no le sentaba muy bien. Había estado preparado para agradecer e irse sin más. Intentó ser honesto, él también, y medir si el humor del hombre seguía siendo igual. - ¿Y si te digo que pienso vengarme de ustedes, los humanos? Aún si soy sólo yo. Hago una excepción por ti y tu familia, como agradecimiento por lo que ustedes hicieron por mi... se los debo. Pero, si te digo que mis intenciones para con todo el resto de tu raza no son buenas ni pacíficas, ¿querrás todavía que esté a salvo entre ustedes? -
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Haar el Vie Sep 16, 2016 8:20 pm

Intentaba centrarse en su tarea de limpiar su ropa, no tendría problemas de después usar ropa mojada ya que en el campamento siempre podía encontrar un fuego donde sentarse unos momentos para secarla, no hacía particularmente frio tampoco así que no se enfermaría, un rato al sol también podría servir sobretodo ahora que llegaba el mediodía y el sol estaba en su punto más alto. No solo se centraba porque aquello tenía que ser hecho sino porque no quería ver a la garza a los ojos. No lo parecía pero era un ser empático y comprendía los sentimientos de los demás, que en momento de batalla anulase toda esa parte de si era otro tema a parte, ahora en la intimidad del bosque en aquel lago hablando tranquilamente con la garza podía entender mejor su dolor. Dejó sobre una roca su camisa, aún se veían fantasmas de las manchas de sangre sobre la tela, como manchas sin formas en un rosado deslavado pero ya era obvio que no saldrían o al menos al humano no le importaba, lo más grande había salido y realmente esa camisa no había visto mejores días en mucho tiempo. Por los momentos de silencio el hombre no habló, no se molestó en llenarlo, solo dejaba a la garza expresarse y después el sonido del agua moverse, los pájaros discutir en las ramas y el murmullo de los árboles al pasar el viento entre sus hojas.

Intentaba imaginarse aquello, ser el último sobre la tierra, que no existiese un hogar, que todo estuviese quemado sin posibilidad de regreso, esa parte era fácil, así como él había encontrado hogares provisorios en varios pueblos también podría encontrarlos la garza en otros bosques, era un bosque nada más, no veía que fuese especial más que por que las garzas viviesen allí, a lo largo y ancho del mundo había muchos bosques más - Yo era un niño cuando eso ocurrió, aún estaba viviendo en Begnion. - dijo con un tono serio, neutro - La noticia corrió tan rápido como el fuego por todo el país, el asesinato de la Apostol y la justicia que se había tomado. Parecía demasiado poco solo quemar un bosque por todo el sufrimiento que habían causado. - dijo repitiendo palabras de su padre, aunque también lo había sentido así en su momento, ahora era solo una vida más, Apostol, rey, o quien sea, ya había perdido ese sentimiento de que una vida valía más que otra, era lo mismo que las banderas. Frunció el ceño dándole la espalda al rubio, su propia espalda ancha, marcada por musculatura y surcada de varias cicatrices, arañazos seguro de su montura, así como claros cortes y golpes de armas, se veía el tostado de la piel por el sol y las marcas de donde el sol no llegaba tanto - No considero una victoria de algo que no hice. - esta vez fue seco al respecto, un tanto brusco en sus palabras. Sintió que se acercaba y cuando le tomó el rostro para voltearlo la mano pesada del jinete se cerró con fuerza en la muñeca de la garza, asumiendo un ataque pero se quedó quieto observando sus ojos extrañamente claros sin soltarle, frente a frente y con el agua un poco alborotada a su alrededor por el movimiento rápido del hombre.

Quieto por un momento sintió el movimiento del agua nuevamente acercándose el gran lagarto, gruñendo bajo y con su cabeza gacha casi contra la superficie del agua, contagiado por la tensión y la reacción de su jinete se ponía de su lado a defenderle aunque sin atacar, de ser otra persona habría sido un ataque directo, pero la garza era algo así como su amigo por lo que solo gruñó en advertencia de que no tocase a su humano. Lentamente termino por soltar al rubio - Claro que soy sincero ¿por que te mentiría? Seré muchas cosas pero no un mentiroso. - las palabras de venganza eran fuertes, casi tanto como la palabra traidor, sabía como eran esas cosas pero solo suspiró largamente - Si quieres matar a todos los humanos solo debes tirarte de espalda y esperar, ya nos estamos matando entre nosotros por tontas banderas. De todas maneras dudo que puedas hacer mucho tu solo, incluso si consigues aliados sub-humanos, han estado en guerra por años y sigue estando el mundo plagado por todos. Al parecer tu raza fueron los únicos desgraciados que no lograron sobrevivir. - enjuagó sus manos y se pasó las mismas por sus brazos mojándolos para quitarse un poco el frío de estar quieto y mojado - Si quieres ir contra mío o de mi familia encontrarás muy rápido la muerte. En cuanto a lo que quieras hacer con el resto del mundo, no es mi asunto. Te ayudaré hasta donde considere justo o hasta donde mi corazón me diga que lo haga, mientras estés conmigo y mi hijo, no cometas locuras que nos comprometes a nosotros también, una vez solo tírate a un rio de lava por lo que a mi me importa o empuja a un centenar de bebes. Aunque sería un desperdicio sacrificar tu vida después del esfuerzo que fue mantenerte en una pieza. - notando que se iba un poco por las ramas miró el rostro de la garza por unos momentos en silencio, realmente no encontraba imperfección y si bien tenía rasgos masculino no encontraba ningún detalle desagradable, no podía catalogarlo de femenino pero su belleza atraía tanto como la de una dama.  Frunció el ceño molesto consigo mismo - Como sea... haz lo que tu corazón te diga que es lo correcto, es en lo único que puedes confiar. -
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Reyson el Sáb Oct 22, 2016 8:28 pm

Había estado tan seguro de que jamás se llevarían bien, sin importar lo que pasara o lo que hicieran. Pero la riña había bajado de intensidad, y lo cierto era que a Reyson se le acababan las quejas. El hombre había sido un niño cuando Serenes ardió... y por supuesto, considerando que los humanos crecían tan rápido. Le mareaba un poco seguirle el paso a eso, pues no podía creer con facilidad que lo que había frente a sus ojos, un hombre mucho más grande y ancho que él, ya con cabellos grises en la cabeza, hubiera sido un niño hacía tan poco. ¡Qué rápido iban! Y ahora, no tenía mucho que recriminarle al hombre sino su herencia, que igualmente era nula, pues parecía desligado de todo y de todos. ¿Algo que le quedara para recriminar? Su raza. Aunque debía darle puntos por haberlo salvado, era un favor que le debía a la pequeña familia de dos. ¿Algo más? ¿Algo que quedara? Solamente su mala actitud, a lo sumo...

El hecho de que no le gustara en absoluto ser sujetado por un humano, eso contaba. Frunció el ceño un poco cuando el hombre le tomó por la muñeca, poniendo en su rostro un gesto de dolor. Sólo era un agarre, pero el hombre tenía fuerza y la garza no se olvidaba tan fácilmente de la fragilidad de su cuerpo. Los dedos dejarían marca. Si no luchó, fue porque sabía que se rompería era muñeca antes de lograr cualquier cosa contra ese hombre; de todos modos, no sentía una verdadera malicia o ánimo agresivo de su parte, no despertaba su sentido del peligro. Reyson sólo permaneció de pie donde lo sujetaba, alzando el mentón para mirarle desafiante y sin temor. Tironeando no llegaría a ninguna parte y eso era claro, demasiado esbelto y liviano en contra de un soldado entrenado. Pero siempre podía fulminarlo con la mirada. - Pues me estás lastimando ahora. - Acusó, pocos momentos antes que el hombre le soltase. Cuando lo hizo, procedió enseguida a mirar su muñeca, bajando la cabeza considerablemente y pretendiendo que no había dolido tanto. Sí, tenía la muñeca marcada. Supuso que el color se iría en unos minutos.

Y hasta Queso le estaba mirando de mala forma. ¿Para qué? Ya no estaban discutiendo, puesto que no quedaba nada más por qué pelear. El humano hasta parecía bastante indiferente a las intenciones de Reyson, mientras no fuera un inconveniente para él y su familia, así que no le quedaba ni eso. Suspiró pesadamente. Si no componían las cosas o no se llevaban mejor, era probablemente porque Reyson no quería, y ponía lo menos posible de su parte. No quería llevarse bien con un humano. Aunque lo cierto era que se habían puesto bastante de acuerdo, estaban a mano y en equilibrio, y al parecer se quedarían juntos un poco más.

- No te ves muy ofendido por que yo odie a toda tu raza. No parece que te importen mucho. Tu cría sí, por supuesto, pero... - Dijo, mirándolo con leve sorpresa. Tenía razón, no era un mentiroso. Al menos, la garza no podía percibir la menor deshonestidad en sus palabras. Lo que decía era lo que era; todo, desde su indiferencia hasta su intención de tener a Reyson a salvo entre ellos y permitirle hacer lo que quisiera. - Hmph. Si así es, entonces creo que permaneceré un poco. Sólo un poco. Cuando me recupere por completo, me despediré de ti y de tu hijo, y probablemente no volvermeos a ser una molestia el uno para el otro. ¿Qué te parece? - Terminó, regresándole la fija mirada al hombre.

¿Por qué tanta atención? Arqueó una ceja y se enfocó con desconfianza en el único ojo gris sano. Conocía esa curiosidad. Una media sonrisa altanera se asomó en la comisura de sus labios, aunque no pensaba decirle por qué. Lástima que fuese un humano. Las personas con su justo carácter y la fuerza para realizar sus convicciones le agradaban, aunque aquel fuese sólo la fuerza y una inmensa resistencia, sin mucho de la parte de convicción. Pasó a su lado para tomar sitio con Queso, ya estaba limpio pero no tenía problemas con quedarse en el agua, y quería asegurarse de tener las paces hechas con el wyvern. Pasó su cabello por el costado de un hombro, apretando las puntas para quitarle algo de exceso de agua, y enseguida se dispuso a terminar de enjuagar al lagarto como gesto de paz por la pequeña pelea de antes.

- Pero eres un humano muy extraño, si te importan tan poco tus hermanos. Y puedo ver que no te importan mucho. Este wyvern es más hermano tuyo. - Comentó mientras se agachaba a darle una última revisada a los dientes de Queso, que alzó la trompa para mostrarlos un poco. Sin trozos duros lastimándolo ni nada, perfecto. Reyson le dio un par de palmadas. - ¿Acaso te has aburrido de las guerras? ¿O en verdad crees que terminen por matarse entre todos? Eso realmente sería conveniente para mi. - Dijo, complacido. No le importaba tanto que fuese por su propia mano. Pero todo era extraño, se suponía que Haar fuese un soldado y esa actitud de desdeño hacia jefes, reinos y causas no encajaba. Le miró con atención, nuevamente sin respeto alguno a cualquier necesidad de intimidad ajena. Inclusive posó las puntas de sus dedos mojados, cauteloso y ligero, en una de las muchas cicatrices en su costado, a la altura de las costillas. - Pero debe haber algo que te importe, alguien más que te importe, o cuanto menos algo que cause reacción... algo que justifique todo esto, quizás. De lo contrario, no serías un soldado. Y hasta yo sé que vestías como un soldado cuando nos encontramos. De Begnion, supongo. -
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Haar el Mar Oct 31, 2017 6:19 am

La expresión de dolor en el rostro del laguz no le hicieron retroceder en su momento, no consideraba estar sujetando con fuerza exagerada, solo firme y lo tomaba como solo una exageración pero tampoco extendió el gesto liberándolo casi de inmediato. Mantuvo por largos, eternos, segundos la mirada en el rostro del rubio, aún avergonzado de sus propios pensamientos lo apartó con las primeras palabras de este, la tensión violenta del pequeño enfrentamiento rompiéndose y relajando un poco al gran lagarto que se había quedado gruñendo bajo y constante a un lado de ambos con la trompa escamosa y fría entre ellos. Sus pensamientos se agolparon en su mente casi todos a la vez: sería el tiempo lejos de cualquier pueblo, demasiado tiempo con un grupo de hombres más parecidos a osos que a humanos, demasiada cercanía con su hijo y escasez de dinero en su bolsillo como para tener compañía femenina, podía ser solo ansiedad y soledad, falta de contacto con gente más que para realizar trabajos o coordinar quien iría a comprar al pueblo o cazar al bosque, también tenía presente la naturaleza mezquina y traicionera de los laguz, como se le había enseñado en su niñez y podría estar cayendo en alguna clase de hechizo o simplemente tenían esas habilidades de las historias que se contaban en las fogatas, mostrar lo que uno quería ver, reflejos de lo que uno ha perdido, eso explicaría el largo cabello rubio... había muchos factores que podían hacerle a su mente ir por lugares que no deberían y lo mejor sería despejarla.

Al darle la espalda volvió a ver la costa, estaban allí sus botas, sus medias, la camisa extendida sobre la piedra... y no estaban sus pantalones. Se miró las manos vacías y recordó haberlos tomado para lavarlos pero al sobresaltarse los había soltado - Menuda mierda... Queso lejos. - le dijo al wyvern que un tanto mas relajado se volvía a mover en el agua disfrutando de la templadez de la misma, si llegaba a pisar sus pantalones o enredarse con estos en sus garras tendría que volver en calzones al campamento. El wyvern miró curioso pero regresó al lado del laguz que parecía más dispuesto a asearlo que su dueño que con las manos metidas en el agua se agachaba hasta quedar al cuello hasta finalmente sacar sus pantalones del fondo del lago. Suspiró con algo de alivio y mantuvo la espalda al rubio, de alguna manera se sentía más seguro si no lo miraba directamente y con sus manos ocupadas en frotar la tela del pantalón para quitar la tierra y sangre seca tenía la excusa perfecta para evitarlo. Su único ojo fijo en lo que hacía habló con el tono monótono usual - Cada uno siguiendo su camino es lo mejor para todos. No perteneces con los humanos y no voy a protegerte por siempre de nosotros. - sus manos toscas y ásperas comenzaban a suavizarse un poco por el agua, resentía aún cortes y heridas de la última pelea, ardían ahora que el agua había ablandado las costras y dejaban los cortes al aire, al menos no sangrando ya, la tela gruesa del pantalón ofrecía un poco de resistencia pero al menos las manchas más grandes saldrían, vería de conseguir hilo y aguja para remendarlo y podría utilizarlo nuevamente sin mayores problemas - No veo por que me ofendería por lo que pienses tu de nosotros. No odiamos por cosas más tontas. - levantó el pantalón y lo escurrió extendiéndolo delante suyo para buscar mas manchas mientras seguía hablando con aquel tono cansado, ajeno incluso a sentimientos, como quien recita solo algo de memoria pero era más la apatía que se obligaba a tener por aquellos hechos - Me cansé de creer. No creo en guerras, en banderas, ni en líderes, vi demasiado como para poder creer y seguir luchando por una causa. - puso el pantalón sobre el césped al sol para que comenzara a secarse - Puras mentiras donde sea que mire. - su tono se volvió un tanto mas sombrío y serio cuando sus pensamientos fueron a aquellos recuerdos amargos y cargados de odio. Pretendió seguir hablando pero el roce en sus costillas le hizo sobresaltarse y mirar al laguz sobre su hombro.

Frunció su ceño, parte de su espalda estaba cubierta por la vendas, ahora mojadas, se veían rastros de sangre de heridas que comenzaban a cerrar pero sobre su piel tostada por el sol resaltaban en blancura muchas más cicatrices. Como si aquellas palabras le ofendiera se giró y miró directo a los ojos del ave, claros como dos esmeraldas al sol, alzó un brazo para empujar con cuidado, esta vez sin agresividad, la mano que le había tocado - No soy un soldado. La armadura que me viste vestir era originariamente de Daein, llegue a un alto cargo allí pero eso fue hace tiempo. Ya no sirvo a ese país ni a ningún otro, solo me sirvo a mi mismo, a mi hijo y a nuestros wyverns. - mantuvo la mirada por unos momentos. Era totalmente franco, no tenía intenciones tampoco de regresar a estar sirviendo a una bandera solo por ser un lugar, por defender ideas que significasen la muerte de personas inocentes o a un líder que le diera la espalda a su pelotón si no eran los ganadores como si no fuesen más que piezas desechables. Había aprendido que solo podía asegurar el bienestar de su hijo y de si mismo si se cuidaba él mismo la espalda, ni siquiera en sus compañeros pues habían sido estos quienes le habían quitado un ojo y más adelante lo único que había llegado a darle plena felicidad.

Bajó la mirada antes de apartarla, caminando hacia donde se encontraba su montura dormitando con su cabeza apoyada en el pasto y su cuerpo semi sumergido en el lago, con sus alas semi extendidas disfrutaba del sol que se filtraba entre los árboles. Con la misma paciencia y monotonía con la que había lavado su ropa ahora pasaba sus manos por la piel escamada de su compañero revisando entre estas buscando parásitos, al encontrar un pequeño bicho prendido entre las escamas utilizó su uña para arrancarlo y matarlo al apretarlo entre sus pulgares - ¿Y por que estás tan solo? Que seas el último de tu raza no quiere decir que seas el último sub-humano sobre la tierra. Hay más bestias aladas. No son garzas pero seguro pueden llevarse bien. ¿Por que no vas con ellos? Tengo entendido que viven en unas islas al sur de las tierras de sub-humanos y a veces se les ven en la costa de Begnion. En Crimea hay muchos bosques de árboles altos, podrías hacer nido allí también y vivir con pájaros y en Crimea no está tan difícil la situación con los sub-humanos, hay leyes que los protegen. - si iba a acompañarlo tenía que saber un poco sus intenciones, al menos para saber hasta donde tendría que escoltarlo. Si fuese por él... realmente no tenía lugar fijo a donde ir, solo iba a donde el dinero le llevase y donde su hijo estuviese más seguro.
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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

Mensaje por Reyson el Sáb Nov 11, 2017 3:21 pm

Estaban siguiendo un ciclo bastante repititivo, ¿acaso no era hora ya de que se gastara y terminara? Esa tensión que se construía y culminaba en ambos tomando distancia parecía ser la única ruta que podían seguir, el único modo en que sabían interactuar. Lo cierto era que sus principales diferencias estaban resolviéndose y el modo en que procederían de allí en más estaba decidido, pero la tensión simplemente no parecía irse con tanta facilidad. Incluso si a Reyson, de hecho, comenzaban a despertarle curiosidad, cuando no agrado, algunas de las cosas que el humano de cabello marrón y gris decía. Reconocía las fallas de su propia raza, a la que hasta desdeñaba. Hablaba francamente del odio humano. La garza se rehusaba todavía a tratarlo con amabilidad, en su lugar le oía en ilegible silencio, pero estaba comenzando a entenderlo y a sentirse en profundo acuerdo con la actitud del hombre. Si tan sólo el aire cesara de estar constantemente tenso y enrarecido a su alrededor... pero las cosas eran como eran. Cuando Haar se giró, separándose del momentáneo tacto del príncipe blanco en una de sus cicatrices, él comprendió la desconfianza y se detuvo, quieto.

- Tus hermanos humanos te han fallado numerosas veces, en numerosas formas. Por eso has dejado de confiar en ellos. Puedo entenderlo. - La garza concluyó, en una voz leve. Era fácil de ver; aunque no hubiera llegado a tocar las heridas cerradas por más que un segundo de muy tenue roce, un resentimiento viejo, gastado y ya tibio en lugar de ardoroso se percibía constantemente tras su voz, e inclusive en ese mínimo contacto el varón de alas blancas había visto un atisbo de las verdaderas dolencias detrás. La mayoría no eran heridas portadas con orgullo, sino con un tinte de apatía o hasta arrepentimiento. Había sido herido por aquellas anónimas cosas en las que ya no creía. Una vida humana parecía corta, pero en la que el jinete había vivido, ya había tenido claramente suficiente. No pudo evitar preguntarse exactamente qué habían hecho sus congéneres en su contra, qué clase de maldad innata había presenciado para llegar a ese punto. Su intuición podía otorgarle una ventana al sentir del otro, pero no podía hurgar más profundo que eso, sus recuerdos seguían siendo sólo asunto suyo. De ese modo, Reyson no pudo hacer más que dejar su mano ser bajada por el todavía áspero tacto del hombre y oír sus negaciones. Por supuesto, él sabía reconocer una armadura de soldado, pero de ninguna forma su procedencia, por lo que sólo podía creer en la explicación dada. Terminaba en lo mismo de una forma u otra. Sin dudar en sostener su mirada, consciente de que no había peligro que temer de él, Reyson cuestionó con honesto y verdadero interés. - ¿En qué te convierte eso? ¿Un sin raza? ¿Un humano hermitaño? Es difícil para los seres no pertenecer con los suyos, ni hablar de no pertenecer en sitio alguno. Lo necesitamos. -

Le siguió con atenta mirada, viéndole terminar con su lavandería y atender un poco a su compañero de viaje. Su respuesta era una que verdaderamente quería oír, pues salía de su entendimiento. Lo había sabido desde el principio y lo había terminado por comprobar en carne propia: un ser no se sentía pleno y a gusto a solas, desconectado de todos los demás. La existencia se tornaba más pesada, más difícil de sobrellevar. En ese sentido, se consideraba a sí mismo un tanto menos solitario que el ex-soldado, pues la pérdida de su bosque y sus súbditos le había hecho el último de los suyos, sí, pero no le había quitado la compañía y protección de otros laguz. ¿Qué sería peor, a fin de cuentas? La pregunta de su parte era una que resultaba fácil de responder, aunque la garza no deseara reparar demasiado tiempo en su propia historia. - Sí... me enfoco en ayudar a mis demás hermanos laguz, los que siguen con vida. Habito con... - Dudó un instante respecto a proseguir, cerrando sus alas contra su espalda en tensión. Decirle a un humano donde hallarle parecía una mala decisión. Rápidamente se recordó la clase de humano con quien estaba y, negando suavemente con la cabeza, sólo terminó. - Habito con los cuervos de Kilvas y los halcones de Phoenicis. Allí es donde debería ir, al Sur de aquí. Pero estaré bien con alcanzar la frontera de Goldoa nuevamente, la tierra de los dragones es segura para alguien como yo. No hará falta que me lleven más lejos que eso. -

Por primera vez en largos momentos separó la penetrante mirada esmeralda del humano, aunque sólo fuese para enfocarla hacia abajo, en la superficie del lago y el irregular suelo en el fondo, que pisaba con sumo cuidado al apartarse a la costa. Se había aseado a sí mismo a gusto, no había motivo para permanecer en las aguas. En un rápido y conciso aleteo, salpicó fuera de sus alas la poca humedad recogida en ellas. - Saldré, he terminado. - Avisó. Enseguida se alzó fuera, llevando sus pálidos y descalzos pies al césped tupido en el borde. El clima era suficiente placentero como para no enfriar demasiado su cuerpo al salir, sin presionarle a vestirse. Al contrario, pensaba permanecer un poco más mientras aguardaba a secarse, de momento sólo inclinándose para recoger un poco la tela que había atado alrededor de su cintura, torciéndola para estrujarle el exceso de agua. Tenía motivo para prolongar su estadía un poco más, uno que no demoró en hacer aparente al enderezarse, vuelto en dirección al hombre. El blanco de sus alas y la palidez de su piel parecían tener un brillo propio. Una sonrisa volvía a mostrarse en la comisura de sus labios.

- Pero he decidido, humano... Haar. - Se esforzó por recordar el nombre, aunque no estaba seguro de si había conseguido percibirlo directamente de él, o si había llegado a oírlo de sus compañeros en sus momentos cercanos a la inconsciencia. Daba igual. - He decidido que regresaré tus favores. Sanaré algunas de tus heridas viejas, si lo permites. Tengo la capacidad de hacerlo, mi raza posee un uso de magia que dudo que en Begnion se conociera. ¿Qué dices? - Ofreció, bajando la vista a cuenta nueva a las viejas cicatrices. No se refería a sanarlas físicamente, claro, no había nada que pudiera hacer con eso, sino a ayudarle a soltar los numerosos resentimientos y amargas tensiones que sentía acumuladas en el interior del jinete. A su vez, sería una oportunidad para él para hurgar mejor, quizás sacar a la luz lo que otros humanos le habían hecho.
Afiliación :
- KILVAS -

Clase :
Pure Heron

Cargo :
Ex-Príncipe de Serenes

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [7]
Hacha larga de bronce [2]
Hacha larga de bronce [2]

Tónico de res. [1]
Elixir [2]
Llave maestra [1]

Support :
Kurth
Kija

Especialización :
None.

Experiencia :

Gold :
4150


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Re: La paz después de la tormenta [Privado - Haar]

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